Fueron un para de minutos tensos, de espeso silencio, que como dicen, se podría haber cortado en rebanadas, con alguna cimitarra filosa manejada por un brazo enérgico. Se buscaban, recorriendo las dos miradas dobles las imperceptibles huellas de la identidad, que encontraban casi siempre del lado contrario, sin advertir que no se estaban mirando en ningún espejo...
A dos metros de distancia volvieron a tomar aire. Aflojaron poco a poco la pierna de apoyo y.. nerviosamente insinuaron una doble sonrisa idéntica. El recién llegado por último decidió saludar.
-Nunca me habían dicho que tenía un primo. -Extendió la mano.
Pero cuando Manuel empezaba a hacer lo mismo fue que al grito unánime "NO SE VAYAN A TOCAR", saltaron Abelardo y Miguel, interponiéndose entre las dos manos.
El grito hizo que Manuel recordara la anterior advertencia de Miguel, pero Manuel, en cambio y hasta la misma flaca volvió a sentir de nuevo esa sensación del principio cuando el Abuelo había salido del galpón con tanto cuidado de cubrir la abertura de la puerta, como si... Y la actitud de Margarita...
-¿Qué está pasando aquí?
De pronto no le pareció más que fuera posible que dos primos se pudieran parecer hasta tal extremo. Aquello debía ser un truco... Un actor convenientemente maquillado,... una ilución óptica...
Manuel, en cambio, apartó con las manos a los dos temerosos veteranos. Ya se había convencido de que lo que habían estado por hacer no implicaba peligro. No era capaz de explicarlo, ni encontraba razones para estar seguro, pero se acercó de golpe a su otro yo, y con la mejor de las sonrisas llegó hasta él para abrazarlo.
Por supuesto nada ocurrió. Apenas el reconocimiento de sutiles diferencias. Manuel usaba perfume más fino, pero Manuel parecía poseer un poco menos de masa corporal. No usaban la misma pasta dental. Uno con remera roja, el otro con camisa a cuadros. Los dos igualmente mulatos.
Claro que enseguida Manuel quiso saber la razón de tanto misterio y entonces, fue Manuel quién ordenó con una mano en alto que los otros le dejaran hablar a él. La bajó frente a los ojos de Manuel y le pidió que colocara la suya en paralelo.
-¿Ves, son absolutamente idénticas!!
-¿Y por qué...?
-Porque somos la misma persona...
Manuel se rio. Obvservó socarronamente a toda la rueda y metió las manos en los bolcillos como para esperar resignado que la broma llegara a su término, total, lo único que tenía que hacer era ir hasta la casa de este Ernesto Olivera que acababa de salir del galpón. Por lo demás, ya conocía lo inclinado que era su abuelo a dejarse llevar por extrañas historias, al estilo de las que tenía coleccionadas en los viejos cajones llenos de revistas.
-¿Estás pensando en aquella de Mort Cinder, no?
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lunes, abril 21, 2008
sábado, abril 19, 2008
516. LAS CUATRO MANOS DE MANUEL
Manuel explicó para Abelardo y Miguel a qué se refería Ernesto. A los tucus gigantescos y mutantes que habitaban en el otro mundo enormes cavernas debajo de la casa de Ernesto Federico. Los Dogones. Que esa era el nombre que rezaba en el portal por encima del grueso y restaurado portón. Como que no?
-Bueno allá se llama así y a pesar de todos los arreglos hechos por esos Tucu Tucus...
-¿Mutantes...?
-Sí, mutantes. Eran tucu tucus comunes... sus abuelos, o bisabuelos, pero... de golpe empezaron a crecer y se volvieron inteligentes.
-¿Inteligentes...?
-Sí, muy inteligentes... Con decirles que formaron un país anarquista mucho antes que nosotros... Ja, hoy los anduve buscando dentro del monte.
Margarita asomó su cara re-pálida por la hendija de la puerta. Era evidente que venía anunciando a alguien que todavía no mostraba su figura. Pero nada anunciaba, sino que con temblor en los labios, como en aquellas viejas escenas de cine en blanco y negro, trataba inútilmente de articular alguna palabra. De pronto entró el ligero cuerpo y casi sin pensarlo entornó mejor la puerta, volviendo todo a la anterior penumbra, cuando ella, manos en la espalda, buscó la protección de la pared sin dejar de mirar horrorizada a su propio hijo...
