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sábado, marzo 07, 2009

664. Les presento a mi padre

Estando más tarde en la cocina de la casita, frente a la fuente de los buñuelos que acompañaban al mate, fue que se pusieron, un poco, al tanto de las últimas informaciones. La guerra continuaba sobre Tierra I cuando Mandinga pasara unos días antes. Satanás había ya traicionado todos los pactos y corrompido a todos los gobernantes que se ofrecieron por favor. La gente comenzaba a mostrar ganas de rebelión...

-Para mi eso ocurre en el futuro. Cuando estaba allá era el presente...
-Claro , sí -reconoció Mandinga recordando que ya había estado buscando a Manuel en este mundo, para él, "Tierra 7", sin encontrar a otro Manuel que el autóctono, a quien atribuían una historia increíble que le había tocado vivir "cuando tenía veinte años fui raptado y llevado a otro mundo.
Sólo al cabo de otra vez confiar en su olfato era que lo había terminado por encontrar dos años antes. En Tierra 7. Donde ahora le tenía que advertir o acaso reconocer que llegando a este mundo las cosas no parecen funcionar como en otros.

-Casi me estrello otra vez, como aquella. La vibración de las cuerdas parece que en este mundo se va apagando, no tienen fuerza. Y además... No sé, pero sospecho que Satanás haya establecido alguna vigilancia o barrera alrededor de este lugar...

Manuel recordó aquella otra tierra donde su abuelo estaba vivo y que junto a sus amigos le habían facilitado las cosas para construir una bola para volverse a su mundo pero... Tampoco allí las cuerdas parecían querer vibrar, menos que aquí, que al menos algo habían aguantado a Mandinga para que no se estrellase.

-En otra tierra en que estuve antes, las cuerdas ni siquiera vibraban... No creo que sea obra de Satanás?

Mandinga sacudió su cabezota.

-Uno nunca sabe.

En eso sonaron los pistones de la moto de Rulo que venía pisando el pasto de la entrada. Asomaron las dos cabezas por la ventana de la cocina, abierta a las estrellas, con las dichas dos cabezas, sonrientes sí, pero extrañadas de ver con sus amigos al negro "Yaka Zulu", aquel que dicen que tuvo algo que ver con la Margarita, la madre de Manuel, pero que anda de misterioso y se desaparece por largo tiempo...

La flaca se empezaba a refregar gatunamente sobre las costillas de nuestro héroe.

-¿Me vas a llevar...?

Entraron por la puerta del fondo los recién llegados justo para escuchar lo último.

-Ah, están por salir?

-No, no.... pasen. Pará que voy a traer unos taburetes

Sin querer las miradas de Rulo y Julieta recorrieron la figura de Mandinga como baldes de agua viscosa que chorreara poco a poco, consiguiendo incomodarle la postura. Manuel lo sintió así y quiso atacar por la vía directa.

-Les presento a Mandinga, mi padre.

lunes, febrero 23, 2009

660. CONVULSIONES

Ni bien los dos salieron del dormitorio, Manuel quiso entenderse con el emergente Dengue sobre la peligrosa situación en que se encontraba. Peligrosa por sus potenciales consecuencias si fuera que su mente se terminaba de imponer sobre la debilitada de su involuntario huésped.

-Es que de alguna manera me tenía que manifestar para que supieras que estoy aquí. Tengo acceso casi continuo a los datos de los sentidos, vista y oído al menos... pero no sé cómo podría salir... Trato de no hacerle daño...pero...

Manuel encontró la mirada compasiva de Magda a medio camino. Agradeció su apoyo, pero supo que no bastaba. Necesitaban la ayuda de alguien con muchos más conocimientos que ellos. Estaba claro que el espacio, el lugar que una cosa ocupa en el espacio, es algo totalmente relativo, transformable mediante exquisitas y misteriosas operaciones, llevable a los extremos de la pequeñez diminuta de un punto que no ocupa espacio, o a la tremenda inflación de todo el espacio existente... ¿Pero cómo operar con esas variables? Cuáles serían los mecanismos adecuados...? Por ejemplo ¿el sólo pensamiento...? En el caso de la huida hacia el punto siempre había resultado eficaz cuando se contaba con la amplificación realizada por las cuerdas... y hasta a veces sin las cuerdas... cuando eran varios y todos habituados a la misma operación mental...

-Dengue...

