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martes, abril 06, 2010

805. El cielo añil

Los otros presentes forzaron el término de las especulaciones. Era conveniente disponer el alojamiento de las visitas. Manuel y Magda, por supuesto contaban con casa propia, así como Urum, quien ya se aprestaba a bajar a las galerías de su comunidad. Pero Don Miguel, Dengue y Ernesto Federico eran auténticos recién llegados, además de ser dobles de otros lugareños, salvo Don Miguel, cuyo doble había en esta Tierra fallecido.
El Ernesto Federico de acá, invitó gustoso al de allá a quedarse en su casa.
Dijo Abelardo que dentro de la bola que le había traído tenía suficiente comodidad como para compartir con su viejo amigo Miguel a quien le quería transmitir el resultado de sus últimas investigaciones sobre naves interdimensionales.
Dengue preguntó si en ese mundo tenía él una réplica, y ante la contestación afirmativa por parte de Ernesto, quien le explicó que no otra persona era quien le había entrenado en el manejo de las bolas de la comunidad, el muchacho pidió para conocerle.
Por último Magda preguntó lo mismo que Dengue, con respecto a la existencia de dobles para ella y Manuel, cosa que nadie respondió.

Se hacía la noche de un día otoñal de un año indeterminado, posterior al 2008 tal vez, en un juego de dimensiones como tantos, mundo perdido entre miríadas de innominados proyectos de realidad, que ocasionalmente brotan a la luz empujados por algún puñado de conciencias curiosas, que preguntan lo que no saben que están precisamente inventando. El cielo se había vuelto ese añil que los muchachos creyeron recordar idéntico, de la misma manera que se creyeron recordar a sí mismos con la misma facha y los mismos gestos, entrañables cosas que no querían tardar demasiado en volver a degustar... en una casita idéntica, probablemente idéntica a la que habían dejado atrás sin pena ni nostalgia.

Hecho el programa para el día siguiente el grupo se separó como si cada cual tuviese que deshacer sus valijas y desdoblar las ropas que no habían traído.
Manuel y Magda enfilaron por la calle de la subida y la bajada, sin pensar siquiera en cosas atales como la comida y el estado de abandono que por fin encontraron dentro de la casa y sus pocos muebles cubiertos de polvo. Parecía que nadie hubiese andado por allí en años... Pero no importaba, en el dormitorio retiraron el colchón de sobre la cama y lo arrojaron al suelo justo antes de tirarse ellos abrazados y embelesados en mirarse a través de los ojos al otro ser que habita fuera de todas las dimensiones, los mundos, los idiomas y las sensaciones

miércoles, octubre 01, 2008

604. Cuestión de estilos

Eran hechos consumados que al caer sobre las conciencias resonaban sordamente. Como si una pirámide egipcia se precipitara sobre cada plaza de cada pueblo de cada país, al unísono, e irremediablemente. Como la bomba de Hiroshima. Para estar después allí instalada, cada día del futuro. Impasible. Sin explicaciones ni pretextos. Como si siempre lo hubiese estado. Y siempre lo fuera a estar.
Inmediatamente se reabrían las bolsas de las capitales. Los cines de los shoppings. Los puestos de venta de hamburguesas, los casinos, los sex-shop, las peluquerías para perros, los consultorios astrológicos, los programas de chismes de la TV...

Por la rampa principal bajó Mandinga a paso lento y desganado. Traía el rostro descompuesto y sus largos brazos simiescos pendulaban a los lados, sin propósito ni gracia, cada vez que uno de sus enormes pies daba con el empedrado.

-Ahora sí que el hijodeputa me va a buscar...

Preguntaron los otros por qué le guardaba Satanás tanto rencor y Mandinga suspiró.

