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sábado, abril 19, 2008

516. LAS CUATRO MANOS DE MANUEL

Manuel explicó para Abelardo y Miguel a qué se refería Ernesto. A los tucus gigantescos y mutantes que habitaban en el otro mundo enormes cavernas debajo de la casa de Ernesto Federico. Los Dogones. Que esa era el nombre que rezaba en el portal por encima del grueso y restaurado portón. Como que no?
-Bueno allá se llama así y a pesar de todos los arreglos hechos por esos Tucu Tucus...
-¿Mutantes...?
-Sí, mutantes. Eran tucu tucus comunes... sus abuelos, o bisabuelos, pero... de golpe empezaron a crecer y se volvieron inteligentes.
-¿Inteligentes...?
-Sí, muy inteligentes... Con decirles que formaron un país anarquista mucho antes que nosotros... Ja, hoy los anduve buscando dentro del monte.

Margarita asomó su cara re-pálida por la hendija de la puerta. Era evidente que venía anunciando a alguien que todavía no mostraba su figura. Pero nada anunciaba, sino que con temblor en los labios, como en aquellas viejas escenas de cine en blanco y negro, trataba inútilmente de articular alguna palabra. De pronto entró el ligero cuerpo y casi sin pensarlo entornó mejor la puerta, volviendo todo a la anterior penumbra, cuando ella, manos en la espalda, buscó la protección de la pared sin dejar de mirar horrorizada a su propio hijo...

-Ahí afuera está Manuel

Abelardo saltó gallardamente sobre sus largas piernas y fue a abrir la puerta, pero se contentó enseguida con apenas abrir lo suficiente, para verlo no más a su nieto que venía con la Magdalena a felicitarle por el cumpleaños. Sacó todo su cuerpo afuera y cerró por detrás.
Los de adentro fueron a espiar por las rendijas, incapaces de escuchar lo que afuera se hablaba por el paso simultáneo de una pequeña moto, enemiga de los tímpanos. Se estremecieron. Especialmente Manuel que no estaba acostumbrado más que a verse en el espejo, a lo sumo a intercambiar algunos párrafos consigo mismo. Miguel se apoderó de la hoja y hablándole con una voz baja que se oía desde una cuadra, le advirtió que no osara aproximarse a su otro yo. Que era sumamente peligroso. Se podría producir una explosión de esas en las que toda la masa de las partículas se transforma instantáneamente en energía.
Manuel, en realidad estaba paralizado por la perplejidad, no por el miedo. Apenas si atendió a lo que le advertía Miguel, porque en cambio se miraba las manos y volvía a poner el ojo en la rendija, para ver las de Manuel que se movían allá afuera. Sin que él las estuviera moviendo, ni estuviese charlando allá del brazo con la Flaca que,... ahora se veía contenta...
Y acorrió lo que tenía que ocurrir para que la puerta cediera y Manuel saliera hacia el frente casi cayéndose sobre la figura de sí mismo. Al enderezarse no supo si saludarlo...asrse... con un ¿cómo te va? que hubiera terminado por desmayar, tal vez, al pobre Manuel que pareció querer meterse en el pecho de la flaca. Abelardo acercó sus manos sostenedoras y balbuceó algo como "tu primo" que enseguida desechó. Siempre les había enseñado a sus nietos... A su único nieto, Manuel, que ante todo había que decir la verdad.
No. Nadie se desmayó, pero tampoco nadie decía algo distinto que un silencio mientras los dos Manueles se miraban fijamente como los gallos antes del primer espolonazo. Miguel volvió a advertir.

-Por favor, no se vayan a tocar. -para enseguida dirigirse a Abelardo como advirtiendo al hermano mayor, ya bastante capaz de la responsabilidad. -Pueden estar constituidos de manera especular, con todas las condiciones al contrario. Un contacto los podría convertir en una colección de fotones... o en nada.

sábado, marzo 15, 2008

494, Marzo de 2008

-Sí, Dengue. De él te tenés que acordar... le tenías mucho afecto... hasta ayer.

Ernesto pareció hundirse en un profundo océano. Mirando por encima de los pinos, no mirando, en realidad miraba dentro de sus propios recuerdos y percepciones. Tenía una sospecha. Algo dentro de su mente le hacía sentir que esa palabra, usada como nombre, ya había llegado a sus oídos en circunstancias y con referencias a asuntos sumamente privados. No podría precisarlo, pero junto al sonido de la palabra se le había representado una imagen reciente dentro del parador de Pichi. A la izquierda el largo mostrador y... allá más al fondo, en aquella mesa desvencijada, alejada del resto por tener una pata coja... restaba ese muchacho negro que ya había visto derrotado por el alcohol en otros sitios. Era el mismo que entonces llamó su atención... por la manera de estarse tirado sobre el respaldo de la silla, los brazos colgando a los lados, incapaces ya de llegar al vaso sobre la mesa demasiado alejada. ¿Por qué le seguirán vendiendo vino? Pensó él entonces mientras otros datos también observados le hacían calcular la edad en el entorno a los 19, el peso sin un gramo de grasa y la altura totalmente normal.

-¿Cómo es...?
-¿Dengue? Y... flaco, un poco más oscuro que yo... tiene algunos rulos que le cubren la frente...
-¿Toma...?
-Tomaba.
-Pero ¿tomaba mucho...? Es ese muchacho que anda tirado por cualquier parte...?

De pronto Manuel se puso pálido. Se agarró la cara con ambas manos. Fijó también los ojos en la nada que le impedía pensar... No fuera posible que la ocurrencia imposible que se le acababa de ocurrir, fuera posible! Quiso comprobarlo y descartarla ya.

-Pero, qué día es hoy? ¿Que día, qué mes y qué año?
-Sábado 15 de Marzo del año 2008.
-Claro -había pensado que tal vez había salido al mundo un par de años antes, en los tiempos en que Dengue andaba siempre tan mamado como lo había visto un rato antes. Cuando no formaban todavía el grupo que después se reuniría en la caverna. Cuando el era un tipo feliz.

De todos modos estaba perdiendo el tiempo. No podía ponerse a esperar que Ernesto o los otros recuperaran la memoria... o la razón... o ambas cosas porque... Pero basta. Tenía que encontrar las otras entradas, las de los Tucus, diseminadas entre los pinos , y que, a pesar de ser un poco estrechas, ya una vez se había salvado cayendo por una de ellas.

Salió corriendo sin apenas saludar a Ernesto, se adentró en los pinares y en subida y bajada de dunas fue revisando con rápidas miradas en busca de elevaciones de la arena y las pinochas como las que usaban los tucus para encubrir las bocas.
Encontró una pero... Parecía demasiado pequeña... La destapó con cuidado y...encontró la boca del túnel. Sólo que era del ancho de su mano.


jueves, marzo 13, 2008

492, Mi Madre

La transpiración del rostro de Ernesto, su temblor, extendido desde las manos, fuertemente apretadas sobre las rodillas, hasta el mentón, que arrastraba al labio inferior en un rictus casi implorante, el aspecto todo, que amenazaba al parecer desarmarse como si fuera un enorme castillo de naipes soplado por sorpresiva ráfaga... Todo eso, más la simultánea opresión de su pecho, hicieron callar a Manuel y esperar a que el pobre hombre pudiera articular en palabras lo que todavía no salía de su garganta. No quería mirarle más, el simple jadeo de la respiración era suficientemente expresivo como para esperar un desenlace que no podía tardar. Y que no tardó, llegando en forma de casi inaudible pregunta:

-¿Te manda mi madre...?

Algo le había contado Dengue de la extraña historia de aquella mujer africana, la madre, muerta en esa misma casa, cuando Ernesto era aún un niño. Y algunas cosas más, pero nunca las suficientes como para entender este aparente ataque de pánico, ni mucho menos por cual razón se le ocurría pensar que él fuese un emisario.

