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viernes, julio 17, 2009

713. Camino a la farmacia

De algo ya se había venido enterando don Miguel, porque oídos hay en todas partes, y ganas de repetir cualquier cosa no muy bien entendida. Manuel, el flaco Manuel hijo que tuvo Margarita, la hippie, con algún negro de por ahí. Ese, que le hacía los mandados al finado Abelardo, por ser su abuelo... Sí, aquel que se las pasaba en la calle o en la playa.... Bueno, ese mismo era quien le interpelaba ahora para contarle enredadas historias que tal vez no provinieran de ningún desequilibrio mental sino tan sólo de una imaginación un poco superlativa. Ah, cómo hacía acordar a su abuelo! De aquellas hermosas tertulias invernales frente a la estufa encendida y la botella del espeso tinto que el viejo conseguía con viñateros amigos. ¡Y las ideas de Abelardo! Ah, ya no iba quedando gente para hablar de ciencia sin anteojeras. Para especular y dejar volar la imaginación pero siempre teniendo en cuenta lo poco que ya se sabe...

-Si me esperás unos minutos a que compre unos tornillos, a la vuelta me contás, y si no te alcanza las cuadras que hay hasta la farmacia, bueno... allá podemos seguir hablando..

Porque aunque Manuel no lo hubiese advertido estaban en la vereda de la barraca y la barraca siempre estaba llena de clientes. El viejo quería evitar, seguramente, que él siguiese propalando a viva voz tantos detalles extraordinarios de una realidad completamente desconocida.
Pero no le había rechazado, ja. Claro, qué se iba a extrañar don Miguel de cualquier cosa que él le pudiese contar, si cuando se juntaban con el abuelo, lo que hablaban ellos sí que parecía un montón de disparates, tan extraños y exagerados que muchas veces le habían hecho dudar si no estarían perdiendo la chaveta del pensamiento, por efecto tal vez de tanto vino.

Salió a los pocos minutos con su paso rápìdo y el cuerpo un poco inclinado hacia adelante, como siempre, y mientras se alisaba los bigotes sobre la boca iba metiendo el paquetito de los tornillos en el bolsillo de atrás del pantalón. Le reencontró mirándole por debajo de esos párpados que se iban arrugando como pasas de uva blanca, y le sonrió amistosamente.

-Bueno, empezá de nuevo desde el principio, sin apurarte.

No era fácil encontrar un principio adecuado para que todo no pareciera increíble. La historia de lo que le había sucedido resultaría demasiado larga. Las ideas principales sonarían a una saga de ciencia ficción...

-Lo que le quiero contar es algo parecido a lo que ustedes hablaban cuando mi abuelo estaba vivo. Con la diferencia que ahora se trata de cosas reales...
-Nosotros hablábamos de muchas cosas...
.A veces hablaban del espacio y del tiempo...
-Sí, de la Relatividad...
-Y a veces decían cosas que ningún científico había comprobado.
-Sí, hipótesis que se nos ocurrían para explicar lo inexplicable...
-Que los dioses de las religiones podrían haber sido extraterrestres.
-Sí, aunque quedaba por aclarar cómo carajo podrían haber recorrido inmensas distancias en tiempos razonables y con un gasto razonable de energía.
-A veces pensaban que pronto se iba a descubrir nuevas leyes de la física...

Miguel abandonaba el tono didáctico poco a poco.

-Claro! Y se han ido descubriendo... Quién iba a decir hace unos años que el vacío pudiera estar lleno de energía!
-Que la realidad podía tener más dimensiones que las que podemos percibir...
-¡Eso también! Aunque no es tan nuevo, pero recién ahora se le está dando pelota.

Manuel dejo correr unos momentos de silencio al son de los pasos que continuaban.

