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domingo, junio 14, 2009

704. La realidad viaja en moto

.La cruda realidad llegó en motocicleta y con la voz de Rulo reclamando que por fin su socio se presentara a trabajar. Había recibido dinero por adelantado para arreglo de humedades en las paredes presumiblemente producidas por caños en mal estado desde la bajada de un tanque sobre el tejado. Mucho trabajo, si se confirmaba la posterior pintura de tres ambientes, para una sola persona, además de hacer totalmente de nuevo el jardín transformado en basurero desde los años en que la casa, chalet, había quedado abandonada. Veinte mil si era todo, calculaba él, para un trabajo de quince días sin matarse.

-Te lo dije.
-El tipo tiene plata y una agencia privada de seguridad.
-Y una esposa pechugona que te mira con ganas de comerte, no?
-Un garaje para dos autos y pico, Una Cherokee bordeaux metalizada y un Clío celeste pastel.
-El escote de ella deja ver pequeñas pecas o lunares sobre una piel completamente blanca.
-Dejame de joder.

El adelanto no se podía repartir todo por cuestiones de herramientas faltantes, pero igual bastaría con conservar mil en estado virgen. Con el resto.. . amortizar deudas y tratar de terminar el trabajo para cobrar todo.

-De siete a siete parando una hora para comer?
-Podríamos empezar más suave. Estoy fuera de entrenamiento, hace dos años que... No, está bien.
-¿Mañana a las siete?
-Ajá

La moto de rulo al partir dejó atrás el ruido, la polvareda, y la sensación en Manuel de que nunca se iba a poder sacar a aquel muchacho de su molde de simpleza infinita. Que le adivinaran el futuro, que le dijeran hasta el color de los calzones de una mujer que le iba a apretar dentro de un baño el año que viene, nunca iban a ser cosas que le merecieran demasiada atención. En cambio siempre tendría tiempo para enseñar cómo se abre una lata de pintura sin volcar una gota, cómo se revolea la muñeca para que la mezcla del revoque vuele limpiamente desde la cuchara hasta el lugar de la pared y se quede allí mansamente adherida, o cualquier cosa de esas que el suponía saber. Las incontables únicas maneras de hacer incontables cosas.

¿Lo creería en serio? ¿Creería Rulo que hubieren muchas cosas que sólo se puedan hacer bien de una sola manera?

Giorgionne se retiraba. Fueron hasta la orilla del pastito a despedirle. Volcieron entrelazados los brazos con ganas de arrumacos. Tiraron un colchón sobre el piso...







sábado, junio 13, 2009

703. El Camino del Desierto

Y se vio de pronto caminando esos caminos rurales, algún día, tal vez por puro placer de sentir el lejano chillido de los teros, o quién sabe, alguna de sus tantas ocurrencias del tiempo anterior, cuando aun era un muchachito ingenuo que creía en la solidez de los sólidos y en el inevitable paso del tiempo. Qué mierda! Ya el arriba no lo era más, ni el abajo, ni tan siquiera lo lejano lo era de ningún modo. Los espíritus, que ahora sabía reales y existentes, en cambio resultaban ser todos imperfectos, egoístas y propensos a equivocarse a cada rato. Los dioses demonios, y los demonios, monstruos insaciables de poder que no querían dejar libre un sólo rincón del Universo.
Por eso...
Acaso fuera no más conveniente quedarse, en este, su mundo, conservador pero pacífico, dónde todavía gobernaba el viejo de las pirámides doradas sin necesidad de amenazar a los aborígenes con imponentes naves luminosas, ya que le bastaba para obtener obediencia con las antiguas alianzas hechas con los poderosos locales. Quedarse para... Bueno... Por una parte, vivir la vida tal como antes la había imaginado.
Aunque...
Perdida la inocencia... Sabedor de que en otros mundos sus iguales pelean por lograr un mundo mejor... Habiendo conocido una sociedad que se auto gobierna dignamente.
Porque, por ignorante que se sabía, nada ni nadie le iba a convencer de que algo pudiera ser inevitable. Ja. ¡Si ya ni el tiempo resultaba incuestionable! Entonces... No. No podía resignarse a que en el múltiple Universo, simplemente convivieran en caótica mescolanza, las más opuestas concepciones junto a todos los matices intermedios. No. El Multiverso no podía ser otra cosa que un proyecto que busca, a través de infinitas hipótesis, el camino de la perfección. Le pareció.
Y habiéndole parecido, volvió la mirada a sus dos compañeros de ahora. Magdalena y Vittorio.
A ella siempre la había amado. Desde los tiempos de los juegos en la calle, cuando se encontraban mirandose a los ojos para nada ocultarse, alegres o tristes, a veces cargados de sentimientos imposibles de hablar. Descalzos en la tierra. Sin importarse del frío, como aquellos, todos los compañeros, que sólo usaban zapatos para ir a la escuela y empinarse tazones de cocoa caliente sobre los labios que sonreían. Y después el crecimiento. El descubrimiento mutuo de los cuerpos. El fuego que les consumió sin dejar de abarcarles cada vez más completamente...
Y él. Vittorio a secas en la otra Tierra. Simpático ejemplar humano que nunca se había dejado aplastar bajo el diploma de un título universitario. Un hombre que camina por el desierto en busca de la verdad verdadera