-Será tal vez porque mi familia conoce a la suya desde los tiempos en que fueron humillados por el viejo Jehová y arrojados en un agujero negro que los tragó como una boca hambrienta... Siempre fueron orgullosos.
-Y los otros... Los Espíritus Oscuros, por ejemplo, ¿Los conocen de hace poco tiempo?
-Sí, relativamente. Los Espíritus no eran importantes. Cobraron poder cuando aprendieron a dominar la Energía Oscura, ya en esa época los Satanes habían logrado salir, se estaban recuperando, construían una serie de alianzas... hasta con mi familia... teníamos un enemigo en común.
-¿No sabían acaso, que eran mala gente?
-Sí, pero en la desgracia. Uno siempre simpatiza con los vencidos... A mi padre no le gustaba que fuera a jugar con Satanito, cuando los dos éramos niños...

Intervino Cholo para conducir la conversación hacia lo que importaba. Mandinga era el único que les podría advertir sobre los puntos débiles del nuevo enemigo. Sobre cómo defenderse y, en todo caso, cómo atacarle si eso llegaba a ser necesario.

-¿Con tu ayuda podríamos mantener nuestra independencia?
-Es probable. Ustedes tienen una mente muy fuerte, son muy porfiados, pero no sé los otros...
-¿Porfiados...?
-Sí, el peligro mayor es que les convenza. Tiene mucha habilidad... aunque últimamente... claro, cada vez es más poderoso...
-Pero no puede ser tan sencillo como no dejarse convencer... -objetó Manuel. -Con su poder podría matarnos a todos.

Mandinga sonrió casi con tristeza. Miró a su hijo y lentamente le fue dando una lección que creía importante.

-Empecemos por entender que hasta para un malvado es importante tener un público adicto, o al menos, un público... Y no es sólo una cuestión de vanidad. En el universo que conocemos no existe poder mayor que el poder de la conciencia. La suma de todas las conciencias es la suma de todo el poder. La materia, la energía, las fuerzas que organizan el Universo, no son otra cosa que subproductos de la conciencia. Las conciencias no se pueden matar. Nadie sabe cómo podría ser hecha tal cosa. Sólo se puede confundir o trasladar a los seres molestos, mantenerlos a distancia. Matar es una forma de alejarlos, pero, tiene el inconveniente de que al pasar las conciencias a otro plano dimensional, escapan al control de quién los mandó. Vean el caso de Germán Oesterheld, que es como el de tantos otros. Él, después de asesinado, vuelve a luchar por sus mismos viejos ideales sobre la Tierra... Por eso entre los dioses todo termina en reparto de territorios y reparto de clientes. El poder de un dios se alimenta del poder que roba a cada uno de sus seguidores. El negocio es convencer. Jehová lo hacía con su mejor invento La Culpa. Y el temor, claro. Los Satanases se especializaron en la seducción y el engaño, pero... a la larga todos se parecen.

Cholo se quedó murmurando.

-Así que entonces...nosotros...
-Tienen que seguir haciendo lo que han hecho con la política. Cada uno con su conciencia. Nadie debe ser más que nadie. Nadie debe ser atemorizado, ridiculizado por ser como es, amenazado o pereguido. Nadie es dueño de la verdad... y esto, que parece ser una verdad revelada, bien mirado, no es más que el punto de equilibrio entre todas las verdades individuales.

lunes, octubre 29, 2007

421 EL OJO DEL HURACÁN

Abelardo no estaba muy de acuerdo con Mandinga. Protestó que diera como conocimiento positivo lo que no pasaba de ser una especulación compartida por mucha gente del otro mundo, incluso hasta cierto punto por él mismo y su amigo Germán.

-La conciencia se resiste denodadamente a ser analizada por cualquier instrumento ya sea teórico o práctico. No hace otra cosa que devolvernos nuestra estúpida cara de observadores de microbios en el microscópico.

-Porque la conciencia somos nosotros mismos…

-Pero nos devuelve nuestra actitud del momento. Como si fuera un espejo. Al ansioso le dice que la conciencia es ansiosa. Al calmo que es la calma. Al racional que es pura razón y al materialista que está compuesta de algún tipo de átomos…

-Y está bien. Refleja la conciencia de cada cual.

