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miércoles, abril 28, 2010

811. Siempre habrá excepciones

Se dio vuelta ya con los ojos bañados en lágrimas mientras dentro de su cabeza resonaban las palabras pronunciadas recién. No, no eran una broma, no podrían nunca serlo, iguales, exactamente iguales a lo que habían una vez conversado, para el caso... Vio que Magda le sonreía con un candor nuevo que no agregaba sonidos a lo ya dicho. Dejando que lo mismo se siguiera diciendo en continuo dentro de la cabeza de Manuel y en el ámbito infinito que les rodeaba.

Estaba claro.
Magda llevaba dentro de su vientre un hijo...

... y como lo había bromeado una vez, ahora se lo decía, su hijo, el mosntruo de siete cabezas que iban a tener en esa misma casa para que por ella corriera, y en los montes, y en la playa y... y sí, también, por los espacios y las dimensiones, si es que al gurí alguna vez se le ocurriera repetir las locuras de su padre...

-Un hijo...

Que no se llamará Manuel... Ni tendrá por qué serle demasiado parecido. Por ejemplo... Hasta fubolero podría ser que fuera y que no le gustara dibujar, ni leer historias locas de esas que se nos meten en la cabeza y que nos hacen ver todo de nuevo como cosas que nunca habíamos visto, aun sin  tener un abuelo fuera de serie que sin que haga falta, nos empuje todavía más hacia las fronteras del infinito...

No el muchachito iba a ser un gurí normal... o muchachita... ¿para que se fuera a complicar la vida con cosas que nunca se terminan de entender?

De casa a la escuela y de la escue... Bueno...! Con algunas excepciones, ja ja!

Lo de siempre. Zafar de las prisiones que nuestro mismo pensamiento nos fabrica, presentándonos como ideal aquello que nunca conocimos, y que hasta a veces, no sabemos cuanto deseamos. Las flores del jardín de enfrente...

-Un hijo o hija...

Una historia personal que se iba a empezar a escribir y donde nosotros pasaríamos a ser personajes bastante secundarios, como los telones de fondo donde el horizonte y las mantañas sirven para dejar ver la escena principal  del primer plano... Hacia donde los reflectores apuntan con sus manojos de cables colgando y hasta hombres montados sobre articulados brazos de hierro.
Y encima una historia que no conoceremos más que en partes a medida que vaya transcurriendo a la luz del día. Sólo la parte visible, porque la otra...

-Bueno, aquí comienza la otra historia.:


FIN DE LA PRIMERA PARTE DE LAS BOLAS DE MANUEL





domingo, septiembre 06, 2009

732. Al carajo

Ante la impávida mirada de sus amigos, Manuel quiso explicarse diciendo que a su parecer ninguna verdad es única con respecto a cualquier cosa. Que siempre hay muchas verdades distintas que son verdaderas al mismo tiempo.

-Como las cartas de un mazo de barajas. Cada una es distinta, pero cada una es una verdadera baraja de ese mazo. Aunque hayan cosas increíbles como que al principio me sostuviera ese piolín, mientras la realidad se iba volviendo a lo que casi siempre es, porque cuando eso volvió, yo fui recuperando el peso y entonces el pìolín reventó...
-Y después...? -preguntó Dengue.

Manuel se detuvo.

-¿Pero entendiste lo que dije antes?
-Sí, que todas las cartas son iguales.

La impaciencia de Manuel se calmó con la sonrisa de Magda.

-Decía que hay muchas maneras de entender la realidad, según cómo la mires... Es como cuando uno escucha una orquesta con muchos músicos y muchos instrumentos. Podés atender a los que tocan la melodía esa que después chiflás en el baño. Pero podés también atender, y después recordar lo que toca algún otro instrumento, y también tararearlo. O tambien podrías escuchar el zumbido de las respiraciones de los músicos o el retumbe de sus corazones y hasta gravarlo, para después volverlo a escuchar junto a otro, que no sabe nada, y que va a opinar que eso nada tiene que ver con el concierto...
-Vos decís que los corazones siguen el ritmo de la música...?
-No sé si seguirán el ritmo pero son parte del concierto y si ellos no latieran se terminaría la música. Ja ja.
-Está bien eso... Así que vos decis que...
-Que aunque eso no se parezca a lo otro, es parte de la misma realidad.- Acotó Magda.
-Porque la realidad tiene muchas capas, como la cebolla...- apenas completó Manuel antes de que sus ojos se fugaran por los vidrios de la ventanita del frente tras una fugaz imágen de alguien que pasaba.. Shaka Zulu a largos pasos por el medio de la calle.
Sintió un impulso de gritarle pero se contuvo.