domingo, mayo 24, 2009

696. El País Donde El Tiempo Gotea Como Si Fuese Miel

A todo eso Manuel iba llegando con su bicicleta lo de Rulo. No es que hubiese demorado tanto por ser muy lejos, ni que se hiciera difícil pedalear sobre frecuentes calles llenas de arena, es que... simplemente no llevaba apuro y, al no llevarlo, se detenía a cada tanto a constatar similitudes y diferencias entre sus recuerdos y las cosas tal cual las contemplaba. Había encontrado pocas diferencias y, en general, bastante explicables por el paso del tiempo, aunque fuera poco. Hasta se había bajado a buscar en la esquina pasando lo de Luque, el lugar aquél en que, quizá un mes antes de lo que ahora sería el presente, se había tropezado con una rama caída que le apuntara con un extremo afilado a la altura del tobillo. Estaba aun allí. Cambiando la mancha roja de sangre fresca de entonces por otra marrón que empero se negaba a desaparecer.
Así que cuando llegaba, venía mascullando su confirmada sospecha de estar pisando el mismo planeta que le había visto nacer. De ser el mismo que siempre había sido aquí. De estar rodeado de aquellos que siempre le habían rodeado... salvo que... La historia no se iba a repetir. Ya no se estaba repitiendo. Simplemente, la historia, para los demás, seguía por el mismo rumbo que trajera antes de que aparecieran aquellas extrañas burbujas de nada en el baño de su casa y se iniciaran los viajes de los que, contrariamente a lo que había todo el tiempo creído, nunca había regresado hasta ahora. Para él la historia era tan otra como pudiera serlo. Estaba de vuelta en aquel lejano paisito de grisuras añoradas, donde el tiempo pasa con a viscosidad de la miel, el ayer es igual al mañana y todas las revoluciones terminan en lo mismo. Él en cambio era otro.Ya no el muchacho ingenuo que pudiera pasarse igual una semana panza arriba sobre la arena de la playa. Feliz con sexo, amor, y poco trabajo...aunque lo fuera... salvo que ahora sabía que lo que se ve no es todo lo que existe.

viernes, mayo 01, 2009

687. Bienvenido a Lagomar

Y darse tiempo a sí mismo. Para considerar. Sopesando. Cual habría de ser el camino. O el método. Que le condujera suavemente, desde la angustia de un retorno problemático, tal vez a la aceptación de un nuevo capítulo en su vida. Que no debería ser tan distinto a la anterior, pero muy distinto sí, ya que antes nunca había tenido experiencias como las vividas en los últimos dos años.
Antes... Antes había sido un muchacho como todos los que trabajan lo menos posible y se divierten lo más. Playa y chistes. Sexo, amistades y un permanente deseo de llegar a ser un dibujante de historietas como Hugo Pratt. ¡Qué genio!
Ahora ya no podría ver las cosas con los mismos ojos. Últimamente ni chistes hacía. A la playa no iba... y en cuanto al sexo... tal vez la mitad. Todo lo demás se iba guerras cósmicas y arcángeles despatarrados. Chivos que gobiernan galaxias e intrigas en el palacio celestial. ¡Se había transformado en un viejo lleno de preocupaciones sobre cosas que  lo superan, con menos humor que un empleado público consciente de su inutilidad. Con poco tiempo para cosas tontas.

¿Cuánto hacía que no se divertía en serio? Pero en serio, como despatarrarse de risa por la cosa más estúpida que se le ocurriera decir a un amigo o ir con la flaca a tirarse por los médanos abajo marcando los paralelos surcos de los talones y llegar abrazados como dos milanesas de arena... Quedarse en la cama hasta cualquier hora... y comenzar de nuevo a darle sin haber terminado de abrir los ojos...

