sábado, diciembre 09, 2006

149: TRUNGU TURUNGURUNGUM

Esta vez Ernesto colocó un micrófono para cada Tucu y enseguida que estuvieron funcionando se armó la rueda alrededor del tema de la alianza para defenderse de la guerra y especialmente de cualquier intento de reclutar a la tierra en alguno de los bandos.
-No es que nos coloquemos en una posición intermedia entre Dios y el Diablo –explicó Giorgionne—sino justamente que no queremos estar ni entre ellos, ni con alguno de ellos.
Parecía un trabalenguas pero los Tucus lo comprendieron perfectamente. Trum quiso hacer evidente la confluencia de las ideas contando una leyenda Tucu –la única que tenían—que contaba que cuando aparecieron los primeros de ellos en los baldíos de la ciudad vieja, la sabiduría se les había manifestado mostrándoles dos posibilidades. Una era que se construyeran un Dios a imagen y semejanza, aunque más justo, bondadoso y especialmente poderoso. Y la otra , la que habían elegido aquellos primeros Tucus Gigantes, que consistía en sincerar en todo momento la ignorancia y no pretender legislar sobre lo desconocido.
-Esa es nuestra leyenda—dijo Trum a través del traductor—Sea cierta o no—agregó con vos emocionada—entre nosotros nunca ha habido ateos ni tampoco creyentes…
-¿Son todos agnósticos?—Preguntó Giorgionne.
Trum levantó un poco la vos, tal vez creyendo que no se le había comprendido bien.
-No, nosotros no somos nada!
-¿Nihilistas?
-No sé lo que es eso, pero no lo creo…
-¿Incrédulos…?
Dijeron ambos que estaban diciendo sus opiniones personales. No podían comprometer en la propuesta alianza ni siquiera a la comunidad local de El Bosque. Mucho menos a la especie toda e iba a ser necesario que fueran a presentar la idea al Trungu turungurungum, o sea el “Río Sonoro” de la comunidad Tucu y quedar a la espera de una resolución. Deberían comprender los humanos que el tema era delicado porque no sólo traería a la actualidad todas las implicancias emocionales del recuerdo de la leyenda fundacional sino que, especialmente iba a reavivar viejos rencores –y tal vez prejuicios—con la especie humana, “que todo lo usa”, “que todo lo pudre”, “que todo lo rompe y tira”, “que todo lo pisotea”. En definitiva, ellos ni siquiera se imaginaban formando parte de una alianza sin consultar a los otros.
-Y eso es toda una diferencia.
-Hay otra—afirmó Giorgionne—que sería bueno que tuvieran en cuenta. Nosotros no podríamos invitar o consultar a miles de millones de humanos que hablan en cientos de idiomas diferentes y que son en su mayoría fanáticos de todos los fanatismos. Desde las más variadas religiones hasta lo que es peor, el dinero el éxito y el poder.
-Haz hablado con sabiduría—respondió Porum—Pero no crean que somos tan pocos. Todavía no hemos desbordado las fronteras de este país, pero ya somos más de un millón y seguimos creciendo. Calculamos que en los territorios que ustedes llaman pampas podrán, dentro de algunos lustros, vivir cuarenta o cincuenta millones de los nuestros sin producir ningún deterioro del equilibrio ecológico.
Los humanos quedaron boquiabiertos. Se sorprendían de lo que se estaban enterando pero enseguida reaccionaron volviendo a su natural ansiedad y objetaron la lentitud que el procedimiento tradicional Tucu significaba.
-La guerra vine avanzando sobre todos nosotros, sobre todo el planeta… Tiene que haber alguna manera de acelerar… Ustedes mismos han de tener algún procedimiento para casos de urgencia!




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