-¡No, nos toma del pelo! ¡Nos dice lo que ya sabemos! Lo que quisiéramos saber es qué mierda es la conciencia? Y eso no lo dice. Sólo sonríe y mira al infinito.

Manuel intervino:

-A ver abuelo…A ver si yo me fui al carajo también. Vos dijiste que con tu conciencia querías entender a toda la conciencia?

Abelardo le miró casi con rabia pero enseguida sonrió satisfecho.

-Tenés razón Manuelito, si creo que hay una conciencia que abarca a todas no puedo pretender eso a no ser que yo sea esa conciencia. ¿Pero si no existe esa conciencia total. Si todas las conciencias son iguales, al menos en importancia o poderío, en ese caso yo me pregunto qué es, cual es la esencia de la conciencia, cómo funciona…o…

-La de cada cual, que serían semejantes?

-Porque son distintas pero todas tienen la calidad de conciencia. Se trata de una pregunta muy pelotuda…ya lo se, pero no puedo expresarlo más que así: ¿Qué es la conciencia?

-¡Te entendí, por fin te entendí, abuelo! ¿Sabés las noches que me pasaba pensando en eso mismo?

-¿Vos también?

-Si me imaginaba las conciencias como bolas luminosas en la oscuridad. Pero eran seres vivos sin cuerpo ni forma! Como unos bichitos de luz que tuvieran una vitalidad bárbara.

-¿Qué tipo de vitalidad? –se apresuró a preguntar Vittorio?

-Yo no lo veía, pero yo sabía que en ellas había una gran actividad que uno se podría imaginar como mucha gente conversando, pero que en el centro, había un vacío donde no pasaba nada.

-El ojo del huracán.

-Como un silencio. En el fondo eran calladas…

-¿Y cuando veías eso?

-Era un juego que jugaba cuando se apagaba la luz.

-¿Para no sentir miedo?

Manuel se rió

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

420 ¿TODO TIENE CONCIENCIA?

Mandinga les avisó que los grises clones podrían serles útiles con sólo borrarles la mente. Porque eran re-gravables y no como el Gris original. Dow, que era de sólo-lectura. Aceptado que no se mostraban muy lúcidos pero a su entender les podrían servir para las tareas rutinarias de carácter tecnológico, para las que se podrían programar sin ninguna complicación.

-¿Tareas rutinarias de carácter tecnológico…? De que estás hablando Mandi -le zampó con gracia Dengue.

-Y..no se… por ejemplo que se dediquen a enseñar el manejo de los guijarros y su código.

Ernesto protestó que eso se había vuelto inútil desde el momento en que los guijarros fueron de tamaño molecular y el código manejado por una computadora que se alimenta de los rizos electromagnéticos del ambiente.

Le dio un poco de vergüenza a Mandinga pero igual insistió:

-Bueno, digamos que se dediquen a la limpieza…

-No queremos sirvientes –cortó Manuel

-No serían sirvientes, son robots!

-Pero no parecen robots!

-No importa que la sangre les circule. Tienen una conciencia rudimentaria limitada a las cosas concretas. Resuelven ecuaciones pero no entienden un poema ni mucho menos un chiste.

-¿Tienen voluntad propia?

-Tal vez ellos lo crean, pero está determinada por el programa que tienen en el disco.

-¿Disco?

-Bah, es una manera de decir.

-Igual no sirve. Basta que tengan un poco de conciencia para que no tengamos derecho a transformarlos en esclavos.

-Un poco de conciencia, un poco de conciencia! No hay nada que no tenga un poco de conciencia!

-¿Por qué? ¿Las cosas tienen conciencia?