Claro que habría que trabajar. Por mera subsistencia. Que no para tener algo que los vecinos ya tienen. Ni para dejar de ser nadie y comenzar a ser alguien. Ja ja Trabajar, porque es la manera que este mundo adoptó como solución para ganar dinero con el que comprar trabajo ajeno y ganancia patronal. Trabajar, dentro de lo posible, de forma divertida, por cuenta propia o en esas sociedades eventuales que se podían hacer con el Rulo tal vez todavía. Y volver a realcionarse con los viejos amigos... Y volver a olfatear el olor de la madera quemada que sale de las chimeneas cuando se enfría el otoño. Lagomar! Estaba de vuelta en Lagomar.

-Mañana comienzo a trabajar.

martes, marzo 31, 2009

673. Salen dos y entran cuatro

Llegaron todos al mismo tiempo. Julieta, Rulo, y estos dos de revolcarse en el monte. Frente al portal de "Los Dogones" se cansaron de tocar timbre y empujaron la pesada puerta de aceitados goznes, que cedió terreno abierto hasta las luces que allá en el fondo iluminaban la continuación de una historia que estaba cambiando por momentos.
¡Había desaparecido Mandinga! ¿Dengue había estado gritando a todos los oídos sordos que por fin el intruso se había retirado de su cuerpo! ¡La anciana madre de Ernesto había sufrido un horrendo ataque de pánico, durante el que
parecieron bailar sus flacos huesos una danza embrujada al ritmo de temblorosas y extrañas palabras! Ahora dormía luego de la inyección del Dr. Bermúdez...
El único que sonreía cuando terminaron de enterarse, era Dengue. Liberado.
No. No sabía nada. Ni tenía la menor idea sobre cuales habían sido los últimos movimientos del otro. Nada le había confiado, sino que de improviso sintió que estaba otra vez en posesión de toda su extensión humana.
En cuanto a lo otro...Por llamarle otra cosa a la pasta base... ya se iba a solucionar, y estaba dispuesto a permanecer internado en ese mismo lugar el tiempo que fuera necesario...

-Lástima la señora vieja... Se ve que ha pasado por algo muy fuerte.

Margarita preguntaba a Manuel con la mirada por qué no venía a abrazarla y a llenarle de besos la cara como otras veces.
Manuel deprimido por la extraña desaparición de su padre verdadero, devolvía la mirada de Margarita desde una distancia grande, desde detrás de profundas dudas sobre la posible personalidad desquiciada que ella pudiera vestir en este mundo.

Magda le dio algunos besos, como para entretenerla, y se copió de su sonrisa.

Ernesto recién dejaba de hablar en voz baja con el facultativo. Preocupado.

Bermúdez había recuperado el protagonismo.

Es que ahora, todavía con la jeringa en sus manos, se disponía a hacer conocer su diagnostico y pronóstico general, sobre los sucesos reales y supuestos, acaecidos debajo de ese techo. Alucinaciones. Alucinaciones producidas primero por el efecto de un poderoso tóxico sobre un organismo débil. Que después se había contagiado al resto por el especial dramatismo conque se presentara. Esas cosas tenía la psiquis humana. Esa propensión a entrar en resonancia con los padecimientos de sus semejantes. Hasta la señora, a pesar de haber estado en otra habitación, habría percibido la tensión nerviosa reinante, los tonos de la voces, el ritmo de los pasos y el hecho de que por algún rato la hubiesen dejado absolutamente sola...

-Pero mi padre estaba aquí con nosotros... Usted lo vio!
-Sí, y qué tiene de raro que se haya ido...?

Giorgionne intervino.

-Tal vez no debiéramos ser tan tajantes doctor... El muchacho no parece estar delirando... y afirma que la historia anterior era verdadera...
-Porque recuerda perfectamente el contenido del delirio que sufrió.

A un costado Manuel por fin beso a su madre y preguntado contó que Mandinga estaba perfectamente frente a su mirada cuando de pronto dejó de estar.

-¿Tu padre dijiste...?
-Mandinga.
-¿Y como sabés que es tu padre si...?
-En otro mundo, mujer, en otro mundo... Yo en realidad no soy quien vos creés...

Margarita rió divertida para todos. Aunque los chistes de Manuel no iban con su estilo, siempre le divertían... Aquellas historias que le contaba de chico el loco de su abuelo...