-Ahí afuera está Manuel
Abelardo saltó gallardamente sobre sus largas piernas y fue a abrir la puerta, pero se contentó enseguida con apenas abrir lo suficiente, para verlo no más a su nieto que venía con la Magdalena a felicitarle por el cumpleaños. Sacó todo su cuerpo afuera y cerró por detrás.
Los de adentro fueron a espiar por las rendijas, incapaces de escuchar lo que afuera se hablaba por el paso simultáneo de una pequeña moto, enemiga de los tímpanos. Se estremecieron. Especialmente Manuel que no estaba acostumbrado más que a verse en el espejo, a lo sumo a intercambiar algunos párrafos consigo mismo. Miguel se apoderó de la hoja y hablándole con una voz baja que se oía desde una cuadra, le advirtió que no osara aproximarse a su otro yo. Que era sumamente peligroso. Se podría producir una explosión de esas en las que toda la masa de las partículas se transforma instantáneamente en energía.
Manuel, en realidad estaba paralizado por la perplejidad, no por el miedo. Apenas si atendió a lo que le advertía Miguel, porque en cambio se miraba las manos y volvía a poner el ojo en la rendija, para ver las de Manuel que se movían allá afuera. Sin que él las estuviera moviendo, ni estuviese charlando allá del brazo con la Flaca que,... ahora se veía contenta...
Y acorrió lo que tenía que ocurrir para que la puerta cediera y Manuel saliera hacia el frente casi cayéndose sobre la figura de sí mismo. Al enderezarse no supo si saludarlo...asrse... con un ¿cómo te va? que hubiera terminado por desmayar, tal vez, al pobre Manuel que pareció querer meterse en el pecho de la flaca. Abelardo acercó sus manos sostenedoras y balbuceó algo como "tu primo" que enseguida desechó. Siempre les había enseñado a sus nietos... A su único nieto, Manuel, que ante todo había que decir la verdad.
No. Nadie se desmayó, pero tampoco nadie decía algo distinto que un silencio mientras los dos Manueles se miraban fijamente como los gallos antes del primer espolonazo. Miguel volvió a advertir.
-Por favor, no se vayan a tocar. -para enseguida dirigirse a Abelardo como advirtiendo al hermano mayor, ya bastante capaz de la responsabilidad. -Pueden estar constituidos de manera especular, con todas las condiciones al contrario. Un contacto los podría convertir en una colección de fotones... o en nada.
-Bueno allá se llama así y a pesar de todos los arreglos hechos por esos Tucu Tucus...
-¿Mutantes...?
-Sí, mutantes. Eran tucu tucus comunes... sus abuelos, o bisabuelos, pero... de golpe empezaron a crecer y se volvieron inteligentes.
-¿Inteligentes...?
-Sí, muy inteligentes... Con decirles que formaron un país anarquista mucho antes que nosotros... Ja, hoy los anduve buscando dentro del monte.
Margarita asomó su cara re-pálida por la hendija de la puerta. Era evidente que venía anunciando a alguien que todavía no mostraba su figura. Pero nada anunciaba, sino que con temblor en los labios, como en aquellas viejas escenas de cine en blanco y negro, trataba inútilmente de articular alguna palabra. De pronto entró el ligero cuerpo y casi sin pensarlo entornó mejor la puerta, volviendo todo a la anterior penumbra, cuando ella, manos en la espalda, buscó la protección de la pared sin dejar de mirar horrorizada a su propio hijo...
-Ahí afuera está Manuel
Abelardo saltó gallardamente sobre sus largas piernas y fue a abrir la puerta, pero se contentó enseguida con apenas abrir lo suficiente, para verlo no más a su nieto que venía con la Magdalena a felicitarle por el cumpleaños. Sacó todo su cuerpo afuera y cerró por detrás.
Los de adentro fueron a espiar por las rendijas, incapaces de escuchar lo que afuera se hablaba por el paso simultáneo de una pequeña moto, enemiga de los tímpanos. Se estremecieron. Especialmente Manuel que no estaba acostumbrado más que a verse en el espejo, a lo sumo a intercambiar algunos párrafos consigo mismo. Miguel se apoderó de la hoja y hablándole con una voz baja que se oía desde una cuadra, le advirtió que no osara aproximarse a su otro yo. Que era sumamente peligroso. Se podría producir una explosión de esas en las que toda la masa de las partículas se transforma instantáneamente en energía.
Manuel, en realidad estaba paralizado por la perplejidad, no por el miedo. Apenas si atendió a lo que le advertía Miguel, porque en cambio se miraba las manos y volvía a poner el ojo en la rendija, para ver las de Manuel que se movían allá afuera. Sin que él las estuviera moviendo, ni estuviese charlando allá del brazo con la Flaca que,... ahora se veía contenta...
