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lunes, abril 30, 2007

284: SEGUNDA ETAPA

En la cueva se encontraron con las bolas verdes. Habían entrado por una boca de Tucu que detectaron a tiempo. Eran tres y de unos sesenta centímetros de diámetro pero los pilotos seguían sin bajarse por que no podían respirar nuestra atmósfera y se querían retirar antes de agotar las reservas. Preguntaban por cual maldita razón andaban las naves celestiales patrullando esta zona, para ellos de las más pacíficas que habían visto a vuelo de pájaro por la tierra. Tal vez demasiado. Y afirmaban que los humanos y los tucus de aquí deberían ser buena gente si los de arriba los vigilaban de esa forma no dejando llegar a ningún forastero que pudiera venir a ofrecer algún apoyo o ayuda y que por lo tanto les ofrecían un tratado de amistad y recíproca defensa desde ahora que les habían descubierto. Sellaron el tratado Xooxum- Tierra Tierra-Xooxum. Lo dejaron caer sobre la mesita de vidrio y siguieron sus verdes caminos a través de las paredes, sin que nadie pronunciara palabra o pensamiento.
-Ni siquiera les pedimos la dirección –bromeo Dengue.
Después de las bromas formaron la ronda y se miraron a Manuel. Ernesto tomó la palabra para opinar que e país no daba más. Era el momento para iniciar la segunda etapa. Vittorio seriamente hacía sí con la cabeza mientras le devolvía el mate dulce a Margarita. Rulo se había puesto muy nervioso.
-Nunca se dijo cómo iba a ser.
Julieta le reprendió por lo bajo.
-Eso es lo que tenemos que decidir.
Colorado y todo Rulo dio su opinión.
-Un tratado con el gobierno para que saque la policía de esta zona.
-Ya lo intentamos…
-Además, los ángeles no obedecen al gobierno.
-¿Y entonces…?
-Manuel se acomodó el pecho.
-Les proponemos un pacto mafioso.
-¿Cómo mafioso?
-Cada vez que nos molesten les paramos el país. Ellos o los ángeles. Cualquiera que se meta en muestro territorio liberado que va desde el Parque Roosevelt hasta El Pinar y hasta La altura del aeropuerto.
-Y cómo convencerían a los de arriba?
-Ellos saben negociar.
El Cholo no estuvo de acuerdo, le parecía muy poco.
-Estamos en posición de fuerza –dijo.
-Pero, te parece que busquemos una guerra directa con los ángeles? No sabemos cuantos miles de bolas doradas pueden traer ni si somos capaces de derribar una…o si queremos arriesgarnos a ser derribados…
-Estaríamos siempre en peligro.
-Siempre. Porque no creo que cumplan ningún pacto. Pero debemos ganar tiempo para que nuestra estrategia de su resultados.
-¿La gente?
-Claro, aflojamos la mano pero todos los días hacemos algunas piruetas. Y además todo se sabe. Van a preguntar que pasa en esta zona. Nos vamos a encargar de que pasen cosas…
Cholo exploto en un grito de su propia sorpresa.
-¡Podemos armar un foco de anarquía!

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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jueves, marzo 15, 2007

241: ¡DOCUMENTOS!

Seguro. Ellos iban protegidos por la penumbra que ya ganaba espacio entre los montes. Sobre a Gianastasio era mayor la claridad, pero la gente andaba apurada tratando de terminar los ajetreos antes de que llegara la noche. Además que Trum, debajo de su gorra con orejeras, rellena de papeles, parecía un hombrecito bigotudo más que un roedor mutante que escarba por las noches galerías debajo de nuestras camas Marcharon por la carretera a bastante velocidad hasta cruzar el puente del 20 y medio. Después siguieron por el pasto del costado y a la altura de Aerosur, Trum ordenó detener el aparato para poderse bajar. Cruzó el alambrado con esa habilidad que muestran cuando quieren los animales y llegando a un matorral de chilcas que por allí había pidió a Ernesto que lo esperara y se perdió para abajo como tragado por la tierra.
Un rato después, ya con la noche cayéndosele encima Ernesto sintió que vibraba la tierra debajo de sus pies y supo que Trum volvía. Claro, volvía de gran conversación con otro tucu como él. Se asomaron entre las chilcas para pedirle que se acercara. El otro se llamaba Purdrum o algo así y era el principal contacto de los Tucus locales con los Maquis del sótano de la UTE. Ahora Ernesto desconectó el cable de la bujía a la Harley y se introdujo también por la boca de la galería, tras sus amigos que lo iban a presentar a Miguel, un vecino de San José de Carrasco que de día era farmacéutico y de noche terrorista.
Miguel los esperaba en el sótano con otros dos Maquis, una caja de vino y una jarra de jugo de macachines. La conversación fue directamente al grano porque los locales no eran ningunos tontos y estaban enterados de casi todo lo ocurrido con las bolas y los raptos. Se entusiasmaron mucho con la noticia de que pronto iban a tener una flotilla propia con la que podrían recuperar un cachito de independencia. Liberar aunque fuera un pequeño territorio donde por fin se llamara a las cosas por su nombre. Al pan, pan y a la mierda, mierda.
En media hora quedó sellado un pacto provisorio. Asistencia mutua y secreto. Intercambio de información y entrenamiento.
Volvieron entonces a meterse en la galería. Trum adelante, incapaz de desorientarse aunque fueran muchos los ramales que surgían a uno y otro lado, incansable, contento. Al salir la Harley tenía varios admiradores que la alumbraban con linternas. Eran policías. Trum se escondió de nuevo entre las chilcas mientras Ernesto llevaba la mano al bolsillo de atrás y comprobaba que allí estaban los documentos. Al cruzar el alambrado una luz se incrustó entre sus ojos. Documentos, esdeustedestamoto? Notienepatente tiene los papeles? Porque si no…No puede andar por la calle sin patente, don. Si no tiene documentos vamos a tener que llevarlo a la seccional con moto y todo… pero…aparte. Parece conservada con todas las piezas originales…Aunque es viejaza, no… Bueno vaya, don. Pero no la saque más a la ruta sin patente…Por lo menos a la ruta vio?