-No... no me manda nadie...
-?Pero entonces de dónde sacaste lo de la caverna...?
-Porque he vivido en ella... ¡Hemos vivido!
-¿Vos y... mi madre...?
-No. Con vos y el Cholo y Dengue y... mi madre.

Ernesto chasqueó los labios. Iba dejando apenas de lado el miedo y ya se mostraba molesto. Por un momento había estado olvidando las claras señas de locura que ya le había mostrado el muchacho. Se había dejado llevar por la emoción, esa particular emoción que siempre está dispuesta a pintar fantasmagorías que le llenen en el alma aquel doloroso vacío. Esa región que se empeñaba en olvidar sin lograrlo, ni a través de los más fervorosos razonamientos científicos que resonaban dentro de su cráneo como los acompasados ronroneos de una oración. Los muertos, muertos están. Sin vida no hay pensamiento. Sin pensamiento no hay alma. Mamá no volverá.

-¿En serio, no te acordás de nada?

Por otra parte no dejaba de ser preocupante que un segundo loco viniese con la misma historia de la caverna...

-Dentro del aljibe estaba la escalera... y en el fondo, una entrada a la rampa que hace poco terminaron los tucus... ¿Te acordás de los tucus... de Trum Urum?

Tucus...!... bichos peludos, decía ella...! Habla como si fueran personas... como hacía mámá refiriéndose a las cosas, pero... no pueden haber dos locos iguales... ¿Por qué ellos...?

-Sobre tu estufa tenías la fotografía de un amigo tuyo... un tucu...
-¿Tenías...? ¿Entraste alguna vez a mi casa?
-Muchas veces, hace como dos años me salvaste de los ángeles.

(Qué increíble, otra coincidencia, ella... Decía que los ángeles habían venido de Sirio, la estrella hermana.)

-¿Te acordás...? Y me hablaste como que eras un hombre primitivo... allá abajo, en la caverna...

(Y ella decía que el hombre primitivo había sido mejor, más bueno e inteligente)

-Y me quisiste hacer olvidar todo con una bebida hecha con hongos, pero te hizo mal a vos y te caíste envenenado...

( El veneno. Eso también. Ella opinaba que toda la comida estaba envenenada y que por eso nadie le creía cuando afirmaba que allá abajo había una cueva habitada por un montón de bichos peludos.)

Después de que te arrastré por los pies empezaste a confiar en mí y me trajiste acá arriba... me mostraste la foto del viejo Dunga, el padre o abuelo de Trum... todos tucus...

(No era acaso Dunga, o dnunga el apodo cariñoso que papá le había puesto?)

-Y entonces tu computadora empezó a lanzar alarmas porque... venían los
ángeles!

(¡Ahí estaba! La continuidad de la idea... "El viejo Dunga" estaba en la foto, en ese lugar donde tengo la foto de papá... papá es "Dunga" y a ella le dice "Dnunga" que creo que es el femenino...! Ahora...¿Computadora, alarma, los ángeles...?)

-Después me saliste conque yo era un predestinado y me fui a la mierda.

Ahora Ernesto aprovecho para largar las tensiones. Tras un primer pequeño resoplido de risa, se fue soltando y al momento se reía a carcajadas, de una manera patológicamente exagerada, tanto que cayó sobre tierra retorciéndose de risa sin poder detenerse a respirar.

















miércoles, marzo 05, 2008

487 RESTAURACIÓN

Manuel vio que la cosa venía conversada. Dengue se veía mejor aunque todavía no pudiera hablar, la Yiya no quería perder su posesión y Cholo... no terminaba de salir de su estupor.

-Me voy a buscar a mi madre.

Dijo y salió a las zancadas, bastante agobiado por la responsabilidad. Después de todo nada hubiese ocurrido si no le hubieran raptado desde dentro del cuarto de baño, Germán o su abuelo, o viceversa, o los dos juntos y además Bosco y ese demonio de Mandinga!

(Pero yo me las busqué todavía... porque no tenía por qué andar contando lo que me había pasado, ni a la flaca, para no meterla en líos, ni a nadie más aunque... qué miedo que tenía de estar en serio volviéndome loco! Entonces Giorgionne...y Ernesto Federico y... No, pero los ángeles ya me andaban detrás! Ese día entre los pinos me hubiesen llevado si no hubiera sido por Ernesto y los Tucus...¿Y entonces...? ¿Todo hubiera sucedido aunque me hiciese el boludo....?)

Por esos temas vagó la cabeza de Manuel mientras caminaba derechamente hacía las ruinas de Los Dogones, al ritmo que la arena del camino marcaba, según su cantidad sobre el firme del terreno.

¡Allí estaba...otra vez con su magnífica estampa el caserón de los Oliveira! Entero y con buena pintura, obra segura de la extraordinaria habilidad de los Tucus para el manejo de la madera y por lo visto de la restauración de relojes antiguos o de casas estilo castillito como si fueran relojes cu-cu. Porque la casa parecía ser una réplica exacta de la antigua casa... salvo un detalle... los contramarcos de las puertas estaban pintadas de color lacre! Por qué los tucus habrían cambiado el anterior color? A veces parecían medios chicatos para eso. Sólo les importaban las formas y los olores... En el portón había otra diferencia: Se habría con sólo apoyarle una mano... y el camino de entrada estaba limpio...

Apareció por el porche con su bermudas blancas. Llevaba alto el perfil mirando la extensión de sus plantíos de blanco algodón que cultivaban los negros. Sus negros. Quiso portar en la mano una fusta para cualquier animal que montara. Y parecía muy ocupado en importantes pensamientos cuando advirtió que se habría el portón y aparecía a las risas ese pardito Manuel que le habían recomendado como jardinero.

-Adelante...¡no baja a pedir permiso! -le espetó a boca de jarro, golpeteándose de forma imaginaria con la fusta en las supuestas botas.

Manuel levantó la palma en el saludo ácrata y ya iba a comentar la exactitud de la nueva casa cuando vio en Ernesto un gesto altivo desde el enmaderado del porche hacia abajo. Un gesto feo que parecía de desprecio, como diciéndole que había mucha distancia entre uno y otro. ¿Por qué? ¿Que le estaría pasando? Seguro que otro que se había visto afectado por el tránsito a través del punto... Otro más.

-¿Mi madre y los otros, salieron bien?





miércoles, enero 16, 2008

459 Que la inocencia te valga

En ese punto la charla se interrumpió por la entrada de Trum desde la rampa. Venía desolado de toda desolación. Su pera rozaba el piso a cada paso de sus cuatro patas y los pelos largos de sus bigotes tapaban toda aquella simpática presencia de incisivos. No fue necesario preguntar nada, vino en directo hacia la rueda y se sentó sobre sus cuartos traseros para enseguida levantar los párpados superiores y dejar ver las lacrimosas pupilas.


-Mi gente se ha perdido.


Los humanos callaron por respeto al evidente dolor, pero sin entender a qué se refería. No parecía posible que literalmente se hubiesen perdido, ellos, que ante el menor peligro eran llevados por su patas directamente a la boca más cercana de la madriguera. Tal vez Trum se refería a que el entusiasmo por recorrer y conocer el mundo de arriba, había llevado a los miembros de su especie a alejarse más y más unos de otros...


-El pato Donald les hizo la cabeza!


Tuvo que explicarse, por supuesto, diciendo lo que los otros ya sabían, que los Tucus Mutantes eran una especie muy nueva, carente de experiencia y de picardía.


-Somos tan inocentes como los niños de ustedes...nos creemos todo y nos cuesta imaginar que detrás de las cosas pueda haber una segunda intención...


-Pero qué pasó?


