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martes, mayo 19, 2009

694. Desnudos y sin misterios

Manuel tuvo la precaución de quedarse afuera suponiendo el temprano desenlace que se comenzó a desencadenar cuando la mirada de Cholo por fin encontró de lleno aquellos ojos que tantas veces desde el escritorio le había hecho sentir la inmensa extensión del universo. Eran los mismos senos aquellos que rellenaban las sinuosas curvas de aquel sweter que vibraba con su clara voz remedando la de Artigas, diciendo las "Instrucciones del año trece", no por burlarse. Era ella otra vez. Más madura pero también mucho más abierta a la impensada posibilidad de la profesora con el alumno. El.

(alumno también de cualquier otro arte que le quisiera enseñar)

No obstante la profesora insistió con su gastada estrategia de pretextos. Extrajo papeles del portafolios que aun retenía apoyado en sus pechos, con la boca abierta, de una manera bastante torpe. Por supuesto los papeles se deslizaron unos sobre otros al suelo, entre los dos pares de zapatos y la simultánea flexión descendente de los cuerpos y también de los ojos. Como en una película, los dos agachados pretendiendo estar juntando papeles tan junto al otro que... Inevitablemente se besaron como tal vez siempre habrían deseado.

¿cómo decirse apenas mirando que a pesar de que quedara muy fulero que una profesora se quisiera encamar con un alumno...eso justamente era lo que había sucedido?
¿que nunca le habían preocupado aquellas bromas sobre la edad de su madre ni que...?

 En realidad tampoco importaba. Ya habría tiempo para explicarse cuando la pasión dejara de brotar a borbotones, ahora... Las cuatro manos acababan de traspasar las fronteras del pudor y navegaban entusiastas las praderas del placer. Es decir que recorrían por debajo de la ropa y encontraban todos los huecos y las preponderancias mientras las lenguas se entreveraban en resbalosa refriega.

Cayeron al piso sin alfombra del rancho, iluminados desde la ventanita del fondo, bajo el parral con sus uvas maduras, y se revolcaron tratando de romperse las ropas y los labios, como si estuviesen ya sobre la cama de un rato después. Desnudos y sin misterios. Incendiados y amainados por varias veces hasta que por fin pudieron hablar. Decirse que había sido mutuo siempre el deseo y los sueños eróticos. Que las noches de aquel verano, después de terminadas las clases... Ah! ¿Quién hubiese tenido el poder de volar directamente hasta dónde estuviera el otro?

sábado, abril 04, 2009

675. Manuel Mentiroso

Así no más el señor rico le estaba diciendo que su hijo era un mentiroso. Nada menos que Manuel un mentiroso! Imaginativo, tal vez. Muy imaginativo y capaz de  expresarse de maneras extravagantes. Con ese humor del que hace gala sin importarle que ella  no resonara en la misma frecuencia, aun siendo su madre, y compartiendo una manera de ver el mundo fuera de todo prejuicio...¡Pero mentiroso, no!

-¿Conoce usted a un tal Yaka...? Yaka Zulu, le dicen.

¿Pero sería posible que no se pudiera hablar de otra cosa...?

-Manuel lo trajo y le presentó como su padre Mandinga. ¿No lo conoce...?

No le iba a contestar eso.

-Es un tipo medio extraño que vive  en una casa metida dentro del monte...

No le gusta y ahora me va a decir la razón.

-Tiene fama de brujo... aunque no es mi intensión desmerecer la ciencia de nuestros antepasados... pero es que ahora...

Ahora está mal vista la brujería.

-... por lo general se dedican a esas cosas los embaucadores que quieren sacarle el dinero a la gente...

A Manuel no hay peligro de que le saque mucho.

-... o dominarles psicológicamente.

Tampoco hay peligro. Lo único extraño es que anden juntos y hablando como padre e hijo! Está claro que él se lo ha dicho... ¿Lo sabría desde siempre? O por alguna razón llegó a darse cuenta. El parecido...

-... no es que quiera meterme en sus cuestiones personales, pero no creo que sea su padre...

Ah, mirá. Hasta tiene opinión formada sobre eso!

-... siendo que usted no lo conoce.

Elegante.

-¿Pero por qué entre los dos habrán inventado esa patraña?

Voy a tener que decir algo.

-Ninguna patraña. Si Manuel dice que es su padre ha de serlo no más.

-¿Y usted... no lo sabe?

-Fue una violación en una noche oscura.

-¡No me diga! ¡Ah, pero que situación impresionante!

-No. No, no me haga caso... Era una broma.

-Una broma...?

-Sí, disculpe. Detesto las conversaciones serias.

