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viernes, agosto 10, 2007

363 ¡Un espía en el grupo!

Sobrevolaban otra vez
Durazno cuando se les apareció el bicho negro ese. El avión secreto que habían
visto descender sobre el incendio de El Bosque. Cuando se dieron cuenta ya venía
un misil derecho a ellos. Le enviaron ondas amplificadas que le invirtieron la
trayectoria. El avión quiso escapar pero fue inútil, no podía alcanzar tanta
velocidad. El cielo quedó limpio y abajo un campo lleno de escorias.


Fueron hasta la cueva
del Queguay. Allí reinaba gran actividad con varios voluntarios trabajando
integradamente. Tenían diez bolas terminadas en trabajo de entrenamiento de
pilotos y otras diez ya casi listas. Bosco quiso hablar con Manuel (se había
ofrecido para ayudar).


-Las cosas se complican
–dijo.- Llevo tres días trabajando aquí junto a todos y la historia sigue
saliendo en Internet. Pero ahora he descubierto que hay otro sitio donde sale
día a día. Hay un espía en el grupo que filtra la información!


-¿Hasta donde llega la
historia en este momento?


-El ultimo post, el 362
que leí hace un rato cuenta que se han encontrado con un fanático. Un actor que
hace el papel de fanático adorador de Manuel al que una especie de inspiración
extraña le dicta lo que tiene que hacer.


Manuel se quedó mirando
a Cholo, su cabeza trataba de sacar conclusiones imposibles. Nadie que le
hubiese acompañado andaba con una computadora ni una cámara o grabador.


-¿Y en Internet, no
dicen nada de cómo les llegan los capítulos?


-Sí, los envía un tal
Eustaquio Villalba, telegrafiados con un juego de guijarros como el que te dejó
Abelardo. Pero él dice que no es quién los escribe, que se los mandan escritos
en papel por un intermedio de Bartolo, un mudo que entrega su sobre y se va.


-¿Pero no dice quién se
los da al mudo?


-No. Pero ahora
apareció el famoso tocayo mío discutiendo con Eustaquio porque Eustaquio se
atrevió a mandar algo escrito por él cuando el otro pasó dos días sin mandarle
nada….Yo tengo una sospecha.


-¿Cuál?


-Mandinga. Eustaquio
contó que Mandinga le dejó el juego de guijarros después de hacerlos funcionar
frente a su vista. Después hicieron un pacto, comunicándose por ese medio.


-Y el mudo, para qué?


-No se…


 


 


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla
desde el post n. 1)