(gritarle qué?)
(¿ridículamente, papá?)
(tal vez ni siquiera lo sepa)
(aunque tendría que sospecharlo)
(Margarita pudo haberlo ocultado)
(además...)
(decirle qué?)
("señor Shaka Zulu, le pongo en conocimiento de que soy su hijo!)
(¿y si ya lo sabe y no le interesa?)
(y si...)

-Manuel...

(por otra parte casi ni me parezco a él)
(mezcla como soy de tantas cosas)
(vasco con negro mandinga y hasta un poco de charrúa)
(igual que la verdad)
(porque si nos juntamos, entre todos somos yo)
(ustedes, nosotros y el don yo)
(nosotros alrededor)
(yo en el medio)
(pero parece que nos están llamando...)
(juntémonos...)

-¿Qué...?
-Que te habías ido al carajo.

Magda intencionadamente miró a la ventana y volvió la vista a él.

sábado, abril 04, 2009

675. Manuel Mentiroso

Así no más el señor rico le estaba diciendo que su hijo era un mentiroso. Nada menos que Manuel un mentiroso! Imaginativo, tal vez. Muy imaginativo y capaz de  expresarse de maneras extravagantes. Con ese humor del que hace gala sin importarle que ella  no resonara en la misma frecuencia, aun siendo su madre, y compartiendo una manera de ver el mundo fuera de todo prejuicio...¡Pero mentiroso, no!

-¿Conoce usted a un tal Yaka...? Yaka Zulu, le dicen.

¿Pero sería posible que no se pudiera hablar de otra cosa...?

-Manuel lo trajo y le presentó como su padre Mandinga. ¿No lo conoce...?

No le iba a contestar eso.

-Es un tipo medio extraño que vive  en una casa metida dentro del monte...

No le gusta y ahora me va a decir la razón.

-Tiene fama de brujo... aunque no es mi intensión desmerecer la ciencia de nuestros antepasados... pero es que ahora...

Ahora está mal vista la brujería.

-... por lo general se dedican a esas cosas los embaucadores que quieren sacarle el dinero a la gente...

A Manuel no hay peligro de que le saque mucho.

-... o dominarles psicológicamente.

Tampoco hay peligro. Lo único extraño es que anden juntos y hablando como padre e hijo! Está claro que él se lo ha dicho... ¿Lo sabría desde siempre? O por alguna razón llegó a darse cuenta. El parecido...

-... no es que quiera meterme en sus cuestiones personales, pero no creo que sea su padre...

Ah, mirá. Hasta tiene opinión formada sobre eso!

-... siendo que usted no lo conoce.

Elegante.

-¿Pero por qué entre los dos habrán inventado esa patraña?

Voy a tener que decir algo.

-Ninguna patraña. Si Manuel dice que es su padre ha de serlo no más.

-¿Y usted... no lo sabe?

-Fue una violación en una noche oscura.

-¡No me diga! ¡Ah, pero que situación impresionante!

-No. No, no me haga caso... Era una broma.

-Una broma...?

-Sí, disculpe. Detesto las conversaciones serias.

-Pero es que Manuel nos ha mentido a todos. Nos ha vuelto locos detrás de una endiablada historia, tejida alrededor de los verdaderos delirios de este muchachito Dengue, que creía tener a otro adentro.

-Embarazado?

No, poseído. Poseído por otra persona igual a él, o casi igual, con el mismo nombre, pero sin cuerpo.

-Pero eso no ha de ser posible.

-Por eso le digo que nos mintió.

(Ajajá, ese es mi hijo. Con sus eternas historias complicadas de cuando era un niño y papá le estimulaba la imaginación para desarrollarle la inteligencia. Qué gracioso. Claro, todos son extraterrestres que han llegado y se han encontrado conque en la tierra ya estaban sus dobles!)

-No será que quiso decirles otra cosa...?

-¿Qué cosa?

-Otra cosa... No sé... Tal vez no le entendieron. Es muy observador, y a veces habla de cosas que los otros no han observado...

-Decía que iba a tratar de sacar uno de los que estaban dentro del otro!

-En un sentido figurado, seguramente.

-Cada uno hablaba con una voz distinta...

-Entiendo. ¿Y después qué pasó?

-Que cuando a Dengue se le terminó el delirio Yaka se fue sin saludar. No podían seguir con el teatro...












miércoles, abril 01, 2009

674. Conversaciones

Fue cuando Margarita recuperó el hilo de una anterior conversación interrumpiera con Magda dos meses antes. Que decorara no más a su gusto la casita ya que en ella estaba viviendo, sin problemas, ya que ella -Margarita- no pensaba volver, a no ser algún día de vez en cuando a visitarles. Qué más quería ella que su hijo estuviese siempre acompañado con la misma muchacha, aunque eso pudiese sonar demasiado convencional en su boca, después de haber cambiado quinientas veces de compañero. Pero era así y recién se animaba a reconocerlo. Que la variedad es hermosa pero en demasía cansa, y especialmente... Se lo iba confesar entre mujeres.