-Pero es que Manuel nos ha mentido a todos. Nos ha vuelto locos detrás de una endiablada historia, tejida alrededor de los verdaderos delirios de este muchachito Dengue, que creía tener a otro adentro.

-Embarazado?

No, poseído. Poseído por otra persona igual a él, o casi igual, con el mismo nombre, pero sin cuerpo.

-Pero eso no ha de ser posible.

-Por eso le digo que nos mintió.

(Ajajá, ese es mi hijo. Con sus eternas historias complicadas de cuando era un niño y papá le estimulaba la imaginación para desarrollarle la inteligencia. Qué gracioso. Claro, todos son extraterrestres que han llegado y se han encontrado conque en la tierra ya estaban sus dobles!)

-No será que quiso decirles otra cosa...?

-¿Qué cosa?

-Otra cosa... No sé... Tal vez no le entendieron. Es muy observador, y a veces habla de cosas que los otros no han observado...

-Decía que iba a tratar de sacar uno de los que estaban dentro del otro!

-En un sentido figurado, seguramente.

-Cada uno hablaba con una voz distinta...

-Entiendo. ¿Y después qué pasó?

-Que cuando a Dengue se le terminó el delirio Yaka se fue sin saludar. No podían seguir con el teatro...












miércoles, abril 01, 2009

674. Conversaciones

Fue cuando Margarita recuperó el hilo de una anterior conversación interrumpiera con Magda dos meses antes. Que decorara no más a su gusto la casita ya que en ella estaba viviendo, sin problemas, ya que ella -Margarita- no pensaba volver, a no ser algún día de vez en cuando a visitarles. Qué más quería ella que su hijo estuviese siempre acompañado con la misma muchacha, aunque eso pudiese sonar demasiado convencional en su boca, después de haber cambiado quinientas veces de compañero. Pero era así y recién se animaba a reconocerlo. Que la variedad es hermosa pero en demasía cansa, y especialmente... Se lo iba confesar entre mujeres.

-Mi vida loca le quitó a Manuel el padre...

Manuel se acercó para inquirir:

-Tuviste algo con el Yaka, vos...?
-Ah, Manuel! ¿Con el Yaka? Mire si voy a... Bueno, hace veinte años no estaba
mal.... Pero fuimos amigos muy poco tiempo.
-El suficiente?

Ahora molesta.

- Qué se yo... Pero de qué hablás? Ah, ya te he dicho tantas veces que no puedo saber quién fue tu padre. Por qué insistís...?
-Porque creo que Yaka Zulu es el padre de mi hermano Manuel, el de aquí. ¿No les ves un parecido...? A vos Magda, qué te parece?

Margarita se apresuró a llegar hasta la cama, todavía, de Dengue, a interesarse por su salud casi sinceramente del todo. Vittorio le presentó a Ernesto Federico que se conocían del barrio sin haber intercambiado palabra. Lo recordaba más joven saliendo por esas calles a llevar de paseo a su madre en el carrito lateral de aquella enorme motocicleta de manubrios anchos. Ella apenas asomaba la cabeza, aquella carita ovoide, renegrida, debajo de una capelina rosada nácar. Decían que era loca. Y que el muchacho terminaría yendo por el mismo camino si persistía en llevar esa vida de monje tibetano. Que había tenido un hermano que se quedó en Brasil cuando el suicidio del padre, parece que internado en una clínica, de por vida, manoseándose manchas de sangre imaginarias. El hombre, brasilero de origen, según todos más loco que millonario y excelente violinista, miraba a la gente como desde detrás de un muro de orgullo. El hijo, no. Este.

-Mucho gusto, en realidad.... nos conocíamos aunque nunca habláramos.

Ahora se acordaba de aquella conversación que una vez había oído, entre su propio padre y este sujeto, en el galponcito de la otra casa. Hablaban de ciencia y de inventos a medio fabricar. De viajes en el tiempo, hacia el pasado, decía este, explicando luego que tras las huellas de los primeros hombres para recuperar el primitivo sentido de la humanidad, anterior a toda la confusión que después vino. A ella le había causado gracia que un hombre tan musculoso se preocupara de aquel modo por el destino de la humanidad, lástima que no se diera cuenta todavía de que la única salida era fundar una humanidad nueva, liberada de las posesiones de todo tipo. Que el pasado debía ser dejado donde está. Y comenzar desde cero... Claro que ahora ya tampoco estaba tan segura.

-Te recuerdo del liceo de Solymar.

Claro! Oliveira. Increíblemente el mismo que después veía en la ferretería o en la farmacia. Antes del suicidio y después, y algunos años. Heredero de una fortuna que también transforma a los que se dejan seducir. Aunque generoso.

