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jueves, agosto 13, 2009

724. Ruta 66

Ganar tiempo. Como tantas veces, mientras los pasos duros de los de uniforme blanco se acercan para tomarle como una bolsa de ropa sucia, lista para ser arrojada a la gran lavadora industrial que son las salas de los hospitales y su atmósfera cargada de cloro o formol o cloroformo o lo que sea. Como aquella vez en el Hospital de Niños, ganar tiempo... Se sentía mareado. Y la sirena ululaba por caminos insospechados de Buenos Aires o de la Interbalnearia. ¿A dónde le llevarían? O tal vez solamente un sueño como tantos, desagradable por haber tomado algún vino de más y de menos calidad. Con el Dengue, aquella vez, por hacerle compañía y que no lo tomara como desprecio, que en el fondo somos todos iguales, y sangramos de similares heridas, aunque algunos... Y el dolor que vuelve a primer plano, lacerando el costado de la cabeza que se apoya sobre el ángulo vidrioso del cristal y las arenas... Como en un mal sueño, o fiebre, que no podría estar teniendo, sino apenas algún que otro hueso roto... (¿cráneo) (¿Vértebras?)

¡Si por lo menos apagaran esa maldita sirena que...!

Ella sonríe guiñando un ojo como si jugase al truco, sin dejar de hacer dedo para que la ambulancia la levante de la ruta 66. Seductora, con su cola escamada color verde turquesa Qué tontería!

¿Habremos llegado?

A alguna parte donde me sacarían el dolor... Si no es que me han traído engañado todos esos que piensan que estoy loco. Qué horrible sería, justo ahora que me siento tan débil y dolorido, que no podría ni pensar en saltar un muro para escapar a los jardines de cipreses de aquel cementerio bajo la batalla final entre las bolas de la anarquía y las doradas bolas de los ángeles. Qué tiempos aquellos y por qué no habría yo de volver a ser uno de tantos héroes anónimos, especialmente cuando han de estar necesitándome porque... Porque... Como todos nos necesitábamos y confiábamos unos en otros sin fallarnos y sin temor de enfrentarnos a aquellas escuadras poderosas, muy poderosas, dueñas de la galaxia pero vacías de humanidad. Y nosotros... Ni siquiera sabíamos qué posibilidades de éxito podríamos tener, si es que eso alguien lo pudiera saber, como el resultado de un cálculo definitivo que para nada consulta a la libertad que tiene el futuro de ser lo que quiera...






martes, junio 23, 2009

707. USÁ TU BOLA

Que no era poco. Tantos años llevaban aquellos tipos escuchando el Universo con antenas gigantescas para encontrar señales inteligentes que nunca pasaban de ser cricrí de grillos y que... Pero claro, Rulo no era ni iba a llegar a ser nunca alguien interesado en tales cosas. Para él, los resultados del futbol los fines de semana, la Copa Libertadores y las peleas entre los mafiosos del deporte.

-¿...entenderás, por lo menos, que ha sido un accidente...?

No quedó claro qué era lo que había entendido pero a continuación tontamente se puso a juntar pedazos rotos de platos, como si estuviese interesado en repararlos, o al menos reconstruir las imágenes de golondrinas y oscuros nidos que adornaban muchos de ellos.

-Qué desastre -musitó.

Recién entonces Manuel aterrizó la mirada en la pila de trozos, Por cierto que. había sido un destrozo total y hasta pena daba pensar en tanto trabajo humano  transformado en basura. Aunque mirándolos bien, con ojos de dibujante, no parecían aquellas imágenes, perfectamente delicadas e idénticas, haber nacido al correr de ningún pincel o instrumento parecido, sino más bien logrados por algún sistema de impresion o calco, como las revistas de historietas; aunque éstas tuviesen siempre la delicadeza de dejar a la vista, el brusco movimiento de la mano humana, la expresión y hasta la duda. Aquello era relamido. Perfecto, inhumano. Cosas de la industria a gran escala.
Pero volvió al tema de lo que había anotado en el papel. Esas letras y esos puntos suspensivos que sin duda encerraban en su incompletitud, el secreto de un mensaje posiblemente  irrecuperable. No podía recordar los fugaces aunque intensos olores que se habían sucedido sin dar tiempo a su reconocimiento. Ni siquiera estaba seguro de haber reconocido correctamente a todos. Algunos le había parecido sumamente familiares, pero antes de darse cuenta, ya tenía la mente sumergida en otro, tan intenso y real como para impedir el recuerdo del anterior. Ese, por ejemplo del vino, que venía a meter una v en medio de su propio nombre...¡No! ¡No era olor a vino! ¡Era olor a uva! Ahora sí estaba seguro y tal vez pudiera reconstruir el resto. Porque no era la única v que aparecía.