-Bueno, don Miguel. Usted sabe que yo no soy ningún científico. Ni siquiera he estudiado nada. Lo que le quiero contar es mi experiencia con ese tipo de cosas. Usted me puede hacer las preguntas que quiera y yo se las voy a contestar con mis palabras, porque no conozco los términos técnicos. Pero quiero que vea que no estoy inventando.
-¿Qué es lo que buscás?
-Quiero que la gente abra los ojos

sábado, abril 04, 2009

675. Manuel Mentiroso

Así no más el señor rico le estaba diciendo que su hijo era un mentiroso. Nada menos que Manuel un mentiroso! Imaginativo, tal vez. Muy imaginativo y capaz de  expresarse de maneras extravagantes. Con ese humor del que hace gala sin importarle que ella  no resonara en la misma frecuencia, aun siendo su madre, y compartiendo una manera de ver el mundo fuera de todo prejuicio...¡Pero mentiroso, no!

-¿Conoce usted a un tal Yaka...? Yaka Zulu, le dicen.

¿Pero sería posible que no se pudiera hablar de otra cosa...?

-Manuel lo trajo y le presentó como su padre Mandinga. ¿No lo conoce...?

No le iba a contestar eso.

-Es un tipo medio extraño que vive  en una casa metida dentro del monte...

No le gusta y ahora me va a decir la razón.

-Tiene fama de brujo... aunque no es mi intensión desmerecer la ciencia de nuestros antepasados... pero es que ahora...

Ahora está mal vista la brujería.

-... por lo general se dedican a esas cosas los embaucadores que quieren sacarle el dinero a la gente...

A Manuel no hay peligro de que le saque mucho.

-... o dominarles psicológicamente.

Tampoco hay peligro. Lo único extraño es que anden juntos y hablando como padre e hijo! Está claro que él se lo ha dicho... ¿Lo sabría desde siempre? O por alguna razón llegó a darse cuenta. El parecido...

-... no es que quiera meterme en sus cuestiones personales, pero no creo que sea su padre...

Ah, mirá. Hasta tiene opinión formada sobre eso!

-... siendo que usted no lo conoce.

Elegante.

-¿Pero por qué entre los dos habrán inventado esa patraña?

Voy a tener que decir algo.

-Ninguna patraña. Si Manuel dice que es su padre ha de serlo no más.

-¿Y usted... no lo sabe?

-Fue una violación en una noche oscura.

-¡No me diga! ¡Ah, pero que situación impresionante!

-No. No, no me haga caso... Era una broma.

-Una broma...?

-Sí, disculpe. Detesto las conversaciones serias.

-Pero es que Manuel nos ha mentido a todos. Nos ha vuelto locos detrás de una endiablada historia, tejida alrededor de los verdaderos delirios de este muchachito Dengue, que creía tener a otro adentro.

-Embarazado?

No, poseído. Poseído por otra persona igual a él, o casi igual, con el mismo nombre, pero sin cuerpo.

-Pero eso no ha de ser posible.

-Por eso le digo que nos mintió.

(Ajajá, ese es mi hijo. Con sus eternas historias complicadas de cuando era un niño y papá le estimulaba la imaginación para desarrollarle la inteligencia. Qué gracioso. Claro, todos son extraterrestres que han llegado y se han encontrado conque en la tierra ya estaban sus dobles!)

-No será que quiso decirles otra cosa...?

-¿Qué cosa?

-Otra cosa... No sé... Tal vez no le entendieron. Es muy observador, y a veces habla de cosas que los otros no han observado...

-Decía que iba a tratar de sacar uno de los que estaban dentro del otro!

-En un sentido figurado, seguramente.

-Cada uno hablaba con una voz distinta...

-Entiendo. ¿Y después qué pasó?

-Que cuando a Dengue se le terminó el delirio Yaka se fue sin saludar. No podían seguir con el teatro...












miércoles, abril 01, 2009

674. Conversaciones

Fue cuando Margarita recuperó el hilo de una anterior conversación interrumpiera con Magda dos meses antes. Que decorara no más a su gusto la casita ya que en ella estaba viviendo, sin problemas, ya que ella -Margarita- no pensaba volver, a no ser algún día de vez en cuando a visitarles. Qué más quería ella que su hijo estuviese siempre acompañado con la misma muchacha, aunque eso pudiese sonar demasiado convencional en su boca, después de haber cambiado quinientas veces de compañero. Pero era así y recién se animaba a reconocerlo. Que la variedad es hermosa pero en demasía cansa, y especialmente... Se lo iba confesar entre mujeres.