-Que hace una semana se inauguró una cadena de Pato Donald, esos que venden hamburguesas y coca.


-¿Queeee....???!!!


-Sí, aunque no lo puedan creer. Las Comunas de la costa lo autorizaron para dar una imagen más simpática frente a los turistas....


-¡... es una multinacional!


-Pero eso no es lo peor. Hacen trabajar a los adolescentes por dos mangos y competir entre ellos para ver cual puede ser más servil. En cuanto se enteraron de nuestra existencia diseñaron sorbetes triangulares que encajan en el borde de nuestros dientes y anunciaron que querían incorporar personal de la especie Tucu... Nuestros críos se presentaron en masa!


-Bueno... ya se van a aburrir...


-Ja, eso pensamos algunos optimistas...


-Pero si acaso llevan ahí una semana...


A trum se le terminaron de soltar las dos enormes lágrimas que hacía rato rondaban de pestaña en pestaña. Miró a sus amigos como implorando.


-¡Nos reprochan a los mayores la baja productividad de nuestra organización social!


-¿Los adoctrinan?


Trum parecía desplomarse sobre las lágrimas vertidas.


-¡Pero con la práctica! Es un sistema que funciona como un túnel que te lleva y te lleva tras un destino que si fuera cierto todos seríamos felices. Todos ricos, es decir... Con lo que ya nadie se sentiría rico y por eso sigue en el tunel para llegar allá a la lejana y altísima meta que es el fin del túnel y que sería cuando serías el más rico pero... LA COMPETENCIA!!! El verdadero maldito demonio que a infectado a toda una generación nuestra!. Las verdadera regla del juego inventado por los humanos. Sálvese quien pueda.

martes, enero 08, 2008

454 Inesperado Combate

Ernesto necesitaba hablar con alguien. Activó la red de parlantes que lo comunicaban con las galerías de los tucus...Era extraño. Tan ocupados habían estado en los últimos días que no habían reparado en el completo silencio que reinaba... Al llamado por los parlantes no respondía nadie... Tampoco desde el dormitorio de Manuel terminaba de salir la enamorada pareja de Vittorio y Margarita... Se sintió por primera vez solo en mucho tiempo. Todos andaban disfrutando de sus vidas sobre la superficie del planeta o del colchón. Todos a no ser él. Terco personaje aferrado a una idea perfecta que le esclaviza. Ernesto Federico de Oliveira e Souza, el niño que había sido, buscador de pasadizos secretos que le llevaran al país donde estaría la sombra de su madre. Y también la salvación de la humanidad. Y un mundo donde reinara el amor y la concordia, sin hipocresía.

Nuevas imágenes en la pantalla le sacaron de la cavilación. Las columnas de clones en la patagonia eran atacadas por una flotilla de naves parecidas a las bolas ¡! Eran mucho más ovoideas que las que nunca hubiese visto ni enterado que se estuviesen fabricando en alguna parte. Eran... aparentemente metálicas y en su costado todas mostraban una especie de insignia multicolor...

Recién entonces operó sobre el teclado trayendo la imagen detenida. Era sí un extraño escudo con dos o tres signos indescifrables. Ya estaba. Ahora en las imágenes aparecían otras aparatosas naves negras que atravesaban la pantalla y se perdían paralelas hacia un lejano punto de fuga. ¿Serían de otro bando? (No parecían haber participado del combate que... Claro que era desparejo... y crudo. Eran miles los cuerpos que se revolcaban sobre la tierra reseca)

Nueva toma muestra que puentes traseros se comienzan a transformar mediante múltiples repliegues internos, en armas atemorizantes apuntadas al cielo. De pronto despiden luces que volando hacia los huevos les hace entrechocar sonoramente. Desconcierto momentáneo que les cuesta algunas bajas antes de reaccionar con inteligencia hacia sus nuevos objetivos allá al borde de las barrancas. A las que tapizan de artillería explosiva de esa que desintegra la materia... Pero viene sobre el gris paisaje una banda de naves plateadas que se acercan metrallando diamantes ¡!

miércoles, agosto 15, 2007

367 D'ont Warry Be Happy

Había muchas cosas que sólo hablaba consigo mismo en el lenguaje del silencio. Muchas imágenes que desde muy niño sabía que no correspondían a nada de lo que pudiera conocer en este mundo. Mucho misterio que sin embargo había terminado por aceptar como el escenario natural, aunque estrambótico, donde inevitablemente se seguía desarrollando la historia de su vida, esa que ahora Mandinga venía a afirmar que nadie más que él escribía, aparte de actuarla.

Decidió cambiar de tema.

-¿Y vos de dónde venís…? ¿O acaso estabas escuchando la conversación desde atrás de las paredes?

-No. Ja ja. Anduve un rato por el baile. Te hubieras divertido… Ahora vuelvo para allá. Tengo algunos compromisos pendientes…

Se dio vuelta y atravesó la misma pared de la que había salido, la que al cicatrizarse sobre su espalda recién se terminó de tragar la tonadilla de siempre:

“D’ont warry, be happy”

Bosco apagó la computadora y se levantó de la silla. Iban saliendo cuando asomó la cabeza de Mandinga desde el techo.

-Me olvidaba. En la cueva de El Bosque los estaban esperando. Está muy nerviosa esa gente, todos juntos. Magdalena, tu madre, la familia de tu primo y los Tucus mayores tratando de retener a los jóvenes que se quieren lanzar a las calles a compartir la vida con los humanos.

Dejaron que Bosco devolviera la llave y diera las gracias y los otros partieron de vuelta a la bola con la que remontaron desde entre los árboles como una segunda luna que ya a nadie llamara mucho la atención porque pasara iluminando desde abajo aquellas tristes nubes grises ocupadas en tiritar de frío y de ponerle espaldas al viento sur.

Dejaron a Giorgionne y subieron a Ernesto por más conocedor de la sicología tucu en una de las cuatro bolas que enseguida sobrevoló el país a media altura y velocidad crucero, para llegar al cielo de la costa un rato después de que se hubieran roto los últimos retenes y cuando ya desde el aire se podían ver todas esas manchas oscuras que de un montecito corrían hasta el otro pasando por encima de la ruta que por suerte estaba con muy poco tráncito. ¡Era una inundación de roedores desnudos que se iba extendiendo en superficie como una mancha de petróleo sobre un mar de agua caliente! Indetenibles.

Se sabía que desde un tiempo a esta parte la juventud tucu se venía excitando con la posibilidad de compartir un mundo al aire libre donde se pudiera escuchar y tocar de esa música maravillosa que sale cuando se mezcla el rock con el candombe. Claro, desde las más superficiales galerías escuchaban a veces –gracias a sus prodigiosos oídos- con mediana fidelidad lo que venía de afuera. Pero lo bueno sería estar afuera y escucharlo con toda la pega y hasta aprender a bailar, que no digamos cantar… Se sabía también que entre los tucus jóvenes aquella enseñanza de los mayores que les prevenía de los instintos cazadores de los humanos, no gozaban de buen predicamento. Decían los jóvenes: “Los viejos son tan cobardes que nunca se han atrevido a salir de la cueva.”

