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jueves, septiembre 10, 2009

733. Operación Rescate

Entonces sonó el teléfono de Magda con Julieta al otro extremo preocupada por haberse enterado de que Dengue habría raptado del hospital a Manuel en una silla de ruedas. Increíble cosa que le acababa de transmitir Rulo de vuelta de su fracasada visita. ¿Acaso Magda estaba enterada de algo así? O eran puras pavadas y malentendidos. Lo más probable, ¿no?

-Están los dos aquí conmigo, -se apresuró a decir Magda, cuando pudo meterse en medio de dos paquetes de palabras. - No ha pasado nada. Está todo bien.

Resultaba que Rulo en cambio había vuelto a salir con la moto a trillar toda la ruta desde Pando hasta Salinas, y de Salinas al puente de Carrasco, en busca de pistas o información que alguna persona le diera sobre algo extraño que hubiese visto, por ejemplo un negrito flaco empujando a toda carrera una silla de ruedas con un paciente encima. Porque de la policía no se podía esperar diligencias de ese tipo, ni de ningún otro, a no ser esas cosas que hacen para cagarle la vida a alguien, o rescatar alguna coima.

-¡Te estoy diciendo que está todo bien. No es necesario que los busque, están aquí!

Claro, pero sabido era que Rulo, al igual que Manuel aun no se decidían a comprarse un celular, y por lo tanto quién podría en ese momento saber por dónde encaminaba sus pesquisas, loco de nervios e imaginándose lo peor.

-Desde que Manuel se cayó de las escalera, prácticamente no duerme...

La conversa quedó sepultada de pronto por el tronar de dos motos que venían entrando sobre el pasto del frente. Rulo en la suya y Ernesto de Oliveira en su Harley Davidson, en cuyo sidecar asomaba las la figura de Cholo. Bajaron como que vinieran siguiendo el rastro de alguna bestia salvaje hasta su guarida, donde posiblemente se pudiera hacer fuerte para presentar batalla. Desde el frente advirtieron que había gente en la casita, y estirando el cuello pudieron ver que la sonrisa de Manuel aparecía por la puerta. Corrieron hacia él preguntándole si se encontraba bien, y advirtiendo que más allá, tímidamente se asomaba Dengue, a quien nada dijeron, por el momento, reservándole el responso para después del testimonio de Manuel.
Enseguida las contradicciones. Que me dijeron y que me aseguraron, los enfermeros y alguna gente que estaba en la entrada del hospital, y que también les vieron pasar sin hacer caso a los gritos que de adentro se daban para detener la huida. Y el médico, conocido neurólogo, quien enfatizara sobre el peligro que corría el paciente después de ese golpe, que probablemente habría agravado una lesión cerebral previa, ahora llevado a los tumbos por un delirante maníaco. ¿O acaso no había ocurrido de esa forma? Es decir... ¿Por qué Manuel reía de aquel modo, palmeándoles los hombros y haciendo gestos de quitar importancia a todo?

-Dengue no me raptó. Yo le pedí que me llevara hasta la parada del ómnibus.... El tipo me quería llenar de cables y no sé cuando me iba a dar el alta.

Los tres en coro:
-Pero todavía no estabas recuperado... es peligroso...

De todas maneras comenzaban a sentirse ridículos, especialmente Rulo, quien sintió la incómoda sensación del fuego que se le subía a la cara, y la pareja bronca que le taponaba los pensamientos con la sensación de que otra vez Manuel demostraba ser más inteligente.
Ernesto llamó a Dengue. Magda vino, también... Por fin todos se aflojaron...

jueves, enero 01, 2009

639. Cosas...

Las miradas dubitativas no mostraban las imágenes que en segundo plano se iban intercalando. Silencio mientras las mentes iban barajando hipótesis sobre el posible sinsentido de lo que pudiera querer decir Dengue encima del sinsentido de lo que decía haber sentido Manuel, olores que viajan en oleadas llegando a romper sobre los escollos de una sola nariz, dejando a todos los circunstantes secos y atónitos testigos de esa irreal situación, mientras el estólido revive para acompañar, al menos moralmente a la única víctima.

Vittorio preguntó.

-¿Qué es eso, Dengue...?

-Una cosa... que te viene...

-¿Vos también lo sentiste?

-No. Esta de ahora, no...

-¿Pero has sentido olores que no existen?

-No, olores nunca...

-¿Qué cosa has sentido...?