...NT_MANV_LPO_.......T__TAV_ATV_OLA........F_CA_OR
...NT_MANUeL-PO_.....T__TA-U_A-TU-bOLA.....F_CAdOR
...NTe-mANUeL-PO(dés)...........-T__TA-UsA-TU-bOLA......FiCAdOR

urgeNTE-MANUeL-POr-(favor)-conTesTá-UsÁ-TU-bOLA-(como)-ampliFiCAdOR



jueves, mayo 28, 2009

697. MANVEL

Julieta le saludaba ya desde media cuadra cuando la oleada maciza de olor a mierda le dio de lleno en la cara haciéndole perder el equilibrio. Cayó Manuel enredado con el manubrio de su bicicleta y arrastró algo más que la mejilla izquierda y la rodilla derecha por la gravilla hasta detenerse, girar el cuerpo, y ya sentado agarrarse la cara con las manos.

Julieta gritó y corrió levantando el otro brazo casi a las risas pero preocupada.

El fuerte olor a ajo que sobrevino resultó como un alivio. Tampoco la sangre parecía ser mucha y a pesar del fuerte ardor comenzaba a reírse de su torpeza cuando una ola de naftalina le sumergió en el olvido del ropero de su antigua abuela. ¡Qué olor tan viejo y oscuro!
Pero enseguida una oleada húmeda, como si metiese la cabeza dentro de un barril de vino, y después caminase por un monte de eucaliptos, o ahora estuviese rozando la nariz con un limón recién cortado.

Julieta se detuvo junto a él preguntando cómo estaba.

-¡¿MANVEL?!

No llegó ella a comprender qué pudiera querer decir, pero se alegró de que hablara. Muchas veces, después de un porrazo decimos cosas inesperadas en vez de La Puta Madre.

-Vení a lavarte y desinfectarte.
-¿Porqué Manvel en vez de Manuel?

Ella le estiró una mano para que se tomara.

-¡Esto es cosa del abuelo!

Miró hacia la casa para ver si Rulo se aparecía. Dudaba de tener fuerzas para levantarle.

-Sí, ha de ser el abuelo Avelardo... pero... ¿por qué Manvel?

Era patético verle con la cara cubierta de tierra y esos rayones de sangre media seca, con la mirada perdida y las piernas abiertas sobre la calle, junto a la bicicleta.
Pero de pronto se levantó y la levantó.

-El abuelo me está llamando. Después vengo, Julieta. Quiero que la flaca me ayude...


sábado, marzo 15, 2008

494, Marzo de 2008

-Sí, Dengue. De él te tenés que acordar... le tenías mucho afecto... hasta ayer.

Ernesto pareció hundirse en un profundo océano. Mirando por encima de los pinos, no mirando, en realidad miraba dentro de sus propios recuerdos y percepciones. Tenía una sospecha. Algo dentro de su mente le hacía sentir que esa palabra, usada como nombre, ya había llegado a sus oídos en circunstancias y con referencias a asuntos sumamente privados. No podría precisarlo, pero junto al sonido de la palabra se le había representado una imagen reciente dentro del parador de Pichi. A la izquierda el largo mostrador y... allá más al fondo, en aquella mesa desvencijada, alejada del resto por tener una pata coja... restaba ese muchacho negro que ya había visto derrotado por el alcohol en otros sitios. Era el mismo que entonces llamó su atención... por la manera de estarse tirado sobre el respaldo de la silla, los brazos colgando a los lados, incapaces ya de llegar al vaso sobre la mesa demasiado alejada. ¿Por qué le seguirán vendiendo vino? Pensó él entonces mientras otros datos también observados le hacían calcular la edad en el entorno a los 19, el peso sin un gramo de grasa y la altura totalmente normal.