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

viernes, junio 15, 2007

326 EL DÍA QUE SE INVENTARON LAS PALABRAS

Recuperada la libertad, lo primero que quiso hacer Ernesto fue ver lo que había quedado de Los Dogones, su vieja casa, donde vivían hasta hacía poco los recuerdos de su madre. No por su valor económico, del que nunca se había preocupado, hasta el punto de dejarla caer sobre su fama de casa maldita en la que hasta los postigos de las ventanas hacen el ruido que las puertas hacen en las casas con fantasmas. Eran los lugares, aquel sillón de palos curvados en la que creía recordarla hamacando entre los brazos una muñeca, idea absurda que siempre había combatido por saber que su madre no era aniñada y que nunca había tenido en la casa una muñeca. La puerta de la cocina, cuando el venía corriendo hacia ella que lo esperaba con las manos justas para detenerlo,… y se levantaba como el enderezar de una vara de mimbre, delgada pero fuerte y siempre con su sonrisa. Quería comprobar con sus propios ojos que no iba a ver nunca más aquellos rincones y escenas, aplastadas como decía Magdalena por la aplanadora de la oración caída del cielo. De alguna manera se tenía que despedir así como un día se despide uno de la escuela a la que no quiere volver, pero al cavo del tiempo fuerza la marcha un día para pasar a verla, aunque sea una vez, para que después deje de haber sido nuestra escuela. Y también podía ser el tiempo ya de terminar de enterrar a mamá Djenne junto con sus guijarros de colores y sus melodías tan dulces como el amor inocente y tan presagiante de tragedia a la vez. Tragedia. Era esa la palabra de su vida aunque no lo pronunciase. Atento cumplidor de lo que se hubiese esperado de él si hubiese nacido en la tribu Peul. Generosidad, valentía y abnegación. Por lo menos era lo que siempre había sentido sin que nadie se lo dijese en las tarde solitarias cuando su hermanos iban a la escuela y él todavía no. Djenne ya estaba enferma. Pero papá aceleró su muerte con la locura, porque era loco ya desde esa época, aunque él lo haya descubierto muchos años después de su muerte.
Comenzaba a clarear por el oriente cuando descendieron con las bolas sobre la calle enfrente de las ruinas, más que ruinas polvo y basura, que la brisa mañanera soplaba para entretenerse. Se acercaron, pisando buena parte de lo que había sido el material de la casona, hasta el borde de la depresión central, lugar que marcaba el hundimiento de la caverna, de su enorme bóveda natural que… Pero se sintieron observados y miraron primero la distancia que les separaba de las blancas bolas por si tenían que volver a ellas y después algo que se movía allá en aquel agujero que había quedado abierto bajo las levantadas raíces de aquel pino. ¡Era Trum Urum que les estaba haciendo señales de que se acercaran! ¡El viejo Trum! Como si hiciera tanto que no lo veían. Sino más bien que parecían haber pensado que junto con Los Dogones y la caverna se habían terminado los Tucu Tucus y los planes de llegar al planeta multiespecífico, o poliespecial, del que ellos, los jóvenes Tucus había dado ya aquel adelanto medio carnavalesco por las calles de los balnearios
Volvieron Cholo y Dengue a cuidar las bolas mientras Manuel, Ernesto y Magdalena siguieron bordeando la depresión para acercarse a donde Trum estaba. Entraron por el hueco y enseguida fueron conducidos a ver sobre el suelo de una parte no hundida, los planes y métodos constructivos, que iban a ser usados por una tropa de mil Tucus para reconstruir la caverna desde abajo, hasta dejarla lo más parecida posible a lo que había sido. Ya se veía pasar por las galerías comunicantes, mucha gente animosa, algunos con extrañas herramientas acopladas al correaje de cuerdas vegetales que llevaban puestos como si fueran chalecos. Y se sentían esos ruidos sordos que se producen en el aire de las galerías más angostas cuando un tucu pasa rápido, bombeando pulsos de viento comprimido. Confiaban plenamente en el éxito de la tarea, porque el éxito estaba asegurado por la posibilidad de reconstruir la unidad de las rocas de arenisca de modo que no sea una agregado de pedazos. Habían descubierto que la saliva, la saliva de Tucu al menos, producía un ablandamiento de la arenisca que aprovechado a tiempo mediante una fuerte presión reconstruía la unidad de la piedra. Lo importante era llegar al día de Tucum con la caverna intacta para recibir a los peregrinos de todas las comunidades.
¿Tucum…? –preguntó Magda.
-Si, nuestro Adán. El primer Tucu Tucu que supo que estaba pensando.
-¿Y como saben que fue el primero que pensó?
-No. Los Tucus siempre pensaron…y los otros animales también. Tucum fue el primer Tucu que se dio cuenta de que estaba pensando. Hizo tantos bailes y morisquetas extrañas frente a sus conocidos que estos terminaron entendiendo lo que les estaba diciendo. Que era un ser muy especial porque sabía que estaba sabiendo y que estaba tratando de hacerles entender que adentro no sólo hay tripas y sangre circulando sino que por algún lado habita un ser que se llama CONCIENCIA que empieza a manifestarse cuando uno sabe que está pensando. Todo eso lograron entender y está dibujado en todas la galerías importantes de nuestras comunidades. Entenderlo fue como que un rayo de luz se metiera dentro de cada cabecita preguntando qué es lo que estás haciendo, cómo se llama sino pensamiento eso que estás pensando que pensás. De pronto todos se hicieron concientes de ser concientes y festejaron con grandes bailes alrededor de Tucum por el aporte que acababa de hacer a la comunidad. Fue ese el día en que se inventaron las primeras palabras, aunque no todavía la manera de decirlas que fue el aporte de la generación posterior.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

sábado, abril 21, 2007

276: OVNIS SOBRE QUEBRACHO

Por qué, pensó Cholo, por qué no iba a haber libertad al haber un plan. Podría a ser un plan que estableciera las líneas generales y lo demás…Claro, sería una libertad limitada, pero…No, Cholo, interrumpió Manuel, tenés razón, ha de ser que estamos acostumbrados a pensar que la libertad es un desorden. Me parece que muchas veces quedamos encerrados por nuestros propios pensamientos. Tal vez no estemos capacitados para ser enteramente libres. La libertad nos da miedo…como el destino. Todo nos da miedo. ¿Y cómo se vence ese miedo? Es que no queremos vencerlo por miedo! ¿Pero y si quisiéramos? Si quisiéramos tal vez no lo sentiríamos.
Sonó el teléfono de Pepponne y tras él el de Vittorio. Manuel, el Cholo y Ernesto se miraron para entenderse en seguirla más tarde. A una mirada los que hablaban por teléfono cerraron sus aparatitos y se acercaron a la mesa junto con los otros, a observar los dibujos sobre la mesa y el garabato de plano que dibujaba Manuel.
-Al principio no nos tenemos que preocupar si nos confunden con Ovnis, debemos acaparar la atención por todos los medios. Hoy vamos a concentrarnos sobre Quebracho. Hace años que… Con una hora haciendo cosas todos… Ah, Cholo ¿Probamos de hacer un corte de luz?
En una hora estuvo hecho el plan de todo el día, con un descanso de dos a tres de la tarde. Subieron a sus blancuzcas naves y cerraron las portezuelas…

Tampoco este día vieron los Bosquimanos salir doradas burbujitas elevándose prestas a la alta atmósfera. O plateadas más bien, según el ángulo del choque entre la luz del sol matutino y el punto de los observadores reflejada por las páginas de diarios y revistas barnizadas pero no tanto. Los árboles les habían quitado la costumbre de levantar la mirada, pero aparte estaban por demás ocupados en no creer lo que veían a nivel del suelo. Por el medio de la calle iban pasando una pareja de carpinchos caminando en dos patas, con sombrillas y lentes de sol. Venían caminándose todo y la gente siguiéndoles a prudente distancia y por ahora atajando a quien viniese con un rifle, que no eran pocos. Parecían sonreír entre que se hamacaban bastante torpemente al modo de los lobos de mar y ronroneaban aquello que parecía ser una conversación.
Al llegar a la avenida Becú, a tres cuadras de Avenida Italia, se detuvieron y giraron con suficiente cautela para no ahuyentar a la casi multitud que los seguía. Una vez de frente, desenrollaron de los cabos de las sombrillas unas tiras de género donde rezaba en el más puro castizo:

No somos carpinchos ni aperiás -en el uno y- Somos Tucu Tucus inteligentes –en el otro.