-Cosas que te vienen. No sé. Cosas... que dan miedo.

Golpeaban manos en el frente de la casa. Era el repartidor de la farmacia que venía a traer el par de cajas de remedios que Vittorio recibió con el beneplácito de su firma en un papel doblado en cuatro.

Al volver tuvo que contestar el teléfono con esa forma que los que oyen de afuera nada entienden. Cosas urgentes.

-Me tengo que ir. Este remedio lo tiene que tomar Dengue, dos por día y cuando se sienta especialmente ansioso. Debe dormir no menos de ocho horas... y no quedarse solo...

Magda interpeló.

¿Y Manuel...? Si le vuelve eso...?

Pero quien contestó no fue Vittorio sino el mismo Manuel que ahora sonreía de forma enigmática.

-Ya ha vuelto pero más amistoso. Es una locura suave, ja. Más suave que mi memoria de los mundos paralelos.

Volvió a sonar el teléfono de Vittorio. Le inquirían por lo que estaba por hacer. ¿Estaba él por acudir al llamado que el señor X le había hecho unos minutos antes? ¿O no?

X no estaba comprendiendo que él, Vittorio Giorgionne, no podía dejar a la gente plantada y salir corriendo porque ya la reunión planificada para hace casi una hora estuviera a punto de fracasar. Que comenzaran si él, casi contestó, apenas un instante antes de recordar que la reunión iba a ser entre X y él, sin otro invitado cualquiera, carajo. ¿Qué decir...?

Vittorio (en el teléfono)

-¿Y vos dónde estás...?

-...

-¿En el auto, no... la moto... ¿Qué?

-...

-Importa porque podrías andar cerca de donde yo...

-...

-En...

Retiró el aparatito de la oreja para preguntar por el nombre de la calle, la casa, o cualquier de dato identificatorio. Lástima que X no conocía al Toba ni a las hermanas Bronté, ni mucho menos la casita que la hija de Abelardo Goiticoechea construyó cuando se juntó con el negro candombero, es decir, la que el negro y los vecinos construyeron unos cuantos años atrás cuando todavía se podía construir amistosamente sin que te cayeran los inspectores del BPS.

-Viste la bajada que hay en el callejón... Sí, en Lagomar Norte por supuesto, saliendo de la policlínica rumbo al oeste...

Vittorio dejó de dar explicaciones inútiles cuando vio, especialmente cuando reconoció, el plaf plaf característico del pistoneo de la Harley Davidson de Ernesto Federico de Oliveira e Souza, su amigo, que venía ya bajando el polvoriento callejón rumbo a las copas de los pinos y los álamos de la casa de Manuel. Venían dos sobre la moto.

lunes, junio 23, 2008

555. Equipo de trabajo

Manuel explicó que debían comenzar por donde el trabajo de Abelardo se había interrumpido. El cuaderno de anotaciones de iba a ser la gúía. Trajo a Magda a su lado frente a la mesa con un bloc de papel para las anotaciones. Margarita se puso al extremo dispuesta a recibir instrucciones para el manejo de las llaves de corredera, como solía hacer para ayudar a su padre. Ernesto refirió una conversación que había tenido con el finado en la que le había confesado dificultados para registrar los datos a la velocidad en que aparecían y que pensaba colocar sensores capaces de registrarlos en tiempo real, conectandolos a una computadora común. Margarita confirmó que eso mismo había comentado en el desayuno de su último día, justo antes de que ella saliese a hacer las compras y a la vuelta le encontrase muerto, sobre esa especie de meza con ruedas que usaba para llegar a la zona central de todas las instalaciones, sin apollarse en ellas. Manuel preguntó:

-¿Y cual computadora pensaba conectar?
-Yo le había prometido traerle la mía -contestó Ernesto.- Es más me ofrecí a hacerle un pequeño programa para organizar los resultados según distintos criterios, secuencias repetidas o relaciones numéricas...

El silencio que siguió a sus palabras fue suficiente. Ernesto se colocó el casco y enfilo hacia la terraza de enfrente donde había dejado la Harley. Pronto los estampidos del motor se perdieron en la distancia como los apresurados pasos de Tantor trotando por la sabana. Margarita cerró la puerta del galpón y volvió a su puesto. Manuel invitó a hacer una primera prueba.-Vamos a hacer una secuencia de todos los objetos en cada una de las seis posiciones posibles. Lo hacemos varias veces y después esperamos, dándoles tiempo para un posible contestación.