-Sí, apurate que el otro está queriendo volver!
-Trata de hacer lo mismo que cuando querías salir desde adentro de un punto. Voy a tratar de ayudarte... contemos hasta tres...
-¡Amistad! Estamos otra vez entre nosotros... ¿El tordo se fue? ¿Le explicaste que tengo a otro aquí? No aguanto más, Manuel!

Magda tomó el brazo de Dengue para calmarle.

-Tranquilo Dengue. Estamos tratando de que el otro salga...
-¿Que salga...? ¿Para dónde puede salir...? ¿Quién es?

Nadie le contestó. Estaban en eso del Om, o algo así, que les aislaban de las realidades temporales, tratando de llegar al centro de la mente, allí donde todo es silencio y flotación y plateado no tiempo y no espacio...
Pero no funcionó!

Dengue ahora, al ver durante algunos momentos que sus amigos entrecerraban los ojos y respiraban como el faquir del circo, sentía mucho más miedo. Abandonado a una experiencia que le resultaba definitivamente aterradora. Sentir que aquello habitaba en su interior, y que de alguna manera se movía procurando, al parecer, el control de todo el espacio mental...

-Ayudame, Manuel, por favor! ¡Me quiere matar! Me... No, no da resultado... Apenas controlo parte de su mente, no llego al centro... Él se resiste... ¡Ves, estaba hablando con mi boca, Manuel! ¡Lo he oído! Mueve mi lengua, ahí... me la quiere quitar!

El cuerpo de Dengue se comenzó a mover de forma contradictoria. Una mano le taponaba la boca y otra luchaba por quitarla de ahí. La espalda se le arqueaba como para enderezar el cuerpo sobre la cama sin lograrlo mientras los dientes mordían fuertemente la colcha de la cama y la voz pronunciaba el típico mmm de la negación muda.

Volvió en ese momento Ernesto con el Doctor.

-Convulsiones...

De algún lado surgió una jeringa hipodérmica con su brillosa aguja.

-Que alguien le sostenga el brazo...





domingo, agosto 24, 2008

587. Pequeñas diferencias

Manuel le hizo comprender la situación en pocas palabras.

-Ellos son demasiado inteligentes para convencerse con algunas pruebitas. Están aburridos de magos y de efectos visuales.

En cambio tendrían otra vez que ponerse a trabajar para que la bola volviese a levantar vuelo. Si tal cosa fuera posible. No, reconstruirla, era sí, posible, pero tal vez no quisiera volar, por esas cosas de las diferencias pequeñas que aparecían entre un mundo y el siguiente paralelo. Ya le había pasado en Tierra 2, donde había hecho un papelón frente al abuelo y sus mejores amigos.

-Ya me enteré.

-Claro que fueron varias las diferencias entre el modelo original, el de Germán, y eso que yo hice allí, sólo y sin acordarme mucho.

-Me dijeron que estaba dentro del aquel galponcito que se incendió.
-No, ese era el de la Última Tierra, esto en Tierra Uno, en la que mi abuelo estaba vivo y me consiguió los materiales para hacer una bola.
-Ah, sí, ya me acuerdo.
-También era mucho más chica. Dentro del galpón no había más lugar...

Entonces Mandinga convencióse de que la pequeñez habría sido la causa del fracaso, no por encontrarlo razonable, más bien todo lo contrario, sino porque alguna explicación tenía que tener que un aparato tan bien diseñado pudiera así de repente antojarse de no volar.

-Las cuerdas no daban la nota...
-...
-...quedaban flojas... y todos los alambres se caían...
-...
-...no pude nunca poner la décima cuerda en su lugar, es decir... la coloque medio a la fuerza, pero ella no colaboraba y más bien parecía no querer hacer ese jueguito que hacía allá en Tierra Uno, cuando ella sóla se terminaba acoplando en el lugar adecuado.... y quedaba vibrando sin rozar a las otras.

Mandinga escuchaba boquiabierto.

-¿Pero que cagada hiciste, muchacho?
-No sé, todo era bastante parecido, aunque más chico...
-¡Que raro...!