-Mi vida loca le quitó a Manuel el padre...

Manuel se acercó para inquirir:

-Tuviste algo con el Yaka, vos...?
-Ah, Manuel! ¿Con el Yaka? Mire si voy a... Bueno, hace veinte años no estaba
mal.... Pero fuimos amigos muy poco tiempo.
-El suficiente?

Ahora molesta.

- Qué se yo... Pero de qué hablás? Ah, ya te he dicho tantas veces que no puedo saber quién fue tu padre. Por qué insistís...?
-Porque creo que Yaka Zulu es el padre de mi hermano Manuel, el de aquí. ¿No les ves un parecido...? A vos Magda, qué te parece?

Margarita se apresuró a llegar hasta la cama, todavía, de Dengue, a interesarse por su salud casi sinceramente del todo. Vittorio le presentó a Ernesto Federico que se conocían del barrio sin haber intercambiado palabra. Lo recordaba más joven saliendo por esas calles a llevar de paseo a su madre en el carrito lateral de aquella enorme motocicleta de manubrios anchos. Ella apenas asomaba la cabeza, aquella carita ovoide, renegrida, debajo de una capelina rosada nácar. Decían que era loca. Y que el muchacho terminaría yendo por el mismo camino si persistía en llevar esa vida de monje tibetano. Que había tenido un hermano que se quedó en Brasil cuando el suicidio del padre, parece que internado en una clínica, de por vida, manoseándose manchas de sangre imaginarias. El hombre, brasilero de origen, según todos más loco que millonario y excelente violinista, miraba a la gente como desde detrás de un muro de orgullo. El hijo, no. Este.

-Mucho gusto, en realidad.... nos conocíamos aunque nunca habláramos.

Ahora se acordaba de aquella conversación que una vez había oído, entre su propio padre y este sujeto, en el galponcito de la otra casa. Hablaban de ciencia y de inventos a medio fabricar. De viajes en el tiempo, hacia el pasado, decía este, explicando luego que tras las huellas de los primeros hombres para recuperar el primitivo sentido de la humanidad, anterior a toda la confusión que después vino. A ella le había causado gracia que un hombre tan musculoso se preocupara de aquel modo por el destino de la humanidad, lástima que no se diera cuenta todavía de que la única salida era fundar una humanidad nueva, liberada de las posesiones de todo tipo. Que el pasado debía ser dejado donde está. Y comenzar desde cero... Claro que ahora ya tampoco estaba tan segura.

-Te recuerdo del liceo de Solymar.

Claro! Oliveira. Increíblemente el mismo que después veía en la ferretería o en la farmacia. Antes del suicidio y después, y algunos años. Heredero de una fortuna que también transforma a los que se dejan seducir. Aunque generoso.

-Tu hijo es muy extraño.
-¿Mi hijo...?

Casi había dejado traslucir una entonación irónica.

-Sí... Nos ha tenido en vilo con una historia complicada que ahora parece que ha sido un invento suyo... ¿Tiene costumbre de mentir...?



miércoles, marzo 25, 2009

671. La última hippìe

Dijo llamarse Margarita y bromeó con aquella del percal reencontrada por Gardel fuera del rioba. Artesana y cultivadora de todo lo que no fuera convencional. Vegana, ya no. Ni siquiera vegetariana porque. Ni mucho menos del New Age, como se te ocurre? Acababa de decir que anti-convencional. Hija de un sabio y de una señora de profesión labores, ambos muertos en su ausencia,cuando a la temprana edad de catorce años huyera de su hogar sin ningún otro motivo que el deseo de conocer la verdadera libertad, aquella que se construye a mucha distancia de la gente responsable.

-Podríamos decir que vengo siendo la última hippie.

Vittorio siempre había sospechado que algunas de las adolescentes de antes deberían sobrevivir en alguna parte, fuera de las universidades privadas y los cursos de pos grado, pero no así. No tan así, tan... Lo estaba viendo mientras ella hablaba sin complejos mostrando su abundante dentadura y esos hoyuelos en las mejillas laterales. Parados ambos, mientras el coche perdía velocidad, para bajarse ambos, casualmente en la misma parada de Lagomar!

Se bajaron y todavía hablando se encaminó a cruzar Gianastasio  hacia el norte, por el mismo lugar que él, aunque después, según dijo, debiera doblar a la izquierda y apurarse a llegar a la casa de su hijo antes de que apagaran las luces. No le gustaba golpear.

Vittorio aseguró que a él tampoco, y sonrió estúpidamente a la espera de que ella se tomara el trabajo de descifrar el chiste, o inventar él otra cosa para ver la posibilidad de no separarse todavía. Parecía que no le disgustaba...

-Yo también vengo a la disparada a atender un muchacho enfermo...
-Ah, sos médico?