-Tu hijo es muy extraño.
-¿Mi hijo...?

Casi había dejado traslucir una entonación irónica.

-Sí... Nos ha tenido en vilo con una historia complicada que ahora parece que ha sido un invento suyo... ¿Tiene costumbre de mentir...?



miércoles, marzo 25, 2009

671. La última hippìe

Dijo llamarse Margarita y bromeó con aquella del percal reencontrada por Gardel fuera del rioba. Artesana y cultivadora de todo lo que no fuera convencional. Vegana, ya no. Ni siquiera vegetariana porque. Ni mucho menos del New Age, como se te ocurre? Acababa de decir que anti-convencional. Hija de un sabio y de una señora de profesión labores, ambos muertos en su ausencia,cuando a la temprana edad de catorce años huyera de su hogar sin ningún otro motivo que el deseo de conocer la verdadera libertad, aquella que se construye a mucha distancia de la gente responsable.

-Podríamos decir que vengo siendo la última hippie.

Vittorio siempre había sospechado que algunas de las adolescentes de antes deberían sobrevivir en alguna parte, fuera de las universidades privadas y los cursos de pos grado, pero no así. No tan así, tan... Lo estaba viendo mientras ella hablaba sin complejos mostrando su abundante dentadura y esos hoyuelos en las mejillas laterales. Parados ambos, mientras el coche perdía velocidad, para bajarse ambos, casualmente en la misma parada de Lagomar!

Se bajaron y todavía hablando se encaminó a cruzar Gianastasio  hacia el norte, por el mismo lugar que él, aunque después, según dijo, debiera doblar a la izquierda y apurarse a llegar a la casa de su hijo antes de que apagaran las luces. No le gustaba golpear.

Vittorio aseguró que a él tampoco, y sonrió estúpidamente a la espera de que ella se tomara el trabajo de descifrar el chiste, o inventar él otra cosa para ver la posibilidad de no separarse todavía. Parecía que no le disgustaba...

-Yo también vengo a la disparada a atender un muchacho enfermo...
-Ah, sos médico?

Alarma por curso de colisión entre el significado de la palabra "médico", dicha así con desparpajo y el significado de la misma palabra para una generalidad.

-No, no, médico no. Amigo,... vengo más bien por amistad y...
-Bueno, sigo mi camino... No quiero despertarlo a Manuel.
-¿Manuel...? Bueno es un nombre común...
-Manuel es común, pero Manuel Aquelarre hay uno solo y es mi hijo.
-¿Aquelarre Goiticoechea?

Tres meses que no lo veía y ahora que por fin había podido venir a Montevideo a buscar piedras negras para sus obras, no iba a pasar de largo sin ver al muchacho más perfecto nunca visto. Su hijo Manuel. No por su mérito, sin embargo. Sino tal vez todo lo contrario, por su falta de responsabilidad como madre.

-La libertad siempre está plagada de errores.
-Lo tuviste muy joven?
-No tanto. No sé cómo hice para no embarazarme antes de los diciocho!
-Bueno, entonces vení conmigo. Yo sé donde está Manuel ahora





domingo, marzo 08, 2009

665. Hijo de cualquier um

Por supuesto que Julieta y Rulo recibieron la presentación como un trozo demasiado grande de carne que no podían deglutir. Pálida y sonriente, Julieta hizo un cabeceo a modo de saludo, sin entender todavía  cómo sería posible que de buenas a primeras Yaka Zulu viniera a ser reconocido por su hijo como padre, antes de ser él quien reconociese a Manuel como su hijo... después de tanto tiempo y cruzarse todos los días casi sin otro saludo que aquellos ughs que se estilaban entre vecinos poco interesados en intimar. Rulo ni siquiera cabeceó. Detuvo en cambio su mirada sobre la facha bruta del negro, reteniendo apenas el sentimiento racista que pugnaba surgir a pesar de saberse más oscuro que claro, ni alto, ni rubio ni dueño de ojos celestes. Siempre había pensado que no había problema conque alguien fuera negro. ¿Pero tan negro, así como Yaka...? Con esos labios exagerados enmarcando una boca que al abrise mostraba sin pudor buena parte de los órganos internos... Esa facha cualquiercosaria no solo por las rastas y los aros pendientes, sino por aquel chalequito de seda blanca, bordada con claveles rojos, como los gauchos payadores del tablado, los anillos en cualquier dedo con brutales piedras verdes y rubíes, los bombachudos de tela brillosa... las enormes ojotas con suela de cubiertas viejas... ¡Qué asco!
En seguida Manuel se vio en  el aprieto de explicar lo que parecía inexplicable. No que pudiera ser hijo de cualquier um, como dicen los brasileros,  ni que su padre fuera un negro de absoluta negrura, puesto que eso vendría a ser algo hasta obvio para quien le viera mulato hijo de una blanca; lo increíble podría ser la explicación de que tales paternidades y filialidades vinieran de otros mundos y que aquí, sobre esta sólida Tierra 7 que pisaban... tal vez... el Manuel autóctono no terminase siendo hijo del correspondiente Mandinga autóctono del correspondiente segundo tiempo, heredero del trono de los Mandingas, por extraño que pareciere!
Entonces lo que acababa de decir como presentación habría sido una mentira?
No, mentira no. Porque el parentezco existía aunque viniese de otro mundo.
Pero algo engañoso al menos. Fijaos que para Rulo y Julieta las cosas se presentaban de otra manera al desconocer que Mandinga era otra persona que Yaka Zulu y que ni siquiera Manuel era el mismo que conocían.

