sábado, diciembre 20, 2008
637. VUELTA AL PRINCIPIO
Dengue parecía algo más sereno aunque con poco apetito. Magda seguía fingiendo naturalidad aunque por dentro deseara no haber cargado con un segundo caso difícil sobre sus hombros. Vittorio trataba de no alterar en lo posible lo que en la vida de los muchachos le parecía una exquisita obra de arte. Manuel se lamentaba de no poder hacer uso de la confianza que en su propio mundo tenía tanto con Vittorio cuanto con la Magda. Se imaginaba que por algún lado andaría ya Mandinga buscándole y que en cualquier momento se les podía aparecer, para espanto de todos y alegría propia. Claro que ahora no se iba a poder ir hasta tanto dejara bien encaminado este asunto de Dengue. Si su otro yo -se lo planteaba- aceptara, viniendo, tomar la posta de la misma tarea, y si al mismo tiempo el grado de confianza que Dengue le había demostrado a él, se mantenía con el otro... Pero Vittorio estaba hablando.
-Y esos guijarros, Manuel, que me contabas...?
-Sí, los guijarros... Los traía en el bolsillo de atrás del vaquero, flaca...
-¿Los traías...?
-Sí, en el hospital me diste uno que no era mío... bah, sí, de Manuel... ¿Y el que yo tenía puesto?
Magda hizo esa apretura de labios que expresa contrariedad.
-Cuando te encontré estabas desnudo.
-...Claro, sí, pero... yo lo traía puesto desde...uf !!
Magda llevó la mirada hacia Giorgionne.
-De dónde venías, Manuel?
-De... A Bur Na Bar, la comunidad de los Esenios. Siempre ando con la bolsa de los guijarros en el bolsillo.
La flaca, vuelta a la palidez, recordó aquello de no contradecir a los locos. Volvió a buscar apoyo en Vittorio con la mirada.
-Perdón. Ya sé que piensan que lo que creo recordar no pudo ocurrir nunca. Menos durante esos quince días que dicen que estuve inconsciente.
-¿Es mucho lo que recordás...?
-Y... desde ese día que dice Magda que me encontró tirado en el baño... Bueno, recuerdo algo parecido que ocurrió hace más de dos años y que... Fue cuando empezó todo...
De golpe Dengue recuperaba el habla, -contale lo de las bolas- dijo, sin fijar la vista en ninguno, sino en el almanaque que en la pared mostraba una tropilla de caballos a la carrera.
Manuel saltó sobre su silla y agarró demasiado fuertemente el brazo del muchacho.
-¿Vos lo sabés, Dengue? ¿Te acordás...? ¿Cómo te podés acordar, si....?
Dengue siguió mirando el almanaque sin parecer enterarse del inquisitorio. Una de sus mejillas tironeaba hacia arriba sin ritmo ni compás predecible... Fue entonces que Manuel se dió cuenta de que el ambiente se había llenado del típico olor de la ruda
sábado, diciembre 01, 2007
440 ¿Para qué hacen eso?
jueves, septiembre 20, 2007
392 LA REVELACION
Como adelantáramos ayer, el segundo de los tres días de gran ajetreo comenzó con al llegada de Maximiliano al mando de una bola de carga que traía la última producción de juegos de guijarros extra diminutos para ser acoplados mediante el tablero sensible a las mini computadoras que estaban armando los compañeros de la comuna 4 “Rosa Luna”, de La Teja. Eran 2500 juegos que tal vez fueran los primeros en ser distribuidos masivamente y los últimos de tamaño visible, porque ya Ernesto estaba al habla con varios ingenieros uruguayos especialistas en nanotecnología para perfeccionar su idea de los guijarros monocristalinos integrados en un chip. Después vendrían los circuitos totalmente guijarrizados –porque los guijarros pueden funcionar como todos los transistores conocidos al mismo tiempo- para arribar poco más tarde a lo que en los próximos días se iba a transformar en obsesiva idea dentro de la mente de Ernesto Federico: “Las Peonzas Cuánticas”.
Bien, pero estábamos en la llegada de Maximiliano. Parecía todo un hombre el muchachito este que había llegado no hace tanto, traído por su padre y dejado sobre los cerros del Queguay a que madurase al sol, lejos de los cuidados de su madre. Bajó sin ayuda las veinticinco bolsas que fue dejando sobre un costado del sector tecnológico y acudió con el informe frente a Ernesto. Era un informe hablado… porque… Bueno, los muchachos de la comuna Queguay habían resuelto que entre ellos los informes escritos no corrían por considerarlos demasiado pedantes y propensos a ser archivados sin nunca ser leídos. Y hasta aquí llegamos con lo atinente a Maximiliano porque ahora cabe poner atención al griterío que estaba armando Ernesto para que Manuel saliese por fin de la cocina –donde desde hacía una hora desayunaba con Magdalena.
-He tenido una revelación –le gritó loco de contento ni bien lo vio venir.
Había sido uno de esos pantallazos de intuición que hasta los más troncos tienen a veces. Se había dado cuenta de que la diferencia principal entre la actual república Anarquista y lo anterior no era el hecho de la ausencia de gobierno sino la perfecta comunicación que todos los rincones del país estaban teniendo con los lugares donde se producían las principales iniciativas revolucionarias.
-¡Manuel, ellos están al tanto de nuestras discusiones, están metidos entre nosotros, saben de nuestras dudas, nos conocen en la intimidad! No existe la posibilidad del engaño… Para eso es que esta historia se publica en Internet! ¡Para que se vuelva verdadera!
En realidad Manuel ya había andado rondando ideas similares, pero los gritos entusiastas de Ernesto le trajeron de nuevo a sus viejas cavilaciones.
-Sí, pero ¿quién la escribe?
-No se, Manuel, no se… ¡Pero dejame festejar mi alegría! Hacía tanto que no pensaba nada original.
