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sábado, abril 04, 2009

675. Manuel Mentiroso

Así no más el señor rico le estaba diciendo que su hijo era un mentiroso. Nada menos que Manuel un mentiroso! Imaginativo, tal vez. Muy imaginativo y capaz de  expresarse de maneras extravagantes. Con ese humor del que hace gala sin importarle que ella  no resonara en la misma frecuencia, aun siendo su madre, y compartiendo una manera de ver el mundo fuera de todo prejuicio...¡Pero mentiroso, no!

-¿Conoce usted a un tal Yaka...? Yaka Zulu, le dicen.

¿Pero sería posible que no se pudiera hablar de otra cosa...?

-Manuel lo trajo y le presentó como su padre Mandinga. ¿No lo conoce...?

No le iba a contestar eso.

-Es un tipo medio extraño que vive  en una casa metida dentro del monte...

No le gusta y ahora me va a decir la razón.

-Tiene fama de brujo... aunque no es mi intensión desmerecer la ciencia de nuestros antepasados... pero es que ahora...

Ahora está mal vista la brujería.

-... por lo general se dedican a esas cosas los embaucadores que quieren sacarle el dinero a la gente...

A Manuel no hay peligro de que le saque mucho.

-... o dominarles psicológicamente.

Tampoco hay peligro. Lo único extraño es que anden juntos y hablando como padre e hijo! Está claro que él se lo ha dicho... ¿Lo sabría desde siempre? O por alguna razón llegó a darse cuenta. El parecido...

-... no es que quiera meterme en sus cuestiones personales, pero no creo que sea su padre...

Ah, mirá. Hasta tiene opinión formada sobre eso!

-... siendo que usted no lo conoce.

Elegante.

-¿Pero por qué entre los dos habrán inventado esa patraña?

Voy a tener que decir algo.

-Ninguna patraña. Si Manuel dice que es su padre ha de serlo no más.

-¿Y usted... no lo sabe?

-Fue una violación en una noche oscura.

-¡No me diga! ¡Ah, pero que situación impresionante!

-No. No, no me haga caso... Era una broma.

-Una broma...?

-Sí, disculpe. Detesto las conversaciones serias.

-Pero es que Manuel nos ha mentido a todos. Nos ha vuelto locos detrás de una endiablada historia, tejida alrededor de los verdaderos delirios de este muchachito Dengue, que creía tener a otro adentro.

-Embarazado?

No, poseído. Poseído por otra persona igual a él, o casi igual, con el mismo nombre, pero sin cuerpo.

-Pero eso no ha de ser posible.

-Por eso le digo que nos mintió.

(Ajajá, ese es mi hijo. Con sus eternas historias complicadas de cuando era un niño y papá le estimulaba la imaginación para desarrollarle la inteligencia. Qué gracioso. Claro, todos son extraterrestres que han llegado y se han encontrado conque en la tierra ya estaban sus dobles!)

-No será que quiso decirles otra cosa...?

-¿Qué cosa?

-Otra cosa... No sé... Tal vez no le entendieron. Es muy observador, y a veces habla de cosas que los otros no han observado...

-Decía que iba a tratar de sacar uno de los que estaban dentro del otro!

-En un sentido figurado, seguramente.

-Cada uno hablaba con una voz distinta...

-Entiendo. ¿Y después qué pasó?

-Que cuando a Dengue se le terminó el delirio Yaka se fue sin saludar. No podían seguir con el teatro...












miércoles, abril 01, 2009

674. Conversaciones

Fue cuando Margarita recuperó el hilo de una anterior conversación interrumpiera con Magda dos meses antes. Que decorara no más a su gusto la casita ya que en ella estaba viviendo, sin problemas, ya que ella -Margarita- no pensaba volver, a no ser algún día de vez en cuando a visitarles. Qué más quería ella que su hijo estuviese siempre acompañado con la misma muchacha, aunque eso pudiese sonar demasiado convencional en su boca, después de haber cambiado quinientas veces de compañero. Pero era así y recién se animaba a reconocerlo. Que la variedad es hermosa pero en demasía cansa, y especialmente... Se lo iba confesar entre mujeres.

-Mi vida loca le quitó a Manuel el padre...

Manuel se acercó para inquirir:

-Tuviste algo con el Yaka, vos...?
-Ah, Manuel! ¿Con el Yaka? Mire si voy a... Bueno, hace veinte años no estaba
mal.... Pero fuimos amigos muy poco tiempo.
-El suficiente?

Ahora molesta.

- Qué se yo... Pero de qué hablás? Ah, ya te he dicho tantas veces que no puedo saber quién fue tu padre. Por qué insistís...?
-Porque creo que Yaka Zulu es el padre de mi hermano Manuel, el de aquí. ¿No les ves un parecido...? A vos Magda, qué te parece?

Margarita se apresuró a llegar hasta la cama, todavía, de Dengue, a interesarse por su salud casi sinceramente del todo. Vittorio le presentó a Ernesto Federico que se conocían del barrio sin haber intercambiado palabra. Lo recordaba más joven saliendo por esas calles a llevar de paseo a su madre en el carrito lateral de aquella enorme motocicleta de manubrios anchos. Ella apenas asomaba la cabeza, aquella carita ovoide, renegrida, debajo de una capelina rosada nácar. Decían que era loca. Y que el muchacho terminaría yendo por el mismo camino si persistía en llevar esa vida de monje tibetano. Que había tenido un hermano que se quedó en Brasil cuando el suicidio del padre, parece que internado en una clínica, de por vida, manoseándose manchas de sangre imaginarias. El hombre, brasilero de origen, según todos más loco que millonario y excelente violinista, miraba a la gente como desde detrás de un muro de orgullo. El hijo, no. Este.

-Mucho gusto, en realidad.... nos conocíamos aunque nunca habláramos.

Ahora se acordaba de aquella conversación que una vez había oído, entre su propio padre y este sujeto, en el galponcito de la otra casa. Hablaban de ciencia y de inventos a medio fabricar. De viajes en el tiempo, hacia el pasado, decía este, explicando luego que tras las huellas de los primeros hombres para recuperar el primitivo sentido de la humanidad, anterior a toda la confusión que después vino. A ella le había causado gracia que un hombre tan musculoso se preocupara de aquel modo por el destino de la humanidad, lástima que no se diera cuenta todavía de que la única salida era fundar una humanidad nueva, liberada de las posesiones de todo tipo. Que el pasado debía ser dejado donde está. Y comenzar desde cero... Claro que ahora ya tampoco estaba tan segura.