Se produjo un silencio impresionante! Durante su infinita duración los jóvenes tucus tuvieron tiempo para aquilatar lo temeraria que había sido su propuesta. Los humanos tenían cerrrada la calle de lado a lado y en abigarrada masa les observaban sin mirarse entre ellos, como si fueran poseedores de alguna verdad prenegociada, indubitable, clarísima. ¡Los iban a matar! Corrieron tirando los carteles por encima de un cerco blanco al que saltaban para adentrarse en los baldíos, que conocían, de las rejuntas de macachines de las noches oscuras, mejor que nadie, y sus variadas formas de atravesarlos para llegar rápidamente a la primera boca de cueva.




(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)


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jueves, marzo 15, 2007

242: ENTRE VALSES VIENESES

Mientras Dengue le enseñaba al Rulo y a Manuel a trenzar de a 32, los otros se turnaban para traer carros de botellas, estibarlas contra el muro y/o ponerse a cortar tiras. Todo coordinado por el Cholo, explicado por Giorgionne, alcanzado por Ernesto y la Julieta y provisto de buen mate por la flaca. Margarita ordenaba el entorno de la compu y de vez en cuando traía algo de comer. Así, con pequeños cambios, tres días. Al cuarto las diez bolas tenían armado el triángulo principal de cuerdas que por momentos se ponían a vibrar haciendo extrañas escalas musicales. Al quinto se erigieron idénticos parantes en los vértices. Al sexto se terminaron las estructuras con la adecuada desafinación para que no salieran volando solas. Al séptimo empezó la cartapesta, Al décimo estaban prontas.
Llamaron a los Maquis de la UTE y a las dos comunidades Tucu. Pusieron valses vieneses por los parlantes y canciones de Fernando Cabrera. ¿Qué te parece?
Dos especies distintas de animales se aprestaban a presenciar un hecho que iba a cambiar el curso de la historia terrestre. Y lo iban a hacer juntas. aportando cada una de ellas… Se imaginó Giorgionne que diría en una ocasión semejante algún político discurseador mientras trataba de sembrar cizaña.
En ese momento apareció Mandinga desde dentro del puntito que se lo había llevado. –Los puntitos tienen un gran futuro como medio de transporta rápido y económico!- Como un globo que se infla por partes desproporcionadas hasta que la misma hinchazón se va emparejando. Así apareció y se hinchó frente a la mirada atónica de Miguel y de Ángel (el otro Maqui) quienes se habían resistido a creer alguno de los chismorreos de los roedores -como este. Que algo de eso que los humanos llaman demonio y que se come a los niños crudos se había puesto en contacto con los de la caverna para ayudarles en el proyecto. Ahora lo estaban viendo. Alto, como de casi dos metros, cruza de orangután con jirafa y con pantera negra. Ojos verdes con un dejo metalizado y unas pestañas todo lo soñadoras o seductoras que se pueda pedir. Había copado el centro de la escena y se desplazaba –a pesar de aquellos extraños chanclos- con innegable elegancia felina. Hizo un ademán que anunciaba un discurso. Lo hizo con un solo dedo que se abría de un puño flojo levantado frente a su pecho. Un solo dedo así levantado con blandura podría querer decir “Falta un detalle”, que fue lo que después del gesto y lograda la atención en realidad dijo.
-Falta un detalle. Cómo parar las balas…
-Nadie se va a atrever a tirar sobre lo que no comprende, -opinó Ernesto
-Un militar si, -terció el Cholo
-Obediencia debida, -comentó Giorgionne.
-(Simple estupidez) –pensó Miguel
Margarita miró a los lados para confirmar en alguna mirada el peligro. Manuel asumió una actitud pasiente para dar tiempo a que Mandinga se luciera.


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241: ¡DOCUMENTOS!

Seguro. Ellos iban protegidos por la penumbra que ya ganaba espacio entre los montes. Sobre a Gianastasio era mayor la claridad, pero la gente andaba apurada tratando de terminar los ajetreos antes de que llegara la noche. Además que Trum, debajo de su gorra con orejeras, rellena de papeles, parecía un hombrecito bigotudo más que un roedor mutante que escarba por las noches galerías debajo de nuestras camas Marcharon por la carretera a bastante velocidad hasta cruzar el puente del 20 y medio. Después siguieron por el pasto del costado y a la altura de Aerosur, Trum ordenó detener el aparato para poderse bajar. Cruzó el alambrado con esa habilidad que muestran cuando quieren los animales y llegando a un matorral de chilcas que por allí había pidió a Ernesto que lo esperara y se perdió para abajo como tragado por la tierra.
Un rato después, ya con la noche cayéndosele encima Ernesto sintió que vibraba la tierra debajo de sus pies y supo que Trum volvía. Claro, volvía de gran conversación con otro tucu como él. Se asomaron entre las chilcas para pedirle que se acercara. El otro se llamaba Purdrum o algo así y era el principal contacto de los Tucus locales con los Maquis del sótano de la UTE. Ahora Ernesto desconectó el cable de la bujía a la Harley y se introdujo también por la boca de la galería, tras sus amigos que lo iban a presentar a Miguel, un vecino de San José de Carrasco que de día era farmacéutico y de noche terrorista.
Miguel los esperaba en el sótano con otros dos Maquis, una caja de vino y una jarra de jugo de macachines. La conversación fue directamente al grano porque los locales no eran ningunos tontos y estaban enterados de casi todo lo ocurrido con las bolas y los raptos. Se entusiasmaron mucho con la noticia de que pronto iban a tener una flotilla propia con la que podrían recuperar un cachito de independencia. Liberar aunque fuera un pequeño territorio donde por fin se llamara a las cosas por su nombre. Al pan, pan y a la mierda, mierda.
En media hora quedó sellado un pacto provisorio. Asistencia mutua y secreto. Intercambio de información y entrenamiento.
Volvieron entonces a meterse en la galería. Trum adelante, incapaz de desorientarse aunque fueran muchos los ramales que surgían a uno y otro lado, incansable, contento. Al salir la Harley tenía varios admiradores que la alumbraban con linternas. Eran policías. Trum se escondió de nuevo entre las chilcas mientras Ernesto llevaba la mano al bolsillo de atrás y comprobaba que allí estaban los documentos. Al cruzar el alambrado una luz se incrustó entre sus ojos. Documentos, esdeustedestamoto? Notienepatente tiene los papeles? Porque si no…No puede andar por la calle sin patente, don. Si no tiene documentos vamos a tener que llevarlo a la seccional con moto y todo… pero…aparte. Parece conservada con todas las piezas originales…Aunque es viejaza, no… Bueno vaya, don. Pero no la saque más a la ruta sin patente…Por lo menos a la ruta vio?

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miércoles, marzo 07, 2007

234: ¡POBRE CRIATURA!

De pronto Manuel saltó y golpeó las manos –como los personajes de historieta- se había sacado el mismo una inquietud , la falta de pilotos, estaban los Tucus, algunos por lo menos, los más sociables, los que les tenían simpatía a los humanos, total…¡Para manejar una bola no se necesita ninguna habilidad manual! Pero en ese mismo momento Mandinga se levantó de sobre sus talones, desplegándose sin saltar y diciendo casi en tono de disculpa:

-Me tengo que ir, muchachos…Otra vez los compromisos, Cuzcatlán la tierra maravillosa!