-¿Cómo es...?
-¿Dengue? Y... flaco, un poco más oscuro que yo... tiene algunos rulos que le cubren la frente...
-¿Toma...?
-Tomaba.
-Pero ¿tomaba mucho...? Es ese muchacho que anda tirado por cualquier parte...?

De pronto Manuel se puso pálido. Se agarró la cara con ambas manos. Fijó también los ojos en la nada que le impedía pensar... No fuera posible que la ocurrencia imposible que se le acababa de ocurrir, fuera posible! Quiso comprobarlo y descartarla ya.

-Pero, qué día es hoy? ¿Que día, qué mes y qué año?
-Sábado 15 de Marzo del año 2008.
-Claro -había pensado que tal vez había salido al mundo un par de años antes, en los tiempos en que Dengue andaba siempre tan mamado como lo había visto un rato antes. Cuando no formaban todavía el grupo que después se reuniría en la caverna. Cuando el era un tipo feliz.

De todos modos estaba perdiendo el tiempo. No podía ponerse a esperar que Ernesto o los otros recuperaran la memoria... o la razón... o ambas cosas porque... Pero basta. Tenía que encontrar las otras entradas, las de los Tucus, diseminadas entre los pinos , y que, a pesar de ser un poco estrechas, ya una vez se había salvado cayendo por una de ellas.

Salió corriendo sin apenas saludar a Ernesto, se adentró en los pinares y en subida y bajada de dunas fue revisando con rápidas miradas en busca de elevaciones de la arena y las pinochas como las que usaban los tucus para encubrir las bocas.
Encontró una pero... Parecía demasiado pequeña... La destapó con cuidado y...encontró la boca del túnel. Sólo que era del ancho de su mano.


viernes, febrero 29, 2008

483 La Ve de Vino

En cambio desde una cuadra de distancia pudo ver las manos en alto del Dengue que le saludaban mientras el cuerpo seguía sinuosa trayectoria, tal vez con intenciones de acercarse. Estaba otra vez borracho, aunque alegre, haciendo brillar los blancos dientes en vez de gritar el saludo que no lograba articular. Manuel apuró el paso, tal vez Dengue había estado por la caverna y había logrado salir por sus medios, tal vez todo había vuelto a la normalidad y Ernesto le había facilitado algún dinero para que se comprara vino. Tal vez no. No.... Era raro. Llevaban mucho tiempo compartiendo la mayor parte de los días y no había vuelto a verle borracho desde que se había transformado en el mejor fabricante de cuerdas para bolas y después en el mejor instructor de vuelo. Ahora se había caído al costado de la calle. Manuel corrió a levantarle...

-Vení, pasá el brazo por arriba de mi hombro, vamos a...
Recién entonces comprendió que Dengue, a no ser la caverna o la misma casa de Ernesto, cuando existía, no tenía sobre la tierra otro lugar donde acostarse sobre una cama.
...casa. Estás pasado.
Dengue sólo reía y señalaba ahora el cielo de entre los pinos, con un dedo o dos semiextendidos que no lograban mantenerse en ninguna dirección, pero que hicieron a Manuel pensar en que quería advertirle de la trayectoria de alguna nave. No vio nada y tuvo que hacer todo el esfuerzo de levantar el peso de aquel cuerpo que aunque liviano, se escurría hacia abajo sin capacidad de sostenerse sobre los piés.
Marcharon, es decir Manuel marchó dejando atrás los pies de Dengue que se iban arrastrando lastimosamente por el balastro. Se cruzaron con unos vecinos que sacudieron la cabeza y continuaron. Apareció de algún lado la Yiya que ofreció ayuda para lo que fuera, como cuidar a Dengue hasta que Manuel consiguiera un vehículo y de paso acompañarles hasta la casa y volver a entrar como alguna vez había hecho. Enseguida se dio cuenta Manuel de toda esa serie de posibles pensamientos que se completaron con la vuelta, ahora sonriente, de la flaca que se encontraba con la Yiya y cambiaba otra vez de humor...
-Bueno quedate un momento con él que voy a buscar la bici con el carro.
Salio corriendo por la bajada arenosa, hasta pasar la cañadita y adentrarse en el monte, para salir en la otra calle detenido de pronto al considerar que era raro que los otros vecinos no se hubiesen comedido a dar una mano. Los volvió a ver ahora, detenidamente, con esas caras medio torcidas que siempre habían puesto para contemplar las desgracias de Dengue, en la otra época, cuando Dengue gozaba de la fama de ser un irrecuperable y no un héroe como ahora, a pesar de que siempre trataron de no fomentar esas cosas de la fama y la vanidad. Pero había que reconocerlo. Dengue, ese negrito flaco que cayó derretido en vino sobre la cuneta de la calle, había desarrollado las técnicas más perfectas de vuelo en bolas que se enseñaban por toda sudamérica, después de haber encontrado la forma de fabricar las cuerdas bordonas para hacer resonar el espacio... Pero tenía que llevar el carrito para traerlo.