Manuel se rió.

-Claro que todo esto tiene que ver con mi historia, esa que ustedes no pueden creer. Bueno, ahora tengo la prueba. Este que está aquí es mi padre del otro mundo. Es un semidiós que tiene poderes como los héroes de los dibujitos... Pueden pedirle que haga cosas extraordinarias...

-¿Cosas extraordinarias...?
-Sí, como... por ejemplo...mmmm...
-Es una joda? -preguntó Rulo.

Mandinga se puso de pie encantado, en el medio de todos como si fuera un círculo. Logró con decisión de movimientos  que la atención se fijase en su persona, como hace el mago mientras aprieta el pedal oculto, y sin mediar palabras hizo aquel gesto de encender un fósforo en el aire, sin otro resultado que empequeñecerse dentro de sus raras ropas hasta el tamaño de un oso de peluche y volver al tamaño previo de inmediato.

El público no encontró demasiado extraordinario el número. Hasta en el parador del Pichi se habían visto hipnotizadores más interesantes. Claro que sonrieron, por el lado de la simpatía Mandinga ya estaba haciendo mella en las voluntades.
Pero ahora mostró un gesto de contradicción.

-Lo que te decía Manuel. Aquí las cosas no funcionan, es un mundo raro!

Julieta, creyendo lo de la joda, pidió otra prueba.
Manuel dijo que la tendrían.
Mandinga resopló.
Manuel le miró con atención.
Se le veía deprimido.
Muy frustrado, pero de pronto estalló en risotadas.

-Sí otra prueba y muy graciosa. Miren, ustedes han de conocer a alguien muy parecido a mi que habitó o habita por estos parajes.
-Sí -contestaron  Julieta y el Rulo, queriendo seguir el juego.
-¿Cómo podríamos llegar hasta él?
-Dando un paso...



domingo, febrero 15, 2009

657. Los pies descalzos

Igual que en antiguas pesadillas el suelo cedía bajo sus pies y eran inútiles los zarpazos dados en la oscuridad hasta despertar arañando la cortina de junto a la cama. Su madre, desde la otra habitación, cada noche igual, aunque de a poco empeorando. La caverna. Oh, la caverna de los animales peludos que saben hablar y golpean por debajo de la locura nocturna!

-Ernesto, meu filho. Eles falam pra mim. Batem no chāo. Tenho medo...
-Dormite mamá. No hay nadie. Yo vigilo.

Y la transpiración. Y el corazón latiendo en la falta de aire... No. No quería volver a esos recuerdos! No quería, como nunca había querido, adentrarse en los oscuros senderos de aquellas historias de dioses con cola de pescado. Que todo lo saben y enseñan. El significado del semen derramado sobre la tierra, el escorpión en que se transforma el clítoris y la impureza intrínseca de la menstruación. Todo tan oscuro! Allá en aquella lejana África de la que ella huyera sin lograr alejarse de su sombra... Su maldición. El escorpión africano prendido de la nuca de su padre, haciéndole perderse en un mísero cañaveral para desintegrar en él la metralla de su pobre cerebro enfermo... Basta!

-Basta... por favor.
-...
-...
-...
-...
Levantó la cara con brillo de lágrimas. Dengue vino a consolarle. Sus largos dedos temblorosos acariciaron la pelambre entrecana. Él se retiró sorprendido, pero vio que aquellos ojos le estaban viendo en profundidad. Por alguna razón misteriosa aquel pobre muchacho enfermo parecía comprender todas sus angustias y... estar caminando a su lado... por un paisaje exótico de áridos suelos y achaparrados arbolitos chatos... descalzos ambos, camino a aquellas casas de adobe que a lo lejos anuncian el inicio de un poblado... de tan extraño aspecto!
Se sacudió, como se sacude un perro para sacarse de encima el agua, y las cosas volvieron a ser lo que son. Su casa, su casa. Y estos muchachos, pintorescos personajes que hablan de manera sugestiva, como magos de feria, encantadores de serpientes o vendedores de relojes falsificados.