-En este mundo no se llama Mandinga. Es el negro al que le dicen Yaka Zulu.

miércoles, marzo 25, 2009

671. La última hippìe

Dijo llamarse Margarita y bromeó con aquella del percal reencontrada por Gardel fuera del rioba. Artesana y cultivadora de todo lo que no fuera convencional. Vegana, ya no. Ni siquiera vegetariana porque. Ni mucho menos del New Age, como se te ocurre? Acababa de decir que anti-convencional. Hija de un sabio y de una señora de profesión labores, ambos muertos en su ausencia,cuando a la temprana edad de catorce años huyera de su hogar sin ningún otro motivo que el deseo de conocer la verdadera libertad, aquella que se construye a mucha distancia de la gente responsable.

-Podríamos decir que vengo siendo la última hippie.

Vittorio siempre había sospechado que algunas de las adolescentes de antes deberían sobrevivir en alguna parte, fuera de las universidades privadas y los cursos de pos grado, pero no así. No tan así, tan... Lo estaba viendo mientras ella hablaba sin complejos mostrando su abundante dentadura y esos hoyuelos en las mejillas laterales. Parados ambos, mientras el coche perdía velocidad, para bajarse ambos, casualmente en la misma parada de Lagomar!

Se bajaron y todavía hablando se encaminó a cruzar Gianastasio  hacia el norte, por el mismo lugar que él, aunque después, según dijo, debiera doblar a la izquierda y apurarse a llegar a la casa de su hijo antes de que apagaran las luces. No le gustaba golpear.

Vittorio aseguró que a él tampoco, y sonrió estúpidamente a la espera de que ella se tomara el trabajo de descifrar el chiste, o inventar él otra cosa para ver la posibilidad de no separarse todavía. Parecía que no le disgustaba...

-Yo también vengo a la disparada a atender un muchacho enfermo...
-Ah, sos médico?

Alarma por curso de colisión entre el significado de la palabra "médico", dicha así con desparpajo y el significado de la misma palabra para una generalidad.

-No, no, médico no. Amigo,... vengo más bien por amistad y...
-Bueno, sigo mi camino... No quiero despertarlo a Manuel.
-¿Manuel...? Bueno es un nombre común...
-Manuel es común, pero Manuel Aquelarre hay uno solo y es mi hijo.
-¿Aquelarre Goiticoechea?

Tres meses que no lo veía y ahora que por fin había podido venir a Montevideo a buscar piedras negras para sus obras, no iba a pasar de largo sin ver al muchacho más perfecto nunca visto. Su hijo Manuel. No por su mérito, sin embargo. Sino tal vez todo lo contrario, por su falta de responsabilidad como madre.

-La libertad siempre está plagada de errores.
-Lo tuviste muy joven?
-No tanto. No sé cómo hice para no embarazarme antes de los diciocho!
-Bueno, entonces vení conmigo. Yo sé donde está Manuel ahora





miércoles, enero 21, 2009

651. Pasta Base de Cocaína

Como te decía, este iba a ser el primero de tres días complicados para Manuel. Contarte lo que siguió ocurriendo dentro del consultorio de Giorgionne sería describir otra serie de olas de olor que desde el supuesto más allá volvieron a avanzar sobre las narinas de Manuel y su desconcertada conciencia. A Giorgionne libreta de apuntes en mano anotando los olores que Manuel cantaba mientras caminaba por el consultorio agarrándose la cabeza. Los golpes que después dio Magda sobre la madera de la puerta para avisar a Manuel que Dengue se había vuelto a escapar y que esta vez lo había logrado. La carrera de Manuel hasta le vereda y su regreso para despedirse de Vittorio. El inicio de la búsqueda por la calle que venía desde la casa, preguntando a todo el mundo, por el Dengue, a pesar del gesto desdeñoso conque la mayoría escuchaba mencionar ese nombre. El enojo de Manuel por dicha causa y las duras palabras que pronunció cuando se fue a sentar sobre el toco de un árbol cortado, dirigiendo la mirada a los ojos de la Magda, casi como culpándole de la mala calidad de sus vecinos:

-Parece que ellos mismos quieren que Dengue se termine de hundir

Sentados les encontró el Rulo apagando el motor de su moto y reprochando que Manuel no se hubiese presentado al trabajo nuevo, ése del que nunca había sido avisado, ah, no?, llamada al celular de Magda que parece fuera de servicio y envío de emisario en bicicleta que al no encontrar a nadie en casa, ayer, ha dejado un papelito escrito con la información, por debajo de la puerta, cuál papelito que nadie ha visto, en fin... Mañana, sí, aunque estuvieran enredados con el caso  del Dengue, como ahora que andaban tras sus pasos, antes de que consiguiera más pasta para fumar.

