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lunes, agosto 04, 2008

576. Memoria

Fue cuanto Toshiro desenvainó su larga espada samurai en nombre de la realidad. Con fuertes ademanes y expresiones concisas destruyó todo el sentido lúdico del momento. No estaban para jueguitos de ingenio. A esa hora ya debían andar circulando las fotos de todos ellos, por millones de pantallas y de enlaces electrónicos a miles o tal vez millones de "cazadores de recompensa", el nuevo programa que a través de los celulares, estaba idiotizando la república. ¡Debían encontrar un escondite ya! Conectarse con personas legales que les brindaran cobertura mientras sus parientes tardaran en encontrar una salida negociada, porque el precio de un desprocesamiento legal sobrepasaba el millón de pesos certificados personalmente por Gostanián

-Conozco un ciber de 24 horas en el centro de Merlo. Le puedo mandar un mail a mi viejo, que tiene muchos amigos por esta zona...

A Jarumi no le pareció buena idea dejarse ver con esos rasgos orientales, a pocas horas de la pueblada y con facha de venir de la guerra.
Magda se ofreció para hacerlo ella.
Aceptaron.
Pero no tenían plata.

seis de la mañana, la gente se ha de estar levantando para comer alguito antes de ir a tomar el tren, miran por pequeñas ventanas de casas prefabricadas, la niebla que aun no se empieza a levantar, pero que cuando llegara a la estación , ya con el sol por sobre los techos, se levantaría, como pasa siempre, aunque en las zonas más bajas pueda restar por alguna hora...

Comenzaría Manuel solo a pedir limosna en las llegadas a la estación. Nadie mira mucho a nadie en esas circunstancias, y menos si es un sucio. El primer contribuyente le obsequió cinco pesos, Manuel sacó la cuenta al modo del kiosquero de Flores, parecía que le daba 100 dólares. No podía ser tanto. Pero igual, sería suficiente para media hora de cíber. Volvió adonde los otros se escondían. Pasó el billete a la flaca. La despidió con un beso y la siguió con la mirada... ¡Vaya imagen!

Las instrucciones se las había dado Toshiro, después de hacerle memorizar ocho direcciones de correo, más la suya propia, con su correspondiente contraseña. para que pudiera esperar respuesta de alguno de estos ocho samurais, que, iban a ser capaces de cualquier cosa para ayudarles.

Magdalena solo se repetía: akiito arroba solnaciente arroba hiroito arroba... para empezar después la correspondiente secuencia de servidores, que gracias al orden en que las había acomodado Toshiro, daba dos grupos de cuatro. Por eso era importante recordar cual de la lista era el primero. Akiito, por cierto.

Una hora después seguía sentada frente al monitor, aunque sin mirarlo. Trataba ahora de memorizar las tres últimas respuestas recibidas tras varios intercambios. Las tres coincidían en un punto. Que el refugio que les iban a conseguir en cuestión de horas, debía ser por poco tiempo. Enormes serían los riesgos de que algún cazador de recompensas les llegara a ver. Estaban organizados en federaciones y en redes electrónicas que compartían la información a un costo verdaderamente ínfimo y con un sistema racional de reparto de las ganancias. Todo el esfuerzo debía ser centrado en montar un operativo que les pudiera sacar del país.
Volverían a conectarse en un par de horas









sábado, agosto 02, 2008

575. La cámara de Akido

Toshiro reclamó la necesidad de hablar en serio. Debían esconderse por un tiempo y comunicarse con las familias de algún modo disimulado. Internet, por ejemplo, conseguir dinero para subsistir y tal vez comprar documentos falsos.

Manuel seguía con lo anterior.

-Es que yo te estoy diciendo cosas verdaderas, en serio. No somos personajes de dibujitos de la tele. Podés preguntarnos cualquier cosa, a ver, de nuestra historia. Yo por un lado y la flaca por otro. Van a ver que no nos contradecimos.

Akido y Natasha aceptaron la invitación al nuevo juego de prestidigitación o nigromancia que proponían este par de cómicos ambulantes, sus amigos. Preguntarles qué, de su historia propia, que ellos no podrían imaginar, para preguntar. Preguntarles, claro, para ver si respondían lo mismo, ante una misma pregunta que, entonces, debía ser acordada previamente, sí, pero sobre que punto de esa supuesta historia que ellos sólos conocen? Al final se rieron. Les resultaban muy simpáticos estos muchachos estrafalarios, que acababan de inventar un juego complicadísimo, o una nueva manera de armar un espectáculo basado en los poderes extrasensoriales. T.V.