Alarma por curso de colisión entre el significado de la palabra "médico", dicha así con desparpajo y el significado de la misma palabra para una generalidad.

-No, no, médico no. Amigo,... vengo más bien por amistad y...
-Bueno, sigo mi camino... No quiero despertarlo a Manuel.
-¿Manuel...? Bueno es un nombre común...
-Manuel es común, pero Manuel Aquelarre hay uno solo y es mi hijo.
-¿Aquelarre Goiticoechea?

Tres meses que no lo veía y ahora que por fin había podido venir a Montevideo a buscar piedras negras para sus obras, no iba a pasar de largo sin ver al muchacho más perfecto nunca visto. Su hijo Manuel. No por su mérito, sin embargo. Sino tal vez todo lo contrario, por su falta de responsabilidad como madre.

-La libertad siempre está plagada de errores.
-Lo tuviste muy joven?
-No tanto. No sé cómo hice para no embarazarme antes de los diciocho!
-Bueno, entonces vení conmigo. Yo sé donde está Manuel ahora





miércoles, agosto 20, 2008

585. Viaje por el MULTIUNIVERSO

Al cabo de unos segundos, cuando todavía los ojos miraban el lugar de la desaparición, desde la puerta del fondo, una grosera carcajada resonó, llamando la atención sobre la enorme mano que se se asomaba y saludaba desde la abertura. Otra de sus bromas. Porque enseguida tuvo que reconocerlo, al ponerse a explicar que no era el medio que les acababa de mostrar el que usara para viajar entre los mundos del multiuniverso. Sino que lo hacía siempre en bola. En esa, que por un descuido, acababa de destrozar sobre la copa de un pobre duraznero; diseñada por Germán Oesterheld y el abuelo de Manuel, y fabricada por Los Maquis de Lagomar, grupo del que formaban parte los ahí presentes.

-Magdalena Rojo y Manuel Mandinga, mi hijo.

Los muchachos argentinos poco se interesaron por las relaciones de parentesco y mucho, en cambio, por la imposibilidad material de que aquel ruinoso conjunto de alambres y tiras de papel pudiera alguna vez, antes del accidente, haber formado parte de una nave, ni tan siquiera intergaláctica. ¡ Nada menos que inter-universal !

Preguntaron cual sería la tercera broma y entonces rieron todos juntos.

-La broma más cómica es que les he dicho la verdad, -concluyó Mandinga, antes de ponerse a dar explicaciones.
Dijo que al espacio y al tiempo no había que tomárselos tan en serio, no siendo más que algunas de las tantas dimensiones que determinan el conjunto de la realidad.

-Es posible viajar por el espacio conocido o por el desconocido si logramos manejar las resonancias aditivas y sustractivas, adecuadamente. Ejem. Ejem.

No se lo tomaron en serio. Alegaron que con aquel montón de basura no era posible formar más que una especie de globo de papel, grande por cierto, pero incapaz de soportar el menor rigor de la intemperie, por no hablar de vacío interplanetario.. Querían una verdadera explicación, que justificara la paciencia que le estaban teniendo.

-¿O acaso esto no es más que una historia fantástica?

-Ja, ja. ¡Fantástica es la realidad!
-¿Acaso no es verdadera?
-Claro que es verdadera. Es lo que hay, valor. Pero es bastante más fantástica que lo que ustedes suponen.
-¿Se puede respirar en el vacío?
-No. Ja já.
-¿Se viaja a otros mundos sin salir de la atmósfera?

Ahora Mandinga se puso serio y con las manotas agarradas a la espalda comenzó a ir y venir por el centro de la habitación mientras hilvanaba las siguientes palabras entre lagunas y sonidos guturales.

"UNA BOLA... NO ES PROPIAMENTE UNA NAVE...EEE....ES...VIENE A SER EN SI MISMA UN UNIVERSO PARALELO...QUE SE RELACIONA CON ESTE,... POR EJEMPLO... A VOLUNTAD Y CON LA INTENSIDAD QUE SE QUIERA... EEE.... DE MODO...EEE... QUE SI SE QUIERE SE RELACIONA, ES DECIR QUE RESUENA... DE LA MANERA ADECUADA... CON UN LUGAR CUALQUIERA DEL UNIVERSO QUE.... ESTÁ VISITANDO... TODO ES CUESTIÓN DE... SINTONÍA"

(Hemos remarcado el texto porque pasa inmediatamente a formar parte del Archivo de Historia del Futuro, que acabamos de fundar. Nota de la Redacción de Las Bolas de Manuel.)

Jarumi y Toshiro de pronto se descubrieron en una mutua mirada de dudosa admiración. Por otra parte la expresión de Jarumi cedía manifiestamente el protagonismo a su hermano.

-¿Las partículas no existen, siendo apenas una fórmula ondulatoria restringida, a una zona espacial, pero potencialmente irrestricta?