No pasaba nada.

-Provemos de empezar con todos distintos y hacer una rotación de posiciones...

Los objetos se veían cambiar rotativamente pero nada pasaba, salvo lo que observó de pronto Magda. Que un par de ellos se retardaba con respecto a los demás. El tercero y el quinto.

-El de "y media" y el de "menos diez".

Manuel reaccionó.

-A ver, dejálos libres, Margarita.

Dejarlos libre fue lo mismo que pedirles que bailaran un ballet. Improvisaban series vertiginosas de disposiciones distintas y, aparentemente volvían a comenzar con un mismo motivo al cabo de unos diez segundos.

-Bueno. Ahora yo voy a ir encendiendo los cañones y vemos como cambia esto.

El cambio fue total.

viernes, junio 13, 2008

552. LA ROPA

En cambio cuando despertaron pasado el mediodía, los pajaritos cantaban en las ramas, el cielo parecía absolutamente luminoso y un tenue aroma de comida de olla se extendía por el barrio. Como el día eterno que pervive en la memoria como siendo siempre el mismo en un mundo que pueda entrar en una postal tridimensional, colorida y aromatizada.

Los párpados se abrieron remolones. Era la misma casa, la misma ventana, aunque distinto el ropero. Los vidrios más limpios, los muebles más nuevos. La tibieza de la flaca era la misma... pero había que ponerse en movimiento.

Comenzando por... Algo apropiado y rápido para lograr una forma de retorno. Un canal, una brecha que separara las dimensiones como las hojas del libro permitiendo encontrar la página adecuada a la continuación de la historia. Ja. Otra vez con esa idea loca que se empeñaba en retornar. ¡Las páginas del libro! Como si pudiera una vida escribirse. Una vida sencilla siquiera, la del tipo que va todos los días al laburo, de lunes a viernes, dejando el fin de semana para la familia, los tallarines y el vaso de vino. Pasan tantas cosas...

Con la ayuda de Magda sería más fácil reconstruir los detalles de una bola.

Se tiró de la cama y al tocar con los talones en el frío del piso recordó que estaba desnudo y que la ropa, toda la ropa seguía estando empapada. La puta. Margarita le podría prestar algo a Magda pero a él...

En eso se sintieron acercando una serie de telúricas explosiones que no podían ser otras que las de la Harley de Ernesto Federico. Taloneó hasta la ventana y vio que así era, que Federico se acababa de bajar del aparato y allí, en el pasto del frente conversaba ahora con Margarita. Era el mismo aunque, un poco más juvenil, y hablaba con mucha naturalidad con su madre, gesticulando y riendo mientras golpeteaba el casco que se acababa de sacar, contra la rodilla descolorida del jean
.
Mojados y todo se puso el vaquero y los champeones. Cruzó hacia el baño, viendo el interior de la pieza de Margarita, que no existía en la casa de allá, con las paredes cubiertas de cuadros, y un gusto femenino que se advertía a pesar del gran desorden. Tal vez el perfume. Se puso la remera roja, se lavó la cara, y los dientes como pudo con los dedos y mucha agua. Salió enseguida y se encontró con Margarita que venía entrando.

-Estaba pensando en eso, en la ropa, tenemos que conseguirte ropa seca. Vino un amigo de papá con su moto. Me va a llevar hasta la casa... La ropa de papá nunca la traje....

En eso se sintieron los pasos del que cruzaba la puerta.

-Permiso...

Entraba porque quería conocer los extraños jovencitos que se decían capaces de entender y hasta manejar la incompresible computadora de Abelardo, con sus resonancias dimensionales y su tendencia a hacer saltar los fusibles.
Seguía siendo negro y grande. Extendíó la mano y apretó los huesos de Manuel.

-¿Así que saben manejar la máquina de Abelardo?

Era una menera de presentarse diciendo que en cambio él no lo sabía.

-He estudiado bastante pero... Las ideas de mi amigo no figuran en los libros...

Mientras tanto Margarita salía de su pieza con una brazada de prendas que previo golpeteo de puerta pretendía entregar a Magda para su elección.

-¿Donde aprendieron ustedes...?

Magda se restregaba los ojos apenas cubierta por la sábana.

-Gracias.

-Teníamos algo parecido y...nos escribíamos con él.
-¿Cartas...?
-No, ...mensajes...