domingo, junio 03, 2007

316 ¿Precisan Algo?

Siguiendo las instrucciones y con buen olfato llegaron frente a una casa, a la que se entraba por el costado de un corredor abierto hacia las plantas y los árboles. Golpearon las manos y enseguida apareció un cincuentón desgarbado que preguntaba a viva voz –haciéndose el gracioso- quién era que andaba molestando a la gente a esa hora. Se acercó hasta la vereda y antes de que ellos articularan el comienzo de la tan larga explicación que iban a tener que darle, aun el hombre continuó con su discurso agregando que eran esas las horas del reposo que uno se ganaba tras una larga jornada de trabajos y sudores. Por último se rió con toda la expresión y preguntó quienes eran y que andaban haciendo, al tiempo que se ponía de perfil para permitirles el paso hacia la casa. Era obvio que iban a pasar a sentarse bajo el alero de donde había salido el hombre, el Flaco, que según la memoria de Manuel no podía ser otro que aquel que en el sesenta y siete parecía apenas un gurí de no mas de doce años y que al final había dejado de ver cuando el remolino de tierra y hojas se lo había llevado otra vez de regreso. ¿Se acordaría él del episodio? Bueno, en realidad si se acordaba y aquello le había llamado la atención como algo muy poco normal… Sería mejor, más fácil para llegar a convencerlo de que ellos le estarían hablando de algo verdadero y que toda la historia no eral el delirio de un par de enfermos mentales. Ya estaban sentados cuando vieron que un par de vasos eran colocados sobre la mesa ladera y una mano que apareció desde el interior de la casa inclinaba el pico de una botella por el que comenzaba a fluir el vino tinto.
-Qué andan haciendo, muchachos.¿Precisan algo…?

Dicho esto el Flaco se levantó a tomar un trozo de queso de los que estaban junto a las rodajas de salamín sobre la tabla con mango que agarró para que llegaran con sus manos que ya sin comedimiento se extendían. Tenían hambre y un regusto ácido y astringente en la boca que les arrugaba las encías. Con el convite ganaban más tiempo para comenzar el discurso de alguna manera adecuada.
-¿Vos no sos aquel que se llevó el viento?
Manuel se quedó con el pedazo de queso quieto sobre la lengua. ¡Se acordaba! Y lo decía como si tal cosa, como si todos los días viniese un remolino de tierra y se llevara a algún vecino que aparecía después de cuarenta años con la misma cara y estampa. ¡Hasta con la misma ropa!
-Hace cuarenta años…
-¡Tanto! Me parecía menos… Pero me acuerdo bien que estabas hablando con la Elena cuando se vino aquel remolino que nos llenó la vista de tierra y que cuando pasó…Ah, mijo! Que el forastera ya no estaba!
-¿Me buscaron?
-Preguntamos a todo el mundo. El único que sabía de vos era el Bosco que nos dijo cuando se vino a despedir…porque él también se iba ese día…que ya te habías ido de vuelta para tu pueblo…Que yo todavía me quedé pensando en qué mierda te podrías haber ido a esa hora que ya habían salido los ómnibus y pasado el motocar … pero no se lo pregunté…
-No me fui en nada de eso, ni tampoco salí a la carretera a hacer dedo…
-Si hubieras hecho dedo en el pueblo se hubiera sabido.
-Mire…me fui del pueblo igual que como me fui de la vereda aquella del hotel…
-Ah, sotreta! Y ahora me quiere hacer creer que es medio brujo, que se vuela por el aire…A ver, decime, como es que te acostumbrás a ir vos? –Dijo casi a los gritos el Flaco con toda la risa en la cara pero, que de a poco se le iba ennubleciendo y anocheciendo hasta que estiró las piernas para tirarse contra el respaldo de la sillón petiso.
-¡Pero sos igual…que aquel día!
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