A los nipones toda aquella dialéctica familiar los tenía sorprendidos. No podían creer que fuera el producto de algo ensayado, y por otra parte... Parecían tan reales todos los gestos y los ademanes simultáneos a las palabras que, aparte de parecer verosímiles, producían el placer de leer en aquellas caras las emociones y sentimientos que se iban sucediendo en cada uno de los personajes, ignorantes del límite de agresividad y amor que podían expresar sin hacer daño al otro.
Los iban a ayudar. Fuera por lo que fuera, o fueran. Locos geniales capaces de inventar una patraña increíble y hacértela creer. O gente que no más ha tenido experiencias fuera de lo que se considera normal y que... Daban ese aire de cosa cotidiana a lo que otros llenan de una parafernalia de efectos y luces sicodélicas. Vaya con los otros orientales!


domingo, abril 27, 2008

522. Paparruchadas

Después de un rato Manuel confesó sus dudas acerca de que tal vez el inconveniente estribara en la reducción de las dimensiones. Las cuerdas cortas no podían dar la misma nota que daban las largas, a no ser que estuvieran mucho más flojas... Claro que a ellos les habían quedado tan flojas que en realidad, en vez de vibrar, colgaban flácidas de sus extremos. Le escuchaban como quien oye llover y hasta Miguel, que ante los argumentos había estado confirmando con la cabeza, prefirió quedarse callado antes que de dar razones a lo que no las podía tener. ¡Cuerdas vibrantes tomadas de un circulito de alambre flaco! Techo sostenido por tres alambrecitos que cruzaban. No. La lógica era la lógica y las leyes de la física eso. Que una cuerda no puede estar tensa sin transmitir esa tensión al elemento que la sostiene, que la tiene que aguantar por lo menos haciendo esa misma fuerza en el sentido contrario. En vez de círculo de alambre tendría que ser de barilla de acero, ese y todos los otros círculos y óvalos que sostenían las tensiones... Con lo que el enorme armatoste multiplicaría su peso por cien...
Ya iba de vuelta llegando a Gianastassio, Miguel, acompañado de un silencioso Ernesto, cuando esto último iba pensando, enojado todavía consigo mismo por haber tenido tamaño momento de credulidad idiota. Justo él.
Ernesto suspiró y con eso llamó la atención de Miguel quien creyó que nunca le había visto tan triste. Quiso saber el motivo y con eso tal vez apartarse de su propio abatimiento.

-¿Qué te pasa Ernesto, te noto muy callado...?
-Es el muchachito este... el nieto de Abelardo que hoy de tarde lo he tratado mal por no comprender que... aunque no sea cierta esa historia de los mundos paralelos... de todas maneras no es un simple loco, en primer lugar existe, lo que ya es todo un portento.
Miguel preguntó qué era lo que quería decir con esa exaltación de la existencia y Ernesto replicó que si no le parecía portentoso que existiera por segunda vez. Miguel cayó en la cuenta y tuvo que reconocerlo rindiéndose a la evidencia de que ese muchacho, por muy rayado que estuviera, era la prueba viviente del límite del conocimiento científico...
-Abelardo ya me había estado hablando de él, es decir del hermano, pero no los conocía... Abelardo tiene inventado un sistema astrológico basado en la estadística con el cual hizo una carta natal del nieto, que coincidía con otra hecha en base a la información de Buda...
Miguel le interrumpió para acotarle que ya debería saber su opinión sobre todos los sistemas de astrología.

-Un montón de paparruchadas cuyo único mérito es ser antíguo.
-Pero si se basara en datos objetivos?
-Objetivos te pueden parecer los datos de Buda, por ejemplo? Todo lo que se diga de Buda tiene encima por lo menos dos mil años de mentiras acumuladas...
-Bueno, mirá... Te puedo decir que de ese estudio Abelardo había concluido que el muchacho iba a tener características extraordinarias
-¡Pero este es otro muchacho!
-No importa... Aunque fuese así, mirá qué destino, tener que encontrarse con otro que es él mismo. Que se sepa a nadie le ha ocurrido.
-¡Y por qué decís que es el mismo. ¿Porque él lo afirmó...? Podría ser un... hermano mellizo... un...
-No jódas. Hasta Manuel se dio por vencido. No podía evitar que el otro se le metiera en la cabeza.