-Mi vida loca le quitó a Manuel el padre...

Manuel se acercó para inquirir:

-Tuviste algo con el Yaka, vos...?
-Ah, Manuel! ¿Con el Yaka? Mire si voy a... Bueno, hace veinte años no estaba
mal.... Pero fuimos amigos muy poco tiempo.
-El suficiente?

Ahora molesta.

- Qué se yo... Pero de qué hablás? Ah, ya te he dicho tantas veces que no puedo saber quién fue tu padre. Por qué insistís...?
-Porque creo que Yaka Zulu es el padre de mi hermano Manuel, el de aquí. ¿No les ves un parecido...? A vos Magda, qué te parece?

Margarita se apresuró a llegar hasta la cama, todavía, de Dengue, a interesarse por su salud casi sinceramente del todo. Vittorio le presentó a Ernesto Federico que se conocían del barrio sin haber intercambiado palabra. Lo recordaba más joven saliendo por esas calles a llevar de paseo a su madre en el carrito lateral de aquella enorme motocicleta de manubrios anchos. Ella apenas asomaba la cabeza, aquella carita ovoide, renegrida, debajo de una capelina rosada nácar. Decían que era loca. Y que el muchacho terminaría yendo por el mismo camino si persistía en llevar esa vida de monje tibetano. Que había tenido un hermano que se quedó en Brasil cuando el suicidio del padre, parece que internado en una clínica, de por vida, manoseándose manchas de sangre imaginarias. El hombre, brasilero de origen, según todos más loco que millonario y excelente violinista, miraba a la gente como desde detrás de un muro de orgullo. El hijo, no. Este.

-Mucho gusto, en realidad.... nos conocíamos aunque nunca habláramos.

Ahora se acordaba de aquella conversación que una vez había oído, entre su propio padre y este sujeto, en el galponcito de la otra casa. Hablaban de ciencia y de inventos a medio fabricar. De viajes en el tiempo, hacia el pasado, decía este, explicando luego que tras las huellas de los primeros hombres para recuperar el primitivo sentido de la humanidad, anterior a toda la confusión que después vino. A ella le había causado gracia que un hombre tan musculoso se preocupara de aquel modo por el destino de la humanidad, lástima que no se diera cuenta todavía de que la única salida era fundar una humanidad nueva, liberada de las posesiones de todo tipo. Que el pasado debía ser dejado donde está. Y comenzar desde cero... Claro que ahora ya tampoco estaba tan segura.

-Te recuerdo del liceo de Solymar.

Claro! Oliveira. Increíblemente el mismo que después veía en la ferretería o en la farmacia. Antes del suicidio y después, y algunos años. Heredero de una fortuna que también transforma a los que se dejan seducir. Aunque generoso.

-Tu hijo es muy extraño.
-¿Mi hijo...?

Casi había dejado traslucir una entonación irónica.

-Sí... Nos ha tenido en vilo con una historia complicada que ahora parece que ha sido un invento suyo... ¿Tiene costumbre de mentir...?



jueves, enero 15, 2009

648. Sólo es anormal tu olfato

-¿Y ahora...?
-No, ahora nada. Olor a nada, a cosas que no tienen olor. Ni siquiera olor a aire...
-Mmm...
-Ves, ahora empiezo a recuperar los olores de hace un rato. Ese perfume que estás usando y... algo que huele como a lata herrumbrada, no sé... pero estaba aquí cuando vinimos ayer.
-¿Siempre tuviste buen olfato...?
-El normal.
-Por ejemplo el perfume este que tengo puesto a qué distancia serías capaz de reconocerlo?

La pregunta le causó mucha gracia a Manuel porque como pasó a reír entre explicaciones, era aquel un olor tan horriblemente agrio que se animaba a reconocerle a dos cuadras. Se disculpó. Y para reforzar el gesto le tendió una mano amiga al licenciado.

Apretón de manos.