-De alguna manera sí. Los átomos tienen conciencia… Una cama tiene tantas conciencias como átomos. ..Por lo general no se ponen de acuerdo… aunque con el paso de los años recuerdan que pertenecieron al mismo árbol a cuya difusa conciencia contribuían agregando la propia. Todo lleva tiempo…

-Entonces… -Manuel cavilaba mirando el piso- entonces los contactos del plano de la conciencia con el mundo material serían tantos que la conciencia y la materia estarían entreveradas…

-En dimensiones diferentes, no te olvides que no sabemos cuantas dimensiones puede tener la conciencia. Le decimos plano…

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

viernes, octubre 05, 2007

405 Repensando el Punto

Mientras Mandinga se perdía abrazado a su compañera, entre la multitud, Manuel volvió junto a los otros con una sonrisa en los labios. Mandinga le acababa de decir que en realidad los humanos no eran seres de cuatro dimensiones sino de cinco, por lo menos teniendo en cuenta la conciencia, que ocupaba de por sí otra dimensión…por lo menos, porque había dicho que “el plano” de la conciencia se conectaba con el mundo de cuatro, apenas por unos puntos -como si fueran puntos suspensivos—pero le había llamado “plano” y no dimensión. Así que la conciencia podría tener a su vez un montón de dimensiones todas fuera de este espacio al que se conecta a través de un solo punto…PUNTO. ¡Claro punto! Tenía que ser el mismo punto donde ellos se habían aprendido a meter cuando había peligro. El que les había enseñado también Mandinga a utilizar. Se habían estado metiendo en ese espacio de la conciencia y saliéndose de este mundo!

Manuel se había quedado congelado en ese especie de tiempo cortito en que uno parpadea y enseguida volvió a ver al Cholo que no podía disimular la curiosidad sobre la charla que se había hecho en un aparte. Se lo iba a contar!

Cholo comprendió que metiéndose en el punto se habían estado metiendo con bola y todo en el universo de la conciencia, por eso razonó que las dimensiones habrían de tener algo en común para que un trozo de espacio de aquí se pudiera meter allá a través de un solo punto que haría las veces de lente.

Manuel se puso a recordar aquellos momentos en que estaban dentro del punto con la Flaca, tocándose espiritualmente o concientemente y tuvo que reconocerse que aparte de un poquito de ganas de ver el cielo y el sol al aire libre, aquello no estaba nada mal. Porque…Claro, no tenían cuerpo, pero la conciencia parecía crecer aumentando la sensación de bienestar.

El Cholo estaba a punto de seguir con otra serie de pensamientos sobre las dimensiones de la conciencia cuando casi cae al suelo escuchando una voz dentro de su cabeza. Una voz bien articulada que en un tiempo imposible de estimar le había dicho claramente que la conciencia se manifestaba en un número de dimensiones pero que la conciencia no era las dimensiones.

Por eso Manuel siguió sonriendo y Cholo más se concentró en pronosticar las consecuencias de los primeros pensamientos que de pronto se pusieron confusos antes de la caída total del sistema.

Al final los dos terminaron riendo sin pensar siquiera que estuvieran riendo de la misma cosa. Era un momento bueno para reír

miércoles, agosto 15, 2007

366 Vos sos el que escribe esta historia


Cuando Sintieron la risotada se dieron vuelta hacia la pared de atrás que era de donde venía saliendo el sonido y el cuerpo entero de Mandinga que ya daba un paso de los suyos y se ponía en el medio del foco.


-Por muy inteligente que seas, Manuel. Ja ja. Esta sí que es difícil de contestar!


-Que cómo puede ser?


-Eso digo. ¿Cómo puede ser que si nadie había de testigo…al menos en todos los casos uno distinto y además que allí aparecen hasta los pensamientos más recónditos…


-Vos ya lo sabías, no?


