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martes, marzo 31, 2009

673. Salen dos y entran cuatro

Llegaron todos al mismo tiempo. Julieta, Rulo, y estos dos de revolcarse en el monte. Frente al portal de "Los Dogones" se cansaron de tocar timbre y empujaron la pesada puerta de aceitados goznes, que cedió terreno abierto hasta las luces que allá en el fondo iluminaban la continuación de una historia que estaba cambiando por momentos.
¡Había desaparecido Mandinga! ¿Dengue había estado gritando a todos los oídos sordos que por fin el intruso se había retirado de su cuerpo! ¡La anciana madre de Ernesto había sufrido un horrendo ataque de pánico, durante el que
parecieron bailar sus flacos huesos una danza embrujada al ritmo de temblorosas y extrañas palabras! Ahora dormía luego de la inyección del Dr. Bermúdez...
El único que sonreía cuando terminaron de enterarse, era Dengue. Liberado.
No. No sabía nada. Ni tenía la menor idea sobre cuales habían sido los últimos movimientos del otro. Nada le había confiado, sino que de improviso sintió que estaba otra vez en posesión de toda su extensión humana.
En cuanto a lo otro...Por llamarle otra cosa a la pasta base... ya se iba a solucionar, y estaba dispuesto a permanecer internado en ese mismo lugar el tiempo que fuera necesario...

-Lástima la señora vieja... Se ve que ha pasado por algo muy fuerte.

Margarita preguntaba a Manuel con la mirada por qué no venía a abrazarla y a llenarle de besos la cara como otras veces.
Manuel deprimido por la extraña desaparición de su padre verdadero, devolvía la mirada de Margarita desde una distancia grande, desde detrás de profundas dudas sobre la posible personalidad desquiciada que ella pudiera vestir en este mundo.

Magda le dio algunos besos, como para entretenerla, y se copió de su sonrisa.

Ernesto recién dejaba de hablar en voz baja con el facultativo. Preocupado.

Bermúdez había recuperado el protagonismo.

Es que ahora, todavía con la jeringa en sus manos, se disponía a hacer conocer su diagnostico y pronóstico general, sobre los sucesos reales y supuestos, acaecidos debajo de ese techo. Alucinaciones. Alucinaciones producidas primero por el efecto de un poderoso tóxico sobre un organismo débil. Que después se había contagiado al resto por el especial dramatismo conque se presentara. Esas cosas tenía la psiquis humana. Esa propensión a entrar en resonancia con los padecimientos de sus semejantes. Hasta la señora, a pesar de haber estado en otra habitación, habría percibido la tensión nerviosa reinante, los tonos de la voces, el ritmo de los pasos y el hecho de que por algún rato la hubiesen dejado absolutamente sola...

-Pero mi padre estaba aquí con nosotros... Usted lo vio!
-Sí, y qué tiene de raro que se haya ido...?

Giorgionne intervino.

-Tal vez no debiéramos ser tan tajantes doctor... El muchacho no parece estar delirando... y afirma que la historia anterior era verdadera...
-Porque recuerda perfectamente el contenido del delirio que sufrió.

A un costado Manuel por fin beso a su madre y preguntado contó que Mandinga estaba perfectamente frente a su mirada cuando de pronto dejó de estar.

-¿Tu padre dijiste...?
-Mandinga.
-¿Y como sabés que es tu padre si...?
-En otro mundo, mujer, en otro mundo... Yo en realidad no soy quien vos creés...

Margarita rió divertida para todos. Aunque los chistes de Manuel no iban con su estilo, siempre le divertían... Aquellas historias que le contaba de chico el loco de su abuelo...

-En este mundo no se llama Mandinga. Es el negro al que le dicen Yaka Zulu.

viernes, enero 30, 2009

654. El Socialismo Tan Esperado

Por unos minutos sólo escuchó el rezongo del motor y el ruido que la puerta hacía cuando articulaba sus bisagrados brazos en sincronía con el casi inaudible quejido de los frenos al llegar a las paradas.
Luego se rió para adentro. Una sonrisa apenas, porque no fue una sarcástica carcajada, ni amarga broma de alguien que se odia. Fue una sonrisa comprensiva que le avisaba del comienzo de una de sus ondulaciones depresivas. Admitía no poseer una ilimitada energía vital. Se deprimía con frecuencia, cada vez con más frecuencia, últimamente. Pero tampoco se quedaba mucho en el fondo, ni tan hondo; oscuro pozo donde la razón se rinde y el corazón se afloja. Él ondulaba. Subía de alegría y entusiasmo moderado por un par de jornadas y luego por otro par bajaba. Ahora se descubría bajando. Desde el momento exacto en que se había sentido ridículo por inclinarse a creer la historia de ese muchacho... ¿Es que no se perdonaba ser un ser humano como todos, propenso a fantasear utopías,hacerse ilusiones, o simpatizar con los desgraciados de la tierra?

Claro que él era un profesional.

Pero podía profesión alguna negar la realidad de una existencia apasionantemente subversiva?

Ese muchacho tenía sobrados motivos para vivir.

Ideas que defender.

Historias que recordar y compartir.

Vivas emociones, vitalidad, humor e inteligencia.

¿Sería eso la locura...?

¿Y lo suyo, esa grisura permanente, esa conciencia clara de lo que se quiere hacer pero no se hace, ese cansancio crónico de locomotora que arrastra excesivo número de vagones... ? ¿Sería eso la cordura?

Se descubrió de pronto abriendo la agenda que llevaba en el bolsillo interior de la campera. Allí, en la primera contrataba, estaba viendo la todavía foto de cuando ellos eran jóvenes, a la sombra de los pinos de Salinas, calor, poca ropa y ganas de llevarse el mundo por delante. Porque ella, la escribana, también había sido joven y tenido un corazón que parecía abierto a contener los mejores sentimientos humanos, comenzando por el buen humor y el innato sentido de la justicia. El mundo era joven entonces, como ellos. Maleable y dócil materia dispuesta a toda clase de juegos, de fantasías, de proyecciones infinitas.

Después... El casamiento, los últimos exámenes de la facultad... El trabajo... el dinero que no alcanza, el hijo...

Al que hay que acostumbrar a la lucha competitiva porque nadie te regala nada sino que tenés que ganártelo a codazos y patadas para no seguir siendo el último orejón del tarro o un boludo soñador que sigue creyendo que el socialismo queda a la vuelta de la esquina. ¡El socialismo! ¿Es que todavía no te has dado cuenta que los socialistas son los primeros en aprovechar todas las oportunidades para enriquecerse y mandar a sus hijos a estudiar a las universidades americanas?
Marketing, Postrado, Packaging, Senior, etc.

Puf.

Sobre el Aeropuerto de Carrasco volaban oscuros nubarrones. Tal vez a la noche lloviera y pudiera quedarse en su estudio, la ventana entreabierta para escuchar la lluvia sobre las hojas del árbol, a leer aquella novela que tenía empezada. Pequeña novela que se había empeñado a leer en su versión original. O Alienista. Ja. Ya en aquella su época, Machado de Assis se preguntaba qué cosa podría ser la locura.