Y diciendo eso último, como la otra vez se fue en un instantáneo puntido que nadie pudo ver a pesar de inclinarse para seguir la desaparición hacia adentro. No quedó siquiera en el aire ese perfume de cáñamo que siempre le rodeaba ni hubo tiempo para un hasta luego, así que todos atendieron al anterior golpe de manos de Manuel que con todo eso se había distraído de su pensamiento y ahora pensaba la sensación de achicarse, para imaginarse que al desaparecer del tamaño tal vez uno se pueda escurrir del espacio en que se encuentra. ¿No decía acaso el profesor de matemáticas que un punto no tiene ninguna medida? No ha de estar en ningún lado porque este mundo está hecho de cosas que se pueden medir y pesar. ¿Quién podría decir que aquí hay un punto? O que no. O que hay mil puntos…o…Te vas a cagar!

-Yo puedo ir a hablar con los de San José si me acompaña Trum, esta noche –especulaba Ernesto. Podemos salir por la galería del 21 y medio y cruzar el puente. Desde allí son un par de cuadras.

Al Cholo no le pareció buena propuesta.

-Tendrías que caminar quilómetro y medio por bajo tierra!

-Es que no creo que Trum se anime a ir por arriba… ¡Ya sé! Lo vestimos y vamos en la moto. Le pongo el sidecar!

-Pobre criatura! –exclamó Margarita.

-Arriba de esos pelos no le podés poner ropa. Se va a morir de calor! –el Dengue.

-Una remera…

-Qué ridiculez!

Manuel se dio cuenta de que todos ya consideraban a Trum un compañero más, casi como un niño que había que llevar y traer y protegerlo de todo. Estaba bien, pero tal vez a Trum no le gustara saberse visto de esa forma. Parecía tener su personalidad y bastantes huevos como para oponerse a toda la tradición de su especie y oponerse de una manera tan hábil que por último parecía lograr ubicarse al frente de toda la marcha y llevarla por caminos nunca pensados.

-¿Y si lo conversamos con él?

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miércoles, enero 24, 2007

192: Estamos en problemas!

Con mucho esfuerzo Julieta logró por fin acallar el afán de especulaciones abstractas de los hombres y ponerles en las manos herramientas para trabajar en lo que seguía: cortar tiras- esta vez de papel. Para hacer la cartapesta. Ella mientras tanto iba a subir para cocinar unos diez quilos de engrudo.
Iba a subir una vez que todos estuvieran sabiendo el ancho de la tira más aconsejable, pero llegó Trum Urum casi corriendo hasta donde ellos dando muestras de querer gritar cosas que tuviera atracadas en la garganta. Por fin se aquietó un poco y tomando aire de forma profunda pudo irlo administrando para hablar como ya había entendido que hacían los humanos en vez de tamborilear los mofletes..
-¡Estamos en problemas!
Con esa entrada, hasta los que nunca habían visto un Tucu gigante supieron que tenían que esperar el desarrollo de la noticia.
-¡Entre nosotros ha estallado la disidencia!
Se explicó largamente luego sobre toda la crisis que había significado para ellos entrar en contacto cada vez con más humanos. Muchos habían opinado que el encuentro entre las dos especies era inevitable por el simple crecimiento poblacional y que la tarea era hacer ese encuentro sin correr demasiados riesgos de terminar siendo cuereados. Otros en cambio, renegaban de todo contacto con los humanos por considerarlos irrecuperables para todo trato en términos de igualdad. Puntos de vista opuestos o bastante distintos, de los que siempre tuvieron entre ellos, pero que lograban conciliar dentro del “río sonoro” y encontrar una nueva posición no necesariamente equidistante, sino simplemente distinta y que por lo general recogía lo mejor de las anteriores.
Pero ocurría que ahora el “río sonoro” se había dividido en dos que corrían incluso por galerías separadas, cada vez más separadas… y Trum tenía mucho miedo. ¡Iba a haber una guerra entre ellos! Se iba a terminar la igualdad y la tolerancia. Iban, por lo menos a aparecer los partidos políticos y tras ellos las diferencias de intereses y hasta las económicas.
Cholo trato de consolarlo.
-No, las cosas suceden al revés. Ustedes no tienen clases sociales. Las diferencias se van a solucionar.
Trum lo miró con los ojos llorosos.
-Ustedes tienen muy poco olfato…
Intervino Ernesto.
-¿Y si traemos aquí a los líderes del movimiento anti-contacto y nosotros les juramos mantener el secreto…Así por lo menos tendrían más tiempo para ponerse de acuerdo…
Trum bajó los ojos al suelo.
-He perdido la confianza de mi gente. No tendría que haber entablado amistad con Ernesto antes de que la discusión se hubiera terminado. Ahora me consideran un traidor.
Giorgionne se acercó a Trum y le dijo las siguientes palabras: Vos sabés que no quisiste traicionar a nadie. No aceptes como válido el juicio de los que razonan a la ligera inspirados por el temor y la ignorancia.
Trum levantó la mirada y pensativo le fue contestando: Es que no sé si no tienen razón. Yo quería hacer una apuesta muy riesgosa… ¿Cuántas especies llevan ustedes aniquiladas?

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sábado, diciembre 09, 2006

149: TRUNGU TURUNGURUNGUM

Esta vez Ernesto colocó un micrófono para cada Tucu y enseguida que estuvieron funcionando se armó la rueda alrededor del tema de la alianza para defenderse de la guerra y especialmente de cualquier intento de reclutar a la tierra en alguno de los bandos.
-No es que nos coloquemos en una posición intermedia entre Dios y el Diablo –explicó Giorgionne—sino justamente que no queremos estar ni entre ellos, ni con alguno de ellos.
Parecía un trabalenguas pero los Tucus lo comprendieron perfectamente. Trum quiso hacer evidente la confluencia de las ideas contando una leyenda Tucu –la única que tenían—que contaba que cuando aparecieron los primeros de ellos en los baldíos de la ciudad vieja, la sabiduría se les había manifestado mostrándoles dos posibilidades. Una era que se construyeran un Dios a imagen y semejanza, aunque más justo, bondadoso y especialmente poderoso. Y la otra , la que habían elegido aquellos primeros Tucus Gigantes, que consistía en sincerar en todo momento la ignorancia y no pretender legislar sobre lo desconocido.
-Esa es nuestra leyenda—dijo Trum a través del traductor—Sea cierta o no—agregó con vos emocionada—entre nosotros nunca ha habido ateos ni tampoco creyentes…
-¿Son todos agnósticos?—Preguntó Giorgionne.
Trum levantó un poco la vos, tal vez creyendo que no se le había comprendido bien.
-No, nosotros no somos nada!
-¿Nihilistas?
-No sé lo que es eso, pero no lo creo…
-¿Incrédulos…?
Dijeron ambos que estaban diciendo sus opiniones personales. No podían comprometer en la propuesta alianza ni siquiera a la comunidad local de El Bosque. Mucho menos a la especie toda e iba a ser necesario que fueran a presentar la idea al Trungu turungurungum, o sea el “Río Sonoro” de la comunidad Tucu y quedar a la espera de una resolución. Deberían comprender los humanos que el tema era delicado porque no sólo traería a la actualidad todas las implicancias emocionales del recuerdo de la leyenda fundacional sino que, especialmente iba a reavivar viejos rencores –y tal vez prejuicios—con la especie humana, “que todo lo usa”, “que todo lo pudre”, “que todo lo rompe y tira”, “que todo lo pisotea”. En definitiva, ellos ni siquiera se imaginaban formando parte de una alianza sin consultar a los otros.
-Y eso es toda una diferencia.
-Hay otra—afirmó Giorgionne—que sería bueno que tuvieran en cuenta. Nosotros no podríamos invitar o consultar a miles de millones de humanos que hablan en cientos de idiomas diferentes y que son en su mayoría fanáticos de todos los fanatismos. Desde las más variadas religiones hasta lo que es peor, el dinero el éxito y el poder.
-Haz hablado con sabiduría—respondió Porum—Pero no crean que somos tan pocos. Todavía no hemos desbordado las fronteras de este país, pero ya somos más de un millón y seguimos creciendo. Calculamos que en los territorios que ustedes llaman pampas podrán, dentro de algunos lustros, vivir cuarenta o cincuenta millones de los nuestros sin producir ningún deterioro del equilibrio ecológico.
Los humanos quedaron boquiabiertos. Se sorprendían de lo que se estaban enterando pero enseguida reaccionaron volviendo a su natural ansiedad y objetaron la lentitud que el procedimiento tradicional Tucu significaba.
-La guerra vine avanzando sobre todos nosotros, sobre todo el planeta… Tiene que haber alguna manera de acelerar… Ustedes mismos han de tener algún procedimiento para casos de urgencia!