Mandinga se sorprendió mucho.

-¡Yo no lo hubiese dicho mejor!

Toshiro y Jarumi eran aficionados a la física cuántica y, aunque poca cosa entendieran, sentían que de la cuántica brotaba una especie de magia poética que les transportaba al mundo de nunca jamás.

-¿Querés decir que la distancia también tiene su fórmula ondulatoria? ¿Que el espacio es también onda?
-Ondas. Millones de ondas que se interrelacionan mediante consonancias o disonancias. "El lenguaje Verdadero", como decían los profesores.
-¿Y la consonancia se puede dar a distancia?
-La distancia no existe en sí misma. Es el resultado del conjunto de algunas consonancias y ... eso...
-¿Y por qué lo persibimos de otra manera tan distinta?
-Tal vez por razones de economía o de estética...



viernes, agosto 15, 2008

583. Begonias Afrodisíacas

Ya adentro el protagonismo de Mandinga pudo mucho más que las serias intenciones de Toshiro. Se habló, es decir,Mandinga habló, de todas las vueltas que había tenido que dar por un puñado de mundos de los que se decía haber recibido extraños visitantes. Vueltas en las que había causado molestias a todos las versiones habidas y por haber de ellos mismos y de todos los que por una causa o por otra pudieran haber tenido contacto con ellos. Molestias decía, porque suele parecer molesto a los humanos, que le aparezca de pronto un sujeto desconocido a entresacarle información acerca de sus relaciones familiares o sociales, con el cuento de que andan por ahí perdidos, un par de parientes paralelos, de esa clase de paralelismo que nada tiene que ver con la geometría, o sí, aunque valga más no mencionarlo. Por fin había encontrado el último mundo donde habían estado y del cual se habían borrado instantes antes del gran desastre que casi devora en un incendio toda la casa del viejo Abelardo en esas dimensiones. Satanás seguía con su juego. Él ya se había dado cuenta. El, Mandinga. Se había dado cuenta de que el hijodeputa estaba divirtiéndose como el gato con el ratón rengo. Lanzándolos a ellos adelante y viendo cómo el desgraciado de Mandinga se ponía a olfatear el Poliverso en busca de pistas que siguiéndolas le pusiera al alcance del zarpazo del maldito chivo. Y no era por hacerse la víctima.  Porque lo volvería a hacer cuanta vez fuera necesario, por mucho riesgo que eso supusiera, porque, y recién ahora se daba cuenta, sencillamente no era capaz de renunciar a la búsqueda. Las ideas le habían bullido en el cerebro durante mucho tiempo. Las ideas, esas, que él antes hubiese jurado que nada le importaban, que no entraba dentro de su mente ninguna idea semejante a paternidad y todas las obligaciones que se supone van juntas. Pero las ideas no nos pertenecen del todo y a Mandinga se le habían revolucionado, poniéndose a dictarle cátedras de moral, en lenguaje muy crudo y directo. ¡A él! ¡Justo a él! Ja.
Y todo lo que decía, empero, era bastante verdad. Que en un principio se había olvidado casi por completo de aquella blanquita que una noche de candombe había compartido con él la diversión en todos los sentidos. El hecho de que él se hubiese hecho amigo de Abelardo, fíjense que casualidad, muchos años después, algo completamente casual y parecido a lo de hoy, Germán cayó con una de las primeras bolas, que había fabricado, en el jardín de begonias afrodisíacas de mi viejo.

-Ja, ja. Mi viejo lo quería matar!

Hasta Toshiro se había olvidado de sus dudas y, al igual que los otros, se había quedado a las espaldas de los uruguayos pero tratando de no perderse palabras de aquello que por enredado e increíble merecía ser  la pura verdad. Incluso hicieron alguna pregunta, para terminar de imaginarse la clase de realidad que pudieran tener esos mundos. Descartar las ideas de imágenes virtuales o mundos potenciales y concebir aceleradamente que la materia organizada no es más que la organización de millones de datos, o los que sean, que forman un paquete animado por una cantidad equis de una cosa que se llama energía y que está determinada por otro paquete de información. Eso sería lo que se guarda en un disco rígido. Después están los millones de otros discos rígidos, que, sin embargo, al menos muchos de ellos, habrían de ser sumamente compatibles con otros muchos, porque nada es único en un sentido absoluto. Lo que no entendieron del todo fue eso de que existan muchos niveles de dimensiones que no correspondan pon ninguna idea de dimensión, como el amor o el pensamiento, y que éstas también, aunque distribuidas de forma muy despareja, aparecieran con una versión propia para cada uno de los universos paralelos.