-Te recuerdo del liceo de Solymar.

Claro! Oliveira. Increíblemente el mismo que después veía en la ferretería o en la farmacia. Antes del suicidio y después, y algunos años. Heredero de una fortuna que también transforma a los que se dejan seducir. Aunque generoso.

-Tu hijo es muy extraño.
-¿Mi hijo...?

Casi había dejado traslucir una entonación irónica.

-Sí... Nos ha tenido en vilo con una historia complicada que ahora parece que ha sido un invento suyo... ¿Tiene costumbre de mentir...?



martes, marzo 31, 2009

673. Salen dos y entran cuatro

Llegaron todos al mismo tiempo. Julieta, Rulo, y estos dos de revolcarse en el monte. Frente al portal de "Los Dogones" se cansaron de tocar timbre y empujaron la pesada puerta de aceitados goznes, que cedió terreno abierto hasta las luces que allá en el fondo iluminaban la continuación de una historia que estaba cambiando por momentos.
¡Había desaparecido Mandinga! ¿Dengue había estado gritando a todos los oídos sordos que por fin el intruso se había retirado de su cuerpo! ¡La anciana madre de Ernesto había sufrido un horrendo ataque de pánico, durante el que
parecieron bailar sus flacos huesos una danza embrujada al ritmo de temblorosas y extrañas palabras! Ahora dormía luego de la inyección del Dr. Bermúdez...
El único que sonreía cuando terminaron de enterarse, era Dengue. Liberado.
No. No sabía nada. Ni tenía la menor idea sobre cuales habían sido los últimos movimientos del otro. Nada le había confiado, sino que de improviso sintió que estaba otra vez en posesión de toda su extensión humana.
En cuanto a lo otro...Por llamarle otra cosa a la pasta base... ya se iba a solucionar, y estaba dispuesto a permanecer internado en ese mismo lugar el tiempo que fuera necesario...

-Lástima la señora vieja... Se ve que ha pasado por algo muy fuerte.

Margarita preguntaba a Manuel con la mirada por qué no venía a abrazarla y a llenarle de besos la cara como otras veces.
Manuel deprimido por la extraña desaparición de su padre verdadero, devolvía la mirada de Margarita desde una distancia grande, desde detrás de profundas dudas sobre la posible personalidad desquiciada que ella pudiera vestir en este mundo.

Magda le dio algunos besos, como para entretenerla, y se copió de su sonrisa.

Ernesto recién dejaba de hablar en voz baja con el facultativo. Preocupado.

Bermúdez había recuperado el protagonismo.

Es que ahora, todavía con la jeringa en sus manos, se disponía a hacer conocer su diagnostico y pronóstico general, sobre los sucesos reales y supuestos, acaecidos debajo de ese techo. Alucinaciones. Alucinaciones producidas primero por el efecto de un poderoso tóxico sobre un organismo débil. Que después se había contagiado al resto por el especial dramatismo conque se presentara. Esas cosas tenía la psiquis humana. Esa propensión a entrar en resonancia con los padecimientos de sus semejantes. Hasta la señora, a pesar de haber estado en otra habitación, habría percibido la tensión nerviosa reinante, los tonos de la voces, el ritmo de los pasos y el hecho de que por algún rato la hubiesen dejado absolutamente sola...

-Pero mi padre estaba aquí con nosotros... Usted lo vio!
-Sí, y qué tiene de raro que se haya ido...?

Giorgionne intervino.

-Tal vez no debiéramos ser tan tajantes doctor... El muchacho no parece estar delirando... y afirma que la historia anterior era verdadera...
-Porque recuerda perfectamente el contenido del delirio que sufrió.

A un costado Manuel por fin beso a su madre y preguntado contó que Mandinga estaba perfectamente frente a su mirada cuando de pronto dejó de estar.

-¿Tu padre dijiste...?
-Mandinga.
-¿Y como sabés que es tu padre si...?
-En otro mundo, mujer, en otro mundo... Yo en realidad no soy quien vos creés...

Margarita rió divertida para todos. Aunque los chistes de Manuel no iban con su estilo, siempre le divertían... Aquellas historias que le contaba de chico el loco de su abuelo...

-En este mundo no se llama Mandinga. Es el negro al que le dicen Yaka Zulu.

miércoles, marzo 18, 2009

668. DOS EN UNO

Enseguida Dengue 1 volvió a pedir la lengua para sugerir que Mandinga volviera a recorrer los lugares por donde recordaba haber andado, por si terminaba encontrando su cuerpo, aunque mal presentimiento tenía sobre su estado de conservación. Llevaba casi una semana de huésped de su tocayo y era de suponer que su cuerpo habíase convertido en cadáver.
Dengue 7 le arrebató la maquinaria sonora. No se sentía dispuesto a aguantar al intruso por más tiempo. Era necesario que saliera de él por las buenas. Que si no...
Mandinga intentó tranquilizarle con algo de humor hablando de la situación embarazosa, de la conveniencia del parto natural sobre toda forma de aborto.
A nadie le gustó el chiste

Pero a todos se le hizo patente que enfrentaban una dificultad nada fácil de resolver. Un parto de personalidades aferradas a un mismo cuerpo y cerebro. Manuel siguió desarrollando la estrategia de la calma y el ganar tiempo para pensar.

-Por ahora van a tener que acomodarse más cómodamente donde están... Que ninguno trate de quitarle nada al otro. Tienen que convivir. A mi se me ocurre que tome cada uno el control de uno de los órganos que son dobles... las orejas, los ojos... Los pulmones no. Esas cosas mejor que funcionen por su cuenta. Que no quiera cada uno tirar sus pasos en distinto sentido...

-Andá a cagar, chavón! -Era Dengue 7 con su vos gastada.
-Te estoy diciendo la verdad, hermano.
-No. le estaba hablando a este otro de aquí.
-Que te hizo?
-La tiene con el asunto de que nos váyamos a bañar. ¡Que se bañe él!

Pero las mentes de todos, menos Bermúdez, estaban lanzadas al infinito de las finitas perspectivas. Presumibles, casi seguras. Los Dengues deberían convivir el resto de sus días a no ser que alguna ayuda pudiera llegar del más allá. Alguna idea salvadora, algún poder...