-Perdón. No te lo dije, pero pensé que era una gran idea de esas que sin no son verdad pegan en el palo.
domingo, agosto 26, 2007
373 No Tenés Patrón
Al otro día se pusieron todos en movimiento y desde temprano se sentían ruidos que provenían de la Galería Máxima y de todos sus recovecos. Pero Manuel no quería presentarse tan temprano sin haber tomado unos mates con la flaca y ponerse al día con las conversaciones. Una especialmente que más que conversación era una consulta a su inteligencia, más directa por lo general que la suya, que solía perderse dando vueltas por ahí sin recordar para qué era que había venido. Parecía que la flaca todo esto de los mundos y trasmundos, después de los primeros sustos, se lo estaba tomando con una naturalidad asombrosa y estaba viviendo todo con una serenidad tal como para tener el pensamiento despejado al momento de que él le preguntara... lo que le tenía que preguntar...¿Cómo era? Sí, si era posible, que él, Manuel Aquelarre, estuviera escribiendo su propia historia mientras la vivía. Es decir...
-Decime flaca qué te parece si yo te digo que al mismo tiempo que estoy viviendo, estoy escribiendo la historia de esta vida...?
-¿Estás escribiendo? ¡Ah, qué bueno!
-No. Yo te pregunto en serio si eso será posible.
-Bueno.... Vos no tenés patrón....Podés reservarte el tiempo que precises...
-Quiero decir que si es posible que en este momento yo además de hablar con vos, esté escribiendo esto mismo que estoy hablando.
((Si estuviera de este lado la pregunta terminaría con "hablando esto mismo que estoy escribiendo.))
-¿Me estás jodiendo, flaco?
-No, qué te voy a estar jodiendo. Es una idea que me tiró Mandinga y que no me la puedo sacar de la cabeza. ¿Te parece posible?
-¡No! qué me va a parecer posible. ¿Por cual motivo lo harías sin decirte a vos mismo?
-Capaz que por ningún motivo. Que lo hago nomás.
-Todas las cosas tienen una causa.
-Causa sí. Pero tal vez no motivo.
-¿Qué decís?
-Que yo por ejemplo tengo causa. Porque mis padres cogieron. Pero no tengo motivo, porque si no existiera sería lo mismo.
-Ah, Manuel estás deprimido...Vení, vení flaquito. Es demasiado temprano. Tomamos mate más tarde...
En la galería habían puesto diez mesitas cada una con un juego de guijarros encima, los tableros estaban siendo conectados a un manojo de cables que por el interior de unos largos caños de plástico, cruzaban todo el espacio hasta el semicírculo donde ahora estaba la computadora de Ernesto, más provista de adminículos que nunca. Sobre un costado Trum y Porum vigilaban a los diez primeros cachorros que venían a iniciar los cursos de comunicación telepétrica, para que puestos en ese espacio tan grande no les viniera a ninguno un repentino impulso corredor, de esos que en la infancia resultan casi irrefrenables. Faltaba una prueba final.
Ernesto desde su silla giratoria frente a los monitores, dio una señal sonora que era lo convenido en el programa. Los guijarros de todos los tableros corrieron buscando sus respectivos lugares para ponerse a girar en cada momento y en el sentido que le indicaban las corrientes vibrátiles del derredor y así encontrar el mayor placer.
Trum hizo otro de esos grititos para indicarle a Ernesto que todo funcionaba bien y le indicó a su esposa de esos días, otra vez Porum, que dejara nomás a los niños llegar a los tableros, cada uno en uno mientras los dos iban a estar para dar ayuda solo en caso de que se les pidiera. No fue necesario. En una hora se retiraron correteando y haciendo bromas con los códigos de determinadas letras.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)miércoles, agosto 22, 2007
370 Cada Cual Que Atienda su Juego
Los cinco de las carquejas no sólo se venían a poner a disposición ellos mismos sino que traían otras novedades. Diez juegos de guijarros perfectamente clonados del Juego que se había dejado olvidado Manuel. Bosco había logrado ubicar el lugar original de donde Mandinga había sacado esa piedra pesada que parecía pertenecer a un extraño aerolito. Miguel conocía técnicas de lapidado muy precisas y Chumbo había resultado poseer una sensibilidad prodigiosa en las yemas de los dedos que le permitía reconocer las distintas piedras con sólo rozarlas. No sólo distinguir las piedras piezo eléctricas de las comunes de mineral medianamente magnetizable, sino cualquier piedra de cualquier otra, sin poder explicar por qué. Lo habían probado con una venda puesta en los ojos clasificando los cantos rodados en tres montones groseros donde iba tirando las que contenían mucho cuarzo, las que eran más ferrosas como el basalto y los pedruscos de areniscas arcillosas que eran abundantes en aquel lugar. El aporte de Ernesto Federico no era menos importante. Tenía terminados dentro de su mente los planos de una interfase para integrar los guijarros con una computadora corriente. Un internet privado imposible pinchar por ningún procedimiento conocido en la tierra y tal vez ni en el otro mundo, mientras tuviesen a Mandinga como voluntario aliado. Giorgionne en cambio no terminaba de redondear una explicación a los extraños procedimientos intra-mentales que estaba descubriendo a partir de tratar de hacer esas cosas que a Manuel le resultan tan fáciles, como meterse dentro de un punto. Había estudiado muchas de esas cosas en libros hinduistas que estuvieron de moda pero nunca los había sentido como algo perteneciente a una realidad que se pueda palpar con sólo un poco de predisposición y de coraje. Ahora había logrado sacar el centro de su mente de dentro del cráneo y pasearle por alrededor hasta casi un metro de radio. Malabarismo que si bien pudiera resultar perfectamente inútil no dejaba de ser escalofriante y seductora fuente, de nuevas ideas para experimentar. Maximiliano había aprendido a manejar las bolas con una habilidad cercana a la del Dengue y había heredado de aquél el puesto de piloto de pruebas y maestro de pilotos de pruebas.