Magda apareció en la puerta del dormitorio con los pelos revueltos, un ancho pantalón verde y unos zapatos de tiras.

-Hola.

-No sabía que Abelardo tuviese otros amigos que Miguel, el farmaceutico y...
-Yo en realidad más que amigo vengo a ser su nieto.

Margarita ofreció una taza de café, o mate. No tenía mucha idea de la hora que pudiera ser. Ernesto la estaba mirando. Se puso colorada.

-¿Nieto?

Recordó que había comprado una bolsa de galletas malteadas. Comenzó a ofrecerlas con insistencia.

-Bueno, nieto adoptivo. -Acomodó Manuel justo cuando le venía el primer estornudo.

-¡La ropa seca! Venga Ernesto, vamos a buscar la ropa. Después conversamos.




lunes, abril 28, 2008

523. Viaje en moto

Con las luces del amanecer arrancó el motor de la Harley, ya con su piloto a horcajadas y la pareja de muchachos en el carrito. Eran las luces aquellas que alumbraban primero las lánguidas nubes, vueltas rosadas al sólo efecto de dar motivo a lo que dijera Homero sobre la aurora. La vieja Eo. El resto iba siendo de un tono desde añil hasta turquesa y más allá, el todavía oscuro trasfondo de lo que había sido la noche. Toda una noche al pedo, trabajando para que el boludo se mandara la cagada de no saber ni lo que había estado diciendo antes !
Tomaron por Aerosur. Es decir Ernesto junto con la moto, porque dentro del sidecar aun la pareja no terminaba de entrecruzar las piernas de una manera muy satisfactoria. Verse de nuevo, así de cerca, cosa que no habían hecho en el último par de días, desde que Manuel tuvo que ir a Montevideo a pedirle unos pesos prestados a un amigo que... ...se interrumpió el relato por la llegada de un fogonazo de culpa en el corazón de Magdalena ! Era el momento preciso para confesarlo, explicar el extraño primer capítulo de la historia de ese extraterrestre que pretendía ser Manuel, quien en horas de la madrugada y sin que ella lo advirtiera por estar durmiendo, se le había introducido en la cama, aprovechando el extraordinario parecido con el dueño de casa y que... Por otra parte el corazón de Manuel pasaba por semejante martirio recordando que él había sabido de antemano que era altamente posible que pasara lo que había pasado con Fátima en Montevideo, y sin embargo... Pero es que ella recién se había enterado de que no era Manuel cuando este apareció negando haber venido en la madrugada....Desde el primer cruce de miradas, apenas se había levantado a salvo de los torturadores del otro lado del tejido de mierda aquél y el puto club de bochas... aunque después de todo que puede importar todo eso si ahora puedo ser feliz mirando esa cara que me llena de placer.
La madrugada se iba mostrando embriagadora y a la vez romántica, ahora se comprendía la particular belleza que a veces adquieren las cosas completamente cursis como ese cielo, que estaba mostrando, en la zona donde el turquesa le iba ganando al azul oscuro, unas pegatinas de brillos extendidos, que daban un marco muy recontrarococó a los bordes del cuadrito. ¿O estampita?

Mientras restallaban las explosiones del motor y por el escape niquelado huían presurosas varias chispas por minuto, ellos, dentro de la carlinga saboreaban morosamente sus respectivos labios y lenguas.

Por último la claridad general se había extendido cuando una cuadra antes de Becú, la Harley abandonó la ruta adentrándose en el balastro claro con dirección al norte. Estaban llegando de vuelta a casa. No importaba que ya fuese de día.


