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sábado, marzo 15, 2008

494, Marzo de 2008

-Sí, Dengue. De él te tenés que acordar... le tenías mucho afecto... hasta ayer.

Ernesto pareció hundirse en un profundo océano. Mirando por encima de los pinos, no mirando, en realidad miraba dentro de sus propios recuerdos y percepciones. Tenía una sospecha. Algo dentro de su mente le hacía sentir que esa palabra, usada como nombre, ya había llegado a sus oídos en circunstancias y con referencias a asuntos sumamente privados. No podría precisarlo, pero junto al sonido de la palabra se le había representado una imagen reciente dentro del parador de Pichi. A la izquierda el largo mostrador y... allá más al fondo, en aquella mesa desvencijada, alejada del resto por tener una pata coja... restaba ese muchacho negro que ya había visto derrotado por el alcohol en otros sitios. Era el mismo que entonces llamó su atención... por la manera de estarse tirado sobre el respaldo de la silla, los brazos colgando a los lados, incapaces ya de llegar al vaso sobre la mesa demasiado alejada. ¿Por qué le seguirán vendiendo vino? Pensó él entonces mientras otros datos también observados le hacían calcular la edad en el entorno a los 19, el peso sin un gramo de grasa y la altura totalmente normal.

-¿Cómo es...?
-¿Dengue? Y... flaco, un poco más oscuro que yo... tiene algunos rulos que le cubren la frente...
-¿Toma...?
-Tomaba.
-Pero ¿tomaba mucho...? Es ese muchacho que anda tirado por cualquier parte...?

De pronto Manuel se puso pálido. Se agarró la cara con ambas manos. Fijó también los ojos en la nada que le impedía pensar... No fuera posible que la ocurrencia imposible que se le acababa de ocurrir, fuera posible! Quiso comprobarlo y descartarla ya.

-Pero, qué día es hoy? ¿Que día, qué mes y qué año?
-Sábado 15 de Marzo del año 2008.
-Claro -había pensado que tal vez había salido al mundo un par de años antes, en los tiempos en que Dengue andaba siempre tan mamado como lo había visto un rato antes. Cuando no formaban todavía el grupo que después se reuniría en la caverna. Cuando el era un tipo feliz.

De todos modos estaba perdiendo el tiempo. No podía ponerse a esperar que Ernesto o los otros recuperaran la memoria... o la razón... o ambas cosas porque... Pero basta. Tenía que encontrar las otras entradas, las de los Tucus, diseminadas entre los pinos , y que, a pesar de ser un poco estrechas, ya una vez se había salvado cayendo por una de ellas.

Salió corriendo sin apenas saludar a Ernesto, se adentró en los pinares y en subida y bajada de dunas fue revisando con rápidas miradas en busca de elevaciones de la arena y las pinochas como las que usaban los tucus para encubrir las bocas.
Encontró una pero... Parecía demasiado pequeña... La destapó con cuidado y...encontró la boca del túnel. Sólo que era del ancho de su mano.


domingo, octubre 08, 2006

89 - Amigos en el pasado.

A la vuelta comentaban en son de festejo el resultado de la conversación con Ferrari. Pasaban por una racha de suerte según Manuel. Rulo en cambio opinaba que no sólo suerte, que el tipo aceptaba todo por influencia de su mujer.
-Está que se mea por vos!
-No jodas…
El problema, pensaba Manuel, lo iba a tener cuando el marido se diera cuenta. Suerte que era medio estúpido… Porque aquel asunto del desmayo en la vereda y de que él, sin querer al levantarla le había metido la mano en la cotorra y que después se le había caído encima…! Si no se había dado cuenta entonces de que estaba pasando algo raro!
-En cualquier momento esa mujer te va a apretar dentro de alguna pieza!
-Dejá de joder. Ese tipo seguro que anda armado.
-Y sí…
-Y ella es una vieja mantequilla.
-Ja, desde que andás con la Magda te haz puesto delicado.
-Loco. Tengo veinte años. Que se busque otro que…
Al decir veinte años, se le empezaron a venir los recuerdos de aquel lejano pasado en el que había estado pero que no podía mencionar. Veinte años era la edad que tenía el amigo de su abuelo allá en Guichón y el abuelo mismo que no pudo ver –hubiera estado gracioso- y la suya propia que no había cambiado con el viaje… De su abuelo sabía que ahora estaba muerto, aunque vivo de alguna forma, porque le había hablado por teléfono mental varias veces, contestando a todo. No había sido una voz gravada! Pero en este mundo, ahora mismo, el abuelo estaba muerto…no estaba en ningún lado… Y el otro, el amigo, dónde andaría ahora si es que seguía vivo. Se estaba yendo en aquella fecha 7 de Marzo de 1967. Ni siquiera le había preguntado para dónde. Bueno, tampoco él le había dado tanta bola. Sólo cumplía su promesa con el abuelo, así que… ¿Y Elena? ¿Y sus hermanos? Porque seguro que eran hermano, parecidos en todo… Y el otro que volvía de la colimba, que al fin se había vuelto sin verlo…
-Yo no te pido explicaciones. Hacé lo que quieras.
Era raro eso de tener amigos en el pasado. Personas que era posible tal vez encontrar de nuevo, pero que ahora serían viejos… Y hablar con los muertos. ¿No era raro acaso? Porque él estaba tratando de manejar ese juego de piedras para poder hablar con un muerto que está vivo! Porque el abuelo, mientras le hablaba decía estar vivo pero…¿dónde?
-¿Te pasa algo?
-No…me estaba acordando de algo.
-¿De qué…?
-Del tiempo…
-De cuál tiempo?
-…que hace que no veo al abuelo…
-Desde que se murió.
-Claro pelao! ¿Por qué se tuvo que morir?
-Y…todo lo que empieza termina…
-¿Te parece…?
Habían llegado a la bifurcación de sus caminos. Manuel no quiso entrar a tomar unos mates, como le invitara su primo. Dejó saludos para Julieta y su panza y siguió a paso largo sin tener ninguna duda de lo que iba a hacer cuando llegara.