Vittorio se descubrió de pronto sacudiendo su mano en el aire con otra mano adentro, y no sólo eso, sino que diciendo con aquel tono de voz que creía perdido desde la muerte del abuelo Eulogio, allá cuando el campo, las palabras consabidas que se dicen durante un apretón de manos.

-Y cómo no...!

Con lo que venía a confirmar que hay otras formas de memoria que no dependen de las palabras. Ese tono de voz a lo gaucho un poco refinado, que no reniega demasiado de sus orígenes culturales, pero usa pantalón en vez de bombacha y botas. Como un adelantado ejemplar del mundo gaucho que se adentra al recibimiento de la globalización.

El abuelo Eulogio, con la misma cara de mi madre criolla que ahora se oculta detrás de esta nariz tana que nos ha crecido a todos... Pero volvamos al muchacho.

-¿Lo reconocerías a diez metros?
-¿A diez metros... ese olor...? Sí, claro!
-¿Y a veinte...?
-¡Vittorio... nunca me puse a contar los metros!
-¿Hasta diez estás seguro?
-Sí, hasta diez.
-Ves...? Es lo que digo, tenés un olfato de tísico!
-...
-Quiero decir. Que eso está muy por encima de lo normal. Sos una persona olfativa.
-¿Es bueno eso?
-Y... decime. Tenés con frecuencia fantasías donde aparezcan olores.
-¿Fantasías...?
-O sueños.
-No sé, no me acuerdo...
-¿Y a veces te dicen que sos terco...?
-Pero, ja. ¿Qué es lo que querés averiguar

Vittorio volvió a la realidad. No debía, no debía evaluar a las personas usando esos ridículos moldes mentales! Categorías, tipos, clases y subclases. Como la red que quiere pescar el agua. En cambio allí enfrente había una persona.

-Nada, muchacho. Solo que no me resulta fácil declararte loco. Decís locuras, pero en todo lo otro parecés normal., sólo es anormal tu olfato. Y bueno, yo había relacionado tu gran olfato con un temperamento orientado hacia las cosas olorosas, las que dan placer y las otras. Los malos olores...No me hagas caso.

-Igual no había entendido nada. Pero quiero ir a lo que dijiste antes... que lo único que parecía loco era lo que yo decía. Que en mí mismo no se notaba nada raro, ni siquiera daba el tipo del gran mentiroso. Ni miento ni estoy loco, pero cuento una historia que sólo un loco puede creer.

-Eso! Eso era lo que te quería decir.

-Bueno, pero yo la creo! Y no estoy loco según acabás de reconocer.

-Tenés razón... Salvo que... simplemente estés confundido, equivocado...

-¿Y si yo te dijera que no sos quien creés ser?

-Está bien. Trato hecho. Pongámonos al mismo nivel. No puedo saber cuando estoy viendo locura a través del cristal color locura.

-Ni yo debo pretender que me creas cuando hablo de cosas que vos no creés posibles. Quisiera poder darte alguna prueba.

-¿Prueba...? ¿Se podrá probar una cosa así?

-Por qué no? Vos podés decirme que cosa te convencería de que lo que yo he visto existe... Y después yo te digo si puedo conseguirla.

-A ver... dejame pensar un poco...







sábado, enero 03, 2009

640. NADIE SE ATREVA

El otro era Cholo. A Manuel le dio emoción ver la viva estampa de su amigo de allá que acá le venía haciendo un saludo con la mano abierta, se bajaba sonriente en su cara de mandinga y venía al encuentro del grupo que se había formado en la puerta de la casa, medio adentro, medio afuera. Saludó a la uruguaya, con monosílabo gutural, y esperó a que Ernesto perorara los motivos de la urgencia con Vittorio, quién hacía piruetas verbales para evadir su olvido y rellenar el vacío con la emergencia de la emergencia.
Al parecer la reunión no era tal, como ya todos habían sospechado, sino apenas un encuentro entre aquellos dos que compartían la preocupación por el desvío ideológico que descubrían en los actos del nuevo gobierno de izquierda. Habían querido intercambiar ideas sobre posibles correcciones generadas desde las bases y posibles maneras de lograr que alguien en las alturas se dignara a escucharlas. Había llegado Ernesto al parador del Pichi en busca de Vittorio estando allí el Cholo arreglando el DVD, completamente ajeno al tema, aunque como siempre material de fácil combustión si se rociaba con temas políticos.