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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martes, enero 09, 2007

177: Tratado Militar Secreto

El Cholo iba adelante con Manuel y la flaca. Unos pasos más atrás El Dengue con Ernesto Federico que parecía diez años menor y con más entusiasmo que cualquiera. Por ultimo les seguía un perro callejero que solía andar por ahí. Por el lado derecho, alejándose en perspectiva, la hilera de grandes eucaliptos de siempre que se perdían después de la cuesta arriba del lado norte. Ellos entraron por los terrenos baldíos y cruzaron entre los pinos para no llamar la atención.
La flaca seguía hablando con Giorgionne, de vez en cuando emitía alguna exclamación tipo no te puedo creer y después callaba mientras del auricular seguía parpadeado la chicharra sonora mientras todos hundían sus pies en la arena, subiendo y bajando dunas.
Una versión muy incompleta de los hechos había salido en La República, recogiendo el rumor de la renuncia de de la Ministro de Defensa y titulando
CRISIS EN EL GOBIERNO
Sale a luz un tratado militar secreto
Vittorio se aprestaba a enviar el artículo en un correo electrónico pero eso no era todo. La oficina de Mujica había estado más visitada que nunca por gente que venía a expresarle el apoyo. Pepponne decía que era la pulseada más fuerte que él hubiera visto dentro del Frente. Y Giorgionne lamentaba que nadie hablara de las Bolas ni de la guerra cósmica.
Salieron a la luz del otro callejón y desde esa altura por la larga bajadita, allá adelante se veían aun los dos coches grises frente a lo de Manuel. En cambio, ni rastros de los sujetos. Se fueron acercando con cautela, es decir mirando bien el frente de la casa por si aparecían los grises y al mismo tiempo controlando los flancos y la espalda, no fuera cosa de quedar encerrados en un sanguche.
A treinta metros de los autos todavía no pasaba nada más que algún temblor de piernas por causa del crispamiento de la atención puesta en un solo punto. A los veinticinco a la Magda, que había cortado la llamada, le pareció ver algo gris por el costado de la casa, pero cuando volvió a mirar no había nada. A los veinte se separaron en dos alas y un centro. El ala derecha, contra la zanja eran Manuel y Magda. La izquierda del lado izquierdo estaba formada por el Dengue y Ernesto Federico. En el centro de la calle seguía el Cholo, avanzando a grandes pasos, con la cabeza erguida y tirada levemente para atrás, acompañando el ángulo de su lanza en ristre, enfundado en una remera negra de Los Piojos y reclamando a los dioses del universo, so pena de cruentas represalias, la puesta a punto de la anarquía universal. A diez metros se tuvieron que detener porque…no podían avanzar. Habían llegado hasta el lugar donde terminan los lugares, por lo menos hacia delante, aunque se siguiera viendo allí a los autos parados y el pastito de delante de la casa de Manuel con el sendero entre los dos árboles grandes y se supiera que por entre los dos árboles se puede caminar, eso no existía. Más que como una película proyectada sobre algo más cálido que un vidrio pero tan intáctil como suele ser el aire. Fueron entonces caminando contra esa pantalla sin dejar de mirar lo que pudiera ocurrir en la escena y al cabo de unos minutos comprobaron que aquellos estaba describiendo un círculo con centro entre la casa y los autos. ¡El círculo pasaba por la mitad de la casa del Toba! En la casa no había nadie, pero el perro había quedado dentro del círculo. Al verlos empezó a ladrar amistosamente y respondió a las palabras de Manuel –el sonido atravesaba bastante bien el muro de aire, así que…- Entonces Manuel tubo la brillante idea de chumbar al perro señalándole su propia casa. Hizo ese gesto con la cara y con el índice pinchando en el aire una sola vez, porque el perro salió como loco saltando obstáculos y revoleando las orejas hasta que entró por el costado del terreno derecho a la puerta de la cocina que seguro estaba abierta. Se sintieron ladridos de otro tipo y por momentos, algo parecido a un grito humano cuyo posible emisor apareció saltando en una pata, la que el perro estaba mordiendo, por el frente de la casa seguido por los otros grises que pistola en mano no atinaban a apuntar bien las armas sobre el bruto por lo movedizo de la escena.
Manuel se quedó pálido –lo van a matar- pensó y sin pensar más le hizo al perro el mismo silbido que le hace el Toba para llamarlo, con lo que el animal soltó enseguida su presa y corrió el regreso casi junto con las balas que en seguida los sujetos empezaron a disparar hacia ellos. Suerte que las balas rebotaban contra la burbuja energética apenas haciéndola vibrar como una campana.