-Dejémosnos de bromas.

Dengue retiró su mano.

-Voy a llamar a un medico amigo, especialista en estas cosas.

Manuel observó la expresión de Dengue.

-Si quieren esperen aquí, ya vuelvo. Dejé el teléfono en mi estudio...

Rulo dijo que también se retiraba y salió con Ernesto.

Magda se entretuvo conversando con Eva, la enfermera, mientras Manuel trataba de encontrar los ojos de Dengue frente a los suyos. Habían quedado solos...

-Dengue... vos sos el mismo, el de las bolas, verdad?



sábado, febrero 14, 2009

656. Debajo de esta casa

Parecía otra vez el Ernesto aquél, de las tazas de té y la mermelada, los pantalones color nieve y la bandeja sostenida, con elegante aunque suave firmeza.Otra vez conmovido por la pobre humanidad de Dengue, réplica escasa y también contradictoria de su propia solitaria juventud. Porque, claro, las semejanzas muchas veces quedan evidenciadas en la propia oposición. Uno rico y otro pobre. Uno esclavizado al trabajo nunca elegido, otro ocupado en cubrir la angustia del ocio con ocupaciones inventadas. Pero los dos solitarios... cazadores de mariposas imposibles, esas azules con el eterno jeroglífico de la felicidad pintado en sus alas... huidizas alas, engañosas... tal vez inexistentes... Ambos de piel oscura.

Manuel sonrió con picardía.

-La casa de los hombres -dijo.

Y repitió, "la casa de los hombres", mirando hacia donde Ernesto todavía sacaba de una bolsa de paño gris, unos vaqueros sin uso, con amorosos modales de madre.

Sorpresa.

De Rulo y Magda por no entender. Pero más de Ernesto que dejó lo que que estaba haciendo para dudar de haber entendido la exactitud de aquellas palabras. La casa de los hombres. TOGUNA. Como la fotografía que había bajado de Internet recién ahora, luego de tanto tiempo con ellas resonando en su cabeza. Toguna... y todas las voces dogón que su madre pronunciaba cada vez que caía en este ensimismamiento que ahora llevaba años... Nunca creyó oírla. salida de otros labios. Y menos de...

-¿Qué quisiste decir con eso...?
-Toguna, ha dicho tu madre... La casa de los hombres...
-¿Donde lo aprendiste?
-Ja. Vos mismo me lo enseñaste.
-Qué broma es esa, muchacho?
-Ninguna broma. Somos viejos conocidos...
-De dónde...? No te recuerdo.
-Te creo. No es fácil... Hubo un tiempo en que nos reuníamos debajo de esta casa...
-¿Qué tiempo? ¿De qué estás hablando? No hay sótanos aquí...

Manuel supo que a partir de su mención a un espacio debajo de la casa, la seguridad de Ernesto no era sincera. Mentía.

-Debajo de esta casa hay una caverna.
-¡Pero...!

Desde el borde de la cama dónde estaba sentado Dengue volvió a hablar:

-Sí, una caverna.

Y Manuel.

-Se puede entrar por el aljibe.

Ernesto se agarró la cabeza con las dos manos. Cayó sobre un sillón envuelto en oscuro sobrecogimiento.


jueves, marzo 13, 2008

492, Mi Madre

La transpiración del rostro de Ernesto, su temblor, extendido desde las manos, fuertemente apretadas sobre las rodillas, hasta el mentón, que arrastraba al labio inferior en un rictus casi implorante, el aspecto todo, que amenazaba al parecer desarmarse como si fuera un enorme castillo de naipes soplado por sorpresiva ráfaga... Todo eso, más la simultánea opresión de su pecho, hicieron callar a Manuel y esperar a que el pobre hombre pudiera articular en palabras lo que todavía no salía de su garganta. No quería mirarle más, el simple jadeo de la respiración era suficientemente expresivo como para esperar un desenlace que no podía tardar. Y que no tardó, llegando en forma de casi inaudible pregunta:

-¿Te manda mi madre...?