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miércoles, noviembre 29, 2006

139 - EL INCENDIO

-¡Apurensé, tenemos que rajar!
Ahora los atropellados fueron los Tucus. Pasados por arriba por un montón de manos y de pies que en el pasadizo de 45 adquirían un ritmo de trepada frenético que se continuó por la escalera del aljibe y que no cesó hasta que el último ser viviente saltó desde el brocal al suelo del patio. Cuando por fin estuvieron todos juntos formaban un arco de observadores atónitos que miraban con sus caras relampagueadas de franjas rojas, las altas lenguas del fuego que desde sobre el pinar se elevaban bailando su bravura en busca de las nubes que ahora sí se veían, rojizas y mudas sobre el pavoroso incendio. Porque era un gran incendio el que estaba arrasando con los montes allí enfrente, hasta tan cerca que el calor llegaba junto con la luz.
Ernesto quería poner alguna idea en claro.
-Se sintió una explosión. ¿habrá caído algo?
Era difícil pensar en un incendio espontáneo, tras tantos días de lluvia. Tampoco era la primavera època de campamentos…
Trum Urum hizo un ronroneo significativo y se apartó algunos pasos a la izquierda.
-Dice que desde ese lado se ve mejor.
Se veía mejor, sí. Cuando siguieron a Trum vieron lo que parecía ser el centro del incendio. Por entre un desfiladero de árboles que ardían, se veía allá al fondo una zona menos luminosa donde el fuego ya se había comido todo y apenas sobre los médanos tiznados ardía aun algún raigón y se veían dispersas algunas brasas ¡Pero allí había algo! Un manojo de hilos incandescentes…Rollos de alambres que se ponían en partes blancos y en partes rojos y se iban agachando sobre el terreno.¿Qué sería eso?
-¡Esperen!- gritó Manuel cuando ya iba corriendo a los saltos rumbo al incendio. Al llegar al borde del monte tomó una larga rama por el extremo sin fuego y la fue golpeando hasta apagarla contra el suelo. Con ella, al entrar ya en la zona incendiada, iba apartando las ramas que caían y haciendo saltos de garrocha fuego adentro, hasta que sus amigos, que seguían gritándole al pedo, le perdieron de vista entre ráfagas de luz y de calor irradiado.
¡Claro que temieron por él! Si ellos, a la distancia, sentían cómo sus pieles se ponían tensas y sedientas, qué le podían dejar para Manuel, que en ese momento tal vez ya estaría llegando al corazón del fuego?
-Trescientos grados.- estimó muy serio Ernesto.
Pero en ese momento vieron aparecer la cabeza de Manuel cangureando entre las ramas caídas. Ya venía de vuelta…pero no le siguieron mirando porque entonces fue que empezó ese silbido irritante que crecía desde arriba y que al poder ubicavión,searlo con la vista mostró provenir de un aparato inverosímil, mezcla de avión secreto y cucaracha gigante y negra que venía bajando verticalmente por el aire calcinado justo al punto del enredo de los alambres.
Fue cosa de un par de minutos lo que demoró aquello en terminar de bajar y comenzar a subir de nuevo, aceleradamente, para perderse de vista una vez que se alejara del relumbre del incendio. Ya para entonces, por sobre los chasquidos de los troncos que el calor rajaba, predominaban las sirenas que, desde varias direcciones confluían en el centro. Llegaban los bomberos.



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sábado, noviembre 25, 2006

136 - Preguntale a Trum Urum

Al cabo de un rato volvió a aparecer el tema olvidado. El tema de si Ernesto por fin había encontrado la manera de meter la contestación en algún lado. En algún buzón del espacio cósmico o más modestamente en una botella arrojada al Mar de los Sargazos. Preguntado sobre eso contestó que el método posible requería un aporte muy grande de energía, y que, aunque pasaba cerca de ahí un cable de alta tensión, no le parecía práctico depender de esa energía. Sería algo muy peligroso.
Cuando Giorgionne bromeó con esperar a que cayera un rayo, como en aquella vieja película, fue que Manuel propuso buscar métodos más sencillos.
-Podríamos recurrir a los Tucu Tucus. Ellos hacen cuevas muy largas. Se han de encontrar con muchas cosas bajo tierra como cuevas o cavernas. Tal vez sepan si hay otros humanos en otra cueva… Yo no creo que ese mensaje haya llegado desde muy lejos.
-Podría ser de cualquier parte del mundo, -objetó Giorgionne.
-No lo creo. Si estuvieran lejos no habrían podido entrar a la computadora.
Ahora Ernesto se interesó.
-¿Y por qué se te ocurre que no?
-Porque la compu no estaba conectada. No podían entrar por el cable. Tienen que haber venido…-hizo un gesto revoleando los dedos-…por el aire.
-¡Ven que es un genio! Tiene razón, por mucha energía que dispusieran tendrían que estar muy cerca para lograr algún resultado!
Acordaron de inmediato pedir ayuda a los Tucus. Ernesto tenía amistad con cuatro o cinco de ellos y un parlante instalado en la boca de una galería que funcionaba conectado a la computadora y a un programa traductor Español-Tucu Tucu-Español. Sólo era cuestión de llamar a alguno de ellos, pero primero les iba a hacer una pequeña demostración.
Aprontó las cosas y se puso a decir cualquier palabra por el micrófono. Por los parlantes del costado salían sucesivos chorros de tururúes supuestamente en idioma Tucu. Después invirtió los términos. Emitía sonidos tipo tururú y por el parlante iban saliendo imperfectas pero entendibles palabras en español.
-Como ven mi pronunciación no es muy buena.
Enseguida hizo el llamado.
-“Atención les habla el hombre primitivo. Quisiera pedirle un favor a Trum Urum o a Porum Trucú, o a los dos si pueden venir a la Galería Máxima. Tengo jugo de macachines.”
Vinieron los dos. Enormes, peinados y muy perfumados con olor a menta. Ronroneando entre ellos se fueron a ubicar frente al pedestal bajo del micrófono del suelo. Desde allí, cuando Ernesto hizo una presentación genérica, cabecearon varias veces con mucho respeto y esperaron la explicación de cual era el favor que se les pedía.
Cuando la pregunta estuvo hecha. Trum Urum tomó la palabra.
-Siempre ha habido hombres viviendo en cavernas…
-No por gusto, -acotó Porum Trucú.
-Al principio para protegerse de los tigres diente de sable, de los rinocerontes de tres cuernos y de los búfalos primitivos…
-Venite más al presente.
-Más en nuestros día se llegaron a construir pequeñas ciudades como refugio de una probable guerra atómica…
-En el presente y en esta zona!
-Bueno, hoy por hoy y sólo en el departamento de Canelones hemos contado quince humanos que habitan permanentemente en cuevas y otros treinta y cinco que entran y salen por períodos variables.