-Me preguntaba si habrías encontrado al pariente de tu mujer, ese. -decíale Ernesto a Vittorio, ignorando a los dueños de casa, tal vez por no conocerlos. Con eso Manuel supuso que hablaba de Peponne, el gordito secretario de Mujica, que allá en el mundo original tantas veces hiciera de intermediario sin traicionar a ninguna de las partes.
Pero Giorgiopnne seguía insistiendo conque no era cuestión de contactos sino de lograr que todos los del comité de base se interesaran en el tema y apoyaran un movimiento dentro del congreso. Cholo estuvo de acuerdo porque había que consolidar el poder de las bases.

-Para los de arriba todo es cuestión de que las cuentas cierren al modo capitalista. La gente tiene otra ciencia económica. Primero las necesidades de la mayoría.

Manuel sonrió. Siempre le había causado gracia la expresión "ciencia económica" en boca de entrajados señores que todos los días salen al salvataje de los bancos que los banqueros vacían. Se acababa de enterar de que su madre biyutera andaba a salto de mata evitando que le obligaran a inscribirse en el monotributo.

(Nadie se atreva, a tocar a mi vieja. Porque mi vieja, es lo más grande que hay)

Se atrevió a meter la cuchara:

-¿Y si en vez de comité de base organizaran una verdadera comuna...?

martes, noviembre 11, 2008

625. Pisapapeles

Ese pedazo de piedra con el que apretaba los papeles en desorden, que le trajo Sergio de Europa, como prueba irrefutable de la incapacidad explicativa de la ciencia. Porque bailaba de aquella manera ilógica, que a su parecer indicaba un sentido innato del equilibrio y la moderación. Como un Universo, en el que se crearan tantos elementos con una característica, y necesariamente, el mismo número de los que poseyeran la característica contraria. Según él, esas piedras, llamadas hachas, aunque tal vez nunca hubieran sido usadas como tales, contenían en sí mismas ese criterio universal y por eso, cuando le obligábamos a hacer un número de giros en un sentido, inmediatamente se empeñaban a compensarlo con un otros tantos en el contrario... Ahora bien, ¿cómo se habría enterado este muchachito Manuel de que él poseía una cosa así? Pretendía haberse enterado por su boca del nombre hacha celta, y de las confusas explicaciones que alguna vez había leído en una vieja revista científica, donde la causa del giro retrógrado aparecía como consecuencia de un bla bla bla de desplazamientos de centros de gravedad y nada parecido a que la piedra tuviese conciencia o memoria. Las piedras suyas, que pretendía haberle mostrado en acción, poseían aquella propiedad junto a otras que las hacían útiles para comunicarse de forma instantánea con otras que... ¡Basta ya!
Los árboles del Parque Roosevelt pasaban frente a las ventanas del ómnibus como fichas de dominó que siempre mostraban seis sobre seis sin ser la misma.
La lógica pedía un puente entre los datos de su vida privada y las palabras de Manuel.
Una ecuación que una vez resuelta mostrara las raíces a la luz del día para que sustituyendo su valores en las incógnitas se verificara la igualdad propuesta
Ya una vez había estado a punto de creer que su mujer, nada menos, la escribana, poseyera poderes telepáticos cuando de golpe la había sentido pronunciar el exacto y extraño nombre de aquella su amante accidental. Qué sorpresa. Sentirle decir que la mañana se mostraba "más cariñosa que Ifigenia Mendizábal", así con la escasa sonrisa de sus dientes apretados en los cinco minutos de "me tomo un té", entre protocolo y protocolo. Ja, sus verdaderos y propios amantes. Todo tenía o debería tener su explicación. Aquella vez no había atinado a averiguarlo, aunque seguramente lo dicho por la escribana hubiera sido cualquier otra cosa con una sucesión de vocales similar a los que él creía haber escuchado, y esta... Esta vez el problema no estaba en algo que se hubiese escuchado mal, sino... en que la probabilidad de coincidencia entre un mero divague o delirio y la privada realidad de su escritorio de trabajo... Porque si le hubiera dicho que su estudio tenía una ventana que daba al patio de la casa, con las ramas del álamo asomadas y las plantas y la reposera... Pero, que le viniera a recoger de sobre su propio escritorio aquel extraño objeto que ni su propia mujer hubiera sabido nombrar adecuadamente...
Se podía hacer un resumen. Cierto que el poseía un objeto llamado hacha celta. Cierto que dicho objeto tiene la peculiar propiedad de volver marcha atrás los giros que se le imprimen. Cierto que una vez había leído en una revista una pretendida explicación del fenómeno. Falso que conociera de antes a un sujeto llamado Manuel Aquelarre. Falso que dicho sujeto le haya nunca mostrado otros objetos con propiedades similares y hasta más extrañas que las de las hachas celtas. Cierto que él no pretende que la entrevista se haya producido en esta realidad. Cierto que su novia no cree que haya podido hacer otra cosa que yacer inconciente sobre una cama. Cierto que sobre lo que pueda pasar en otros mundos, si es que existen... es poco lo que se pueda afirmar.