Paso a paso habían doblado en Gianastassio y ahora caminaban la tarde noche, alumbrados de vez en cuando por algunos autos, hacía el puente -ya no pasaban omnibus- y tácitamente se iban acompañando...

lunes, abril 14, 2008

512. La décima cuerda

Manuel se puso a contar todo lo que recordaba sobre el esqueleto de las bolas, acompañando el relato con contínuos pedidos de paciencia. ´Él no había participado del estudio de los planos que había mandado el otro Abelardo, aquel que... Las líneas generales sí las recordaba, el largo exacto de las cuerdas principales que formaban el triángulo de arriba y el de bajo. Preguntó si le iban comprendiendo mientras mantenía una palma sobre la otra, paralelas y horizontales a doce centímetros. Como dos triángulos imaginarios, en realidad rectángulos.
Le pareció increíble, mientras les seguía hablando con la cara inclinada sin motivo, le pareció increíble que esos dos viejos sabihondos le estuvieran escuchando en ceremonioso silencio. A él que de pronto ni tenía mérito alguno por haberse enterado de cosas extrañas. Y que menos estaba capacitado para enseñarles nada. Se calló y enganchó las manos en los bolcillos.

-Bueno, cuando nos pongamos a trabajar me voy a ir acordando...

Miguel protestó pidiendo teorías, al menos para algún generador de impulsos superlumínicos. Algo que ir mascando ahora que se había terminado el asado y las mentes continuaban con hambre. Trajeron papeles y lápices. Despejaron la mesa. Manuel se puso a dibujar.
Al cabo de una hora y veinte hojas en el suelo se sabía lo que físicamente venía a ser una bola. No se comprendía en cambio nada. ¿Cómo era que ese cachivache alegórico del carnaval pudiera por ninguna causa levantarse del suelo? Claro que, siempre se había presentido que el principio revolucionario pudiera tener características desconcertantes, como las de este muchacho, que sin haber terminado el liceo les venía a hablar de Teoría de Cuerdas, explicada como para ineptos mentales. Era cuestión de tomarlo como hipótesis verdadera por un momento. Con un verdadero espíritu científico. Sin preconceptos... No, claro, con el marco general de lo ya descubierto por la física, pero sin descartar que pudiera estar bastante equivocado. Como el que dice no creer en brujerías pero igual si el asunto es grave recurre a lo que fuera, por lo general con buenos resultados.

-¿Pero y la décima cuerda, cómo es que va a calzar sola entre el punto "a" y el "q" pasando por todas estas otras líneas, sin tocarlas, porque se trata de una cuerda que está vibrando?
-Mirá, yo sólo te puedo repetir una explicación que me dió Mandinga... Nos dijo que la cuerda podía pasar porque en realidad tenía una forma sinuosa...
-¿Una cuerda tensa y sinuosa?
-...con una curvatura dentro de otra dimensión... Me dijo que una vez que se cerraba el círculo... mejor dicho que había certeza del que le círculo se iba a cerrar, ya el círculo estaba cerrado generando el intercambio de las dimensiones que circulando por el entramado de las cuerdas iba transformando ese corazón de energías que fluyen, en una cosa que deja de estar en un lugar determinado... que queda afuera de la realidad común y....
Abelardo se rió.
-Me estás haciendo acordar de tu madre... ¿No te me estás yendo al carajo, Manuelito...?

Pero siguio pensando callado, en lo mismo. Ahora que le había terminado de dar forma mental y veía con mucho mayor claridad. Más allá de lo que el librezco conocimiento de estos ancianos pudiera llegar, probablemente. Aunque tal vez... ¿No sería que la mente misma presiona cuando quiere en cualquier sentido, la realidad, para que sea como uno quiere? O por lo menos está claro que no hay leyes que se cumplan siempre y en todos lados. Cada lugar tiene su propia vibración y un poquito de sus propias leyes, como nosotros los hombres que cada cual tenemos creída una verdad que da sentido a la vida y nos metemos a opinar como si fuera la misma para todos.
Abelardo bajó la voz arrepentido.

-Perdoname, nieto. Seguí con tu explicación.

Ahora fue Manuel quien sonrió.

-Lo gracioso es que no se preguntaron en ningún momento cómo es que las cuerdas están tirantes si se agarran unas de las otras...

Contestó Miguel que sí lo había anotado entre las cosas absurdas del supuesto aparato, pero que igual estaba dispuesto a pagar los gastos y acompañar el emprendimiento porque... Por favor!. No podría estar atendiendo la farmacia mientras otros fabrican una nave transdimensional a cinco cuadras de distancia!

La carcajada de Abelardo fue estentórea y dio para el comentario de su amigo en el sentido de no haberle visto reírse así desde la juventud. Aquellos tiempos en que todavía tenían las colecciones de Hora Cero y Frontera con las tapas relucientes en alguna biblioteca de la casa. Y El Eternauta conducía sus mentes al vuelo sin parar hasta Arthur Clarke o El Hombre Ilustrado.