Mandinga dejó de contestar preguntas para volver a su historia.  Quería ir al punto del tiempo en que por primera vez se le había ocurrido que Manuel pudiera ser su hijo. Aquella noche que todos cenaban en la gran caverna de Ernesto y que Margarita, bajo el brazo de Giorgionne giró su cabeza y dibujó en su cara un pequeño tirón de un sólo musculito de su mejilla de un modo peculiar. De algún modo que él ya tenía registrado en  flashes de una cara de mujer, de alguna vez, en algún lugar, pero que, era posible que fuera común entre las mujeres blancas. Sólo después comenzó a ver cómo esa pequeña idea de un momento preciso, comenzaba a crecer y a fortalecerse razonando en base a los datos que de oídas recogía. Preguntarle a Abelardo arrojó pocos resultados aparte de tener que escucharle rezongar un buen rato con el tema de los amores alocados de su hija. Según él, Margarita había dedicado toda la vida a demostrar que él como padre era un viejo gruñón y anticuado. Para eso había encontrado un método infalible: Hacer cosas cada vez más disparatadas hasta que él, como padre, no tuviera más remedio que intervenir. Después encima, el ataque del probable suegro al probable sinvergüenza que probablemente había embarazado a su hija adolescente, abandonándola con un hijo en la panza. Me cago.


Lo del accidente, arriba del duraznero... Bueno, la verdad es que venía distraído, jajá!




miércoles, agosto 13, 2008

582. Gente rara

Toshiro se puso a explicar la diferencia que existía entre necesario y suficiente y les hubiese llenado la cabeza a todos de difíciles conceptos si no fuera que en ese preciso momento se sintió un estruendo apagado provendiente del costado y el fondo del parque.
Salieron, asomando una cabeza primero y después dudando, porque, a no ser Magda y Manuel que a esa altura ya se estarían haciendo la película de lo que iba a ocurrir en los momentos sucesivos, los otros cuatro, los de los ojos rasgados, los abrieron muy grandes, porque no podían entender ni con que criterio juzgar aquello que veían salir de entre un montón de alambres y pedazos de papel rajado. Parecía un ser humano, grande y torpe, con la cabeza revoleando rastas, enfundado en una camisola caribeña y con un cacho de cubierta de auto atada en cada pata. Salía de entre las tiras de papel, como un enjendro grotezco, aunque risueño. Avanzaba a zancadas como si estuviese bailando, mientros los otros razonaban a toda priza sobre la posibilidad de que el dirigible de papel le hubiese caido encima al pobre hombre. Correr a ayudarle, o esperar, a que la situación se aclare un poco más, vaya uno a saber...
Manuel quiso presentarlo:

-El es...
-Probablemente tu padre, -interrumpió Mandinga ya llegando al grupo.

Por supuesto todos hicieron silencio menos las tripas de Manuel que se pusieron a hacer toda clase de trasbasamiento de líquidos orgánicos y a retorcerse. No podía tomarse en serio lo que estaba diciendo el tipo, ese bocazas, y además a él que le importaba si fuera que fuera que fuera que fuera su padre. Que fuera! A el que le iba a importar? Pòrque nunca le había importado aunque a veces se haya puesto a imaginarlo, por nada, por pensar en algo, y se lo imaginara más o menos así, aunque no tan bruto. Que fuera. En realidad ya se lo imaginaba desde que su madre paralela de aquel mundo le dijo que el negro tamborilero famoso, de la historia de su madre, la verdadera, era un negro de la nación Mandinga. Por lo demás, bien como dice la flaca:"pero si fuera así, ¿cómo es que cuando se encontraron otra vez de frente, allá en la caverna, ni se mostraron alarmados, ni hicieron nada que llamara la atención." Aunque yo le conteste casi siempre que no fuéramos a hacer de aquello un teleteatro lleno de coincidencias e hijos desconocidos, estaba dudando.

El hijo del diablo, ja ja, venía siendo yo, o de Mandinga por lo menos, medio diablo. Con razón me perseguían tanto! y me querían reformar moralmente a cada rato... Después matar...
¿Qué le digo...? ¿Le diré algo? No sé que se acostumbra a decir en estos casos, ja, que tu padre aparece de entre los escombros de su nave interdimensional de papel pintado, a decirte, hijo, yo soy tu padre, vengo a reconocerte y a darte mi apellido. Que, claro tendría que cambiarlo, si algún día quiero, por el de este pedazo de antropoide negro que es mi padre. Manuel Mandinga Goiticoechea, un servidor. Podré poner en mi tarjeta de presentación, porque voy a ser importante desendiente de la dinastía Mandinga. Que negros hijos de puta! Ja ja.

-¿Te golpeaste mucho...?

Mandinga no contestó, miro a Manuel, ahora de una manera que nunca . Después sí.

-Mijo, te debo una explicación de todo esto, pero te juro que no sabría hacerla corta. Qusiera saber quien es esta gente que está con ustedes, hola Marga, disculpa, creo que quedé medio grogui con el golpe.