-Bueno está bien. Vamos a movernos despacio tratando de no tropezar... ¿Donde está el baño?

El cuarto mensaje SMS de Giorgionne fue el primero atendido por Magda en su teléfono:

::¿Como que hay dos en el mismo Dengue? ¿Qué querés decir, Magda?

Pero la flaca quedó con el dedo sobre el teclado. No creía posible escribir un mensaje de cuatro palabras que explicara tantas cosas raras.

::Mejor venga cuando pueda.
::¿Es algo grave?
::No. Es decir...

Vittorio revoleó la colcha por sobre el respaldo del diván y con premeditado giro de piernas colocó los pies justo al centro del hueco del suelo, entre libros, vasos, y platos con resto de comida. Se sacó el odiado pijama a rayas que siempre había usado y tomó aquel vaquero que ya desaparecía entre la ropa para lavar. Después -se imaginaba- En caso de que no haya ómnibus a esta hora haría dedo por Avenida Italia , como a los veinte años, que volvía a sentir en los huesos del esqueleto y en el aire que respiraba

lunes, marzo 09, 2009

666. La cornisa del piso 88

 Pero sonó estrepitoso el ring tone del celular de la flaca, con sus campanas de catedral al vuelo, tanto que olvidaron todos lo que estaban hablando para atender a lo único que no deberían. Qué cosa tenía esta muchacha que hablar y con quién. Por pura distracción por supuesto, porque... a quién le pudiera importar eso?
Cuando el garabato de voz que desbordaba desde el aparatito mostró un tono e inflexión de alarma se sintieron justificados. Cerraron el círculo. Hasta Mandinga,  que nada sabía de esta gente.

-No, por favor. Me parece que Manuel tendría que estar allí. Es el único amigo que tiene Dengue.

Más alarma y manotones al teléfono, que terminó en el suelo con la vocesita todavía sonando. Manuel lo agarra al revés y repite hola, hola, lo da vuelta y en cambio pregunta quién es en vez de preguntar qué pasaba con Dengue.
Era Ernesto repitiendo casi a gritos que a Dengue le habían vuelto las convulsiones cada vez peor, y que ya venía en viaje el doctor Bermúdez.
Que le mantuviera lejos del pobre Dengue, fue las respuesta casi amenazante.

-Vamos para ahí- gritó mientras sin haberle pedido la moto a Rulo ya la miraba e invitaba con la vista a Mandinga para llegar antes que nadie y tratar de lograr la separación de los dos Dengues pero por medios naturales. Rulo asintió con un pestañeo y Manuel ya le estaba explicando a su padre el extraño fenómeno que se había producido cuando ambos estaban montando al aparato de las dos ruedas y pataleando el pedal del arranque Manuel.

Todos irían para el mismo lado pero la moto ya subía la siguiente cuadra.

Entraron sin llamar y se encontraron con un panorama de verdad preocupante. Denque saltaba como un skater de una punta a la otra de la habitación, tapándose los oídos y gritando NO NO NO. Como si hubiese recuperado todas sus sus energías y perdido el resto de la razón. Ernesto trataba de seguirle y de tal vez de atraparle en alguna pasada, sin éxito ni demasiado empeño, mientras Irene, la enfermera interponía su cuerpo frente a la puerta que daba a la habitación de la anciana.

Manuel gritó.

-Te dije, Dengue, que te quedes quieto!

Dengue se quedó quieto, pero girando la cabeza presentó quejas contra su inquilino, quien se quería adueñar de todo...

-¿Te habla? ¿Qué te dice...?
-¡Está más loco que yo!
-Sí, pero qué te dice...?

Dengue disimuló algo.

-Boludeces...
-¿Quiere que le prestes la lengua...?
-¡Sí!  ¿Qué pelotudez es esa?
-Dengue... Escuchame... Te tengo que explicar algo difícil. Yo sé lo que te pasa... Dejame que te explique...
-Bueno dale. Ahora se dejó de joder.

Primer paso dado. El sujeto se dispone a escuchar las instrucciones sobre cómo bajarse de la cornisa del piso  88 desde la que había estado por tirarse, sin resbalar ni dejar que las piernas tiemblen demasiado. El segundo paso era saber qué se debería decir a continuación. Por ejemplo explicarle. Sí, de eso se trataba. Pero con palabras simples y sin asustarle demasiado. ¿Más asusatado de lo que está? Pero logrando que  el sujeto entienda que se encuantra en una situación muy comprometida, de la que sólo podría salir, con suerte y colaborando lo más posible con los que se disponían a servirle de guías. Es decir...

-Ese otro que tenés adentro no es tu enemigo...
-Ah, no?.... ¿Y entonces por qué me quiere echar, por qué se metió aquí?
-El no se quiso meter... Lo metieron.
-¿Ah, sí... ¡Qué chistoso!
-En serio, Dengue. Yo sé quién es. Lo conozco...
-... y yo? Lo conozco...?
-Eeehhh,... No, vos no lo conocés.

Era lo justo. Porque la pregunta quería preguntar por el pasado. Si Dengue 7 conocía de antes a Dengue 1. Ahora, mal que bien se estaban conociendo, pero de la peor forma. La discordia entre hermanos. Qué decir hermanos? Eran más que hermanos, eran... Dos versiones posibles del mismo modelo. Dos reflejos en dos espejos deformantes distintos de un mismo patrón, quizá, como podría haber imaginado Platón si no hubiese preferido la idea de la caverna, la luz y las sombras sin haber ido jamás al cine.

-No, Manuel, en serio... Yo sé que estoy loco. Estas cosas me las imagino
-No, no estás loco. Eso cree el doctor ese que te quiere tener todo el tiempo dormido. Soy amigo del otro y si nos ayudás, vamos a tratar de que salga de vos...
-Hacés umbanda?
-Ja. Algo parecido... ¿Te animás...?
-Con vos, sí.





lunes, febrero 23, 2009

660. CONVULSIONES

Ni bien los dos salieron del dormitorio, Manuel quiso entenderse con el emergente Dengue sobre la peligrosa situación en que se encontraba. Peligrosa por sus potenciales consecuencias si fuera que su mente se terminaba de imponer sobre la debilitada de su involuntario huésped.

-Es que de alguna manera me tenía que manifestar para que supieras que estoy aquí. Tengo acceso casi continuo a los datos de los sentidos, vista y oído al menos... pero no sé cómo podría salir... Trato de no hacerle daño...pero...