Algo le había contado Dengue de la extraña historia de aquella mujer africana, la madre, muerta en esa misma casa, cuando Ernesto era aún un niño. Y algunas cosas más, pero nunca las suficientes como para entender este aparente ataque de pánico, ni mucho menos por cual razón se le ocurría pensar que él fuese un emisario.

-No... no me manda nadie...
-?Pero entonces de dónde sacaste lo de la caverna...?
-Porque he vivido en ella... ¡Hemos vivido!
-¿Vos y... mi madre...?
-No. Con vos y el Cholo y Dengue y... mi madre.

Ernesto chasqueó los labios. Iba dejando apenas de lado el miedo y ya se mostraba molesto. Por un momento había estado olvidando las claras señas de locura que ya le había mostrado el muchacho. Se había dejado llevar por la emoción, esa particular emoción que siempre está dispuesta a pintar fantasmagorías que le llenen en el alma aquel doloroso vacío. Esa región que se empeñaba en olvidar sin lograrlo, ni a través de los más fervorosos razonamientos científicos que resonaban dentro de su cráneo como los acompasados ronroneos de una oración. Los muertos, muertos están. Sin vida no hay pensamiento. Sin pensamiento no hay alma. Mamá no volverá.

-¿En serio, no te acordás de nada?

Por otra parte no dejaba de ser preocupante que un segundo loco viniese con la misma historia de la caverna...

-Dentro del aljibe estaba la escalera... y en el fondo, una entrada a la rampa que hace poco terminaron los tucus... ¿Te acordás de los tucus... de Trum Urum?

Tucus...!... bichos peludos, decía ella...! Habla como si fueran personas... como hacía mámá refiriéndose a las cosas, pero... no pueden haber dos locos iguales... ¿Por qué ellos...?

-Sobre tu estufa tenías la fotografía de un amigo tuyo... un tucu...
-¿Tenías...? ¿Entraste alguna vez a mi casa?
-Muchas veces, hace como dos años me salvaste de los ángeles.

(Qué increíble, otra coincidencia, ella... Decía que los ángeles habían venido de Sirio, la estrella hermana.)

-¿Te acordás...? Y me hablaste como que eras un hombre primitivo... allá abajo, en la caverna...

(Y ella decía que el hombre primitivo había sido mejor, más bueno e inteligente)

-Y me quisiste hacer olvidar todo con una bebida hecha con hongos, pero te hizo mal a vos y te caíste envenenado...

( El veneno. Eso también. Ella opinaba que toda la comida estaba envenenada y que por eso nadie le creía cuando afirmaba que allá abajo había una cueva habitada por un montón de bichos peludos.)

Después de que te arrastré por los pies empezaste a confiar en mí y me trajiste acá arriba... me mostraste la foto del viejo Dunga, el padre o abuelo de Trum... todos tucus...

(No era acaso Dunga, o dnunga el apodo cariñoso que papá le había puesto?)

-Y entonces tu computadora empezó a lanzar alarmas porque... venían los
ángeles!

(¡Ahí estaba! La continuidad de la idea... "El viejo Dunga" estaba en la foto, en ese lugar donde tengo la foto de papá... papá es "Dunga" y a ella le dice "Dnunga" que creo que es el femenino...! Ahora...¿Computadora, alarma, los ángeles...?)

-Después me saliste conque yo era un predestinado y me fui a la mierda.

Ahora Ernesto aprovecho para largar las tensiones. Tras un primer pequeño resoplido de risa, se fue soltando y al momento se reía a carcajadas, de una manera patológicamente exagerada, tanto que cayó sobre tierra retorciéndose de risa sin poder detenerse a respirar.

















viernes, marzo 07, 2008

488 CON PERMISO...

La pregunta le hizo bajar la cabeza para enfrentar los ojos con el muchacho. Tal vez había oído mal cuando entendió que le preguntaba por la madre, que ni conocía, a no ser que la señora de la limpieza fuera...

-¿Tu madre...?

Manuel lo volvió a mirar ya un poco fastidiado Se acababa de encontrar con otro zombi, afectado por su reciente viaje en punto desde adentro a afuera de la cueva, nada más.

-¿Qué te pasó, Ernesto?
-Pero... ¿de dónde me conocés...?

Otra vez la misma cara, desencajada, extraña... Eso era, lo que le dicen enajenado, un loco bah. Que ni le estaba reconociendo... ¿Estarían los otros igual?

-Voy a bajar a la cueva.