-Era de suponer. Considerando lo que viene a ser la conciencia, según los sabios de mi gente, un montón de reiterados pensamientos donde cada uno se refiere al otro pero repetidos en una cantidad suficiente como para confundir al mismo Verdadero, si es que existiera, de forma que no se pudiese saber de forma alguna cual de las series es la del primer pensamiento. Es decir cual de las series es la de lo que se pensó y cual es la de lo que se pensó que se pensó. Esa indefinición es lo que libera la conciencia, ocupada por lo general en esa clase de estúpidas cuentas y se manifiesta como lo que es. El fenómeno de una imagen reflejada en sí misma


-Qué carajo estás diciendo, negro? Te pregunté si ya sabías que nuestra historia está toda escrita.


-Es de lo que te hablo, diminuta criatura… Pero, si me permiten por un momento salir del tema, Manuel,creo que nunca te dije que mi constitución en siete dimensiones me permite organizar mi percepción de tal modo, que, estando en este mundo de cuatro, pueda ver el grosor de la conciencia de cualquiera. Ninguna de las que he visto secompara con la tuya.


-¿Me querés tomar del pelo?
Decime… ¿Qué tenés que ver vos con esta historia que sale en Internet?


-Te lo estoy diciendo, muchacho. ¿Me querés hacer dudar de que has entendido todo lo que te dije? Te lo voy a decir más claro. ESA HISTORIA LA ESTÁS ESCRIBIENDO VOS EN ESTE MISMO MOMENTO.


-Muy interesante. Pero hablame en serio.


-No querés reconocerlo, terca y débil criatura! Pero te voy a convencer. Me voy de aquí y te voy a aparecer por una ventana en las otras dimensiones, enfrente a la que estás sentado cómodamente escribiendo esos papeles que le hacés llegar a Eustaquio por manos del mudo Bartolo…Nos vemos.


Rápidamente la figura de Mandinga en todo su tamaño se deshilachó en una implosión de rizados hilos negros que confluían en un punto central donde desaparecieron. Los ojos de todos buscaron la reacción de Manuel ante las veladas y risueñas amenazas, sin poderla ver. Manuel había quedado impávido con el mismo gesto del instante anterior y ahora… ¡Se había transformado en una superficie! En la que sin embargo los ojos se seguían moviendo, como queriendo ver algo que… No, esos ojos miraban hacia algún otro lugar, donde seguramente estaban viendo algo…!


De pronto todo pasó. Allí estaba de vuelta Mandinga con la sonrisa más grande enfrentando al Manolito que ya había recuperado el grosor y acomodándose la ropa, medio avergonzado todavía, insistió en poner en duda todo. Nunca nadie le había dicho que uno pueda ser más de una persona al mismo tiempo, ni siquiera su abuelo, que de estas cosas sabía.


-Es que tu abuelo no te quería mostrar ninguna capacidad que te hiciera verlo como un ser de otra dimensión. ¡Si me habrá recomendado que no te revelara ninguna cosa extraña! Lo que tu abuelo no quiere reconocer es lo que él mismo supo reconocer en vos desde que eras muy chico. Siente que tiene la culpa de que vos seas un ser excepcional y no se da cuenta que eso te acerca a él en vez de separarte


-¿Me querés decir que yo estoy muerto?


-Claro que estás vivo, para este mundo tetradimensional, pero también un poco en las otras dimensiones, como todo el mundo, pero no tan poco sino bastante más que la mayoría de mis congéneres.


-¿Y por qué yo no lo siento así?


-Qué no lo vas a sentir? Chiquilín mentiroso. Acaso te olvidaste ya de cuando te golpeé la ventana hace dos minutos?


Manuel se quedó callado.




(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

lunes, junio 18, 2007

328 ¿Tendrían Sangre?