miércoles, mayo 16, 2007

299 EL ARCHIDUQUE FILIIS DEI

Cuando ya sonaban las bisagras de la puerta que estaban cerrando del galpón de la villa Los Dogones por haber guardado la Harley allá al costado de los viejos barriles alguna vez de vino y tapado con la lona verde con el número 33 pintado con moldes de lata y ya sin cuerdas como vienen para atarlas a la baranda del camión… En ese momento Manuel, que venía saliendo dos pasos más atrás, fue que quiso interrogar al cholo, en serio, para que como quien dice, de hombre a hombre le dijera la verdad, sinceramente, sin andarse con rodeos ni gregreses para decir Gregorio. Que le dijera por ejemplo cual había sido su primer pensamiento cuando aquel día empezaron a leer el manual para hacer bolas que le había mandado el abuelo por intermedio de 25 pedazos de piedra, para que con las bolas volaran a rescatarlo al purgatorio. No pensaste, acaso Cholo, que todo eso era demasiada locura, como decir de repente que nada existe y que lo que sí existe son cosas que nunca te habías imaginado?
-Nooo….
-¡La verdad, Cholo!
-Bueno… Para decirte la verdad, también pensé eso, entre un montón de cosas que pensé…
-Todas las otras no eran cosas razonables, verdad?
-Claro lo más razonable era pensar que eso era una locura pero… estaban los hechos testarudos mostrando que había que tomárselo en serio aunque pareciese una locura…
-¡Ves? Y a vos alguna vez te han contado o has visto que alrededor de otra persona ocurran tantas cosas raras?
-Nunca.
-¿Y entonces, decime, por qué alrededor mío, sí?
-Eso yo no lo sé… Pero creo que no sos común, ya lo hablamos.
-Y qué? Todos tenemos nuestras cosas, vos por ejemplo te haz leido miles de libros y sos capáz de recordar qué decía en cada uno, pero no por eso… te van a venir a llevar en una bola hasta arriba de aquella pirámide para que pidieras perdón.
-Te hicieron eso?
-Si el archiduque Filiis Dei, digo arcángel, la puta que lo parió!
-Ves? Te tienen en la mira.
-¿Pero, por qué, Cholo? Decime, a ver, por qué…?
-Porque… Sabés una cosa…yo se por qué te persiguen. Acabo de terminar de pensarlo gracias a tus preguntas. Mirá no hay que fijarse tanto en tus superpoderes, que los tenés, porque hay una cosa que te caracteriza más que ninguna y es que no creés en el poder. Vos haz nacido distinto, y ahora me acuerdo de tus actitudes de cuando éramos chicos y yo luchaba para justificarme la necesaria existencia de los jefes y los gobiernos y vos…
-Yo de eso no sabía nada
-¡No te importaba!
-Al Dengue todavía no le importa…
-A todos nos importa. Aunque luchemos por liberarnos, toda la vida, pero de alguna manera nos atrapa. Por eso, Manuel este movimiento sólo confía en vos, yo ni siquiera confío en mí mismo cuando la vanidad te rodea en su baile descubriendo su desnudez que cubre con sedas.
-¡Que bien que lo dijiste…pero, no será para tanto…
-Manuel. La vanidad es uno de los motores que más mueve al mundo. El poder se desea por vanidad.
-¿Y el dinero?
-El dinero es poder acumulado. Y el poder es el de poder obligar a alguien contra su voluntad. El poder siempre es contra otro semejante. No hay mayor vanidad que hacer que otro se arrodille frente a mí.
-No la compliques…


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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martes, abril 03, 2007

260: UNA CAUSA PERDIDA

Sin embargo Manuel ni siquiera amagó a darse vuelta para buscarla, estaba claro para él que el problema no existía, por alguna razón, o por ninguna. Lo razonable era por supuesto calentarse y salir puteando solo, para atrás todo el camino y después volverse en la moto, pero no. Eso lo tenía claro y tanto que nada le dijo a la flaca, ni al Dengue mientras terminaban de bajar el declive y empezaban a sentir el pistoneo de la Harley allá arriba, junto al aljibe donde retumbaba. Con la mirada recontó los presentes para darse cuenta de que no faltaba nadie, salvo Mandinga. El muy tramposo que los había seguido entonces, quién sabe escondiéndose como, con ese corpachón de caballo y esas rastas con aspecto de palmera.
-¡La moto! -reaccionó la flaca.
-Mandinga la trajo -le cuchicheó Manuel.