Una carcajada contagiosa que terminó por derribar cualquier otra barrera de vergüenza intelectual que mantuvieran entre ellos
Una carcajada feliz.

sábado, abril 12, 2008

511. El Proyecto

El asado fue comido a dentelladas. Sobre el mantel de la mesa armada bajo la parra, cayeron, no sólo algunas rodajas de tomate escapadas de la fuente, sino pedazos de asado, y vasos de vino que se derramaron completamente, mientras ellos a gritos y superposiciones de voces, discutían la mejor manera de hacer vibrar varias dimensiones al mismo tiempo con varias cuerdas convenientemente dispuestas... y (¿qué tendrá que ver?) además dejando espacio, como para instalar la décima cuerda que era la que debía cerrar el círculo pasando por una dimensión que nadie comprendería. Un puente. Que en realidad está entre nosotros sin que lo podamos percibir...

A Miguel aquellas teorías le parecían un montón de divagaciones sin fundamento, pero..., lo sentía como el inicio de una aventura apasionante que pondría a prueba y en ejemplar lucha a los más encumbrados ingenios de la zona, él mismo y el amigo Abelardo, tan proclive a las ensoñaciones románticas. ¡Vendería la farmacia! Podría venderla evidentemente. -Nunca se había puesto a pensar- ¡Venderla y liberarse! Para vivir por fin la vida apasionada que soñaba en la juventud... la única que se lograba imaginar en aquella época. Y se fue viendo, Miguel, proyectado en la juventud de aquella barra de amigos que habían sido. Se vió riendo y lanzando afirmaciones audaces con la tranquilidad del que está contento y sabe que arreglar el mundo es sólo cuestión de arreglar dos o tres cosas. Y se vió afirmando errores perfectamente justificados por la necesidad de acción en vez de reflexión, esa reflexión de siempre parado frente al mostrador de la farmacia. Supo que la vida es cada instante que vale por su contenido. Que los instantes siempre iguales se anulan porque sólo se recuerdan los cambios. Que una vida sin cambios no pasa por ser una vida. Y que...

-Yo financio el proyecto.

Manuel explicó que casi no se necesitaba dinero, sino materiales de descarte y un rollo de alambre de acero. Lo importante era montar todo de una manera perfecta.
La convicción de Miguel se desequilibro un poco con esto de que el dinero no iba a importar. Así no solía suceder en este tipo de historia. Pero se contuvo en el punto en que el famoso aparato a construir se le empezó a representar como la combinación de tres grandes arpas que pudieran sonar sus cuerdas mientras levantan vuelo. Nueve largueros rígidos y una cuerda por c... no! Son tres direcciones por triángulo, pero de cuerdas , no,... son diez cuerdas, así que...

-Pero explicame otra vez cómo es que van instaladas las cuerdas...
-Te puedo decir cómo van las primeras nueve... la décima después calza sola.
-Bueno las nueve primeras, a ver.

viernes, febrero 29, 2008

483 La Ve de Vino

En cambio desde una cuadra de distancia pudo ver las manos en alto del Dengue que le saludaban mientras el cuerpo seguía sinuosa trayectoria, tal vez con intenciones de acercarse. Estaba otra vez borracho, aunque alegre, haciendo brillar los blancos dientes en vez de gritar el saludo que no lograba articular. Manuel apuró el paso, tal vez Dengue había estado por la caverna y había logrado salir por sus medios, tal vez todo había vuelto a la normalidad y Ernesto le había facilitado algún dinero para que se comprara vino. Tal vez no. No.... Era raro. Llevaban mucho tiempo compartiendo la mayor parte de los días y no había vuelto a verle borracho desde que se había transformado en el mejor fabricante de cuerdas para bolas y después en el mejor instructor de vuelo. Ahora se había caído al costado de la calle. Manuel corrió a levantarle...