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viernes, noviembre 17, 2006

127 - MENTIRAS DE NEANDERTAL

Manuel se levantó y enfiló a la salida. No podía soportar más un tipo tan idiota! Giorgionne se apuró a atajarle, tranquilizarle y convencerle, por si no lo estaba de antes, de que las personas hablando se entienden y que hay que festejar las diferencias porque de ellas nos nutrimos. Puso una mano sobre su hombro y con suavidad le hizo girar el cuerpo, que fue cuando Manuel volvió a ver la cara de Ernesto ahora con la expresión petrificada y pálida que se iba destemplando hacia abajo, con arítmicos estertores de angustia. Hipos y sollozos que sin embargo no le impidieron articular, con profunda y metálica voz aquellas dos palabras:


-He mentido.


El silencio que sobrevino luego de las palabras retumbó en la cúpula, con cierto riesgo de derrumbe. Por las mejillas ahora vergonzosas de Ernesto Federico corrían gruesas lágrimas mientras su mirada se agachaba en declive hacia el suelo con el mismo ángulo que todo su cuerpo y expresión habían adquirido, de algo que se va cayendo de costado. Derritiendo lastimosamente en gotas que la gruesa alfombra persa por ahora absorbía y lo seguiría haciendo mientras Ernesto no dejara de llorar una vez que pudiera por fin explicarse, como estaba dispuesto, para que se entendiera que nada había hecho con mala intención… El les había avisado a los Tucus que allá arriba había un muchacho en aprietos, encerrado por las bolas del cielo que se lo querían llevar sin su consentimiento…cosa grave por la evidente indefensión de la víctima. Los Tucus habían cavado debajo del muchacho y el muchacho había caído por las galerías hasta donde él estaba… ¡Vestido de Neandertal! Que con el asunto del salvataje había olvidado. Tuvo que mentirle una vieja historia fantástica que desde niño había cultivado, sobre hombres primitivos vestidos de pieles que en él se encarnaban y le habían hecho depositario de todas sus tradiciones y conocimientos…


-Y después tuviste que seguir con la fantasía…?
-Claro.
-Pero a mi abuelo también le habías mentido lo mismo.
-Sí. A muchos… Pero ningún humano me había visto disfrazado!
-¿Y aquello de caballero rojo y la tribu de los cazadores de leones?
-Caballero rojo, -siguió con voz desvalida Ernesto- en cierta forma… no era del todo mentira. Era el nombre del personaje que en un juego de computadora yo adoptaba para intervenir… Lo de la tribu… Mi abuelo me había contado que descendía de una tribu de cazadores, no sé si de leones o de qué… No sé si de Brasil o de África…


Intervino Giorgionne tratando de ser suave.


-El problema ha sido dejar que la fantasía se entreverara con la realidad.
-Siempre supe que tenía que evitarlo por las complicaciones que me iba a traer, pero…una vez que empezás a mentir… tenés que seguir para que no se descubra la primera … Pero además, perdónenme, no me quise burlar de ustedes… ¡Es tan tentador!


Cuando Giorgionne le tranquilizó asegurándole que creían en sus buenas intenciones, fue que la última lágrima de Ernesto, aquella que se había detenido sobre una mejilla, ingrávida y esférica, recobró de pronto el peso y cayó, al principio lentamente, pero adquiriendo precipitada velocidad justo hasta que se desintegró sobre uno de sus zapatos. Ploc!
Ernesto era un buen tipo.

narrativa

miércoles, octubre 18, 2006

99 - LOS MAQUIS DE LAGOMAR

Por un rato sin embargo se serenaron alrededor de la idea de estar metidos un una misma guerra. Es cosa linda estar de acuerdo con alguien aunque más no sea por un rato de charla y alcohol, sin llegar a enterarnos de estar hablando de cosas distintas todo el tiempo. Pero la cuestión se suele poner difícil cuando queremos avanzar más allá de ese supuesto acuerdo básico.
Estaban raptando gente. Seguro que ese hecho se estaría repitiendo en otros lados, no iban a ser ellos los únicos. Manuel ya había visto bolas de gran calado cargadas de pasajeros. El mismo Giorgionne había sido pasajero de primera clase en una de ellas. Pero puestos a debatir el por qué de ese fenómeno el acuerdo no era tan firme.
Manuel explicó que desde que su abuelo le había confiado no tener nada que ver con esos raptos, menos había entendido nada. Aunque recientemente le habían dado una explicación que después les contaría, pero que en todo caso, podría explicar sólo una parte de los sucesos y nunca todos.
Ernesto Federico opinaba que en el tema se mezclaban muchas cosas y desde siempre. Desde Jonás tragado por una ballena o ese profeta llevado por un carro de fuego hasta las famosas abducciones atribuidas a los ovnis.
Manuel dejó sentada su queja de haber sido expuesto a la vergüenza largado en pelotas por el centro de Buenos Aires. Y Giorgionne pidió más detalles de algo tan gracioso a pesar de las protestas de Ernesto Federico quien alegaba con esas anécdotas se estarían saliendo del tema.
-¿Cuál tema?- Tendrías que saberlo vos que fue quien propuso la reunión.-Bueno, el primer punto ya lo hablamos, era lo de la guerra universal.-¿Y el segundo?- No nunca hubo un segundo punto.- Y entonces por qué decís que nos salimos de tema?- Porque sí hay un tema del que ya estuvimos hablando, pero no como tema de la reunión!
-¿Cuál tema?
- El tema de qué podríamos hacer nosotros.
- ¿Para detener la guerra universal?-No para protegernos entre nosotros.
- ¿Y qué podríamos hacer?
- Eso es lo que tendríamos que hablar!
- Ah, claro.
Primero que se constituían en el primer comando Maquis de Lagomar, Segundo que buscarían un lugar seguro para las reuniones. (Al respecto el compañero de Oliveira ofrece la entrada secreta a la caverna de los Tucu tucus, tema que después sería discutido.) Tercero elaborar un diagnóstico de situación para…Cuarto, desarrollar un plan estratégico. Y quinto buscar recursos para financiar las actividades.
Se pasa a discutir la primer moción presentada, a saber la del compañero de Oliveira quién ofrece sin cargo el acceso, dentro de su propiedad, a la caverna natural, llamada de los Tucu tucus, que según su opinión reuniría todas las condiciones de seguridad para desarrollar una actividad que es menester mantener en el más estricto secreto. Se aprueba por unanimidad, con el agregado de efectuar la mudanza de sede de inmediato con lo que quedaría establecido el Comando Central en lindes del balneario El Bosque, ( kilómetro 22), calle de los Alelíes, chalet “Los Dogones”, al fondo entrando por la escalera del aljibe. Se levanta la sección.
A Giorgionne la vista de la caverna iluminada a pleno lo llevó a un estado de entusiasmo estético y lúdico-infantil sin precedentes.
-Yo podría vivir en un lugar así. ¡Esto es magnífico!
Un repetido eco respondió desde donde los ecos responden: ífico, ifico, ífico, perdiéndose en las oquedades de la cueva y hacia arriba en la alta bóveda de donde volvían transformados en los sonidos de los pasos que ellos mismos patas para arriba daban al caminar por el techo y desprender minúsculas arenillas que les caían encima. Porque les caían por cierto en las cabezas esas arenillas que… ¡Caían del techo!
-¡Esto se cae! –Gritaron y corrieron Manuel y Giorgionne seguidos de Ernesto Federico quien sólo quería hacerse escuchar para decirles que esto no se cae. Que lleva allí millones de años sin ningún movimiento ni deterioro desde que se formó naturalmente por la degradación de detritus bituminosos halogenados al producirse un arco voltaico entre las capas del terreno debido a causas desconocidas y que si alguna vez caen desde el techo algunos granillos de arena no es por otro motivo que las carreras que los Tucu tucus gigantes a veces hacen por sus galerías cercanas a la superficie de la bóveda.