No llegaron ilesos a sobrevolar el techo de su casa. Antes, un brusco sacudón a la derecha, les sacó del tema que conversaban. Habían sido alcanzados, bien que de refilón, por algo que olía a incienso y resonaba en amenes. Apenas el roce de un rosario lanzado en abanico como si fuera una boleadoras de muchas piedras..Manuel hizo girar la bola un arco que comenzaba bajando y después remontaba a toda velocidad para cambiar de posición y poder apreciar la del enemigo. Eran dos de las grandes. Con la insignia del ojo dentro del triángulo. Arcángeles probablemente que imaginarían haber dado con una cobarde perdiz entre los pastos. Manuel Miró a la flaca que lo miraba en el mismo pensamiento y que también sabía que Cholo venía volando a la izquierda saliendo de similar maniobra. No fue necesario hablar, sólo hubo un clic al momento que una llamarada salía de la bola y daba sin más en la panza de la celestial carroza, despanzurrándola alevosamente a doscientos metros por encima de la casa de las hermanas Bronté a donde no llegaron a caer los pedazos porque la segunda bola de fuego, la que mandaba el Cholo con Ernesto y el Dengue, se encargó de barrer disgregando la basura como las luces de un fuego de artificio. Las otras dos tomaron altura para abalanzarse furiosas sobre los atrevidos, pero…Se quedaron con las ganas. Abajo solo se veían casitas asomadas entre los pinos.

Otra vez dentro del punto. Acababan de matar. Probablemente. Aunque en realidad no sabían casi nada de esos seres que viven en las siete dimensiones por tiempos semejantes a cientos de años. ¿Tendrían sangre…? ¿Serían personas? En el sentido de alguien que siente algo y que puede estar contento o sufrir. Mandinga había afirmado que eran clones de …¿De quien serían clones? Tal vez de nadie, hijos de un programa de computadora que tuviese el manejo de una colección de genes. Mejor así, pensarlo. Para poder seguir la lucha y desarmar otros cuantos angelitos hasta que por lo menos nos tengan respeto…¿Y si son personas…? Y si son como nosotros y están pensando que esa lucha se justifica porque aquellas de enfrente son las fuerzas del mal?

En ese punto se reconoció el tono lloroso del pensamiento de Dengue.

(¿Y si son como nosotros…?)

Alguien contestó.

(¿Y si son distintos…?)

Era natural. Que importaba tanto el parecido siempre y cuando fuera un ser sensible y con conciencia. Siempre es la guerra al distinto para que todos se quieran sentir iguales y portarse bien, no sea cosa que les acusen de distintos! Hay que comprar los mismos perfumes y comerse las mismas papitas con gusto a Kywi y si viene la guerra contra los enemigos del amor, apretar el gatillo sin remordimientos, que todo se hace por la gloria del amor. Podría ser lo mismo.. Ahora, hay que dejar sentado que ellos atacaron primero, esta vez, como las anteriores y que evidentemente no están dispuestos a dejarnos vivir. Sería una larga guerra durante la cual nos acostumbraríamos a contar las bajas a las risas de la misma manera que suponemos que hacen ellos. Pero si no los enfrentamos viviremos escondidos como los pequeños mamíferos en época de los dinosaurios, gorditos de lo que a las noches ratereaban, pero siempre ocultos y dispuestos a la huída. ¿Hay derecho? Nosotros no hemos (por ahora) intentado determinar lo que tenga que ocurrir en los cielos…

Resonó un pensamiento potente que interrumpió el río sonoro, era la voz de Mandinga.

(Están comprendiendo la verdadera naturaleza del problema!)

(¿Cuál?

(Entre los mandingas siempre hemos creído que la lucha no nos debe apartar de las cosas lindas de la vida, porque la lucha se hace precisamente para poder seguir viviendo así. Pero la lucha con un enemigo que no descansa ni disfruta de nada que no sea tu derrota, te obliga poco a poco a hacer lo mismo que ellos quieren, que te olvides del placer y te unas a su estilo de vida. Por eso hemos perdido todas las guerras. ¡Somos demasiado sentimentales!