Akido tenia una cámara de video que le habían mandado de regalo desde Japón. Con ella filmaba todo, desde lo más grande a lo más pequeño para montar las imágenes con la computadora haciendo que cuenten una historia.
Lo hacía muy bien, porque no armaba la historia sólo en base a imágenes bonitas, explotaba todo, equilibrando las dósis, pero ahora... Se estaba encontrando con una forma de la creación artística en la que nunca había pensado. La autocreación y la creación simultáneas. Ellos, habitantes de un planeta paralelo, han surgido de la nada al mismo tiempo que, como su contrario, de la nada aparecía ese planeta paralelo que les daría respaldo. No había que negarles ingenio.

Ya tenía la primera pregunta. Se la dijo al oído a Natasha. Acordaron llevarlos a media cuadra de distancia acompañados por un testigo. Lo hicieron y ya prontos, regularon sus cronómetros por el método del brazo levantado, para sincronizar las iguales preguntas:

-¿Quién les tiró, desde el mundo paralelo, sobre La Argentina?

Cuando Akido entendió que Manuel contestaba Satanás protestó su defraudación. No tenía derecho, Manuel, a tomarse su propia creación en broma. Porque la historia es eso que ya fue contado, por eso es historia, que nunca jamás podrá ser modificada. Pero está bien. Aceptado. La historia ya tiene en sus entrañas a Satanás, aunque más no sea como una palabra que fue pronunciada, tal vez sin querer decir exactamente Satanás, sino algo parecido, o distinto, por ejemplo el nombre de una banda de Rock

viernes, junio 13, 2008

552. LA ROPA

En cambio cuando despertaron pasado el mediodía, los pajaritos cantaban en las ramas, el cielo parecía absolutamente luminoso y un tenue aroma de comida de olla se extendía por el barrio. Como el día eterno que pervive en la memoria como siendo siempre el mismo en un mundo que pueda entrar en una postal tridimensional, colorida y aromatizada.

Los párpados se abrieron remolones. Era la misma casa, la misma ventana, aunque distinto el ropero. Los vidrios más limpios, los muebles más nuevos. La tibieza de la flaca era la misma... pero había que ponerse en movimiento.

Comenzando por... Algo apropiado y rápido para lograr una forma de retorno. Un canal, una brecha que separara las dimensiones como las hojas del libro permitiendo encontrar la página adecuada a la continuación de la historia. Ja. Otra vez con esa idea loca que se empeñaba en retornar. ¡Las páginas del libro! Como si pudiera una vida escribirse. Una vida sencilla siquiera, la del tipo que va todos los días al laburo, de lunes a viernes, dejando el fin de semana para la familia, los tallarines y el vaso de vino. Pasan tantas cosas...

Con la ayuda de Magda sería más fácil reconstruir los detalles de una bola.

Se tiró de la cama y al tocar con los talones en el frío del piso recordó que estaba desnudo y que la ropa, toda la ropa seguía estando empapada. La puta. Margarita le podría prestar algo a Magda pero a él...

En eso se sintieron acercando una serie de telúricas explosiones que no podían ser otras que las de la Harley de Ernesto Federico. Taloneó hasta la ventana y vio que así era, que Federico se acababa de bajar del aparato y allí, en el pasto del frente conversaba ahora con Margarita. Era el mismo aunque, un poco más juvenil, y hablaba con mucha naturalidad con su madre, gesticulando y riendo mientras golpeteaba el casco que se acababa de sacar, contra la rodilla descolorida del jean
.
Mojados y todo se puso el vaquero y los champeones. Cruzó hacia el baño, viendo el interior de la pieza de Margarita, que no existía en la casa de allá, con las paredes cubiertas de cuadros, y un gusto femenino que se advertía a pesar del gran desorden. Tal vez el perfume. Se puso la remera roja, se lavó la cara, y los dientes como pudo con los dedos y mucha agua. Salió enseguida y se encontró con Margarita que venía entrando.

-Estaba pensando en eso, en la ropa, tenemos que conseguirte ropa seca. Vino un amigo de papá con su moto. Me va a llevar hasta la casa... La ropa de papá nunca la traje....

En eso se sintieron los pasos del que cruzaba la puerta.