Como los movimientos de Manuel fueron inmediatos captando toda la atención de las cámaras, no ha quedado testimonio sobre qué cosa hizo Ernesto al percatarse que este sujeto se estaba adentrando en su propiedad aduciendo incomprensibles razones. Pero es de suponer que apenas comenzada la persecución, cuando el joven jardinero se dispuso a abril la tapa del viejo aljibe y elevar una pierna y después la otra, sobre el brocal... se habrá quedado perplejo.
Enseguida se precipitaron los hechos. Manuel después de sentarse con los piés dentro del agujero, estiró una pierna en busca de la escalera y no encontrándola se columpió sostenido por la manos en el borde, se resbaló, cayó sobre la luna congelada del fondo del pozo y entre ahogos acuáticos se puso a gritar. Toda una escena que no pudo ser correctamente filmada porque los chapuzones de agua desparramados por las manos de Manuel enturviaron la visión.

martes, julio 31, 2007

357 Al borde del estallido

Se levantó Manuel sobre sus piernas un instante antes de sentir la vos del Dengue que sonaba allá tras los eucaliptos, reclamando su presencia, como un hijo abandonado por su madre, de cuyas polleras quería volver a prenderse. Era lastimosa aquella vos sonando así en la noche con todo ese timbre desgranado que parecía por momentos volverse más agudo y desprotegido.

Caminó derecho a la vos, sin reparar en que hundía los champeones en donde el pasto estaba inundado de agua superficial que se volvía barro líquido cuando era pisada. Mientras lo hacía, ya su cabeza planeaba la lista de acciones que habrían de ser ejecutadas. Primero, segundo y tercero, después de consultar con el Cholo y los otros para asegurarse de no estar perdiendo el sentido de la realidad.

Ahí estaban los brillantes reflejos de los ojos del Dengue tratando de penetrar esa oscuridad que tal vez temía que se cerrara otra vez sobre su pobre vida que sin embargo había logrado salvar, escondido entre los trapos de su camastro, un corazón bondadoso y una sensibilidad intacta.

-Aquí estoy.

Estaban ocurriendo muchas cosas y peligraba el estallido de una guerra civil. Grupos de militares tomaban las zonas aledañas a los cuarteles, conducidos por los hombres grises. Algunas comunas no se podían poner de acuerdo con nadie y seguían sin servicios públicos. En Carrasco un comité de vecinos había enarbolado banderas extranjeras. La producción de alimentos estaba casi paralizada.

-¿Han vuelto los ángeles?

-No.

-Bueno, vamos a la base.

En la Galería se encontraron con Giorgionne y su hijo Maximiliano que quería ser piloto cuando hubiese bolas suficientes. Ambos marcharon para la cueva del Queguay donde se concentraría el armado de las naves y los cursos de pilotaje, al mando de Ernesto. En el bosque quedaba el comando operacional: Manuel, la flaca, el Cholo y el Dengue. Los informes desde la capital seguirían en manos de Pepponne. Comenzaba la tercera etapa.

En 24 horas fueron visitadas 18 de las 20 comunas más activas, incluidas entre ellas las más intransigentes. Se lograron acuerdos importantes en continuidad de producción de alimentos y otros productos de primera necesidad. Se logró un consenso provisorio de funcionamiento basado en cinco puntos:

1) No hacer cambios al pedo hasta no estar preparados para sostenerlos.

2) Mientras no se arbitraran sistemas generales, el dinero seguía teniendo valor a la par que las libretas de intercambio.

3) Toda ley anterior seguía teniendo valor mientras no contradijera las resoluciones de las comunas.

4) Los delitos serían tratados dentro de cada comuna como brotes de enfermedad, priorizando la reparación del daño y la reinserción del rebelde.