Los de la Galería abrieron paso para rodearles enseguida con miradas y silencios interrogativos. sólo Cholo se había mantenido en el lugar y ahora se disponía a hablarle.
-Yo propongo que nos hagamos fuertes.
No podía fallarle! Ese era Cholo, el negro más sabihondo que se había visto, pero valiente. Hacerse fuertes, le gustó. Como si uno no fuese fuerte y a fuerza de voluntad se hiciera. Es la voluntad, la cosa. Que a lo último nos pertenece como una punta de lanza que va abriendo el camino y acomodando las fichas en el tablero. Estaba a punto de pensar algo interesante con respecto a eso, cuando a la salida del declive tropezó Mandinga con sus propias sandalias y dio con sus huesos en el suelo levantando bastante polvo. El muy animal!
-Hagamos la del tero. Mucha bulla por ahí lejos para mantenerlos ocupados
-Y si mientras tanto nos copan la caverna?
-De la caverna no saben nada -dijo con orgullo Pepponne.
Manuel le miró con simpatía.
-Y los grises...?
-Tampoco. Estuve mirando algunos informes de ellos... Los hice decodificar por un amigo matemático.
-¿El Pepe lo sabe?
Pepponne se puso colorado. A ustedes les puedo parecer un traidor pero...mi corazón siempre va a estar con las causas perdidas!
-¿Cual causa perdida?
-¡Muchachos! Esta lucha nuestra, porque es nuestra, es mía, también... Hacerle la contra a los poderes de la tierra y los del cielo juntos! Un puñado de soñadores como somos...! Si no fuera porque me copa totalmente me tendría que dar mucha lástima.
-Pensás que vamos a fracasar?
- ¡No se! Si lo pienso no lo dudo pero... No puedo resistir a lo que me dice el corazón.
Varios sonrieron. Pepponne había dicho los que casi todos pensaban.
Manuel se aproximó al Cholo.
-Organicemos un montón de misiones partiendo de Montevideo para el norte y para el oeste, sin volver para acá, una tras de otra, volando en escuadrilla, sin chocarnos, claro, con la luz del día aunque... no podríamos llevar alguna luz adentro, que atraviese el papel y parezca...
-Que no sea un farol con fuego porque... No no creo que se pueda...
La carcajada de Mandinga les aturdió
-Perdón.
Manuel se dio vuelta.
-¿Qué...? Sabés la manera de hacerlo?
-Es que ustedes no terminan de entender que las bolas que han construido son aparatos que amplifican el pensamiento y lo vuelven poderoso... Miren, seguro que alguno de ustedes ha visto en la oscuridad lucesitas que dibujan figuras de colores y también una más fuerte adelante de la frente...Esas son luces de verdad, no son imaginación. Estando en el punto adecuado de la bola la pueden amplificar todo lo que quieran con sólo acordarse y concentrarse en ellas.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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martes, marzo 13, 2007

240: GORRA CON OREJERAS

Golpearon Manos en el portón del frente y se sintió el quejido de la bisagra junto con el arrastre de gravilla que la puerta iba haciendo al abrirse. A Dengue se le representó en la mente el padre loco de Ernesto que venía con el tío Bernabé a sembrar el escarmiento. Pero era la Julieta y el Rulo que volvían trayendo tortas, mate y termo y una cara de susto que daba miedo.
Ernesto salió por el costado a avisarles que por allí mismo vinieran con él, para no abrir más la puerta del frente hasta que el comisario estuviera debajo para que le cayeran los escombros. De eso se trataba el susto que traían. Del comisario que había estado por la casa de ellos metiéndose sin permiso para ver si por allí estaba Manuel y haciendo preguntas que más bien parecían amenazas. Hasta por un momento habían temido que los siguiera cuando terminadas las tortas salían con el envoltorio dejando un rastro de olor característico. Pero no. Cuando pasaban por frente del Pichi, allá se veía junto al mostrador y el vaso a medio tomar, disertando frente a un par de sujetos que le seguían los ademanes con apenas movimientos de cabeza.
Ellos estaban preocupados y pensaban que Manuel seguía siendo un perseguido que no debía dejarse ver la cara por la calle, o sea… ¿Cómo iba a poder vivir enterrado en una cueva? Ernesto trató de tranquilizarles y les invitó a bajar a la caverna, donde Manuel seguramente ya tenía todo planificado con la ayuda de Cholo. Iban llegando al aljibe, cuando otra vez la puerta del portón arrastró la gravilla. Ahora era Giorgionne con los sus pocos pelos parados y un pilot doblado en el brazo, como si fuera invierno.
-Hola. ¿Estamos todos?
Se levantaron las medias tapas del aljibe y apareció la cabeza de Magda preguntando el por qué de la tardanza, enseguida saludando a los llegados y después bajando.
-Sí, todos.
Abajo se armó rueda para discutir los detalles. Eran tres etapas que se iban a realizar según Cholo en un período de siete días. Acopio de materiales y enseñanza por Dengue del oficio de la trenza. Armado propiamente dicho de las bolas y aprendizaje por parte de todos de la técnica de vuelo.
Ya hablé con Trum y Porum –explicó Manuel- así que contando a mamá como otro maquis, vamos a tener un piloto de reserva. Pero además alguien se tiene que quedar en tierra…
Ernesto fue con Cholo a enganchar el sidecar en la moto llevándose sendas tortas en los bolcillos. Margarita se puso a rociar el suelo con agua para poder barrer toda la galería sin levantar polvo. Magda llevó a a Manuel hasta la computadora para mostrarle los primeros pasos en el manejo de los sistemas de Ernesto Y los otros empezaron a hacer inventario de las cosas que se iban a necesitar y las cantidades. Pero al rato se suspendieron todas las acciones. Había pasado Trum Urum a lo largo de la galería y se había metido por el hueco que conduce al declive de 45. Todos lo siguieron para ver una vez arriba, que Ernesto le colocaba a Trum una gorra con orejeras y le ayudaba a subir al sidecar donde el pobre al fin quedó incrustado, más que sentado, entre los almohadones que Ernesto le acomodó para que no fuera a perder el equilibrio. Ernesto en cambio estaba elegante, con pantalones de montar, una campera de cuero oscuro y una gorra de piloto 1914 cuyos lentes entubados esperaban sobre la frente a ser bajados para empezar a recibir viento.
Los que no entendían seguro que no habían estado cuando eso se pensó y ni siquiera lo habían leído. Les explico. Se habló en algún momento que era tiempo de concretar la alianza con los Maquis de San José de Carrasco, si es que querían proclamar su independencia de todos los poderes. El vínculo venía a través de los Tucus, especialmente Trum que tenía un cuñado en aquellas galerías de San José que un día perforó el revoque del sótano de la sucursal de UTE y se encontró con cinco humanos conspirando alrededor de una sola lamparita.
Les abrieron el portón y les saludaron con las manos.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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miércoles, marzo 07, 2007