miércoles, mayo 23, 2007

305 CADENA NACIONAL

Sobrevolaron las acacias bajo las que Ernesto ya no estaba y siguieron para la caverna haciéndose ver a baja altura para lograr la vuelta de todos los Maquis. Ernesto estaba por volver a salir en la bola. Se sentía mal por su flaqueza que había puesto en peligro a los demás y también a la bola misma, arma secreta que de ninguna manera podía caer en manos del enemigo. Lo consolaron con verdades y le pidieron que llamara a Vittorio para saber quién había dado la orden de la invasión.
-¿Cómo que nadie?
Parecía ser que mientras en el gobierno se discutía acaloradamente sobre los principios constitucionales que impedía ninguna sombra de extraterritoriedad que no fuera para proteger a contingentes extranjeros, un grupo de milicos, encabezado por un militar en retiro habían pergeñado un plan de ataque relámpago para refugiarse en el hecho consumado, después de limpiar a ese grupito de terroristas. El general retirado era el mismo que firmó el ingreso de los hombrecitos grises a la plantilla del ministerio de defensa.
-Pero les habrán mandado la orden de retroceder!?
-Tienen cerradas las comunicaciones y ahora el cielo de Montevideo está lleno de ángeles luminosos
-¿Qué hacen?
-Nada. Dan vueltas, van y vienen.
-No, digo…¿qué hacen ahora los del gobierno?
-Parece que en una hora habrá cadena nacional.
-¿La gente está en la calle?
-No. Sabés que no. No anda un alma en la calle…Es que esas luces no son como las nuestras. ¡Son autoritarias hasta para brillar!
Llegó el Dengue traído a rastras por los otros aunados todos en el olor a vino. Se caía, el Dengue, sin los hombros que le sostenían y las manos que lo agarraban. Se había diluido brindando por los nuevos tiempos, con el Chumbo y los amigos, que alguna vez debía llegar a ser primavera para las golondrinas oscuras y los gorriones flacos que ya iban pasando demasiados inviernos en la pobreza. Trató de explicarlo, pero no pudo más que repetir la misma frase de cuatro palabras entonadas de diferente forma.
-Les rompimos el culo!
Lo sentaron entre almohadones y luego que Ernesto volviera con la taza de café cargado se dispusieron a iniciar la discusión o el acuerdo sobre las medidas a tomar. Fue entonces que toda la caverna se sacudió en un terremoto que desprendió un enorme trozo del techo que vino justo a caer encima de una de las bolas estacionadas.
-¡Nos bombardean!
Sin mediar más palabras todos corrieron hacia las naves. Ernesto cargó a Dengue sobre sus hombros y lo colocó en el piso de su bola. Hubo otra explosión y una de las paredes dejó avanzar una grieta profunda. Magda entró a la nave de Manuel. Julieta a la de Rulo. Margarita a la del Cholo. Se hundió el techo del lado sur. Mandinga se rascó las rastas y entro a una de las bolas que quedaban.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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jueves, mayo 17, 2007