5) Toda resolución puede ser revocada

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

viernes, junio 15, 2007

326 EL DÍA QUE SE INVENTARON LAS PALABRAS

Recuperada la libertad, lo primero que quiso hacer Ernesto fue ver lo que había quedado de Los Dogones, su vieja casa, donde vivían hasta hacía poco los recuerdos de su madre. No por su valor económico, del que nunca se había preocupado, hasta el punto de dejarla caer sobre su fama de casa maldita en la que hasta los postigos de las ventanas hacen el ruido que las puertas hacen en las casas con fantasmas. Eran los lugares, aquel sillón de palos curvados en la que creía recordarla hamacando entre los brazos una muñeca, idea absurda que siempre había combatido por saber que su madre no era aniñada y que nunca había tenido en la casa una muñeca. La puerta de la cocina, cuando el venía corriendo hacia ella que lo esperaba con las manos justas para detenerlo,… y se levantaba como el enderezar de una vara de mimbre, delgada pero fuerte y siempre con su sonrisa. Quería comprobar con sus propios ojos que no iba a ver nunca más aquellos rincones y escenas, aplastadas como decía Magdalena por la aplanadora de la oración caída del cielo. De alguna manera se tenía que despedir así como un día se despide uno de la escuela a la que no quiere volver, pero al cavo del tiempo fuerza la marcha un día para pasar a verla, aunque sea una vez, para que después deje de haber sido nuestra escuela. Y también podía ser el tiempo ya de terminar de enterrar a mamá Djenne junto con sus guijarros de colores y sus melodías tan dulces como el amor inocente y tan presagiante de tragedia a la vez. Tragedia. Era esa la palabra de su vida aunque no lo pronunciase. Atento cumplidor de lo que se hubiese esperado de él si hubiese nacido en la tribu Peul. Generosidad, valentía y abnegación. Por lo menos era lo que siempre había sentido sin que nadie se lo dijese en las tarde solitarias cuando su hermanos iban a la escuela y él todavía no. Djenne ya estaba enferma. Pero papá aceleró su muerte con la locura, porque era loco ya desde esa época, aunque él lo haya descubierto muchos años después de su muerte.
Comenzaba a clarear por el oriente cuando descendieron con las bolas sobre la calle enfrente de las ruinas, más que ruinas polvo y basura, que la brisa mañanera soplaba para entretenerse. Se acercaron, pisando buena parte de lo que había sido el material de la casona, hasta el borde de la depresión central, lugar que marcaba el hundimiento de la caverna, de su enorme bóveda natural que… Pero se sintieron observados y miraron primero la distancia que les separaba de las blancas bolas por si tenían que volver a ellas y después algo que se movía allá en aquel agujero que había quedado abierto bajo las levantadas raíces de aquel pino. ¡Era Trum Urum que les estaba haciendo señales de que se acercaran! ¡El viejo Trum! Como si hiciera tanto que no lo veían. Sino más bien que parecían haber pensado que junto con Los Dogones y la caverna se habían terminado los Tucu Tucus y los planes de llegar al planeta multiespecífico, o poliespecial, del que ellos, los jóvenes Tucus había dado ya aquel adelanto medio carnavalesco por las calles de los balnearios
Volvieron Cholo y Dengue a cuidar las bolas mientras Manuel, Ernesto y Magdalena siguieron bordeando la depresión para acercarse a donde Trum estaba. Entraron por el hueco y enseguida fueron conducidos a ver sobre el suelo de una parte no hundida, los planes y métodos constructivos, que iban a ser usados por una tropa de mil Tucus para reconstruir la caverna desde abajo, hasta dejarla lo más parecida posible a lo que había sido. Ya se veía pasar por las galerías comunicantes, mucha gente animosa, algunos con extrañas herramientas acopladas al correaje de cuerdas vegetales que llevaban puestos como si fueran chalecos. Y se sentían esos ruidos sordos que se producen en el aire de las galerías más angostas cuando un tucu pasa rápido, bombeando pulsos de viento comprimido. Confiaban plenamente en el éxito de la tarea, porque el éxito estaba asegurado por la posibilidad de reconstruir la unidad de las rocas de arenisca de modo que no sea una agregado de pedazos. Habían descubierto que la saliva, la saliva de Tucu al menos, producía un ablandamiento de la arenisca que aprovechado a tiempo mediante una fuerte presión reconstruía la unidad de la piedra. Lo importante era llegar al día de Tucum con la caverna intacta para recibir a los peregrinos de todas las comunidades.
¿Tucum…? –preguntó Magda.
-Si, nuestro Adán. El primer Tucu Tucu que supo que estaba pensando.
-¿Y como saben que fue el primero que pensó?
-No. Los Tucus siempre pensaron…y los otros animales también. Tucum fue el primer Tucu que se dio cuenta de que estaba pensando. Hizo tantos bailes y morisquetas extrañas frente a sus conocidos que estos terminaron entendiendo lo que les estaba diciendo. Que era un ser muy especial porque sabía que estaba sabiendo y que estaba tratando de hacerles entender que adentro no sólo hay tripas y sangre circulando sino que por algún lado habita un ser que se llama CONCIENCIA que empieza a manifestarse cuando uno sabe que está pensando. Todo eso lograron entender y está dibujado en todas la galerías importantes de nuestras comunidades. Entenderlo fue como que un rayo de luz se metiera dentro de cada cabecita preguntando qué es lo que estás haciendo, cómo se llama sino pensamiento eso que estás pensando que pensás. De pronto todos se hicieron concientes de ser concientes y festejaron con grandes bailes alrededor de Tucum por el aporte que acababa de hacer a la comunidad. Fue ese el día en que se inventaron las primeras palabras, aunque no todavía la manera de decirlas que fue el aporte de la generación posterior.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)