-¿Pasta?
-Sí, pasta base, lata, eso.
-Ah, era eso lo que consumía? ¡Qué boludo!

Que Rulo se sumó a la búsqueda y que con la velocidad de su vehículo le encontró en poco rato escondido en el chiquero abandonado que hay detrás de la provisión de Luque. Hecho un ovillo. Un hediondo ovillo sobre el barro negro que una vez fue el piso de los chanchos. Rulo gritó. No se animaba a levantar aquello, él solo.
Que estando en eso de levantarlo entre los tres y llevarlo hasta la calle resonaron los pistones de la Harley de Federico Ernesto que venía entrando en esa cuadra y que al reconocerles se detuvo justo enfrente.
Que se entabló entonces una discusión cuando Ernesto opinó que el muchachito debía ser inmediatamente internado en un hospital.

-Él no quiere eso... se escaparía peor.
-Ya no está en condiciones de negarse.
-Yo me hago cargo de él...

Ernesto le conocía de algunos trabajitos que había hecho en su casa. Pero tiempo atrás... No hubiese sospechado que consumía.

-Y a mi casa, no aceptará venir? -dijo bajando dos veces la rápida mirada hacia el arrollado Dengue.

Dengue levantó los ojos y por un momento aflojó los brazos que anudaba sobre la cabeza.

-Tengo una habitación apropiada para él y la enfermera que cuida a mi madre viejita puede encargarse de las comidas y esas cosas.

Manuel casi salta. ¡La misteriosa madre africana de Ernesto, en este mundo estaba todavía viva!

jueves, diciembre 11, 2008

633. Vení conmigo

Mientras las palabras de Dengue todavía resonaban el pensamiento de Manuel se disparó hacia contrarios rumbos pretendiendo de golpe encontrar soluciones posibles y realistas a la encrucijada de un amigo que le pide ayuda para matarse. Nunca había gustado de dar consejos ni recibirlos, pero, le estaban pidiendo ayuda. Para seguir muriendo, tal vez, porque decía Dengue que ya era tarde, que de no serlo... Claro, su inteligencia todavía funcionaba. Era totalmente conciente, solo que pesimista. No estaba queriendo morir, lo creía inevitable. Pensó en cargarlo aún en contra de su voluntad, pero no debería dejarle solo... Llevarlo a la policlínica donde tendrían contacto con alguna organización de ayuda... No. Dengue confiaba en él. Tal vez sólo en él...
Le ayudó a pararse de nuevo, y al hacerlo observó las frágiles muñecas de sus manos crispadas en el esfuerzo de no soltarse, su vieja piel oscura de siempre, reseca, casi brillante, y el recuerdo de aquella hilera de eucaliptos entre cuyos troncos se le veía pasar acarreando tachos de comida para los cerdos, mientras en la otra cuadra gritaban su algarabía el resto de los muchachos del barrio que jugaban a la pelota.

-Vení conmigo...

Fue como llevar un liviano manojo de ramas que amenazaran desparramarse y que además fueran, contra toda lógica, el envoltorio de un ser conciente y sensible. Nada preguntaba ya, tomado con ambas manos de los hombros de Manuel. Pisando apenas, cuando no se le retrasaba el pié, temblando, apretando las mandíbulas, confiando...

Entraron sin preguntar al consultorio donde el licenciado Giorgionne tomaba el último sorbo de un café que ya se había enfriado. Colocaron a Dengue sobre un sillón y encararon al profesional. Necesitaban información sobre la mejor manera de sacar al amigo del estado en que se encontraba. No había tiempo para perder. Pasta base. Hablemos claro. No se trata de un estúpido. Ni de un vicioso por placer. Primer paso, ya.
No, alternación en una colonia, no.

-En mi casa, yo me hago cargo, es mi amigo.

Giorgionne entonces, se puso a decir todo lo que sabía sobre el tema. Se sentía impelido por una extraña voluntad que poco se importaba por las limitaciones que su profesión le marcaba. Con sinceridad enumeró todas las dificultades que un caso así presentaba y que presentaría a lo largo de un doloroso y difícil proceso. Pero también expresó su entusiasmo por el efecto positivo que sin duda produciría el mantenimiento de un compromiso tan personal.

-Yo no debería estar diciendo lo que digo pero... -miró entonces los tristes ojos de Dengue- Si vos querés salir de esto, con la ayuda de tu amigo lo vas a lograr.