En primer lugar, ahora que ya pasaba la alarma, era tiempo de volver al interior de la casa, hablar tranquilamente, para ver si efectivamente este paracaidista fracasado, pretendía ser puesto como el heroe del otro mundo que cayó en nuestro jardín. (Qué gente rara) En segundo, tenían que tenerle paciencia a estos criollos medio mentirosos por pasión poética y no por maldad. En tercer lugar, reconsiderar la idea de ser trasladados juntos hacia el exterior. Una revolución no es un divague.

sábado, junio 07, 2008

548. Hijo de su hija

Quedaba claro que la mujer no era tonta ni estúpida. Había procesado por si misma un montón de matices contradictorios, y algunas incoherencias gruesas, y llegaba ya a la conclusión irrefutable de que ellos no podían ser tan comunes y al mismo tiempo tan sabios en tecnologías de avanzada. Aunque a las cosas les llamaran por sus nombres vulgares, se les veía dominar conceptos tan sofisticados como la no localidad de algunos fenómenos, que una vez Abelardo explicara mientras agregaba queso rayado a su plato de tallarines. La pregunta conllevaba claramente el rechazo a cualquier contestación de pretendida inocencia.

Sin embargo, Margarita no esperaba enterarse de estar ante malos sujetos que escondieran sus propósitos por saberlos deleznables. Todo lo contrario, se sentía cada vez más exitada por dar los primeros pasos al comienzo del resto de su vida. Correr el riesgo que conlleva la libertad, de encontrarse con cosas que despierten angustias y temores largamente dormidos. Ni por un momento recordó las prevenciones que sugiriera su padre por el tema de los posibles espionajes que algún poder omnímodo pudiera ardenar a sus ajentes.

-Somos de Lagomar pero venimos de otro mundo... es decir...

No parecían almas en pena ni astronautas caídos fuera de zona, parecían simplemente lo que habían contado ser...

-...de este mismo mundo pero en dimensiones paralelas...

Claro que ella tenía vistas algunas escenas de películas fantásticas en el televisor del almacén, que hablaban de cosas como la contracción del tiempo, pero... ¡Ciencia ficción! Claro eso era. Estos muchachos podrían ser fanas de la ciencia ficción y haber aprendido de ahí, pero...

-...un mundo igual a éste, donde están otra vez cada una de las personas, pero que las vidas... no son del todo iguales.

Un universo plural quería decir, como esos de Copenhage y... Bueno que visto así no parecía tan truculento.

-...allá hay otra Margarita Goiticoechea...

Fantástico. Ahora se iba a enterar por boca de este muchachito pitoniso de la existencia de otra existencia suya!
(No hubiese podido negar que la curiosidad trepó rápidamente hasta el tope).

-...y otro Abelardo Goiticoechea, mi abuelo.
-¿Tuu...?
-Abuelo. Yo soy hijo de su hija...
-...de su hija...
-...Sí, de la Margarita Goiticoechea de allá...

Margarita perdió la sonrisa. Una fuerte punzada de dolor hería su sensibilidad más profunda. No se creía merecedora de una tan triste burla y menos por parte de aquellos por los que había anidado sentimientos maternales.

-No me resulta gracioso.
-Te está diciendo la verdad! -terció Magda- ¿No vez acaso que tiene tu misma nariz. Tu mismo perfil y que mira igual que vos revoleando los ojos ?
-Hay mucha gente parecida...

La voz se quebró cuando la boca de Manuel llegaba a besar cariñosamente la mejilla, mientras Margarita susurraba apenas su duda de cómo podría ser todo aquello realidad. Un hijo. Ya grande, con compañera... Hijo de ella aunque no de este cuerpo... Tal vez... también ese tipo de cosas existan.

-Si nos sentamos te puedo contar...

viernes, mayo 30, 2008

544. Convidados con sopa

En cambio los pobres maquis otra vez andaban desparramados por esos andurriales del universo pluridimensional. Por las páginas incontables de los incontables tomos de aquella biblioteca del viejo Borjes donde todo está escrito, desde la guía telefónica del año 43, hasta el libro de doña Petrona C. de Gandulfo, pasando por todos los gregrés y los Gregorios que quieras. Insondable misterio. Que viene a querer significar, si significar quiere algo, que incontables también serían las distintas historia de una misma historia. La de Manuel por ejemplo, si aceptáramos bajo ese apelativo a todos aquellos que nacidos donde sea, tuvieren como madre a una tal Margarita, hija del viejo Abelardo Goiticoechea, y como padre a un negro mandinga del que poco más que eso se sabe.
Tarea imposible sería contar todas esas historia, al menos intentarlo de forma simultánea, en cambio, si no es abusar de tu paciencia, pido permiso para continuar con la que ya traíamos avanzada.