Y acorrió lo que tenía que ocurrir para que la puerta cediera y Manuel saliera hacia el frente casi cayéndose sobre la figura de sí mismo. Al enderezarse no supo si saludarlo...asrse... con un ¿cómo te va? que hubiera terminado por desmayar, tal vez, al pobre Manuel que pareció querer meterse en el pecho de la flaca. Abelardo acercó sus manos sostenedoras y balbuceó algo como "tu primo" que enseguida desechó. Siempre les había enseñado a sus nietos... A su único nieto, Manuel, que ante todo había que decir la verdad.
No. Nadie se desmayó, pero tampoco nadie decía algo distinto que un silencio mientras los dos Manueles se miraban fijamente como los gallos antes del primer espolonazo. Miguel volvió a advertir.
-Por favor, no se vayan a tocar. -para enseguida dirigirse a Abelardo como advirtiendo al hermano mayor, ya bastante capaz de la responsabilidad. -Pueden estar constituidos de manera especular, con todas las condiciones al contrario. Un contacto los podría convertir en una colección de fotones... o en nada.
viernes, noviembre 23, 2007
437 Papel de Astraza
Y sin embargo ningún acuerdo había sido hecho, más que el implícito en los tantísimos besos y algunas caricias intercambiados sin pagar tasas de aduana ni mostrar cualquier clase de documentos.
Las cámaras mostraron una vez más las columnas humanas despidiéndose con manos abiertas sacudidas en el aire. Todos volvían a sus hogares, reconfortados por la sensación de estar muy lejos del fin de la historia con su innegable posterior aburrimiento. Se habría frente a todas las imaginaciones el largo período futuro de desarrollo y afianzamiento de la anarquía como forma de convivencia humana. Sus magníficos logros y sus limitaciones que se iban a ir conociendo en el desarrollo de los siglos venideros, durante los cuales, mentes brillantes se iban a encargar de ir engendrando y alimentando las nuevas ideas que por fin iban a terminar sustituyendo a las actuales.
Se había hecho medianoche sin que nadie sintiese hambre ni entendiese dónde se había metido el tiempo. Se armaron reuniones frente a las pantallas y se abrieron botellas de vino en el comentario de que una vez más los vecinos habían demostrado ser mejor gente que lo que se dice por ahí. La cuestión de las papeleras estaba resuelta en el espíritu de todos. Ni que decirlo en el de los que habían estado en la última reunión de las comunas implicadas. Ellos sabían que aparte de nacionalizar la planta con costo a pagar en alojamientos turísticos por un monto igual o hasta superior, se iba a probar la producción de pasta para papel de astraza que no necesita blanqueo. El papel de astraza se pensaba usar en la cartapesta que iba a forrar la gran flota de bolas que la Federación de Comunas Anarcas planeaba poner a punto en los próximos seis meses junto con la reducción de las jornadas de trabajo comunal a cinco horas diarias.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
Las cámaras mostraron una vez más las columnas humanas despidiéndose con manos abiertas sacudidas en el aire. Todos volvían a sus hogares, reconfortados por la sensación de estar muy lejos del fin de la historia con su innegable posterior aburrimiento. Se habría frente a todas las imaginaciones el largo período futuro de desarrollo y afianzamiento de la anarquía como forma de convivencia humana. Sus magníficos logros y sus limitaciones que se iban a ir conociendo en el desarrollo de los siglos venideros, durante los cuales, mentes brillantes se iban a encargar de ir engendrando y alimentando las nuevas ideas que por fin iban a terminar sustituyendo a las actuales.
Se había hecho medianoche sin que nadie sintiese hambre ni entendiese dónde se había metido el tiempo. Se armaron reuniones frente a las pantallas y se abrieron botellas de vino en el comentario de que una vez más los vecinos habían demostrado ser mejor gente que lo que se dice por ahí. La cuestión de las papeleras estaba resuelta en el espíritu de todos. Ni que decirlo en el de los que habían estado en la última reunión de las comunas implicadas. Ellos sabían que aparte de nacionalizar la planta con costo a pagar en alojamientos turísticos por un monto igual o hasta superior, se iba a probar la producción de pasta para papel de astraza que no necesita blanqueo. El papel de astraza se pensaba usar en la cartapesta que iba a forrar la gran flota de bolas que la Federación de Comunas Anarcas planeaba poner a punto en los próximos seis meses junto con la reducción de las jornadas de trabajo comunal a cinco horas diarias.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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