-Permiso...

Entraba porque quería conocer los extraños jovencitos que se decían capaces de entender y hasta manejar la incompresible computadora de Abelardo, con sus resonancias dimensionales y su tendencia a hacer saltar los fusibles.
Seguía siendo negro y grande. Extendíó la mano y apretó los huesos de Manuel.

-¿Así que saben manejar la máquina de Abelardo?

Era una menera de presentarse diciendo que en cambio él no lo sabía.

-He estudiado bastante pero... Las ideas de mi amigo no figuran en los libros...

Mientras tanto Margarita salía de su pieza con una brazada de prendas que previo golpeteo de puerta pretendía entregar a Magda para su elección.

-¿Donde aprendieron ustedes...?

Magda se restregaba los ojos apenas cubierta por la sábana.

-Gracias.

-Teníamos algo parecido y...nos escribíamos con él.
-¿Cartas...?
-No, ...mensajes...

Magda apareció en la puerta del dormitorio con los pelos revueltos, un ancho pantalón verde y unos zapatos de tiras.

-Hola.

-No sabía que Abelardo tuviese otros amigos que Miguel, el farmaceutico y...
-Yo en realidad más que amigo vengo a ser su nieto.

Margarita ofreció una taza de café, o mate. No tenía mucha idea de la hora que pudiera ser. Ernesto la estaba mirando. Se puso colorada.

-¿Nieto?

Recordó que había comprado una bolsa de galletas malteadas. Comenzó a ofrecerlas con insistencia.

-Bueno, nieto adoptivo. -Acomodó Manuel justo cuando le venía el primer estornudo.

-¡La ropa seca! Venga Ernesto, vamos a buscar la ropa. Después conversamos.




lunes, noviembre 27, 2006

137 - Las cuevas del aeropuerto.

Después siguieron las preguntas y las respuestas. Quedó en claro que la cueva habitada más cercana era en el kilómetro 20, San José de Carrasco, donde vivían dos personas permanentemente y tres otras que entraban y salían. También en ese caso la caverna era vecina a una pequeña comunidad de Tucu Tucus gigantes de cuyos miembros habían llegado los comentarios sobre los humanos cavernarios y sobre la ubicación exacta. La parte principal de la caverna quedaba justo debajo de la oficina de UTE y por las noches esa gente subía hasta una tapa en el piso, supuestamente inútil, para hacer uso de las computadoras. No, las galerías de la comunidad de El Bosque no llegaban a conectarse con las de allá, pues se interrumpían unos cincuenta metros antes del arroyito que desagota la laguna.
Mas al norte no había cavernas tan importantes, pero sí una de las comunidades más grandes de Tucus gigantes con miles de miembros, con muchas salidas por las rutas 101 y 102 tanto como sobre la carreterita llamada Aerosur que conecta Gianastasio con el Aeropuerto de Carrasco.
Trum Urum describió esa comunidad con indisimulado orgullo. Se trataba de la metrópolis de los Tucus, con más de mil quilómetros de intrincadas galerías.
-Todos esos campos del aeropuerto están encima de la mayor maraña de cuevas hechas por los de nuestra especie…
Manuel a esa altura bromeo sobre que en cualquier momento algún avión se iba a enterrar de trompa pero, o no entendieron la broma o no les causó ninguna gracia.
Trum Urum y Porum Trucú siguieron con su relato aun más allá de lo que nadie les había preguntado. Pronto estuvieron entrando en los aspectos cuantitativos de todas las cuevas, sus volúmenes métricos, la acidez o alcalinidad de sus terrenos y la composición porcentual de sus atmósferas. Los humanos tuvieron que detener aquel alud de cifras para poderse centrar en lo que realmente interesaba.
-Y por casualidad, ¿saben ustedes si esos humanos de San José de Carrasco han estado tratando de comunicarse con otros grupos por intermedio de la computadora?
-Sí, sabemos que han mandado un mensaje…Ese mismo que ustedes tienen en la de ustedes…Claro que este lo trajo en persona un congénere nuestro al que le pidieron el favor cuando supieron que ustedes desconectaban la compu.
-¿Y cómo lo supieron?
Los bigotes del morro de Porum se achataron sobre el labio.
-Bueno…Nosotros… es decir nuestra comunidad y la de ellos intercambiamos a veces comentarios sobre todo…
Ernesto se puso rojo.
-¿Y cómo entró eso a la computadora de aquí?
Ahora Porum miró el suelo y lo mismo hizo Trum.
-Fue uno de nosotros, el que recibió el mensaje. Tenía miedo de olvidarse de alguna palabra y se sentó frente al teclado a escribir aquello.
Los tipos se parecían bastante más a los hombres que lo que cualquiera se hubiera imaginado. Confesaron por último que estaban estudiando idiomas. Aprendían palabras de cualquier modo y cuando ya podían sin duda su significado y ámbito de aplicación las intercambiaban, primero dentro del grupo local y después con las otras comunidades.
Tampoco la vergüenza les era ajena. Muy avergonzado estaba todavía, según dijeron, el pobre Tucu que se había comedido a escribir aquel mensaje y a punto de terminar se le redujo el tamaño de las letras del último renglón. No lo había podido remediar!