domingo, diciembre 17, 2006

157: Secreto Militar Uruguayo

Después de despistar a los perros llegó corriendo al rancho del Cholo Ramirez que por casualidad estaba en casa.
-¿Qué te pasa que venís tan apurado?
-Me persiguen.
-¿Quién te persigue?
-La cana y el Ministerio.
-¿En serio? ¿Qué Ministerio te puede perseguir?
-El de defensa, boludo. Parece que me creen terrorista…
-¡No me jodas. Quién te va a creer terrorista a vos?
-El Pepe Mujica, nada menos!
-Andá a cagar! ¿Con qué te estás dando, pelao?
-Uno que estaba con el Pepe llamó a los patrulleros y él ni pestañó.
-¿Y vos qué habías hecho?
-Nada.
-¿Cómo nada…?
-¡Es que yo sé un secreto, boludo!
-¿Alguna transa de la policía?
-No algo mucho más groso…
-¿Qué cosa?
-Y… Un secreto militar…
¿Cómo podría tener el Uruguay algún secreto militar cuando el ejercito sólo se ha usado para darle palo a la gente? Y eso no era ningún secreto.
-Me persiguen Cholo. Esto no es joda. Escapé corriendo de casa antes de que me cerraran la manzana…la flaca quedó allá…
-¿Se la llevarán a ella…?
-No. No creo, estaba con varias personas más…
-Pero Manuel, explicame! ¿De qué te acusan?
-De haber visto algo que ellos dicen que no existe.
-¿Y qué era eso?
-Un avión secreto que remonta de una base aérea de Durazno.
-¿Un avión secreto uruguayo?!
-No boludo! Te estoy hablando en serio. El incendio de ayer se produjo porque hubo un enfrentamiento entre dos o más naves y una cayó a tierra. Después bajó verticalmente ese avión secreto y no sé cómo, recogió todos los restos.
-Y por ver eso te van a querer llevar preso?
-Loco, es un secreto! ¿No te das cuenta de que nunca se dijo que hubieran aviones extranjeros…? ¡Y menos ese tipo de aviones!
-¿Otras personas vieron lo mismo?
-Varias pero yo me desboqué frente al Pepe y al tipo del Ministerio de Defensa.
-Sabés que me contaron que hubo otra persona que vio eso? Ahora que lo decís me acuerdo. Todos se reían porque es alguien que siempre anda mamado. Es conocido tuyo, el Dengue…
El Dengue había entrado a la madrugada a la trastienda del boliche de Luque dónde había timba de monte. Nadie le creía lo del avión con forma de cucaracha que se había metido dentro del incendio. Ni siquiera le habían creído que hubiera ningún incendio.
-Bueno, Cholo, pero ahora me persiguen a mí y yo no me pienso entregar a esos torturadores!
-Quedate acá, muchacho! Yo voy al comité de base a ver si averiguo cómo está la cosa.
-Ni se te vaya a ocurrir decir que me viste!
-Quedate tranquilo, no soy tan tarado.
El Cholo se fue y Manuel quedó solo en el rancho. Era un rancho clásico de terrón y paja brava, con dos cuerpos. Uno para vivienda y el otro para taller de los muchos oficios del Cholo.
En el cuarto habían muchas cosas coleccionadas al acaso, puntas de flechas, un diploma de electricista, una imagen del cacique Zapicán, muy agrisado por el tiempo que hacía que no lo limpiaban, unas boleadoras colgadas de los palos del quincho con un alambre negro… Algunos libros sobre un banquito contra la pared y más arriba un banderín rojo y negro en el medio de la gran bandera de Otorguez…el retrato de una mujer sonriente…Un cuero de oveja en el suelo junto a una de las camas. Una guitarra…
Manuel agarró la guitarra. No sabía tocar pero se la colocó sobre las rodillas y puso la izquierda, de memoria, dónde la ponen los guitarristas. Se imaginó tocando frente a un público que hacía silencio. Un silencio grande para que su voz se pudiera derramar sobre las cabezas y los corazones que él había estado auscultando… Porque se imaginaba que la canción que iba a cantar, más que música , iba a ser un lugar lleno de sentimientos… Como si fuera Fernando Cabrera

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jueves, noviembre 30, 2006

140 - X 666 LA BESTIA

Como ya empezaba a juntarse gente los Tucus huyeron temerosos de ser vistos. Atrás fueron los otros y vieron divertidos cómo ellos saltaban a la carrera los tres escalones del corredor abierto y chocaban con los hocicos la puerta de la cocina para abrirla al modo de las de vaivén. Ya adentro, Ernesto aun nervioso les sirvió a todos una copa de coñac, incluso a los Tucus, abstemios por principio, a no ser cuando se trataba de licor de macachines como el que una vez les había hecho probar bajo la mentira de que la receta venía de los primeros Charrúas. –En realidad los roedores no se habían tragado el engaño, aunque sí el licor, porque ya tenían a Ernesto catalogado de simpático mentiroso-
-Preferiríamos seguir con los macachines—dijeron al unísono los dos roedores en su peculiar idioma.
Pero el jugo había quedado dentro del frigobar de la caverna. La problemática caverna que…No se había hundido aun, porque de haberlo hecho hubiera arrastrado tras de si al aljibe y bien probablemente hasta a la misma casa. Pero…¿quién podía saber si no planeaba hundirse en los próximos minutos…?
-Habría que bajar para ver qué pasó!
Los Tucus se ofrecieron para hacer ellos la inspección. Ya se sabía de la agudeza extrema de sus oídos que sumada a la buena vista de Ernesto daba de sobra para un correcto diagnóstico. Eso fue lo que Ernesto dijo entender y tradujo a los otros humanos como despedida, cuando ya partían rumbo al aljibe.
En la cocina quedaron tres. Magda preocupada, insistió en que Manuel pusiera la cabeza bajo el chorro de la canilla e incluso se la tomó entre las manos para inclinarlo y así quitar tanto calor acumulado con mucho agua. Con lo que sólo logró que los pelos se le metieran dentro de los ojos y la cara se le pusiera más roja aun, porque lo que realmente acaloraba la sangre de Manuel no era el calor del fuego sino la necesidad que tenía de contar lo que había visto.
Primero había sido aquello que todos vieron, los alambres incandescente. Pero a medida que se había ido acercando al lugar y al límite de su aguante, fue sospechando, y después comprobando, que dentro de aquel capullo incandescente había algo más. Tres bultos. Tres cadáveres asados y retorcidos de seres parecidos a los humanos, aunque irreconocibles. Cuando terminó de comprenderlo el asco logró lo que no había logrado el peligro y el calor. Por eso volvía a los saltos cuando sintió el silbido y presenció la bajada de aquel bicho negro, aquel avión misterioso que bajaba a recoger los restos. ¡Ya lo había visto antes en una revista! Era un avión experimental de despegue vertical e indetectable a todo tipo de radar. Lo había visto en una ilustración de Muy Interesante que tenía en el baño junto con el Hora Cero. X666, La Bestia.
-¿Me entendés?
-Tenés razón. ¡Era muy parecido!
Giorgionne también recordaba haber visto esa ilustración. La recordaba bien porque habían estado comentando cosas al respecto con su hijo, el que todolosabe, quien le había asegurado que ese avión ya estaba en uso y que ahora se experimentaba con cosas mucho más secretas y avanzadas.
-Lo que yo se –dijo Manuel—es que lo de arriba era un avión y lo de abajo una bola de algún tipo, que venía con tres seres que murieron carbonizados.