-Bueno cada cual a los suyo, –ordenó sin darse cuenta Manuel- tengo la sensación de que no nos queda mucho tiempo. Tenemos que pòner una bola al servicio de cada comuna y enseñar las técnicas para que no dependan de nosotros. Tenemos que tantear contactos en los países vecinos para establecer bases subterráneas. Tenemos que meternos en los medios de comunicación y difundir nuestras ideas, especialmente la explicación de la guerra cósmica y de lo que son los llamados dioses y demonios…
Allí se interrumpió.
…si no es que se nos han adelantado…
El Cholo le preguntó qué decía.
-Que quién publica esta historia en Internet está haciendo lo que yo digo que tenemos que hacer…
viernes, julio 06, 2007
344 Cuatro quilómetros de cable
A pesar de todo el método resultaba lento. Llegaron a localizar una tirada de más de dos mil cifras que apenas contenía una página del texto y nada de quién era el autor. El verdadero autor. Que tal vez entre líneas estuviera dejando pistas de su identidad, por descuido o simplemente por jugar al gato y el ratón con la perspicacia de algunos lectores como ellos que pretendieran descubrir el secreto.
Manuel se impacientó.
-Yo no sirvo para esto. Me lleva mucho tiempo identificar los números. Tendría que aparecérseme el número frente a la vista con solo mirar los guijarros bailando!
Nadie le dio bola, pero Ernesto largó su pensamiento tras la idea apenas insinuada. Un mecanismo automático de registro de todos y cada uno de los sentidos de giro de cada guijarro al correr del tiempo…Con una interfase a la computadora que podrían traer y…El cable venía a ser el problema…hasta la carretera quedaban unos dos quilómetros…una escalera para subir a los postes de la electricidad, un par de guantes aislantes…y pinzas de soldadora eléctrica, por decir algo que muerda fuerte y no se ande moviendo con el viento…Cuatro quilómetros de cable!
-Además, tendríamos que estar fabricando las bolas nuevas. No podemos dejar a esa gente en banda!
Eso martirizó al Cholo, quién, como técnico en bolas aéreas del grupo debería haber requerido ya opiniones sobre los detalles a mejorar en el diseño. Para él, por ejemplo, la décima cuerda, la tramposa, debería ser un poquito más corta para no tener que esforzarse en hacerla vibrar junto con las otras. Sola sonaba desafinada. Había que revisar los plá… NOS ¡! Que se quedaron en la caverna ! También consultar por las mejoras que a él se le habían ocurrido, que terminarían por transformar a las bolas en una verdadera prolongación de todos los sentidos conocidos y desconocidos del humano que la pilotee, le parecía. Por la sola razón de la semejanza entre lo que se piensa y lo que se percibe. Más cantidad de cuerdas en tamaños progresivamente menores, tendrían que encargarse de vibrar en resonancia con otras series de datos del mundo que nos rodea. El largo y la colocación ideal tendría que ser encontrado por experiencias que llevarían bastante tiempo…
-Los planos quedaron en El Bosque…
Cinco minutos después al cerrito que cubría la cueva le salía una burbuja de papel bastante sucio, dispuesta a ganar altura en el cielo de esos campos. Los únicos testigos fueron los Teru Terus que ni atinaron al ataque con sus rojos pinchos de los alerones porque, no tuvieron tiempo. Apenas llegaron a abrir todas las bocas para articular el primer teru cuando ya la bola se iba confundiendo con las deshilachadas nubes de allá arriba.
Abajo en cambio, por las lomas verde amarillentas de pasto seco, venía avanzando una vieja camioneta Bedford cargada con botellas de plástico. Los teros ahora sí atacaron de un modo desordenado pero al unísono, hasta meterse uno con plumas y todo dentro de la cabina dónde el flaco Pinget, por manotear el bicho como si fuera una mosca, soltó la dirección justo cuando la rueda antero-lateral-izquierda bordeaba una fea zanja en la que cayó, desgarrándose los bujes y quedando de costado. Se bajó puteando en todos los idiomas mientras reventada, primero con la mano, el sombrero aludo que había traído puesto, y después lo pateaba para arriba como si fuera un sombrero. Después siguió la marcha a pié, riéndose solo de lo anterior mientras se agachaba sin parar de caminar y arrancaba una espiguita de pasto tierno para morder
domingo, mayo 27, 2007
309 NARCOCAEDA
Tanto revolvió y revolvió los escombros que por fin dio con la bolsita y con ella colgando en vez de levantada en victorioso gesto, fue a dónde Magdalena iba terminando esa conversación con varias exclamaciones que bajaban en importancia o en interés. La tomó desde atrás por los hombros con ambas manos que apenas hicieron contacto con el calor del cuerpo y se detuvieron apoyando sólo el calor y la vibración incontenible que había armado un puente colgante entre los dos.
-Tenemos que escondernos…
-Irnos…
La bola blancuzca se levantó somnolienta sobre las copas de los pinos, buscando el viejo cielo de Lagomar en el otoño. Alto, más alto para mientras ir pensando para dónde irse, que hacer y en qué entretenerse hasta que apareciera el próximo capítulo de esta historieta.
-Preguntale a tu abuelo…
Manuel se puso a desear que hubiese como una especie de piloto automático en su inconciente que manejara la bola mientras él se ocupaba de otra cosa. Disponer en el centro de la bola, entre él y la Flaca un espacio para hacer bailar los guijarros. Así lo hicieron y pronto estuvieron mandando la pregunta a Abelardo de si sabía de algún lugar seguro para esconderse.
-¿Manolito!
-¡Tenemos que escondernos!
Abelardo sabía sí. Conocía un solo lugar con esas características, un lugar que había descubierto en su infancia…
-Hacela corta.