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sábado, noviembre 25, 2006

136 - Preguntale a Trum Urum

Al cabo de un rato volvió a aparecer el tema olvidado. El tema de si Ernesto por fin había encontrado la manera de meter la contestación en algún lado. En algún buzón del espacio cósmico o más modestamente en una botella arrojada al Mar de los Sargazos. Preguntado sobre eso contestó que el método posible requería un aporte muy grande de energía, y que, aunque pasaba cerca de ahí un cable de alta tensión, no le parecía práctico depender de esa energía. Sería algo muy peligroso.
Cuando Giorgionne bromeó con esperar a que cayera un rayo, como en aquella vieja película, fue que Manuel propuso buscar métodos más sencillos.
-Podríamos recurrir a los Tucu Tucus. Ellos hacen cuevas muy largas. Se han de encontrar con muchas cosas bajo tierra como cuevas o cavernas. Tal vez sepan si hay otros humanos en otra cueva… Yo no creo que ese mensaje haya llegado desde muy lejos.
-Podría ser de cualquier parte del mundo, -objetó Giorgionne.
-No lo creo. Si estuvieran lejos no habrían podido entrar a la computadora.
Ahora Ernesto se interesó.
-¿Y por qué se te ocurre que no?
-Porque la compu no estaba conectada. No podían entrar por el cable. Tienen que haber venido…-hizo un gesto revoleando los dedos-…por el aire.
-¡Ven que es un genio! Tiene razón, por mucha energía que dispusieran tendrían que estar muy cerca para lograr algún resultado!
Acordaron de inmediato pedir ayuda a los Tucus. Ernesto tenía amistad con cuatro o cinco de ellos y un parlante instalado en la boca de una galería que funcionaba conectado a la computadora y a un programa traductor Español-Tucu Tucu-Español. Sólo era cuestión de llamar a alguno de ellos, pero primero les iba a hacer una pequeña demostración.
Aprontó las cosas y se puso a decir cualquier palabra por el micrófono. Por los parlantes del costado salían sucesivos chorros de tururúes supuestamente en idioma Tucu. Después invirtió los términos. Emitía sonidos tipo tururú y por el parlante iban saliendo imperfectas pero entendibles palabras en español.
-Como ven mi pronunciación no es muy buena.
Enseguida hizo el llamado.
-“Atención les habla el hombre primitivo. Quisiera pedirle un favor a Trum Urum o a Porum Trucú, o a los dos si pueden venir a la Galería Máxima. Tengo jugo de macachines.”
Vinieron los dos. Enormes, peinados y muy perfumados con olor a menta. Ronroneando entre ellos se fueron a ubicar frente al pedestal bajo del micrófono del suelo. Desde allí, cuando Ernesto hizo una presentación genérica, cabecearon varias veces con mucho respeto y esperaron la explicación de cual era el favor que se les pedía.
Cuando la pregunta estuvo hecha. Trum Urum tomó la palabra.
-Siempre ha habido hombres viviendo en cavernas…
-No por gusto, -acotó Porum Trucú.
-Al principio para protegerse de los tigres diente de sable, de los rinocerontes de tres cuernos y de los búfalos primitivos…
-Venite más al presente.
-Más en nuestros día se llegaron a construir pequeñas ciudades como refugio de una probable guerra atómica…
-En el presente y en esta zona!
-Bueno, hoy por hoy y sólo en el departamento de Canelones hemos contado quince humanos que habitan permanentemente en cuevas y otros treinta y cinco que entran y salen por períodos variables.





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