lunes, junio 19, 2006

1. Las Patas de Manuel


Los patas de Manuel apoyaban sus dedos abiertos sobre las baldosas como si estuvieran soportando un peso, que no. No soportaban nada más que el peso propio de las piernas y un poco más, por los codos que soportaban las manos y… Por otra parte el culo de Manuel –apenas más pesado que las bolas- ahora descansaba sobre el water, así que sus patas no tenían por qué estar haciendo fuerza. Manuel estaba cagando. Definitivamente estaba cagando.
El pié derecho hacía algo empero. Soportaba los intentos repetidos de la puerta por abrirse. No había manera de cerrarla, y para evitar que los pedos se sintieran desde afuera, era necesario mantenerla entornada, así con la pata. Claro que esas eran cosas a la que le había acostumbrado la Magda, porque a ella le molestaban siempre los pedos, a no ser que fueran tirados en la cama mientras cogían. Pero ese día no estaba la flaca ni habían visitas así que…
Pasó la página de la revista de mierda que había agarrado del canastito, que había la Magda puesto en el rincón por la cuestión cultural, y continuó mirando los dibujos sin importarle que seguía sin entender quién carajo era el tipo ese con aspecto de poli, de los de gabardina y solapa, que de a ratos más bien parecía periodista, o gangster que pudiera estar de espía en el tugurio aquel lleno de humo y filipinos y marines del brazo con muchachas cariñosas. En el cuadrito de al lado el tipo ponía el pucho en flotación aérea mientras sonreía por la confirmación de su corazonada. Por la puerta del fondo, que sería de entrada, había aparecido un flaco, el que ya teníamos junado de antes en otro cuadro. Ahora enfilaba hacía el medio del salón en procura, era de suponer, de una mesa libre. En el cuadro siguiente ya estaba sentado y levantaba un brazo y mano con los dedos indicando algo al mozo, seguro para que le trajera. Todo eso por encima del hombro del tipo y por el costado de la solapa y el hilo de humo del cigarro, que había vuelto a los labios para mostrar la serenidad conque el tipo contemplaba la escena. En el cua…ahhh...!
¡Lo cagaron a balazos al flaco!
De la mesa que derrapa saltan astillas y en la cintura y la camisa se forman hoyos con rayitas concéntricas que son los hundimientos de las balas que van entrando. El tipo no fue seguro, porque la balas venían del otro lad...
En ese momento el rabillo del ojo izquierdo de Manuel le dijo que algo pasaba en el piso del baño, allí junto a la rejilla del desagüe. Dejó la revista a un lado y miró de lleno. Sí en el piso había un agujero circular, más bien esférico. Parte de la rejilla había desaparecido y con ella casi toda una baldosa y para abajo el caño de desagüe se veía cortado y dibujado prolijamente en la curva pared del agujero. ¡ Muy prolijo todo! Como dibujado con esos compases y escuadras que… ¡Pero qué mierda! Era en serio un agujero en el piso así de grande ¡y prolijo! Qué mierda podría ser, tan de golpe y sin hacer ruido?
Se levantó sobre las patas y sostuvo con una mano el calzoncillo mientras la otra agarraba el rollo de papel y no podía, de modo que soltó el calzoncillo y ayudó a cortar y volvió a manotear mientras su pescuezo se estiraba e inclinaba casi sobre el buraco para ver mejor mientras se iba limpiando prolijamente el culo. Ya casi terminaba el aseo sin haber entendido nada, ni elaborado ninguna hipótesis explicativa cuando sintió un cosquilleo bajo la pata derecha, miró y vio que había allí otro agujero y que la pata no había entrado en él porque todavía el talón se apoyaba en tierra firme. ¡La puta! Saltó de esa pata para la otra y tironeó el calzoncillo arrastrando los huevos y huyó hacia la puerta y desde allí miró de nuevo y vio que seguían apareciendo otros huecos, chicos y más grandes y todos prolijos. ¡Había que rajar!
Casi lo logra. Pero en ese momento se abrió bajo sus pies un agujero enorme y el se hundió hasta la pera dentro de la esfera, con tiempo apenas para ver que ya desde el nivel del piso se empezaban a levantar burbujas enormes como si todo se estuviera transformando en un queso en plena fermentación..
Manuel comprendió que estaba atrapado cuando la burbuja se cerró por encima y el arremetió contra las paredes a piñas y patadas, y puteadas que eran todas absorbidas por aquella cosa medio dura y medio blanda. Medio dura para seguir pegándole con fuerza y medio blanda al estirarse y absorber los golpes y los sonidos… Cayó ovillado al fondo. La mente en blanco los ojos entreabiertos…La burbuja era casi tibia. Una leve porosidad le impedía ser brillante y tenía sombras o…Visto bien de cerca, habían allí líneas, manchas y hasta, sí imágenes. Claro! Habían verdaderas escenas que se movían y cambiaban! Aquí. Aquí justo frente a sus ojos, visto bien de cerca, había toda un escena en el interior de una habitación y lo que se veía en primer plano era… La cara de un tipo de enorme nariz que se acercaba y se acercaba y miraba como un estúpido. Tan cerca le veía que pudo de pronto ver qué se reflejaba en sus pupilas…


Fernando, el estúpido que en otro baño leía la misma página de la misma revista, comprendió enseguida que el cuadro siguiente mostraba el interior del bar visto por sobre el hombro de ese especie de periodista, que solía recorrer bodegones donde los soldados acudían en procura de alcohol mujeres y otras yerbas. De allí surgían sus historias de vidas hundidas en el fango de la guerra. Ahora el tipo tenía la atención toda en la puerta de vaivén de la entrada. Dejaba correr su humo y esperaba. De pronto en el cuadro siguiente un gran sacudimiento alteraba la calma cuando una enorme bola irrumpía en el salón por la mencionada puerta. Era extraño, la bola quedaba allí bamboleándose y Fernando la miraba sin entender pero sin querer voltear la página para ver lo que seguía. Porque…
Cuando dio vuelta la página comenzó la balacera. La bola no resistió y estalló cayendo en una llovizna de aparentes gotitas pero… Allí en el lugar de la bola quedaba un flaco parado y saltando en pelotas o casi, cruzando las manos por delante de su modesto bulto como para no ser visto, o tal vez para parar las balas…¡Qué boludo!

Manuel pudo ver toda la escena reflejada en las pupilas del estúpido. Se reconoció en el dibujo. Un poco se avergonzó, pero otro poco… Bueno- se dijo- después de todo me han dibujado en una revista!
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