Manuel encontró la mirada compasiva de Magda a medio camino. Agradeció su apoyo, pero supo que no bastaba. Necesitaban la ayuda de alguien con muchos más conocimientos que ellos. Estaba claro que el espacio, el lugar que una cosa ocupa en el espacio, es algo totalmente relativo, transformable mediante exquisitas y misteriosas operaciones, llevable a los extremos de la pequeñez diminuta de un punto que no ocupa espacio, o a la tremenda inflación de todo el espacio existente... ¿Pero cómo operar con esas variables? Cuáles serían los mecanismos adecuados...? Por ejemplo ¿el sólo pensamiento...? En el caso de la huida hacia el punto siempre había resultado eficaz cuando se contaba con la amplificación realizada por las cuerdas... y hasta a veces sin las cuerdas... cuando eran varios y todos habituados a la misma operación mental...

-Dengue...

-Sí, apurate que el otro está queriendo volver!
-Trata de hacer lo mismo que cuando querías salir desde adentro de un punto. Voy a tratar de ayudarte... contemos hasta tres...
-¡Amistad! Estamos otra vez entre nosotros... ¿El tordo se fue? ¿Le explicaste que tengo a otro aquí? No aguanto más, Manuel!

Magda tomó el brazo de Dengue para calmarle.

-Tranquilo Dengue. Estamos tratando de que el otro salga...
-¿Que salga...? ¿Para dónde puede salir...? ¿Quién es?

Nadie le contestó. Estaban en eso del Om, o algo así, que les aislaban de las realidades temporales, tratando de llegar al centro de la mente, allí donde todo es silencio y flotación y plateado no tiempo y no espacio...
Pero no funcionó!

Dengue ahora, al ver durante algunos momentos que sus amigos entrecerraban los ojos y respiraban como el faquir del circo, sentía mucho más miedo. Abandonado a una experiencia que le resultaba definitivamente aterradora. Sentir que aquello habitaba en su interior, y que de alguna manera se movía procurando, al parecer, el control de todo el espacio mental...

-Ayudame, Manuel, por favor! ¡Me quiere matar! Me... No, no da resultado... Apenas controlo parte de su mente, no llego al centro... Él se resiste... ¡Ves, estaba hablando con mi boca, Manuel! ¡Lo he oído! Mueve mi lengua, ahí... me la quiere quitar!

El cuerpo de Dengue se comenzó a mover de forma contradictoria. Una mano le taponaba la boca y otra luchaba por quitarla de ahí. La espalda se le arqueaba como para enderezar el cuerpo sobre la cama sin lograrlo mientras los dientes mordían fuertemente la colcha de la cama y la voz pronunciaba el típico mmm de la negación muda.

Volvió en ese momento Ernesto con el Doctor.

-Convulsiones...

De algún lado surgió una jeringa hipodérmica con su brillosa aguja.

-Que alguien le sostenga el brazo...





sábado, febrero 21, 2009

659. El Dr. Bermudez

Al Dr. Bermudez no le pareció gracioso que el supuesto drogadicto le recibiera con un fundamentado discurso surrealista para pretender otra identidad aunque un mismo cuerpo y nombre. Escucho con forzada paciencia ante el silencio de los circunstantes, especialmente el de su amigo Ernesto Federico, y al cabo, cuando Dengue, el otro Dengue, el coterráneo de las bolas, quien era el que se despachara con tan extraña monserga, calló, bajó él, con limpio pulgar el párpado que tenía más a mano, y observó detenidamente el aspecto de aquel sanguinolento iris.

-Tiene mucha tos?

Dengue no contestó.

-Sí, le vienen abscesos -subsanó Magda.
-Diarrea?
-Frecuente.
-Bien...

Recién entonces el facultativo hizo uso de su instrumento principal, el estetoscopio. Como hacen las curanderas con el piolín de medir los empachos, que lo doblan en cuatro y el poquito que le sobra, que viene a indicar la longitud exacta del padecimiento, mal, o lo que fuere, y que, justamente, en el mismo acto de ser medido comienza a sentirse vencido por la fuerza incontrastable de la medicina. Así pues hizo don Bermudez con elegante gesto, que venía significando siglos de preeminencia de la ciencia sobre la superchería, al desplegar el negro conducto y aplicar la pequeña sopapa sobre el pecho del pobre Dengue, para determinar las diástoles y las sístoles, el ritmo , la energía, y la prosopopeya; factores inamovibles y determinantes, de una realidad totalmente objetiva que caracteriza el estado del equilibrio o desequilibrio biológico del organismo en cuestión...

Mal momento. El corazón de Dengue no latía!!

Quitó nerviosamente Bermudez de sobre las costillas de Dengue su negra tecnología. Le miró a los ojos para estimar que aun le miraban, es decir que le veían, y... que por ende no podrían estar muertos... Miró el envés del negro canuto, por si algo le obstruyera. Sopló incluso por las orejeras... Golpeteó las partes rígidas contra el respaldo de la cama y... volvió a aplicar el instrumento... ¡Nada!

Hay veces que uno se quiere morir.

Pero no fue eso lo que Bermudez sintió. Sobrevolaba su brillante calva el halo de la sempiterna sabiduría, aquella que le indicaba sin blandas conjeturas, que los muertos no se mueven sin actuar sobre ellos fuerzas externas, y que... bueno... que hay muchas otras explicaciones para todo lo que pudiera parecer inexplicable.. ¡El ruido ambiente, por ejemplo!

-¡Por favor, un poco de silencio!

¡Nada! Dentro del pecho del paciente parecía haber cesado toda actividad.
Se quitó los tubos de las orejas y aplicó una de ellas justo sobre el locus cardíaco.
Volvió a mirar aquellos ojos negros que bailoteaban por todos los ángulos posibles sin demostrar angustia, dolor o desgano...
Volvió a esperar, como el rastreador, el golpe de los cascos del caballo que se acerca, o que se aleja, tal vez demasiado... y de pronto... Sí de pronto los latidos estaban allí de vuelta. Tranquilos, mansos. Como si nunca hubiesen faltado. Normales.