-¿Te acordás de Guichón? Bueno siguiendo para el oeste por sobre la cuchilla de Haedo unos cinco quilómetros vas a encontrar una cueva al costado de un cerrito que se distingue por sus piedras blancas. La boca mira al sudoeste y adentro es grande como una casa. Ahí van a estar seguros, es una estancia, no pasa nadie, ni las vacas.
-Gracias. Después te llamamos.
-Llámenme. ¡Les tengo una sorpresa…!
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sábado, marzo 03, 2007
230: NO QUIERO SER UN CAGATINTA
El quería ser Manuel, el compañero de la Magda, aquella pardita flaca que jugaba en la calle con los gurises mientras la madre la volvía a llamar por las dudas, no fuera cosa… Que se conocieron otra vez de grandes, cuando había vuelto de Atlántida y la blusa se le levantaba a los lados pidiendo buenas manos para la caricia, que se habían reconocido a gatas en el comité de base, entre medio de las consignas y las juntadas de firmas y las discusiones que empezaron a ser cada vez más cortas cuando ellos se rajaban a lugares como este a conocerse primero y a quererse después….
-Pero ocurrieron cosas..
-Sí. Pero y si nos fuéramos lejos… a algún lugar que nadie sepa?
-Parece que siempre saben por dónde andás…
-¡Es por los guijarros! ¡Estoy seguro que es por los guijarros! ¿Y si los devolvemos?
-¿A quién?
Manuel comprendió enseguida que no era posible pararse a esperar una bola con la bolsita en la mano.
-Al que me la dio… Yo no la quiero más.
Magda no sabía que decir.
-Vamos a buscarla ahora antes que termine de aclarar. Después… me acompañás a dedo hasta Guichón?
Partieron apurados a los tumbos por la arena de los médanos más altos, buscando el camino más corto y viendo cada vez más claro que muerto el perro se acababa la rabia. Llegaron al caserón de los Dogones y se precipitaron por la ventana que habían dejado abierta, justo frente a la biblioteca de Ernesto que en ese momento era revisada por Mandinga.
-¿Qué hacés?
-Ernesto me habló de un libro que…
Manuel se enrojeció por dentro. No se pudo contener.
-Mentira. Andás buscando las piedritas!
Magda pellizcó el codo de Manuel para que le mirara el gesto que estaba haciendo para decirle que se callara, que ahí tenían un método rápido para deshacerse de las benditas piedras!
-Aunque… ¿Te las querés llevar…? Te las regalo…
Mandinga giró y traía una bolsita de gamuza pendiendo de sus dedos y una ancha sonrisa entre sus labios.
-Con la condición de que la lleves lejos…
-¿El regalo de tu abuelo?
-Que se vaya a cagar mi abuelo! No me está diciendo toda la verdad!
-En realidad en esta bolsa están las cinco piedras que yo le di a tu abuelo cuando él tenía la mitad de tu edad. Después él aprendió a agrandar el juego…
-Claro… Vos eras el linyera.
-Sí. Y Abelardo fue el único gurí que se animó a hablarme mientras yo atravesaba su pueblo fingiendo no verlos con la mirada alta como de quien sabe para donde va. Me preguntó por qué yo tenía ese aspecto tan extraño e impresionante….palabra más o menos. Bueno…yo se que para ustedes siempre tengo aspecto impresionante, pero esa vez lo venía exagerando para llamarles la atención. Porque sabía que para que uno se animara no sólo debía estar muy curioso sino estarlo tanto como para vencer el miedo que al mismo tiempo iba a sentir. Ese era mi método para encontrar al más valiente…o al más curioso, que a veces es el mismo… Así conocí a Abelardo Goiticoechea tu abuelo, y le enseñé a fabricar los guijarros –objetos les decía yo- a partir de una piedras informes que yo había sacado de una estrella oscura de Sirio.
-¿Y para qué querías enseñarle a hacer eso?
-Le dije que nos íbamos a comunicar por ese medio y que así le iba a enseñar muchas otras cosas, pero que tenía que mantenerlo en secreto… Las piedras…
-¿Y qué ganabas vos con enseñarle esas cosas?
-¿No es obvio? Yo buscaba y promovía a todas las personas valientes que se atrevieran a pensar y decidir por si mismas sin importarles la opinión de la gente del lugar. Esos son mi predilectos porque entre ellos están las únicas personas que pueden poner en duda al dios dominante… Pero además porque yo también acostumbro a poner en duda todo aquello que se me ha enseñado y, a pesar de las diferencias, me llego a identificar con cualquier ser que sea esencialmente rebelde.
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domingo, febrero 25, 2007
224: ¿Qué están cocinando?
Volvió en seguida.
-Abelardo no me está cantando la justa.
Magdalena dudó si ayudarle a hacer bailar las piedritas pero por último concedió que si el viejo podía mandar un emisario dibujado bien que lo podría haber hecho antes y ayudarlos cuando Manu estuvo raptado. ¡Sale ahora con consejos!
-Tomá flaca andá controlándome las letras.
Lo había escrito en un papel.
-Primero llamá…
-Sí. Bueno, largá!
-“Abuelo, me estás cagando”
-A-bu-e-lo…
-“Qué negocios tenés con Mujica, vos?”
-Qué…
A los pocos segundos las piedras cayeron de pronto de costado. No habían más ondas y muchas interpretaciones posibles salvo la de que los ángeles controlándola la habían cortado. Ellos hubieran aprovechado para hacer el rastreo de la llamada y encontrar el escondite de Manuel como aquel detective que le daba charla al asesino serial para encontrarlo.
O también que a las piedritas se les hubiera agotado la energía.
Nada de eso, enseguida las piedras se pusieron erectas y comenzaron a bailar…
-“Manolito, eso te lo puedo explicar. He estado tratando desde aquí de conseguir alguien que te proteja.”
-Pero si todo esto lo empezaron ustedes!