-Señor, hemos llegado a destino. ¿No se piensa bajar...?

miércoles, octubre 08, 2008

607. ¿Piensan las piedras?

Se hubiera podido esperar que Manuel, al entender las pretensiones de Bosco, montara en cólera, como se dice con frecuencia. Pero no, en vez de indignarse con este sujeto, siempre sospechoso de ser él, o al menos uno de los autores de ese novelón, que por lo visto aún se seguía publicando; se apartó de la rueda y en silencio fue a dejar caer su cuerpo sobre uno de aquellos butacones de la antigua rueda del té. Lo hizo sin dramatismo pero su silencio repentino fue notado por todos y todos siguieron con la mirada su inmediato derrotero, desde el centro del grupo frente a los monitores, hasta la arcada grande que la arenisca de las paredes formaban dejando el lugar justo para el juego de living.
Es que nunca se le había ocurrido pensar que no necesariamente tenía que ser una persona la que le había estado espiando, a él y a todos los otros, y escribiendo esas notas casi diarias que aparecían publicadas en Internet. Podía ser que fuera... que haya sido... y siga siendo un aparato, una cosa distinta a una cámara, un objeto con la suficiente sensibilidad como para registrar todas las palabras y todas las acciones que se hicieran en su presencia. Los guijarros. Pero sin embargo, le parecía poco posible que todo lo que se había publicado fuesen cosas que ocurrieran en las cercanías de las famosas piedritas. De la bolsa de gamuza que solía llevar en el bolsillo trasero de su jean...
Llamó con una seña a Magda. Magda vino pero poco le pudo ayudar. Al igual que él, no había leído más que algunas decenas de capítulos de la historia y, especialmente, se declaraba incapaz de recordar si en cada caso los guijarros se habían encontrado en las proximidades de la escena.
Llamaron a Mandinga. Mandinga vino un poco nervioso, con sonrisa culpable y movimientos torpes, como si supiese que iba a ser nuevamente interrogado sobre las complicadas tranzas que en otro tiempo le habían comprometido a guardar silencio. No ahora, (¿o sí...?).