Se dijo antes, no por capricho irresponsable, sino por ser fiel a las versiones más recibidas, que los muchachos, luego de ser elevados con todo el cubo de realidad que les rodeaba -y contenía- probablemente habrían sido esparcidos al boleo hacia todos los puntos cardinales y ordinales posibles. Mas tal vez haya sido apenas una figura poética, o manera de decir, si acaso, que nadie supo hacía donde eran dirigidos, remitidos o tal vez sorteados. Como quien dice aun cosas más groseras, usando el lenguaje coloquial, en vez de expresar esa indefinición producida por la mera ignorancia. Cierto fue que en algo la imagen acertaba. A no ser Manuel, que apareció junto con Magdalena, en un mundo donde ellos no habían nacido, los otros, todos, cada uno por separado, cayeron de diferente modo en mundos distintos, presumiblemente distantes.

Manuel , de la mano con la flaca, aparecieron dentro del monte de pinos que en todos los mundos, hasta ahora ha habido frente a su casa. Parecía todo normal, el perro del Toba ladraba a una luna espectacular que navegaba entre deshilachadas nubes blancas. Los grillos cricriaban entre los pastos de la vereda. Una música lejana de cumbia sobrevolaba los pinos y a lo lejos, filtrado por millares de troncos, llegaba apenas el rumor sordo del tránsito de Gianastasio. Porque eso que zumbaba no era por cierto ningún oleaje rompiendo sobre quilómetros de costa, sino motores de explosión empeñados en arrastrar carromatos metálicos de todos los tamaños. Lo de siempre. Un mundo como cualquier otro, hasta quizá... No. No había que adelantarse a los hechos.

En la casita había luz... Cruzaron sin soltarse las manos y caminaron por el costado hasta ver por la iluminada ventana de la cocina hacia adentro... Sentada frente a la mesa y un plato de sopa con humo, había una mujer que... Era Margarita, sí. Mucho más avejentada, ojerosa, con sus bucles ajados y... pegados en las mejillas por... ¡lágrimas! Aquella mujer estaba llorando frente a su plato de sopa...
Quisieron llegar de todos modos, golpearon para ello las manos al frente, esperaron. Salió Margarita caminando como una anciana que arrastra las chancletas. Preguntó sin casi levantar la mirada, qué querían. Aguantó pacientemente los titubeos de Manuel y Magdalena, que uno a otro trataba de ayudar a salir de tan extraña situación de no ser reconocidos por un pariente tan cercano. Porque, de última, la mujer, ni siquiera encontró parecido en Manuel con nadie, cuando le preguntaron directamente sobre el punto. ¿Vecinos?, preguntó. Y después, ¿Parientes dicen...? ¿Parientes de quién? No tengo parientes, no tengo... Las lágrimas volvieron a aparecer desde los párpados hacia abajo sin que ella pareciera preocuparse.

-Pasen -dijo por fin dejando libre el camino- vengan, acompáñenme mientras tomo mi sopa. Explíquenme adentro a quien andan buscando...
-A nadie -apresuró Magda, empezando a sospechar la situación- es que solo... no tenemos donde pasar la noche.

Margarita detuvo su paso abruptamente, se dio vuelta hacia ellos y rápidamente bajó desde el gesto soberbio que había aparecido en sus facciones a una blanda y contemplativa mirada. Nada dijo por algunos segundos. Retomó la marcha y fue a sentarse en su silla.

-Pasen. Puedo convidarles con sopa..

En la olla quedaba justo para dos porciones. En la panera de plástico verde cotorra, tres glisines y una tostada. Arrimaron dos sillas. Margarita hablaba.

-Si hubiera tenido hijos serían más o menos de la edad de ustedes... Lo hubiera hecho. Ese fue mi gran error.

Magda se atrevió a consolar.

-Todavía es joven...

Margarita sonrio con apenas un dejo de tristeza, les miró otra vez.

-¿Ustedes son pareja?

Poco a poco la conversación se fue encausando y la necesidad de compañía y comprensión de la mujer saciando su sed. Nunca se había casado ni tenido alguna pareja estable. Había dedicado su juventud al cuidado de su padre viudo, un gran científico que acababa de fallecer en el más completo anonimato. Sueños, sí, Esos sueños locos que todo adolescente tiene, pero que, llevar a la practica muchas veces supone abandonar a los seres queridos para poder vivir la libertad sin cortapisas. Para ella todo había sido un par de aventuras furtivas, en tres o cuatro escapadas que hizo a Montevideo para los carnavales, y otras tantas en noches de luna sobre la playa. Sí, conocía el placer. Pero un placer salvaje, de fiera enjaulada, que un día escapa y salta fuera de la jaula. Pagado con semanas de culpa frente a su padre al que cebaba mate mientras construía sus grandes inventos.

-¡Qué idiota! ¡Toda mi vida he sido una idiota!

-Todavía está a tiempo...

-A tiempo sí mija, pero para algunas cosas... Para tener hijos ya no.