-“No, muchacho cuando vimos la que se venía quisimos protegerte. Perdoná que las primeras operaciones de Germán hayan sido medio a los ponchazos, no dominábamos la técnica del manejo de las coordenadas… ni de los tamaños.”
-¡Abuelo, no me hagas versos! Yo ya estuve manejando una bola!
-“Pero date cuenta de que las nuestras eran teledirigidas!”
-¿Nuestras?
-“Es un decir! Hemos tenido tantas charlas y discusiones con Germán que ya no sabemos qué idea la propuso primero quién”
-¿El Eternauta a quién se le ocurrió?
-No! Me refiero a las conversaciones de después de muertos!
-¿Vos nunca escribiste guiones?
-“No…¿Pero para qué me llamaste?”
-Para preguntarte que están cocinando ustedes con el Pepe Mujica.
-“Yo, a mi manera le hice entender que no te podía dejar en banda. El ahora sabe, por experiencia propia que nosotros existimos, este otro mundo del segundo tiempo.”
-¿Y cómo te enteraste vos de lo que pasó?
-“Y bueno Manuel! Es lo que siempre te quise explicar de las cuerdas del universo. En la medida en que te ponés en resonancia con un conjunto de cuerdas, toda la información que tiene que ver con ese sectorcito del universo pasa a estar en vos.”
-Mejor que los guijarros.
-Si pero no sirve para hablar entre dos. Solo te enterás de los hechos y de los lugares, casi como un cine mudo
-El sonido ha de andar por otras cuerdas que no sintonizaste, capaz?
-Claro. Pero nuestra mente no da abasto para tantos canales simultáneos! Viste como ya vas entendiendo?
-Y si sintonizás el sonido y dejás de lado la imagen?
-Es más complicado. El sonido es una energía que se dispersa enseguida…Pero Manuel esto de comunicarnos por este medio ahora es muy peligroso para vos. Te llamo en unos días…cuidate.
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jueves, diciembre 28, 2006
167: EL DURO CREDO
Preguntado cuál era ese mensaje tan urgente respondió que como la guerra tocaba ya a su fin con las huestes de Dios ganando en todos los frentes, ya no quedaban canales de comunicación que escaparan al control celestial. Era muy peligroso confiar en cualquier vía por muy bien que el mensaje estuviera encriptado. Abelardo le mandaba a decir que escondiera su juego de guijarros en algún lugar seguro y que no intentara usarlo hasta que la situación no mostrara alguna mejoría o con el paso del tiempo se relajaran los controles…
-Bueno. Pero hay algo que no me cierra -interrumpió Manuel. Aquí siempre se dijo Mandinga para decir Diablo… ¿Vos sos siempre el mismo?
-No entiendo.
-El que nombraban los gauchos…? Hasta en los verso de Martín Fierro nombran así cuando quieren decir El Diablo.
-Mirá…Ni el Diablo es tan diablo, ni Dios es tan dios…! Yo con el Diablo de ustedes soy apenas un pariente lejano. Me preguntás si soy siempre el mismo… Te tengo que desilusionar. Ni nosotros ni el famoso Dios somos eternos ni inmortales. Yo vengo de una familia de…como decirte…Dioses menores o locales del oeste de África. Mandinga viene a ser nuestro apellido. Cuando los hombres blancos empezaron a industrializar a los hombres negros, mis abuelos vinieron en uno de esos barcos acompañando a los pobres que amontonaban en las bodegas y se afincaron aquí donde ocultamente se siguieron celebrando las ceremonias que a ellos tanto llenaban de vanidad. Después tuvieron descendencia con los dioses indígenas y todos nos volvimos mestizos como mestizos se volvieron los pueblos… Lo de que somos El Diablo no es más que una leyenda blanca que sembraron los curas españoles y que muy bien aprovecharon las familias que se hicieron dueñas de estas tierras.
-Y si aman a sus pueblos…¿por qué no impidieron que los cargaran en los barcos como esclavos?
-Ah, y te creés que el Dios de los blancos es un niño de pecho? No sabés cuantas veces hizo reventar a mis antepasados! Te digo “hizo reventar” porque era así, nunca daba la cara, sólo mandaba a sus miles de alcahuetes a pelear por él.
-Entonces ustedes agacharon la cabeza?
-No… algunas veces nos metimos en peleas, como ahora que aceptamos una alanza… que…
-¿Qué te pasa?
-No nada… es que me siento muy cansado… me duele la cabeza.
Ernesto se sacó la campera y respetuosamente la acomodó entre la espalda de Mandinga y el tronco del Álamo. En eso se sintieron los cuchicheos de los otros que venían llegando. Manuel les pidió silencio.
-Tenemos un herido.
No entendían nada. A pesar de la oscuridad se veían y contaban todos, parados y enteros… Fue el Cholo quien de pronto rozó con su pie el de Mandinga y rápidamente registró la realidad de aquel cuerpo despatarrado.
-¿Quién es?
Mandinga abrió de nuevo sus ojos, que por cierto eran visibles en la oscuridad. Habló con una voz más grave y cascada que la de antes.
-No te asustes, soy Mandinga… Pariente de todos ustedes si no me equivoco…
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viernes, noviembre 24, 2006
134 - No queremos tener jefes
En algún momento, murmuro como para sí algo que todos sintieron.
-Me parece que se cómo lo hicieron.
-¿Apagar la compu?
-No meter el mensaje con la computadora desconectada y publicar un blog sin que figure en ningún registro. ¡Las dos cosas de la misma manera!
-Sí, me supongo.
-¿Y vos, podrías hacer lo mismo?
-Es lo que quería decirles. Me doy cuenta de cómo lo hicieron pero… No quisiera correr el riesgo de meter la pata…Tendría que pensarlo más en detalle.