300 SUBVERSIVO O TERRORISTA

Volvían caminando para Becú cuando se sintieron vencer por el delicioso hilo de olor a asado que les llegó al acercarse. Había fiesta de todos en mesas improvisadas y una gran parrilla. Damajuanas de vino y todos dando vueltas por ahí de gran jolgorio. El Roque con Aníbal y la Yiya, más atrás andaba la Mulata. Luque con toda la familia y hasta el Pichi, que fue unos de los primeros en reconocer a Manuel que se acercaba. Hubo gritería pero no tanto como de tarde ahora el ambiente era de fiesta y ya estaban conectando los parlantes para darle al baile. Algunos no sabían el motivo de la fiesta. Preguntaban. Por Manuel dijo alguien y los que preguntaban creyeron no entender por qué se le iba a hacer una fiesta tan grande a ese Manuel. Porque los que preguntaban el motivo de la fiesta casi nunca sabían quién era Manuel. Y vise versa o al revez. Todos los que conocían a Manuel sabían que la fiesta no era para Manuel sino por la Libertad que el venía a representar, como la mayoría había caído en la cuenta que era, aunque nunca hubieran puesto atención en el muchachito ese mulato, que andaba cortando pasto con el carrito… el primo del Rulo. Ah, ese sí, un gran muchacho! Se le veía algo particular en la mirada…
El Cholo y Manuel se sentaron con los otros amigos un rato y comieron asado mojado en vino, entre alharacas y felicitaciones de los que decían estar enterados de quien era el jefe de la revolución. Trató el Cholo de explicar los términos pero sin dejar de comer mientras Manuel masticando hacía que no con la cabeza y trataba de tragar para después decir algo. Que no llegó a decir porque al otro lado de la calle en otra hilera de mesas estaba sentada la señora de las blancas tetas que le saludaba sonriente con la mano y en el medio de la calle el marido con bigotes y ojos a los dos lados que empezaba a enfilar para donde él estaba. En tres pasos se le estaba tirando encima directamente a la garganta con las dos manos. Mientras la boca desencajada decía algunas cosas como subversivo o terrorista.
Pero las manos se cerraron estrangulando el aire cuando Manuel se escabulló hacía arriba dejando ver la suela de sus championes por encima de todas la cabezas. Estaba levitando sin haber terminado de tragar el asado!
Sorprendido como cualquiera, porque ni por un instante había pensado en salir volando cuando como en imágenes a de cine mudo estaba viendo las manos del milico que se acercaban a su garganta. Y encima el clamor de los vecinos que otra vez se empezaban a juntar. Quería bajarse pero se contuvo un poco hasta que Ferrari fue levantado por sus amigos e invitado a pasarse unos días por Montevideo hasta que estuviera más tranquilo.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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martes, diciembre 26, 2006

165: UN BRINDIS POR BORDABERRY

Cuando Rulo torció la boca para rechazar el cigarro que había armado Aníbal y del cual todos iban fumando, Julieta, que venía de sacar las pizzas del horno, se asomó y sacudió la cabeza. El Dengue al recibir el cigarro bromeó con que lo querían mamar y el Cholo propuso que se llenaran de nuevo todos los vasos y que cada uno hiciera su brindis. Así se hizo.
Ernesto brindó entonces por la humanidad del futuro. Julieta, que ya había depositado las piceras sobre la mesa con las porciones desprolijamente cortadas, brindó por su futuro hijo mojando apenas los labios en el vino, con lo que llenó de emoción a Manuel, que la observaba y ahora abrazó a la flaca sintiendo que las mujeres eran seres admirables. Desde ese estado brindó Manuel por el amor.
El Cholo, en cambio levantó su vaso lleno de rojo vino y brindó no por los veinte años de Manuel, sino por los treinta de Bordaberry a quien deseó larga vida.
El roque brindó por la amistad. El Rulo quiso que nunca les faltara el trabajo. Magdalena que se terminaran todos los problemas y fueran jóvenes para siempre. Aníbal en vez de decir el deseo de su brindis lanzó una sonora carcajada. La Mulata no quiso brindar.
Comieron y bebieron y se rieron con grandes aspavientos. Recordaron cosas del pasado en común. Cantaron sin guitarra y con poca afinación. Abrieron latas de sardinas y cajas de vino. Asaron chorizos a destiempo y hablaron tantas ingeniosas pavadas que probablemente nunca iban a poder recordar…
Al rato Manuel comenzó a ver la fiesta desde progresiva distancia, alejándose de las carcajadas y las bromas por un camino interior que de pronto le hizo perder todo contacto con la realidad externa llevándolo a un lugar desconocido donde sólo se sentían voces. Las voces eran dos y discutían… Una de las voces era la de su abuelo Abelardo y la otra…¡Y discutían sobre él!
-Yo te lo dije desde el principio, Germán. Esto no es lo mismo que escribir un guión!
-Pero igual quisiste hacerlo! Si no ¿por qué le dejaste el juego de los guijarros?
-Después me di cuenta… Todo empezó cuando yo era un niño y tenía la cabeza llena de absurdas fantasías!
-El problema es que ahora se nos salió de control.
-¡Nunca debimos intentarlo! Nos metimos a aprendices de brujo.
-Bueno, pero algo tenemos que hacer. Toda la trama de su vida ha quedado alterada. Por lo menos tendríamos que remendar algunas cosas…
-Sí. Y seguir haciendo cagadas…!
Un par de labios húmedos apoyados suavemente sobre los suyos lo trajeron de vuelta al mundo de los vivos. Los ojos luminosos de Magdalena le miraban ahí enfrente, serenos y al mismo tiempo seductores, esperándolo para seguir navegando las aguas compartidas… Alrededor se volvían a conectar los sonidos de la fiesta como un trasfondo sonoro que completaba el escenario.
Decidió seguir jugando. Se levantó y fue a subir el volumen de la música. Llevó a la flaca a un costado de la rueda y se pusieron a bailar.