De inmediato Bermudez peló la libretita y comenzó a garabatear garabatos en hojitas que no arrancaba.
Con un visaje de ojos le hizo comprender a Ernesto que debían hablar en otra habitación, sin testigos,




miércoles, febrero 18, 2009

658. Atrapado sin salida

-Sí, pero estoy atrapado, Manuel! Entendeme, sólo por momentos puedo llegar a la palabra... ahora ya...
-Te vas a recuperar...
-No... ¿Qué...?
-Que te vas a recuperar y volveremos a nuestro mundo.
-Necesito un faso, conseguime, Manuel... ¿Qué decías?
-Que volveremos.
-¿A dónde ? Conseguime algo amistad. ¿O no somos amigos?

Manuel le sacudió por los hombros.

-No podés. Entendelo! Te está matando. Decime, a ver, concentrate... ¿Cómo llegaste aquí?
-Ustedes me trajeron. Ja- Amistad, ¿Sale un peso pal vino? Energía ¿Que onda...? Estoy fisurado!
-No, acordate, estábamos hablando del otro mundo, el nuestro. El de la caverna y las bolas, ¿te acordás...?
-No... todo mal. ¿De qué hablás? ¡Te estoy pidiendo pa fumá, chavón! Una energía.
-No, Dengue! Acordate. La caverna. A ver, acordate de la caverna y de las bolas que aterrizábamos ahí... ¿Te acordás?
-No chavón. Estoy enterrado. Cada vez peor...Sí, Manuel me acuerdo, ayudame a salir... un peso pal vino, me das o me conseguÍs pa la lata no me abandones, hermano...

Vino la enfermera con la píldora y esperó a que Dengue terminara de toser. Dengue se la tragó.

-Todavía no puedo salir. ¿Entendés? Estoy encerrado aquí...Ja, me quieren hacer dormir, pero es lo mismo, cuando despierte voy a estar más fisurado, chavón!

Magda, entendiendo que eran dos los que hablaban, se acercó con más curiosidad que miedo. Manuel le quiso explicar.

-Le está pasando lo mismo que a mí. Pero él se complicó con la pasta... No sé por qué.
-Parece que fueran dos personas distintas -murmuró Magda sin lograr ocultar las palabras a Dengue.

-No, flaca, soy el mismo de siempre pero... ahora ya está. Ya está, entendés? Ahora fumo de la lata y ya está... Porque si no... Me parece que el otro me quiere matá, entendés. Me quiere matá.
-¿Quién?
-El otro. Ese que no puedo ver. Se viene a traición y me tira pal pozo. ¿Ustedes lo ven?

Manuel se golpeó la frente con una mano.

-Está metido uno adentro del otro! -le sacudió otra vez- ¡Dengue, escuchame, pará! No trates de seguir! Tenés que dar marcha atrás!

Dengue le miró con callado temor. Ni siquiera intentó confirmar lo que creía haber entendido de los extraños gritos que su amigo daba como para ser escuchado desde el fondo de un pozo. No era necesario. Llevaba varios días luchando contra esa sombra que trepaba en la oscuridad las barrancas de su propio abismo.

-Vos lo conocés? Se llama igual que yo...?

Se sintieron conversaciones en el jardín. Era Ernesto que volvía con un señor pelado, seguramente el médico.


miércoles, enero 21, 2009

651. Pasta Base de Cocaína

Como te decía, este iba a ser el primero de tres días complicados para Manuel. Contarte lo que siguió ocurriendo dentro del consultorio de Giorgionne sería describir otra serie de olas de olor que desde el supuesto más allá volvieron a avanzar sobre las narinas de Manuel y su desconcertada conciencia. A Giorgionne libreta de apuntes en mano anotando los olores que Manuel cantaba mientras caminaba por el consultorio agarrándose la cabeza. Los golpes que después dio Magda sobre la madera de la puerta para avisar a Manuel que Dengue se había vuelto a escapar y que esta vez lo había logrado. La carrera de Manuel hasta le vereda y su regreso para despedirse de Vittorio. El inicio de la búsqueda por la calle que venía desde la casa, preguntando a todo el mundo, por el Dengue, a pesar del gesto desdeñoso conque la mayoría escuchaba mencionar ese nombre. El enojo de Manuel por dicha causa y las duras palabras que pronunció cuando se fue a sentar sobre el toco de un árbol cortado, dirigiendo la mirada a los ojos de la Magda, casi como culpándole de la mala calidad de sus vecinos:

-Parece que ellos mismos quieren que Dengue se termine de hundir

Sentados les encontró el Rulo apagando el motor de su moto y reprochando que Manuel no se hubiese presentado al trabajo nuevo, ése del que nunca había sido avisado, ah, no?, llamada al celular de Magda que parece fuera de servicio y envío de emisario en bicicleta que al no encontrar a nadie en casa, ayer, ha dejado un papelito escrito con la información, por debajo de la puerta, cuál papelito que nadie ha visto, en fin... Mañana, sí, aunque estuvieran enredados con el caso  del Dengue, como ahora que andaban tras sus pasos, antes de que consiguiera más pasta para fumar.

-¿Pasta?
-Sí, pasta base, lata, eso.
-Ah, era eso lo que consumía? ¡Qué boludo!

Que Rulo se sumó a la búsqueda y que con la velocidad de su vehículo le encontró en poco rato escondido en el chiquero abandonado que hay detrás de la provisión de Luque. Hecho un ovillo. Un hediondo ovillo sobre el barro negro que una vez fue el piso de los chanchos. Rulo gritó. No se animaba a levantar aquello, él solo.
Que estando en eso de levantarlo entre los tres y llevarlo hasta la calle resonaron los pistones de la Harley de Federico Ernesto que venía entrando en esa cuadra y que al reconocerles se detuvo justo enfrente.
Que se entabló entonces una discusión cuando Ernesto opinó que el muchachito debía ser inmediatamente internado en un hospital.

-Él no quiere eso... se escaparía peor.
-Ya no está en condiciones de negarse.
-Yo me hago cargo de él...

Ernesto le conocía de algunos trabajitos que había hecho en su casa. Pero tiempo atrás... No hubiese sospechado que consumía.

-Y a mi casa, no aceptará venir? -dijo bajando dos veces la rápida mirada hacia el arrollado Dengue.

Dengue levantó los ojos y por un momento aflojó los brazos que anudaba sobre la cabeza.

-Tengo una habitación apropiada para él y la enfermera que cuida a mi madre viejita puede encargarse de las comidas y esas cosas.