Lo volvieron a dejar solo, separándose los otros tres hasta el derredor de la mesa otra vez.. Giorgionne, pensativamente se mesaba la nariz. Magda invitó a Manuel a aprovechar el entretiempo para “bajar” las nuevas instrucciones que les iba a mandar Abelardo. Manuel estuvo de acuerdo y Giorgionne se ofreció para ayudar en lo que fuera.
Fueron más de veinte carillas de cuaderno escritas con la apretada letra del licenciado. Algo así como tres horas de trabajo sostenido al cabo del cual sonrieron aliviados y se percataron de que Ernesto ya estaba de vuelta entre ellos –vaya a saber desde cuándo.
-Qué es todo ese texto?
-El manual de los guijarros que me había prometido el abuelo
-¿Tiene muchas posibilidades nuevas?
-No sabemos todavía. Lo hemos escrito sin leer.
Ernesto puso cara de cambiar de tema. Dijo haber estado pensando en lo que le dijera una vez el viejo Tunga sobre que para que un grupo sea igualitario era necesario que todos sepan todo. Que no hubiera especialistas cuyo conocimiento imprescindible, pudieran mantener en reserva.
-Nosotros no queremos tener jefes, no?
-¡Claro!
-Bueno, me parece que para mantener esto, ustedes tienen que aprender lo que yo sé y yo debo aprender de ustedes…
En ese momento sonaron las alarmas. En la pantalla titilante se había abierto el mapa de la costa canaria por sobre el que se veían varios puntos rojos que se movían con mucha lentitud. Todos se amucharon junto al aparato tratando de entender. Ernesto dio las primeras pistas.
-Esta banda es Gianastasio, este desvío es la avenida Becú.
-¿Y los puntos rojos son bolas patrulleras, no?
-Sí, se están moviendo con mucha lentitud. Parecen buscar algo…
Manuel entendió el plano y supo qué calle era cada calle. Tuvo un sobresalto.
¡Están arriba de mi casa!
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miércoles, noviembre 22, 2006
132 - ¿Quién anda ahí?
-PERO NO ME DIGAS QUE ELLOS PUEDEN SENTIR ALGO
-SON SENSIBLES AL PENSAMIENTO AUNQUE CREO QUE NO LOS ENTIENDEN
-OTRA COSA HEMOS RECIBIDO UN MENSAJE DE UNOS QUE DICEN ESTAR BAJO TIERRA DEFENDIENDOSE DE LO QUE PASA ARRIBA NOS INVITAN A HACER LO MISMO Y A JUNTARNOS PARA QUE NO NOS SIGAN CAGANDO
-COMO RECIBIERON EL MENSAJE
-POR INTERNET
-ME LO PODES MANDAR
-NO LO TENGO ACA PERO DICE ESO
-NO TIENE ALGUNA PALABRA RARA O TITULO
-MAQUIS
-AH BUENO NO TE PREOCUPES SON GENTE INDEPENDIENTE
-NO SE SI CONTESTARLES
-SI LO HACES NO USES PARA ESO LOS GUIJARROS
-NI LO HABÍA PENSADO TENDRAN ELLOS UN JUEGO PREGUNTO
-NO SE PERO ES MEJOR RESERVAR LOS GUIJARROS ESTAN PINCHANDO TODAS LAS VIAS DE COMUNICACIÓN LA GUERRA AVANZA SOBRE TODO
-SIGUEN COMO EN LA PIRAMIDE BOMBARDEANDOSE CON MIERDA PREGUNTO
-NO POR LO GENERAL LOS DEL CIELO TIRAN CON RESOS Y VILLANCICOS Y LOS DE ABAJO CONTESTAN CON PUTEADAS Y MALDICIONES PERO OTRO TEMA TENGO PREPARADO UN TEXTO CON ISTRUCCIONES PARA QUE PODAMOS COMUNICARNOS CON LETRAS MINUSCULAS SIGNOS DE PUNTUACIÓN Y ESAS COSAS TE LO VOY A DEJAR EN ESTADO VIRTUAL PARA QUE LA PROXIMA VEZ QUE CONECTES PRECIPITE AHORA TENGO QUE CORTAR
-CHAU
Cuando Manuel dio por terminada la comunicación se percató de que le estaban mirando con expresión interrogativa. Les iba a tener que explicar que cuando Abelardo se había extrañado y preguntado con quien estaba, él había recordado aquella vieja historia de la deuda del abuelo con el diablo a resultas de lo cual tampoco esa vía era del todo segura.
-¿No habíamos quedado en que lo nuestro es secreto?
Fue suficiente. Ernesto sacó otros sobres de té del bolsillo de la camisa y puso el zum en la tetera para calentar más agua al tiempo que otras manos despejaban la mesa. Venía el momento de las conclusiones.
-Ya tenemos una opinión. ¿Les contestamos?
Giorgionne se inclinaba por el sí. Al parecer la guerra se le venía encima, no quedaba mucho tiempo.
Ernesto confiaba aun en la opinión de Abelardo…
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lunes, noviembre 20, 2006
130 - Soy un árbol, soy un médano...
Manuel contó a Magda el motivo de su vuelta que no era para quedarse sino para volver con los guijarros y si era posible con ella para presentarla a la sociedad secreta de los Maquis. Lo del Rulo le parecía mejor dejarlo para otro día, hoy era importante mostrar el uso de las piedritas y entre ellos dos formaban un buen equipo.
Salieron muy ufanos a pie por el callejón –Manuel dejó el bendito equipo de lluvia y tomó la bolsa de gamuza- Magdalena de Troya de la mano con Alejandro Manuel Magno, grandes, casi imponentes en tamaño y en belleza, luciendo sus dorados bucles y sus pupilas celeste agua, rumbo a la definitiva consagración en la fiesta del oscar de la academia. También haciendo galas de campechana macanudez como todo aquel que se ha criado prácticamente en la calle. Esa calle que ahora no caminaban descalzos ni corrían descalzos, ni ensuciaba ella sus tobillos flacos de barro o polvo. Ahora era otro tiempo. Iban hacia una historia futura que ellos escribían paso a paso, latido a latido y que nadie –ni siquiera ellos- sabía hacia dónde conduciría ni si tendría un cercano y predeterminado final.