-Vení, pasá el brazo por arriba de mi hombro, vamos a...
Recién entonces comprendió que Dengue, a no ser la caverna o la misma casa de Ernesto, cuando existía, no tenía sobre la tierra otro lugar donde acostarse sobre una cama.
...casa. Estás pasado.
Dengue sólo reía y señalaba ahora el cielo de entre los pinos, con un dedo o dos semiextendidos que no lograban mantenerse en ninguna dirección, pero que hicieron a Manuel pensar en que quería advertirle de la trayectoria de alguna nave. No vio nada y tuvo que hacer todo el esfuerzo de levantar el peso de aquel cuerpo que aunque liviano, se escurría hacia abajo sin capacidad de sostenerse sobre los piés.
Marcharon, es decir Manuel marchó dejando atrás los pies de Dengue que se iban arrastrando lastimosamente por el balastro. Se cruzaron con unos vecinos que sacudieron la cabeza y continuaron. Apareció de algún lado la Yiya que ofreció ayuda para lo que fuera, como cuidar a Dengue hasta que Manuel consiguiera un vehículo y de paso acompañarles hasta la casa y volver a entrar como alguna vez había hecho. Enseguida se dio cuenta Manuel de toda esa serie de posibles pensamientos que se completaron con la vuelta, ahora sonriente, de la flaca que se encontraba con la Yiya y cambiaba otra vez de humor...
-Bueno quedate un momento con él que voy a buscar la bici con el carro.
Salio corriendo por la bajada arenosa, hasta pasar la cañadita y adentrarse en el monte, para salir en la otra calle detenido de pronto al considerar que era raro que los otros vecinos no se hubiesen comedido a dar una mano. Los volvió a ver ahora, detenidamente, con esas caras medio torcidas que siempre habían puesto para contemplar las desgracias de Dengue, en la otra época, cuando Dengue gozaba de la fama de ser un irrecuperable y no un héroe como ahora, a pesar de que siempre trataron de no fomentar esas cosas de la fama y la vanidad. Pero había que reconocerlo. Dengue, ese negrito flaco que cayó derretido en vino sobre la cuneta de la calle, había desarrollado las técnicas más perfectas de vuelo en bolas que se enseñaban por toda sudamérica, después de haber encontrado la forma de fabricar las cuerdas bordonas para hacer resonar el espacio... Pero tenía que llevar el carrito para traerlo.



jueves, noviembre 08, 2007

427 Tengo Algo Que Decirles

Fue entonces que Abelardo apareció caminando lentamente, cabizbajo y meditabundo, hasta reencontrarse con el grupo que le había olvidado en el lugar de la reunión anterior. Algo en él hizo que todos se callaran. Parecía venir soportando una pesada carga que seguramente ansiaba alivianar.

-Algo tengo que decirles al respecto…

Fue a sentarse a un costado sobre una saliente de la arenisca de la pared. Desde allí levantó apenas una mirada opaca que abarcaba a todo el grupo.

-Yo he sido culpable de muchas cosas… Reconozco que me he metido, por insano interés, en cuestiones en las que nunca debí meterme. Alteré el libre y natural curso de los acontecimientos… por amor… por vanidad intelectual… por estupidez. Después…Lo induje a mi amigo Germán a que probara a su vez de proyectar sus técnicas literarias a las cuerdas dimensionales del universo que habíamos descubierto. Reaccioné cuando ya era tarde y se había abierto una brecha por donde era fácil pasar de nuestro mundo al de los vivos cosa que podrían aprovechar otras gentes tal vez con no tan buenas intenciones… Pero para reaccionar debía contrarrestar los cambios ya en curso de acción o al menos compensar los males que esos cambios provocaran en personas inocentes… Para eso… era necesario determinar exactamente cómo hubiesen sido las cosas si no hubiera ocurrido la pequeña corrección de coordenadas en el sistema multidimensional…¡Pero eso nos resultó siempre un problema imposible de resolver!

Abelardo lloraba. El segundo en poco tiempo que la emoción le ha desbordado dentro de la caverna.

Manuel fue hasta él y dejándole unos instantes de desahogo, después le preguntó:

-¿Querés decir que no saben cuanto cambiaron la historia?

Abelardo apenas levantó la cabeza.

-El futuro…

-¿Qué tal vez no cambiaron un carajo?

Ahora se enderezó.

-No. Yo creo que algo sí cambiamos. Pero no sabemos cuanto.

-Y decime, abuelo… Esas técnicas literarias aplicadas a las cuerdas ¿cómo eran?

Abelardo giró la cabeza y habló con energía.

-No. Ni por un instante pienses lo que estás pensando! Nosotros alterábamos algunos detalles en las probabilidades de que ocurra algún acontecimiento fortuito en un determinado momento y lugar. Con eso pretendíamos aumentar la tendencia históricas a concretarse en realidades más a nuestro gusto y convencimiento… Pero lo del blog ese que sale en internet, nosotros no hemos tenido nada que ver. Hasta creíamos que era otra de las actividades del grupo de ustedes, Los Maquis.