Manuel casi salta. ¡La misteriosa madre africana de Ernesto, en este mundo estaba todavía viva!

jueves, enero 08, 2009

644. HERMANO

Salieron los dos corriendo pero no fue necesario hacerlo por más de una cuadra. A Dengue, afortunadamente, se le atravezó la rueda delantera en un arenal y se quedó trabado, sin encontrar salida. Transpiraba copiosamente mientras quería forzar la situación afirmando sobre los pedales sus rotos championes rojos y sobre el manillar sus flacos oscuros dedos curtidos por mil esfuerzos. Cuando los muchachos le alcanzaron eso vieron. Y la manera vertiginosa conque movía los ojos buscando la fisura que le permitiera escapar de aquella trampa, la tramposa realidad. Mil fantasmas le acosaban y sólo en el mundo existía una posibilidad de alivio, un instante, un infinito y minúsculo instante de paz...
Los muchachos trataron de hacerse oír con palabras amistosas, promesas de comprensión y acompañamiento.
Dengue contestaba incoherentes razones para ausentarse un rato de tales paraísos. La madre que debía visitar de inmediato nunca se había sabido quien era. Un increíble trabajo que debía comenzar ese mismo día. Y, por supuesto, que después de esas diligencias se iba a dedicar por entero a recuperar la salud, más tarde, cuando volviera con la misma bicicleta que ni por un momento había pensado en vender.

Manuel se impuso:

-Dengue, hermano... Dejá de decirte mentiras. Te venís con nosotros.

Aflojó. A pesar de la desesperante tensión accedió a caminar junto a la bici, que ahora llevaba Manuel tomada de las guampas. Magda le tomó una mano...
El sol ya se había puesto, pero su luz magenta retenía el paisaje con su afeite. Ellos mismos, unidad viviente en tres corazones y tres resuellos, se iban perdiendo, difusos y oscuros, en el profundo y dramático acorde de las sombras en avance.
Pasaban otras gentes por los lados, anónimas. Mil motivos habían en el mundo para apurar el paso, llevar paquetes y hasta para hablar solos, recontando trajines y olvidando sentimientos.
Ellos, en cambio, dialogaban con el silencio. Compartían de antiguo la sabiduría de la soledad aprendida en mil atardeceres imposibles de detener. En mil noches oscuras, casi tanto como esa que Dengue no había logrado atravesar, y que ahora... tal vez entre todos... ¿Porque, qué otra cosa somos que unos cuantos náufragos arrojados a las costas de un continente desconocido? ¿Sería sensato olvidar a nuestros compañeros para correr a buscar pepitas de oro?

martes, enero 06, 2009

643. Rock and Roll

Magda entró a la casa con el ánimo cambiado. Desde un rato antes su mente venía jugando con las imágenes en una especie de antes y después. El antes eran los recuerdos de cuando Manuel aun no había enloquecido y escuchaba a Cholo con reverencia... por unos minutos; que era todo lo más que podía retener un conjunto de ideas organizadas en un discurso. El ahora, lo que acababa de presenciar. Este flaco desfachatado que había mantenido a raya a varios espadachines de la argumentación, esgrimiendo las espadas que estos mismos habían dejado caer. Era como para reconsiderar la nefasta fama de la locura, se decía, canturreando una alegre canción, por los antiguos rincones donde hacían eco las primeras sensaciones del amor. Y justamente, en eso estaba cuando el inefable le lanzó en giro, tomándola apenas de una mano, como en un rocanrol que pedía espacio al entrar en la cocina, y la volvió a retraer, cuando el largo de los brazos se estiraba haciendo de resorte para terminar a lo Travolta, en el beso del afiche.

Ja ja

Ahora la tomaba de ambas manos y sorpresiva mente la hacía volar de una manera que no sabía posible y volver a picar con los pies en las baldosas e ir hacia atrás un par de pasitos y volver... ¡¡Pero si nunca le había visto bailando un rock and roll !!

-¿De dónde sacaste esto?
-¿Y vos? ¿Vos, de dónde lo sacaste...?
-Yo te dejé hacer... te seguí.
-¡Eso! A eso te quería invitar... Hagamos como en el baile. Yo sé que creés que estoy loco y voy a bailar con tu creencia. Voy a ir al psicólogo para que me cure. En cambio yo creo haber vivido en otros mundos. Te podría contar cosas interesantes, no te asustes... Bailá conmigo.

Los ojos de Magdalena se aguzaron y brillaron como los de una zorra. Había captado la idea.

-¿Y cómo te animás a proponerme una cosa así ? Qué me meta en tu locura...?... ¡Sí! Dale, contame ahora, contame todo... (beso). Volveme loca. (beso)(beso)(beso)

Pero Manuel supo que algo no estaba bien...

-¡Dengue! ¡Se ha escapado! Se nos ha ido. Allá va en la bicicleta de Manuel. Se va a dar un porrazo!


sábado, diciembre 20, 2008

637. VUELTA AL PRINCIPIO

Al rato comían todos juntos alrededor de la mesa que habían alejado de la pared para aprovechar sus cuatro lados. Sillas de distinta altura. Platos y cubiertos que tampoco hacían juego a no ser por mostrar una misma disparidad. Comida con sabor a pobreza bien llevada. Pocas palabras...
Dengue parecía algo más sereno aunque con poco apetito. Magda seguía fingiendo naturalidad aunque por dentro deseara no haber cargado con un segundo caso difícil sobre sus hombros. Vittorio trataba de no alterar en lo posible lo que en la vida de los muchachos le parecía una exquisita obra de arte. Manuel se lamentaba de no poder hacer uso de la confianza que en su propio mundo tenía tanto con Vittorio cuanto con la Magda. Se imaginaba que por algún lado andaría ya Mandinga buscándole y que en cualquier momento se les podía aparecer, para espanto de todos y alegría propia. Claro que ahora no se iba a poder ir hasta tanto dejara bien encaminado este asunto de Dengue. Si su otro yo -se lo planteaba- aceptara, viniendo, tomar la posta de la misma tarea, y si al mismo tiempo el grado de confianza que Dengue le había demostrado a él, se mantenía con el otro... Pero Vittorio estaba hablando.

-Y esos guijarros, Manuel, que me contabas...?
-Sí, los guijarros... Los traía en el bolsillo de atrás del vaquero, flaca...
-¿Los traías...?
-Sí, en el hospital me diste uno que no era mío... bah, sí, de Manuel... ¿Y el que yo tenía puesto?