234: ¡POBRE CRIATURA!

De pronto Manuel saltó y golpeó las manos –como los personajes de historieta- se había sacado el mismo una inquietud , la falta de pilotos, estaban los Tucus, algunos por lo menos, los más sociables, los que les tenían simpatía a los humanos, total…¡Para manejar una bola no se necesita ninguna habilidad manual! Pero en ese mismo momento Mandinga se levantó de sobre sus talones, desplegándose sin saltar y diciendo casi en tono de disculpa:

-Me tengo que ir, muchachos…Otra vez los compromisos, Cuzcatlán la tierra maravillosa!

Y diciendo eso último, como la otra vez se fue en un instantáneo puntido que nadie pudo ver a pesar de inclinarse para seguir la desaparición hacia adentro. No quedó siquiera en el aire ese perfume de cáñamo que siempre le rodeaba ni hubo tiempo para un hasta luego, así que todos atendieron al anterior golpe de manos de Manuel que con todo eso se había distraído de su pensamiento y ahora pensaba la sensación de achicarse, para imaginarse que al desaparecer del tamaño tal vez uno se pueda escurrir del espacio en que se encuentra. ¿No decía acaso el profesor de matemáticas que un punto no tiene ninguna medida? No ha de estar en ningún lado porque este mundo está hecho de cosas que se pueden medir y pesar. ¿Quién podría decir que aquí hay un punto? O que no. O que hay mil puntos…o…Te vas a cagar!

-Yo puedo ir a hablar con los de San José si me acompaña Trum, esta noche –especulaba Ernesto. Podemos salir por la galería del 21 y medio y cruzar el puente. Desde allí son un par de cuadras.

Al Cholo no le pareció buena propuesta.

-Tendrías que caminar quilómetro y medio por bajo tierra!

-Es que no creo que Trum se anime a ir por arriba… ¡Ya sé! Lo vestimos y vamos en la moto. Le pongo el sidecar!

-Pobre criatura! –exclamó Margarita.

-Arriba de esos pelos no le podés poner ropa. Se va a morir de calor! –el Dengue.

-Una remera…

-Qué ridiculez!

Manuel se dio cuenta de que todos ya consideraban a Trum un compañero más, casi como un niño que había que llevar y traer y protegerlo de todo. Estaba bien, pero tal vez a Trum no le gustara saberse visto de esa forma. Parecía tener su personalidad y bastantes huevos como para oponerse a toda la tradición de su especie y oponerse de una manera tan hábil que por último parecía lograr ubicarse al frente de toda la marcha y llevarla por caminos nunca pensados.

-¿Y si lo conversamos con él?

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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