Manuel se cuadró serio frente al viejo.

-Y ahora quieren que esto sea siempre una historia heroica?...Para eso aparecieron los ángeles, no?

-No, Manuelito… No es así… Nuestra culpa fue facilitar la pasada por esa brecha que te decía, pero… Nosotros no queremos que vivan de guerra…queríamos otra cosa…

-¿Qué querían?

Abelardo dejó brillar sus iris almendrados en el aire de la cueva al sonreír culposamente.

-Una revolución libertaria en la tierra y… yo, además quería tu felicidad Manuel.

-La revolución está en marcha…

-¿Y tu felicidad?

Manuel no pudo disimular un gesto de impaciencia.

-Mirá…soy bastante feliz pero… si no se hubiesen metido a jodernos la vida tal vez sería mucho más.

El abuelo, aunque avergonzado le sostuvo la mirada.

-Creeme, Manuel, hace tiempo que nos prometimos no cambiar más nada. …Ni siquiera para tratar de retroceder los acontecimientos a los derroteros originales.

-¿Y la brecha?

-Está cerrada.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

sábado, enero 20, 2007

188: COMO CUERDAS DE GUITARRA

No costó tanto ponerse de acuerdo. Mientras Ernesto y el Cholo estudiaban las fotos en la computadora, Dengue y el Rulo fueron a buscar el carrito para ir a pedir botellas de plástico por el barrio y papel de diario para la cartapesta. Giorgionne y Pepponne se quedaron haciendo llamadas para averiguar que estaba haciendo entretanto el gobierno. En esa cosas y algunas pérdidas de tiempo se pasaron el resto del día que era uno de esos serenos y quietos, en los que sólo brilla la luz y el canto de los pájaros.
Atardecía cuando los del carro volvieron a cruzar el portal de Los Dogones, cargados de botellas, de diarios y revistas de toda clase menos las de papel lustroso. Los de la compu ya tenían un panorama bastante claro del significado de los dibujos. Los del teléfono habían averiguado poco. Sólo que el desconcierto en el gobierno era general con tendencia a agravarse. Julieta y Magda terminaban de freír las últimas tortas fritas y bajaron con una fuente llena.
Se reunieron otra vez.
Cholo explicó las características de la forma que había que lograr.
-Se trata de tres curvas matemáticas acopladas a un manojo de siete más que vibran en armonía dando una serie de acordes que se van sucediendo…
-¡De qué mierda estás hablando, hermano? –Protestó Dengue.
-De que los trozos que tenemos que hacer con tus botellas cortadas en tiritas, no sólo deben tener una forma justa sino ser capaces de vibrar como si fueran cuerdas de guitarra. No va a ser fácil… Pero tampoco imposible…
-¿Cómo las cuerdas de los arcos, que también hacen sonido…Vieron esos de la capoeira?
-Algo así. Pero todas las partes se unen en algunos puntos y la vibración de unas influyen en las otras de modo…
-¡Otra vez te vas al carajo! Por qué no nos decís las medidas y chau.
-Es que lo de las medidas sería lo de menos. Es la elasticidad de las partes lo que importa. No debe ser ni mucha ni poca. Y cada parte vibrar dando la nota que corresponda…
-Sí, ahora te sigo, -contestó Dengue más tranquilo- yo creo que se puede. Hay que cortar las tiras bien parejas y trenzarlas prolijo… después con calor le… ¡Tendríamos que tener algo que caliente parejo!
Ernesto dijo tener ese elemento y de una corrida trajo una pistola de aire caliente.
-Esto da hasta ochocientos grados.
-¿Tijeras chinas, tenés?
-Dos.
-Precisamos muchas más. Si no vamos a estar una semana cortando tiritas.
-¿No sirven trinchetas…?
-Y…como servir…
Ahora el Dengue dirigía la cuadrilla. Indicó el modo correcto de cortar una botella de plástico, haciéndolo él mismo con la primera. El método era cortar en espiral desde abajo hacia arriba, manteniendo siempre el mismo ancho de serpentina.
Giorgionne, mientras miraba cómo las botellas se iban transformando en interminables rizos elásticos, se rascaba la cabeza sin decir palabra. No era culpa suya ser tan racional. No iba a decir nada… ¡No, no iba a decir nada que pudiera desanimar a sus compañeros! Pero…

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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