Magda hizo esa apretura de labios que expresa contrariedad.

-Cuando te encontré estabas desnudo.
-...Claro, sí, pero... yo lo traía puesto desde...uf !!

Magda llevó la mirada hacia Giorgionne.

-De dónde venías, Manuel?
-De... A Bur Na Bar, la comunidad de los Esenios. Siempre ando con la bolsa de los guijarros en el bolsillo.

La flaca, vuelta a la palidez, recordó aquello de no contradecir a los locos. Volvió a buscar apoyo en Vittorio con la mirada.

-Perdón. Ya sé que piensan que lo que creo recordar no pudo ocurrir nunca. Menos durante esos quince días que dicen que estuve inconsciente.
-¿Es mucho lo que recordás...?
-Y... desde ese día que dice Magda que me encontró tirado en el baño... Bueno, recuerdo algo parecido que ocurrió hace más de dos años y que... Fue cuando empezó todo...

De golpe Dengue recuperaba el habla, -contale lo de las bolas- dijo, sin fijar la vista en ninguno, sino en el almanaque que en la pared mostraba una tropilla de caballos a la carrera.
Manuel saltó sobre su silla y agarró demasiado fuertemente el brazo del muchacho.

-¿Vos lo sabés, Dengue? ¿Te acordás...? ¿Cómo te podés acordar, si....?

Dengue siguió mirando el almanaque sin parecer enterarse del inquisitorio. Una de sus mejillas tironeaba hacia arriba sin ritmo ni compás predecible... Fue entonces que Manuel se dió cuenta de que el ambiente se había llenado del típico olor de la ruda

lunes, diciembre 01, 2008

632. Un Peso Pal Vino

Salieron a las diez, juntos. No que nadie supusiera que él sujeto del experimento fuera incapaz de manejarse por sí mismo, sino una acción simplemente solidaria de parte de la flaca, amorosamente impensada y a la vez ansiosa. No se han encontrado registros que indiquen la composición del desayuno previo, como así tampoco de que sus estómagos fuesen emitiendo ruiditos al caminar las calles rumbo a la policlínica. Pero de cierto se sabe que a las pocas cuadras, es decir antes de pasar frente al boliche de Luque, como un espectro desnutrido se cruzó en el camino el Dengue, más ausente que presente, flotando en una atmósfera de nada. Era el mismo, por cierto, que había adquirido allá, fama de instructor de vuelo y reconocimiento por las perfectas trenzas de 32 confecionadas con las tiras de plástico alrededor de los núcleos de alambre de acero. Ahora y acá, retorcido manojo de tendones flacos adheridos a los poco que de sus huesos quedaba.

-¡Dengue!

Después de varios segundos de desconcierto vino la respuesta.

-¡Manuel! ¡Valor!...¿Sale un peso pal vino?

Enseguida la advertencia de no ser el mismo Dengue que él recordaba y de no ser él el amigo que acababa de reconocer este pobre despojo que así tan de golpe se le acababa de presentar.

-Vos no me podés fallar, Manuel, amigo... Yo soy el Dengue... ¿te acordás de mí...?
-Claro que me acuerdo, Dengue. ¿Cómo no me voy a acordar...! Pero estás mal... ¿Qué te anda pasando?
-Que no tengo un mango, ja, que va a ser?
-¿No estás comiendo nada?

La flaca estiró su pescuezo para llevar los labios junto a su oreja.

-Pasta base -dijo.
-Pasta base -repitió Manuel sin llegar a entender todavía el significado de esas palabras.
-Es lo que hay, valor -respondió el Dengue con esa misma sonrisa que bien podría ser vista como una despedida.
Después se arrolló sobre el balastro de la calle y agregó con un resto de voz.

-Dame lo que tengas. No quiero pedirle a mi tío.

Era el blanco flash de aquella historia que volvía doliendo como una sorpresiva puñalada que abriera el abdomen de cualquier ser vivo. La pasta base y la historia del Dengue entre los baldes de sobras para los chanchos y los tíos depravados que no sólo le explotaban... La mierda humana ensañada con la más debil de las criaturas que ahora solo pretendía morir miserablemente pero aun así con una pizca de dignidad.

-Venite a mi casa... Dejá esa porquería...
-No... Ya es tarde... Tirame un mango

sábado, marzo 15, 2008

494, Marzo de 2008

-Sí, Dengue. De él te tenés que acordar... le tenías mucho afecto... hasta ayer.

Ernesto pareció hundirse en un profundo océano. Mirando por encima de los pinos, no mirando, en realidad miraba dentro de sus propios recuerdos y percepciones. Tenía una sospecha. Algo dentro de su mente le hacía sentir que esa palabra, usada como nombre, ya había llegado a sus oídos en circunstancias y con referencias a asuntos sumamente privados. No podría precisarlo, pero junto al sonido de la palabra se le había representado una imagen reciente dentro del parador de Pichi. A la izquierda el largo mostrador y... allá más al fondo, en aquella mesa desvencijada, alejada del resto por tener una pata coja... restaba ese muchacho negro que ya había visto derrotado por el alcohol en otros sitios. Era el mismo que entonces llamó su atención... por la manera de estarse tirado sobre el respaldo de la silla, los brazos colgando a los lados, incapaces ya de llegar al vaso sobre la mesa demasiado alejada. ¿Por qué le seguirán vendiendo vino? Pensó él entonces mientras otros datos también observados le hacían calcular la edad en el entorno a los 19, el peso sin un gramo de grasa y la altura totalmente normal.

-¿Cómo es...?
-¿Dengue? Y... flaco, un poco más oscuro que yo... tiene algunos rulos que le cubren la frente...
-¿Toma...?
-Tomaba.
-Pero ¿tomaba mucho...? Es ese muchacho que anda tirado por cualquier parte...?

De pronto Manuel se puso pálido. Se agarró la cara con ambas manos. Fijó también los ojos en la nada que le impedía pensar... No fuera posible que la ocurrencia imposible que se le acababa de ocurrir, fuera posible! Quiso comprobarlo y descartarla ya.

-Pero, qué día es hoy? ¿Que día, qué mes y qué año?
-Sábado 15 de Marzo del año 2008.
-Claro -había pensado que tal vez había salido al mundo un par de años antes, en los tiempos en que Dengue andaba siempre tan mamado como lo había visto un rato antes. Cuando no formaban todavía el grupo que después se reuniría en la caverna. Cuando el era un tipo feliz.