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

viernes, junio 15, 2007

326 EL DÍA QUE SE INVENTARON LAS PALABRAS

Recuperada la libertad, lo primero que quiso hacer Ernesto fue ver lo que había quedado de Los Dogones, su vieja casa, donde vivían hasta hacía poco los recuerdos de su madre. No por su valor económico, del que nunca se había preocupado, hasta el punto de dejarla caer sobre su fama de casa maldita en la que hasta los postigos de las ventanas hacen el ruido que las puertas hacen en las casas con fantasmas. Eran los lugares, aquel sillón de palos curvados en la que creía recordarla hamacando entre los brazos una muñeca, idea absurda que siempre había combatido por saber que su madre no era aniñada y que nunca había tenido en la casa una muñeca. La puerta de la cocina, cuando el venía corriendo hacia ella que lo esperaba con las manos justas para detenerlo,… y se levantaba como el enderezar de una vara de mimbre, delgada pero fuerte y siempre con su sonrisa. Quería comprobar con sus propios ojos que no iba a ver nunca más aquellos rincones y escenas, aplastadas como decía Magdalena por la aplanadora de la oración caída del cielo. De alguna manera se tenía que despedir así como un día se despide uno de la escuela a la que no quiere volver, pero al cavo del tiempo fuerza la marcha un día para pasar a verla, aunque sea una vez, para que después deje de haber sido nuestra escuela. Y también podía ser el tiempo ya de terminar de enterrar a mamá Djenne junto con sus guijarros de colores y sus melodías tan dulces como el amor inocente y tan presagiante de tragedia a la vez. Tragedia. Era esa la palabra de su vida aunque no lo pronunciase. Atento cumplidor de lo que se hubiese esperado de él si hubiese nacido en la tribu Peul. Generosidad, valentía y abnegación. Por lo menos era lo que siempre había sentido sin que nadie se lo dijese en las tarde solitarias cuando su hermanos iban a la escuela y él todavía no. Djenne ya estaba enferma. Pero papá aceleró su muerte con la locura, porque era loco ya desde esa época, aunque él lo haya descubierto muchos años después de su muerte.
Comenzaba a clarear por el oriente cuando descendieron con las bolas sobre la calle enfrente de las ruinas, más que ruinas polvo y basura, que la brisa mañanera soplaba para entretenerse. Se acercaron, pisando buena parte de lo que había sido el material de la casona, hasta el borde de la depresión central, lugar que marcaba el hundimiento de la caverna, de su enorme bóveda natural que… Pero se sintieron observados y miraron primero la distancia que les separaba de las blancas bolas por si tenían que volver a ellas y después algo que se movía allá en aquel agujero que había quedado abierto bajo las levantadas raíces de aquel pino. ¡Era Trum Urum que les estaba haciendo señales de que se acercaran! ¡El viejo Trum! Como si hiciera tanto que no lo veían. Sino más bien que parecían haber pensado que junto con Los Dogones y la caverna se habían terminado los Tucu Tucus y los planes de llegar al planeta multiespecífico, o poliespecial, del que ellos, los jóvenes Tucus había dado ya aquel adelanto medio carnavalesco por las calles de los balnearios
Volvieron Cholo y Dengue a cuidar las bolas mientras Manuel, Ernesto y Magdalena siguieron bordeando la depresión para acercarse a donde Trum estaba. Entraron por el hueco y enseguida fueron conducidos a ver sobre el suelo de una parte no hundida, los planes y métodos constructivos, que iban a ser usados por una tropa de mil Tucus para reconstruir la caverna desde abajo, hasta dejarla lo más parecida posible a lo que había sido. Ya se veía pasar por las galerías comunicantes, mucha gente animosa, algunos con extrañas herramientas acopladas al correaje de cuerdas vegetales que llevaban puestos como si fueran chalecos. Y se sentían esos ruidos sordos que se producen en el aire de las galerías más angostas cuando un tucu pasa rápido, bombeando pulsos de viento comprimido. Confiaban plenamente en el éxito de la tarea, porque el éxito estaba asegurado por la posibilidad de reconstruir la unidad de las rocas de arenisca de modo que no sea una agregado de pedazos. Habían descubierto que la saliva, la saliva de Tucu al menos, producía un ablandamiento de la arenisca que aprovechado a tiempo mediante una fuerte presión reconstruía la unidad de la piedra. Lo importante era llegar al día de Tucum con la caverna intacta para recibir a los peregrinos de todas las comunidades.
¿Tucum…? –preguntó Magda.
-Si, nuestro Adán. El primer Tucu Tucu que supo que estaba pensando.
-¿Y como saben que fue el primero que pensó?
-No. Los Tucus siempre pensaron…y los otros animales también. Tucum fue el primer Tucu que se dio cuenta de que estaba pensando. Hizo tantos bailes y morisquetas extrañas frente a sus conocidos que estos terminaron entendiendo lo que les estaba diciendo. Que era un ser muy especial porque sabía que estaba sabiendo y que estaba tratando de hacerles entender que adentro no sólo hay tripas y sangre circulando sino que por algún lado habita un ser que se llama CONCIENCIA que empieza a manifestarse cuando uno sabe que está pensando. Todo eso lograron entender y está dibujado en todas la galerías importantes de nuestras comunidades. Entenderlo fue como que un rayo de luz se metiera dentro de cada cabecita preguntando qué es lo que estás haciendo, cómo se llama sino pensamiento eso que estás pensando que pensás. De pronto todos se hicieron concientes de ser concientes y festejaron con grandes bailes alrededor de Tucum por el aporte que acababa de hacer a la comunidad. Fue ese el día en que se inventaron las primeras palabras, aunque no todavía la manera de decirlas que fue el aporte de la generación posterior.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