Vieron que la noche se había impuesto al día y que les rodeaba la oscuridad. Cuando pasaban por la más estrecha de las calles entre los pinos el brazo de Manuel rodeó el cuello de Magda para que sintiera con quién iba, protegida de la fría humedad, de la soledad o el abandono. Sentían así el pulso de la sangre acompasando la marcha en medio de la negrura, que no era para ellos una nada, sino primacía de los otros sentidos, los más internos y profundos que les estaban hablando del silencio compartido en un espacio por ahora sin luz. Un latido y otro que contesta, el aire negro, el canto de los grillos y la presencia de las cosas ocultas a la vista, vibrando su existencia e intercambiando, en nocturno juego de panaderos, las personalidades y los lugares. Yo soy un árbol, soy un médano, soy un hombre que camina, soy un cartel que aun no ha sido escrito…
Se detuvieron en un beso. En la oscuridad perfecta se encontraron los labios y las lenguas en moroso movimiento. Se recorrieron. Se estaban reconociendo en el sabor cuando de la nada brotó la luz para enceguecerles de blanco relumbre. Eran dos faros que desde adelante alumbraban a destajo y gritaban con destemplada voz:
-¡Pero si es Manuel! ¡Nuestro jardinero!
Temblaron de sorpresa y hasta temor, aunque enseguida comprendieran que aquella no era otra que la voz de la señora de las blancas tetas. Y que los faros debían salir con toda seguridad de la Cherokee del señor Ferrari, estacionada a lo oscuro y con el motor apagado -¿recuerdo de otros tiempos?- justo en el camino que ellos habían venido recorriendo. ¿Qué mierda estarían haciendo allí?
Saludaron apenas y retomaron la marcha haciendo caso omiso del amague de “charlemos un momento” que los tipos hacían al bajarse sonrientes del vehículo. Apresuraron el paso sin mirar atrás y pronto llegaron a Gianastacio dónde la luz artificial ilusionaba un clima diurno dominado por la presencia, entre las copas de los árboles, del alto tanque de agua de la O:S:E
-Desde aquí no son más que tres cuadras.
-¿Es una casa grande…abandonada?
-Ja, sí y no.
-¿Cómo, sí y no?
-Porque es ahí, pero no es ahí…
narrativa
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domingo, noviembre 19, 2006
129 - Muchachito atolondrado.
Cuando llegó a la casa se encontró con que Magda tenía visitas. Estaba en la cocina de mucha conversación con la Mulata, quién mostraba en su rostro, por lo general sonriente y seductor, una seriedad que evidentemente se remarcó cuando apareció Manuel por la puerta.
Manuel no quería interrumpir la conversación que acababa de interrumpir, pero la bolsa de los guijarros estaba justamente dentro del cajoncito de la mesa que Magda había cubierto con un mantel blanco que colgaba por el lado en que el cuerpo perfecto de la Mulata rozaba contra el borde… No quería meterse allí, entre las dos y sus miradas, para abrir el cajón debajo del mantel, como si fuera metiendo la mano por debajo de la minifalda de la Mulata, como el Dengue, para que después le viniera también a él la piña voladora del Roque a hacerle bum sobre la cara.
Iba a decir “con permiso” y desde cierta distancia alargar el cuerpo y el brazo pero no las gambas, cuando justo la Magda le nombró de modo que pasara de golpe a formar parte de la charla.
-¿No verdad, Manuel?
Recién después de pasados unos días fue que se vino a enterar de cómo la cosa había empezado cuando la Mulata llegó y se puso a procurar, con indirectas y mohines, que la flaca se ocupara en interceder frente a Roque para que volviera a darle bola. La flaca entonces se había parado en los pedales para decirle lo mal que había estado al darle entrada al Dengue nada más que por divertirse, sabiendo que estaba mamado, y dejarlo pagando después, como si no tuviera ella nada que ver. Y la Mulata se había ido en pretextos, nada más. El mejor de los cuales era la merecida fama de bailarín que tenía el Dengue. El mejor bailarín de Cumbia de la ciudad de la costa.
La flaca, un poco antes de la entrada de Manuel en la cocina, le había dicho que bueno, que si tanto gustaba del Dengue, por qué no se quedaba con él y lo dejaba tranquilo al Roque y de paso a ella que no tenía ganas de meterse en el asunto. Y justo por verlo en la puerta había agregado eso de “¿No verdad, Manuel?” pensando que el habría escuchado al menos parte de lo anterior.
-¿No verdad, que qué?
-Que el Dengue es un lindo muchacho?
Extrañamente, los tres rieron al mismo tiempo.
narrativa
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muchachito atolondrado
sábado, octubre 28, 2006
109 Espartaco, la Patria o la Tumba.
-Ahora viene lo bueno. ¿Ves que arriba queda un lugar libre como para otro pentágono? Bueno, ahí tengo que meter los dedos de la mano izquierda. Esa va a ser mi manera de manejar todo el tablero.
-¿Y qué tenés que hacer con los dedos ahí?
-Abuelo me explicó que puedo ponerlos, sin cambiar la posición de la mano, de 32 maneras distintas y… Cada posición es una orden distinta que le doy a las otras piedras. Si no toco el tablero, les estoy diciendo “cero”, que quiere decir que estoy esperando o recibiendo un mensaje.
-¿Cómo que estás diciendo cero…? Cuando vimos las letras…¡Cero tiene cuatro letras!