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viernes, diciembre 22, 2006

162: El primer invitado.

Mientras seguían las preguntas y las respuestas, la imagen del Rulo se le iba transformando. Al principio era sólo el aspecto corporal el que parecía haber cambiado al vérsele más bajo y sólido que antes, pero pronto comenzó a estar rodeado por una especie de relumbre que, aunque no muy evidente, le bañaba desde la cintura hacia arriba, con flameos rojizos que se iban tornando anaranjados a medida que subían hasta la cabeza. Por alguna razón que no analizó, esto le hizo pensar que su primo aun estaba con mucho temor, casi tanto como el que él mismo sentía de que le volviera esa visión fantasmagórica que había tenido de Magdalena apenas un rato antes. Entonces se esforzó por sonreír y como jugando a su manera acostumbrada, pidió a la flaca que le diera unos besos.
Rulo seguía con el relato.
-Uno de los que se bajó del patrullero no tenía uniforme ni hablaba…Sólo apretaba los botones del celular…
Manuel sacudió la cabeza afirmativamente y confirmo como para sí mismo:
-Sí, el de traje gris y cara de nadie.
Fue cuando Rulo dijo de irse. Temía que alguien hubiera visto el procedimiento y hubiera ido con el chisme a Julieta, para preocuparla al pedo.
Salió con su bolsito al hombro rumbo a la calle, pero no llevaba andado casi nada cuando vio venir a Julieta, apurada y a los gritos.
-¡Me dijeron que te habían detenido. Vengo de la comisaría!
Volvieron hacia la casa, ahora con el propósito de tomar algunos mates con la Magda y Manuel y de paso que Julieta descansara de lo que había sido casi una carrera.
Sentados todos en la cocina, sintieron voces que llegaban por el frente. Era el Cholo que venía trayendo a un Dengue muy divertido que a la voz de “feliz cumpleaños” entraba a la casa levantando en la derecha una caja de vino. El Cholo le había encontrado preguntando por la casa del Manuel, allá por lo del Pichi. Quería llegar a tiempo para la fiesta pero no recordaba dónde vivía Manuel ni que día le había dicho, sólo que estaba invitado y claro que no quería faltar.
Al ver que no alcanzaban los asientos, Manuel pensó en pedirle a doña Flora unos casilleros prestados y, pensando esto completó la idea con lo que había sugerido el brindis del Dengue. ¿Por qué no hacer nomás la fiesta? Lo dijo y prontamente se repartieron las tareas. El por los casilleros, Rulo y Magda irían a hacer las compras y a avisarles a los amigos. Julieta que ya empezara a amasar, aprovechando que harina no faltaba y el Dengue…que pusiera buena música en la radio.
Quedó sólo el Dengue con sus cumbias y su historia, porque no advirtió que todos salían y se puso a contar lo del incendio y el avión con forma de cucaracha que se metía entre las llamas sin prenderse fuego y volvía a salir derechito para arriba arrastrando telarañas prendidas de sus patas.
-Porque el avión se apareció así –el avión era su mano derecha puesta en el aire- y el incendio era acá abajo, ven? Y entonces yo le veía la panza roja y el lomo negro. Era muy feo… y yo pensaba que aquello no era de acá. Era de esas cosas malditas que más vale no meterse con ellas, pero que… ¡Son esas cosas que hay!
Interrumpió su monólogo cuando vio que la luz de la puerta había sido tapada por una persona que estaba parada pidiendo permiso para entrar. Era Ernesto Federico que al darse cuenta del estado del Dengue ni mucho le preguntó al principio, sino que entró nomás y tomó asiento dispuesto a esperar la llegada de alguna otra persona.



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