-Decime claramente... ¿Qué son los guijarros?
-Piedritas...
-No te hagas el boludo.
-Bueno... Están constituidos por algo así como cuasi cristales que...
-¿Pueden escuchar...? ¿Tienen memoria...?
-Todo tiene memoria. No hay nada, ninguna información en el Universo, que verdaderamente se pierda...
-Te pregunto por los guijarros... ¿Pueden transmitir información sin que nadie se lo... ¡Me cago! Eso es lo que ha sucedido todo el tiempo. !Los guijarros son aparatitos programados para espiar lo que sucede alrededor! Vos se los enchufaste a mi abuelo y con ellos le enloqueciste, lo embalaste para que a su vez se pusiera a espiarme y manejar mi vida y...
-Para Manuel, no es como parece...
-¿Ah no? ¿Y entonces cómo es...? Hablá claro.
-...
-Te escucho.
-...son algo muy especial...
-Sí. Seguí hablando...
-...algo que yo mismo no termino de entender... A veces hasta me dan miedo.
-¿Por qué...? ¿Te han hecho algo?
-No, pero... Parece que tuvieran pensamiento propio.
-Están programados...?
-No se trata de eso. Son sustancia sólida como te decía... Pero... He visto que alteran levemente los mensajes.
-¿Los que uno les hace transmitir?
-Sí, a veces el que los recibe no recibe exactamente lo mismo... Como que te corrigen los errores o...
-O que están siendo manejados desde otro lugar...?
-Eso es imposible. Lo he consultado con los sabios de mi tribu. Ellos le dan dos explicaciones. Una científica, que no te va a interesar... Y otra...
-¿Otra qué?
-Mística.

lunes, febrero 11, 2008

472 Galería de espejos

Al término de las declaraciones sobrevino un pesado silencio. En cada una de las cabezas las ideas en pro y en contra de la posible realidad de aquellas cosas se balanceaban y anulaban mutuamente. No era que nadie hubiese alguna vez pensado cosas similares por tener una concepción lineal e inocente. No, todos ellos, hasta la anti-intelectual Margarita, aunque a través de distintas experiencias o por distintas razones, habían desechado hacía rato todas las explicaciones simplistas del universo. Las religiosas, pero también las cientificistas. Tenían en cambio (Y ahí radicaba primordialmente la duda) una tendencia a imaginar un mundo más dirigido directamente por algún espíritu primordial. Sin llegar a la historia del viejo barbudo, por supuesto. Ya hacia rato que galgueaban tras las noticias que día a día les llegaban sobre la progresiva complicación de los múltiples planos, dimensiones, y tiempos, como para recibir de buen grado esta andanada de yoes parecidos.

Por último Cholo le preguntó:

-¿Querés decir que todos venimos en versiones buenas y malas, y que lo que nos parece mal aquí en otra versión paralela, nos parece bien?

-No necesariamente, aunque... si fuera cierto que las versiones son infinitas, tal vez...Yo no se.

-Matemáticamente... -musitó Ernesto mirando el suelo. A lo que la flaca sonrió aliviadoramente:

-No creo, porque la persona tiene una tendencia natural que se va a manifestar en cualquier circunstancia que le toque vivir... - (Su mano se fue colando por debajo de la remera de Manuel hasta hacerle cosquillas).

Ahora fueron Dengue y Trum Urum los que venían bajando la rampa mientras charlaban animadamente. Nada de depresiones, el tema de los muchachos estaba en camino de resolverse a través de una agrupación de adolescentes antipatos. Trum había sido invitado a una agrupación de la que formaba parte su hijo y había salido pletórico de orgullo.

-Es lo que yo decía- festejó Giorgionne. -Hay que darles la oportunidad.

Pero el tema era considerar que si ese mundo de las infinitas copias fuera falso, falso resultaba ser que Mandinga no fuera un traidor. Aunque le estuvieran dando tantas vueltas que ya ni ellos podían seguir el hilo que... ahora era tirado nuevamente por el otro extremo y volvíamos a vernos repetidos como las fichas de dominó, en hileras...

Cholo volvió a las preguntas aunque ahora como hablándose a sí mismo:

-¿Estás diciendo que lo que acordaste lo acordaste vos, pero siendo otro vos con el cual nunca estarías de acuerdo?

-Más o menos...

Manuel retorció su espalda a medida que la mano de la Magda subía por el espinazo galopando con cuatro dedos. La flaca estaba contenta. Se le notaba distinta desde que Manuel le había abrazado la espalda y de cuando en cuando le sonreía otra vez con candor a pesar de haber puesto cara de pensar en lo que se hablaba. La hizo corta. Propuso que teniendo tiempo para pensar ese tema tan difícil se pusieran a pensar en qué contestarle a Satán.