-Pero el dibujito de cada letra es en realidad un número… ¿Te acordás de la A que era la primera piedra girando a la derecha…? Pero eso no importa…Lo que importa es que lo de arriba con los dedos son números y a cada número corresponde una orden…
-Creo que voy a entender.
-Bueno. Ahora podemos recibir de a cinco letras por vez. La del medio es la primera y siguen las otras en el orden en que giran las agujas del reloj.
-¿Y si es una palabra de más letras?
-No hay problema, después que se forma el primer círculo de letras, la primera pasa a ser la sexta, la segunda la séptima y así hasta que aparezca un cero que es la señal de que la palabra terminó.
-Sí, la separación entre palabras. ¿Y si ahí termina el mensaje?
-Para terminar el mensaje tenés que marcar 3,2,1 , que es lo mismo que decir c,b,a, tres veces seguidas. Y al comienzo se marca 1,2,3 o a,b,c, también tres veces.
-¿Y si probamos de recibir una mensaje ahora? Tal vez tu abuelo te esté diciendo algo…
Manuel apoyó los cinco dedos de la mano izquierda en el tablero y los levantó durante un segundo. Los apoyó otro segundo y los levanto. Así tres veces diciendo 0,31,0,31,0,31 que era el código de comienzo de la escucha. La flaca abrió el cuaderno.
Enseguida la información comenzó a fluir.
Abc_a/bc_ab/c_abc/_orie/ntale/s_la_/patri/a
o_l/a_tum/ba
_li/berta/d_o c/on_gl/oria_
/morir/_cba_ /cba_c/ba___
-¡Nos mandó el himno!
-Ha de ser sólo para probar.
-¿Y si ahora le hacemos una pregunta?
-Bueno, esperá…¿qué le preguntamos?
-Preguntale tu nombre, así sabemos que es él.
Manuel escribió con mayúscula en el cuaderno: COMO SE LLAMA TU NIETO y pidió a Magda que le fuera diciendo para cada letra cuales eran las piedras que giraban a la derecha. Sólo eso.
La flaca entendió su intensión al toque.
-Primero la c, primer y segunda posición. Después la o, quinta posición. Sigue la m…
El equipo funcionaba muy bien y al cabo de
un par de minutos tenían la contestación de Abelardo escrita en el cuaderno:
MANUEL ESPARTACO AQUELARRE GOITICOECHEA
jueves, octubre 05, 2006
86 EL PENTAGONO CENTRAL
Volvió solo y se dio cuenta de estar pasando de nuevo por el lugar en que la bola camuflada se le había interpuesto en el camino. Tuvo miedo. Pero miedo porque un rato antes había pasado con la flaca. Miró para todos lados, aun sabiendo que era una tontería pensar que el lugar tuviera algo que ver… Pero igual, ¡tenía que cuidarse!...¿Cómo?...¿Cuidarse de qué y cómo?...Por la flaca, claro…. Pero si lo agarraban de sorpresa? Poco podría hacer él para evitarlo…¡La primera vez lo habían sacado del baño!
¿Para qué lo querrían? Parecía todo tan confuso. Que lo llevaran de una lado para otro, vaya y pase, pero…¿al pasado…? El abuelo no había sido, aunque lo sabía. Como sabía que iba a ocurrir le avisó a su amigo para que lo fuera a esperar a la estación. Le habría avisado marcha atrás en el tiempo cuando ya supo que había ocurrido… ¡Qué pedo! ¿Y por qué no le habría dicho a su amigo que cuando su nieto fuera grande lo buscara para darle las piedras? ¿O las dejaba escondidas y después le decía dónde buscarlas?
Claro que él pudo haber sabido mucho después, que la bola lo iba a llevar y cuando lo supo… mandar ese mensaje marcha atrás, calculando que llegara justo, o un poco antes para que el otro tuviera tiempo de descifrarlo…
Todo eso lo tendría que aclarar con el abuelo, aunque parecía que tampoco entendía demasiado. Había hablado de misterio, de cosas misteriosas… ¡Los guijarros! Ahora los recordaba, que habían quedado… ni se acordaba. ¡Qué vergüenza! El abuelo estaría esperando alguna señal, o mandando, meta mandar mensajes al pedo, y él boludeando… Aunque también… aprender a usar esas piedras le parecía que era lo mismo que permanecer metido en ese mundo de las cosas raras. Él prefería… Estar con la flaca, tener un hijo y agrandar la casita!
Cuando llegó fue derecho a buscar las piedras. La bolsa había caído desde la mesa hasta el suelo contra la pared. Sacó y contó las piedras. Sí, veinticinco. Puso el cartón sobre la mesa y arrimó la silla y se detuvo un momento a repasar mentalmente lo que debía hacer. Lo que debía hacer porque… si el abuelo se lo pedía…
Al meter la mano dentro de la bolsa se dio cuenta de que las yemas de sus dedos estaban más sensibles. Distinguían a las piedritas una por una, con sus temperaturas y sus posibles colores y especialmente aquella electricidad que corría por la superficie de algunas de ellas. Sacó una y levantó la mano sobre el tablero. La piedra enseguida empujó hacia un lugar del medio donde quedó bailando. Metió la mano y sacó otra de las eléctricas. Ella quiso bailar muy cerca de la primera, a su costado. La tercera fue rechazada por las que bailaban. Cada vez que Manuel la acercaba, las otras se retiraban! Cambió de piedra, buscando otra de las que chisporroteaban en los dedos. Esta sí fue aceptada con lo que Manuel concluyó que las piedritas que tenían electricidad eran compañeras y querían bailar juntas. Se había formado un triángulo achatado que con la cuarta se hizo como una forma de canasto y con la quinta ¡un pentágono! Igual que la forma del tablero pero chiquito y en el centro.
El baile ahora era extraordinario. Manuel se entretuvo un rato en sólo observarlas. Cinco bailarinas en una danza perfectamente coordinada, haciendo continuas variantes sin romper la sensación de algo regular e inteligente!