De todos modos estaba perdiendo el tiempo. No podía ponerse a esperar que Ernesto o los otros recuperaran la memoria... o la razón... o ambas cosas porque... Pero basta. Tenía que encontrar las otras entradas, las de los Tucus, diseminadas entre los pinos , y que, a pesar de ser un poco estrechas, ya una vez se había salvado cayendo por una de ellas.

Salió corriendo sin apenas saludar a Ernesto, se adentró en los pinares y en subida y bajada de dunas fue revisando con rápidas miradas en busca de elevaciones de la arena y las pinochas como las que usaban los tucus para encubrir las bocas.
Encontró una pero... Parecía demasiado pequeña... La destapó con cuidado y...encontró la boca del túnel. Sólo que era del ancho de su mano.


miércoles, marzo 05, 2008

486 Dengue despierta

Bueno... después sobrevinieron los vómitos del Dengue, los gritos de la Yiya, y el mejoramiento de la salud del enfermo, hasta el punto de levantar la cabeza y también el pulgar en el aire hacia donde estaba Manuel. Sonreía un poco vergonzoso, sin terminar de limpiarse, pero consciente de que no era la primera vez que hacía una macana de esas. Qué va! No se pretendía engañar a sí mismo, como cuando se decía que no iba a tomar más vino. Pero tampoco menos. Para mantener algún trabajito que cuadrara por más tiempo que hasta el día de la primera paga. El era así... Que se le iba a hacer. Desde el día que había cagado a patadas al hijodeputa de su tío, por última hasta en los huevos... Claro que soy un negro pelotudo! Me liberé y al mismo tiempo me metí en la cárcel de la botella! Porque en la otra no me lograron meter gracias a los vecinos, los... testimonios... Ellos habían visto muchas veces lo que me hacía cuando me agarraba... además de pegarme...

-Estás mejor Dengue?

Era Manuel quién le hablaba desde allá adelante parado el flaco... Qué guacho más macanudo! Este sí que es de la planta. No le entiendo, parece que me pregunta algo. Ah, que si me siento bien. Me siento bien, claro que me siento bastante bien, aunque un poco sin ganas de moverme, ni de hablar... ese gusto amargo que me duele en la cabeza... Les tengo que decir que me dejen, que ya me voy a parar... con la ayuda de la Yiya... Que loca de mierda! Otra vez termino en sus brazos, como si a mí me gustara ella, que apenas, sólo porque me hace un poco acordar a mí mismo y me da ese amor con pena, pero... en lo sexual...

-Dengue... a ver. Tratá de pararte...

Se apoyó en la cabeza de Yiya y en un codo que apareció oportunamente antes de que las suelas de sus championes volvieron a pisar sobre la arena. Lo difícil era mantener el equilibrio de las dos piernas al mismo tiempo, pero... Ya estaba, apenas si se hamacaba un poco de atrás para adelante mientras le subía el mal olor. Necesitaba un baño. En la casilla dónde vivía solo tenía un latón y el agua... Podría ser que el viejo de la Yiya se hubiera ido para Salinas y entonces... favor por favor...

viernes, febrero 29, 2008

483 La Ve de Vino

En cambio desde una cuadra de distancia pudo ver las manos en alto del Dengue que le saludaban mientras el cuerpo seguía sinuosa trayectoria, tal vez con intenciones de acercarse. Estaba otra vez borracho, aunque alegre, haciendo brillar los blancos dientes en vez de gritar el saludo que no lograba articular. Manuel apuró el paso, tal vez Dengue había estado por la caverna y había logrado salir por sus medios, tal vez todo había vuelto a la normalidad y Ernesto le había facilitado algún dinero para que se comprara vino. Tal vez no. No.... Era raro. Llevaban mucho tiempo compartiendo la mayor parte de los días y no había vuelto a verle borracho desde que se había transformado en el mejor fabricante de cuerdas para bolas y después en el mejor instructor de vuelo. Ahora se había caído al costado de la calle. Manuel corrió a levantarle...

-Vení, pasá el brazo por arriba de mi hombro, vamos a...
Recién entonces comprendió que Dengue, a no ser la caverna o la misma casa de Ernesto, cuando existía, no tenía sobre la tierra otro lugar donde acostarse sobre una cama.
...casa. Estás pasado.
Dengue sólo reía y señalaba ahora el cielo de entre los pinos, con un dedo o dos semiextendidos que no lograban mantenerse en ninguna dirección, pero que hicieron a Manuel pensar en que quería advertirle de la trayectoria de alguna nave. No vio nada y tuvo que hacer todo el esfuerzo de levantar el peso de aquel cuerpo que aunque liviano, se escurría hacia abajo sin capacidad de sostenerse sobre los piés.
Marcharon, es decir Manuel marchó dejando atrás los pies de Dengue que se iban arrastrando lastimosamente por el balastro. Se cruzaron con unos vecinos que sacudieron la cabeza y continuaron. Apareció de algún lado la Yiya que ofreció ayuda para lo que fuera, como cuidar a Dengue hasta que Manuel consiguiera un vehículo y de paso acompañarles hasta la casa y volver a entrar como alguna vez había hecho. Enseguida se dio cuenta Manuel de toda esa serie de posibles pensamientos que se completaron con la vuelta, ahora sonriente, de la flaca que se encontraba con la Yiya y cambiaba otra vez de humor...
-Bueno quedate un momento con él que voy a buscar la bici con el carro.
Salio corriendo por la bajada arenosa, hasta pasar la cañadita y adentrarse en el monte, para salir en la otra calle detenido de pronto al considerar que era raro que los otros vecinos no se hubiesen comedido a dar una mano. Los volvió a ver ahora, detenidamente, con esas caras medio torcidas que siempre habían puesto para contemplar las desgracias de Dengue, en la otra época, cuando Dengue gozaba de la fama de ser un irrecuperable y no un héroe como ahora, a pesar de que siempre trataron de no fomentar esas cosas de la fama y la vanidad. Pero había que reconocerlo. Dengue, ese negrito flaco que cayó derretido en vino sobre la cuneta de la calle, había desarrollado las técnicas más perfectas de vuelo en bolas que se enseñaban por toda sudamérica, después de haber encontrado la forma de fabricar las cuerdas bordonas para hacer resonar el espacio... Pero tenía que llevar el carrito para traerlo.