sábado, mayo 26, 2007

308 CONSTANCIA NOTARIAL

Difícil sería decir cuanto tiempo pasó por ellos sin respiración ni pulso. Sin saliva ni sudor. Pero compenetrados igual en ese extraño contacto tan íntimo y sensible como el mejor sexo, el de ellos, de siempre, que se prolonga y aumenta poco a poco para llegar al clímax muy tarde, cuando ya las fronteras entre las personalidades han dejado de existir. Hasta era más fácil, sin cuerpo. Yendo directo a lo esencial, el contacto entre las almas. Que se reconocen en ese mundo sin luz de la única manera que se puede conocer sin posibilidad de error: Por el contacto entre las conciencias que mucho disfrutan cuando pueden dejar de estar solas dentro de esa caja de nada que sin embargo limita. Mente con mente, recorriéndose como recorren los ojos del lector las páginas de un libro o la sensibilidad auditiva llevada de la mano por Motzart. Allí estaban todas las historias sin palabras, a pura sensaciones simultáneas y un débil pensamiento que intenta inútilmente poner un nombre a cada cosa. Una etiqueta a la vida! Con sus componentes en miligramos para poder después repetirla bajo la firma de la constancia notarial. No, historias como las del Hombre Ilustrado que se ponen en movimiento involucrándonos por entero como si nadáramos bajo el agua sin necesidad de respirar. Daba gracia saber que el pobre pensamiento se había quedado atrás ya desde el principio con su libretita de anotaciones dejándoles navegar por los rápidos de la existencia con las almas desnudas del temor por el devenir constante. Y daba gusto sentirse liberado del eterno tiempo aunque siguiera pasando, pero ya no como el tic tac que nos acerca a la hora de la alarma, de la comida o de la muerte. El tiempo también se había liberado de toda esa carga de fenómenos que siempre debía estar empujando para que no se retrasaran y todo funcionase como dios manda. Aquí no había tareas. No habían cosas ni fenómenos, sólo había conciencias.
Sin embargo, en algún momento algo se abrió en el aire sobre las ruinas de Los Dogones y las rozadas luces del alba. Sobre la tierra gris sonaba un acorde de inmenso silencio para enmarcar la imposible desolación que allí reinaba. No salían humos ni olores, no había huellas de fuego, no quedaba más que un montón de escombros y tablas quebradas alrededor de un pozo central. No quedaba nada.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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