jueves, marzo 13, 2008
492, Mi Madre
-¿Te manda mi madre...?
Algo le había contado Dengue de la extraña historia de aquella mujer africana, la madre, muerta en esa misma casa, cuando Ernesto era aún un niño. Y algunas cosas más, pero nunca las suficientes como para entender este aparente ataque de pánico, ni mucho menos por cual razón se le ocurría pensar que él fuese un emisario.
-No... no me manda nadie...
-?Pero entonces de dónde sacaste lo de la caverna...?
-Porque he vivido en ella... ¡Hemos vivido!
-¿Vos y... mi madre...?
-No. Con vos y el Cholo y Dengue y... mi madre.
Ernesto chasqueó los labios. Iba dejando apenas de lado el miedo y ya se mostraba molesto. Por un momento había estado olvidando las claras señas de locura que ya le había mostrado el muchacho. Se había dejado llevar por la emoción, esa particular emoción que siempre está dispuesta a pintar fantasmagorías que le llenen en el alma aquel doloroso vacío. Esa región que se empeñaba en olvidar sin lograrlo, ni a través de los más fervorosos razonamientos científicos que resonaban dentro de su cráneo como los acompasados ronroneos de una oración. Los muertos, muertos están. Sin vida no hay pensamiento. Sin pensamiento no hay alma. Mamá no volverá.
-¿En serio, no te acordás de nada?
Por otra parte no dejaba de ser preocupante que un segundo loco viniese con la misma historia de la caverna...
-Dentro del aljibe estaba la escalera... y en el fondo, una entrada a la rampa que hace poco terminaron los tucus... ¿Te acordás de los tucus... de Trum Urum?
Tucus...!... bichos peludos, decía ella...! Habla como si fueran personas... como hacía mámá refiriéndose a las cosas, pero... no pueden haber dos locos iguales... ¿Por qué ellos...?
-Sobre tu estufa tenías la fotografía de un amigo tuyo... un tucu...
-¿Tenías...? ¿Entraste alguna vez a mi casa?
-Muchas veces, hace como dos años me salvaste de los ángeles.
(Qué increíble, otra coincidencia, ella... Decía que los ángeles habían venido de Sirio, la estrella hermana.)
-¿Te acordás...? Y me hablaste como que eras un hombre primitivo... allá abajo, en la caverna...
(Y ella decía que el hombre primitivo había sido mejor, más bueno e inteligente)
-Y me quisiste hacer olvidar todo con una bebida hecha con hongos, pero te hizo mal a vos y te caíste envenenado...
( El veneno. Eso también. Ella opinaba que toda la comida estaba envenenada y que por eso nadie le creía cuando afirmaba que allá abajo había una cueva habitada por un montón de bichos peludos.)
Después de que te arrastré por los pies empezaste a confiar en mí y me trajiste acá arriba... me mostraste la foto del viejo Dunga, el padre o abuelo de Trum... todos tucus...
(No era acaso Dunga, o dnunga el apodo cariñoso que papá le había puesto?)
-Y entonces tu computadora empezó a lanzar alarmas porque... venían los
ángeles!
(¡Ahí estaba! La continuidad de la idea... "El viejo Dunga" estaba en la foto, en ese lugar donde tengo la foto de papá... papá es "Dunga" y a ella le dice "Dnunga" que creo que es el femenino...! Ahora...¿Computadora, alarma, los ángeles...?)
-Después me saliste conque yo era un predestinado y me fui a la mierda.
Ahora Ernesto aprovecho para largar las tensiones. Tras un primer pequeño resoplido de risa, se fue soltando y al momento se reía a carcajadas, de una manera patológicamente exagerada, tanto que cayó sobre tierra retorciéndose de risa sin poder detenerse a respirar.
viernes, septiembre 28, 2007
397 Mi China Pal Cuando
Sigo acá. Sí, yo, Eustaquio Villalba, un servidor de ustedes a los que les he transmitido tantas cosas y por eso creo tener un poquito de derecho a también opinar de vez en cuando. Me disculparán si encuentran que mi estilo literario no es el más correcto, ni el más en uso, pero es que…soy un hombre del interior que ha mamado en la vertiente más criolla de nuestro lenguaje y que aún sin querer todavía usa algunos giros que pueden parecer arcaicos. Por llamarle giros, como hacen algunos, a lo que no es más que un decir, un decir pasado de moda, que todo pasa de moda y las palabras también. No porque sean feas, que se hace difícil decir que una palabra pueda ser fea, pero fea mismo. Y peor, que hayan sido lindas un día y otro se hayan vuelto feas. Como la palabra “truje”. ¡Qué linda palabra…! Para mí, claro. Puesta en la frase:”cuando truje mi china pal rancho” como hizo un grande de las letras…y yo recuerdo a una maestra mía retar a los otros gurises por pronunciarla comúnmente, en uso de su derecho de co-propietario y co-autor del lenguaje que entre todos conversamos. (Feo es decir como he dicho esos co seguidos por un guión) Tampoco dejaban decir “haiga” ,“albertí” ni tantas otras que a veces estaban en pleno uso hasta en Montevideo.
Pero habíamos empezado por los giros del lenguaje que no es lo mismo que hace el Bosco ese, verdadero o simulado, cuando empieza diciendo una cosa y termina diciendo otra a lo largo de una misma oración. ¿Ve? Esa palabrita inofensiva, “oración” que nata tiene de cacofónica o chirriante, sin embargo a mí se me hace antipática como si una oración pudiera ser una oración. Muy pocas veces las dos son la misma cosa. Muchas otras una oración es una demanda airada, una declaración de amor muy sentida o una palabra sola como adiós.
Cuando escribe Bosco, ustedes habrán notado que parece que en medio de una frase se olvida de lo que estaba diciendo y empieza a decir otra cosa. ¿Cambiará de opinión tan rápidamente? Porque uno puede suponer, o que se olvida o que empieza muy decidido a decir algo que mientras se lo dice a él mismo se da cuenta que estaría meando fuera del tarro y entonces cambia para cualquier lugar tratando de que no se note. Han de ser cosas de la estilística, como dicen que era en el barroco cuando retorcían las formas de las cornisas y también las partes de la oración (otra vez) de modo que quedaran desencontradas como si dijeramos “truje rancho mi china pal cuando”