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miércoles, noviembre 29, 2006

139 - EL INCENDIO

-¡Apurensé, tenemos que rajar!
Ahora los atropellados fueron los Tucus. Pasados por arriba por un montón de manos y de pies que en el pasadizo de 45 adquirían un ritmo de trepada frenético que se continuó por la escalera del aljibe y que no cesó hasta que el último ser viviente saltó desde el brocal al suelo del patio. Cuando por fin estuvieron todos juntos formaban un arco de observadores atónitos que miraban con sus caras relampagueadas de franjas rojas, las altas lenguas del fuego que desde sobre el pinar se elevaban bailando su bravura en busca de las nubes que ahora sí se veían, rojizas y mudas sobre el pavoroso incendio. Porque era un gran incendio el que estaba arrasando con los montes allí enfrente, hasta tan cerca que el calor llegaba junto con la luz.
Ernesto quería poner alguna idea en claro.
-Se sintió una explosión. ¿habrá caído algo?
Era difícil pensar en un incendio espontáneo, tras tantos días de lluvia. Tampoco era la primavera època de campamentos…
Trum Urum hizo un ronroneo significativo y se apartó algunos pasos a la izquierda.
-Dice que desde ese lado se ve mejor.
Se veía mejor, sí. Cuando siguieron a Trum vieron lo que parecía ser el centro del incendio. Por entre un desfiladero de árboles que ardían, se veía allá al fondo una zona menos luminosa donde el fuego ya se había comido todo y apenas sobre los médanos tiznados ardía aun algún raigón y se veían dispersas algunas brasas ¡Pero allí había algo! Un manojo de hilos incandescentes…Rollos de alambres que se ponían en partes blancos y en partes rojos y se iban agachando sobre el terreno.¿Qué sería eso?
-¡Esperen!- gritó Manuel cuando ya iba corriendo a los saltos rumbo al incendio. Al llegar al borde del monte tomó una larga rama por el extremo sin fuego y la fue golpeando hasta apagarla contra el suelo. Con ella, al entrar ya en la zona incendiada, iba apartando las ramas que caían y haciendo saltos de garrocha fuego adentro, hasta que sus amigos, que seguían gritándole al pedo, le perdieron de vista entre ráfagas de luz y de calor irradiado.
¡Claro que temieron por él! Si ellos, a la distancia, sentían cómo sus pieles se ponían tensas y sedientas, qué le podían dejar para Manuel, que en ese momento tal vez ya estaría llegando al corazón del fuego?
-Trescientos grados.- estimó muy serio Ernesto.
Pero en ese momento vieron aparecer la cabeza de Manuel cangureando entre las ramas caídas. Ya venía de vuelta…pero no le siguieron mirando porque entonces fue que empezó ese silbido irritante que crecía desde arriba y que al poder ubicavión,searlo con la vista mostró provenir de un aparato inverosímil, mezcla de avión secreto y cucaracha gigante y negra que venía bajando verticalmente por el aire calcinado justo al punto del enredo de los alambres.
Fue cosa de un par de minutos lo que demoró aquello en terminar de bajar y comenzar a subir de nuevo, aceleradamente, para perderse de vista una vez que se alejara del relumbre del incendio. Ya para entonces, por sobre los chasquidos de los troncos que el calor rajaba, predominaban las sirenas que, desde varias direcciones confluían en el centro. Llegaban los bomberos.



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