jueves, septiembre 07, 2006

64 - Me Llamo Manuel Aquelarre

El licenciado Giorgionne le estaba esperando. La flaca y el Rulo quedaron en las sillas de la sala y Manuel entró a una pequeña piecita más ancha que larga en la que había un escritorio puesto a un costado y en el centro dos butacas muy incómodas, casi enfrentadas, que ocupaban casi todo el escenario disponible sobre un piso extrañamente lustrado.
-Sentate nomás, dijo Giorgionne mientras se sentaba él.
Largos dedos, ropa oscura y una cara de… no de médico no. Más bien de cantante de opera.
-Me han hablado de vos. Que te han estado pasando cosas…Pero sería bueno que me las contaras vos mismo.
-…
Manuel nada dijo, no por negarse sino, más bien por no saber qué era lo el tipo quería que le contara y aun si lo supiese no sabía por dónde empezar ni siquiera hasta qué punto estaba dispuesto a hacerlo…
-Te escucho.
Entonces a Manuel se le ocurrió que ¡claro! Que le iba a contar todo. Total, aunque el tipo dijera que estaba rematadamente loco, nadie se iba a enterar.
-Sí, lo primero raro que me pasó, fue que, hace unos días estaba en el baño y de repente se empezaron a formar burbujas en el piso que se agrandaron y yo me caí dentro de una que se cerró por todo por arriba y me llevó hasta un quilombo chino.
-¿Chino…?
-O algo así. Más bien alguna de esas islas de la zona, que en la guerra hubieron muchos combates. En el quilombo, ni bien entré junto con la bola se armó un tiroteo y parece que alguna bala reventó la bola y yo me quedé en calzoncillos parado en medio de las balas y las luces; porque el lugar parecía como un escenario….
-¿En calzoncillos…?
-Sí, porque me había ido desde la cama al baño en calzoncillos a cagar y, en eso estaba cuando empezaron las burbujas…
-Estabas en la cama…?
-Ya era bastante tarde pero tenía pereza de levantarme hasta que por las mismas ganas de cagar… no tuve más remedio que levantarme… No tenía nada que hacer… Hago jardines pero ese día… No siempre hay trabajo… ¿Y qué más…? Esteee… ¿Le sigo contando? De mí, por ejemplo. Supongo que le servirá saber quién soy… Me llamo Manuel Aquelarre y tengo veinte años… Claro que lo que usted quiere saber es si estoy loco o no. Yo también quisiera saberlo, porque no lo tengo muy claro. Mi primo está seguro de que estoy loco desde que salté por arriba de la mesa porque vi. un auto que me venía a chocar. Pero eso fue porque, en serio, una vez ese auto me había chocado en Buenos Aires, que ni me acordaba de haberlo visto y ahora sí. Lo vi rojo, todo rojo que se me venía encima por un costado allí en la casa de mi primo. No. En realidad en el momento que lo vi era como que otra vez estaba en Buenos Aires. Pero eso fue porque la memoria a veces se te viene de golpe, no fue por locura… Locura ha de ser viajar al pasado, no? Y ver a tu abuelo en la foto de tercer año de la escuela. Que te digan que tu abuelo se fue pero te dejó una bolsa con piedritas que te servirán para comunicarte con él y que vos pongas una piedrita sobre la mesa y la piedrita se ponga, sola, a bailar y pongas otra piedrita cerca y las dos piedritas bailen entre ellas y se hagan saludos y vos no sepas que mierda es todo ese juego…
-¿Eso te ha pasado…?
-Sí. Y no es mi imaginación porque tengo las piedritas aquí en el bolsillo!
-Me las mostrás?
Manuel adoptó un aire ceremonioso y se fue sin mediar palabras hasta el borde del escritorio a sacar la bolsa de gamuza de su bolsillo trasero y desde allí mirar al licenciado de forma bastante desafiante.
-Venga a ver!