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miércoles, julio 29, 2009

717. El Brindis

Largo rato estuvo Manuel caído sobre la cama, filosofando sobre esas y otras cuestiones que le llegaban sin pausa luego de sobrevolarle en espera de que terminara de atender las anteriores. Por eso no advirtió que los contornos de las ideas se iban poniendo borrosos y hasta tal vez mezclados de elementos que no venían ni por casualidad al caso. Aquella mancha de humedad en el techo, que se volvía ave de enormes alas abarcativas de conceptos contradictorios... Esos duendes que no cesaban de aparecer a recordarle (engañosamente) cual era la línea de pensamiento actual... La tonadilla de su blue que aun continuaba con su tiovivo en segundo plano...
Se quedó dormido.
Tan dormido que cuando apareció Magdalena y empezó a hacerle cosquillas en la planta de los pies descalzos, y después a lo largo de la pierna enfundada en el vaquero, y en la cintura y después el pecho... No dejaba él de creer que aquel dulce Universo había decidido ser por fin el suyo, dejando de lado las dudas y los problemáticos problemas que hasta entonces en el otro, aquel escabroso e incomprensible, le habían mantenido jaqueado, impidiéndole el ejercicio de la felicidad.
Por eso no quería despertar. Es decir dormirse dentro del sueño o pesadilla de la que se acababa de despertar. Quería seguir despierto en la cosquilla suave que poco a poco efervescía su sangre dispuesta para el entusiasmo del brindis festejado en aquella su copa predilecta, la Magdalena.
Ya venía siendo tiempo de beber otra vez de la fuente insondable de las tibias aguas. De nadar en el mar privado de la felicidad. De compartir las pieles y disolver los cuerpos en uno solo, que se expansiona en la morosa satisfacción de todas las ansias antes de que lo pidan, ni que lo esperen.
Casi ni importa ya, si esto es el sueño o el despertar, porque mientras siga fluyendo... El Universo, fuera cual fuere, tendría permiso para seguir existiendo como un adecuado paisaje que contuviera en su seno la fiesta serena del almuerzo campestre.
Pero también la pasión. Y los labios mordidos y la saliva en el cuello, mientras los pezones enhestan su monte de Venus mil veces lubricados por los labios, y el falo relame, entre relinchos, las umbrías oquedades de la delicia


miércoles, julio 15, 2009

712. El viejo Miguel

-¿...otra vez tus olores...?

De buena gana le hubiera mandado a la mierda, pero, bah... Ahora el asco y el horror le dominaban. Caía al precipicio de la realidad, el bien y el mal en todos lados en lucha, bajo los más variados disfraces y apariencias. La vertical del poder y la horizontal de la gente. En todos lados...

-Conozco a ese hombre.
-¿Ah sí? ¿Quién es...?
-Un agente de la CIA, o algo así.
-¡¿Agente de la CIA?! ¿Agentes de la CIA por las calles de Lagomar...?

Se levantó Manuel del rincón donde se había dejado caer.

-Sí. Aunque no lo puedas creer... Y además ni siquiera es humano... o a medias, un clon de seres extraterrestres, un infiltrado que trabaja para los imperios.

Dicho esto ya iba saliendo por la puerta que acababan de traspasar, pisoteaba el pasto y las bolsas vacías de leche que el viento había traído de sopetón por encima del cerco. Con extraña decisión ahora toma carrera y salta con sus rojos championes el portoncito ante el cual casi se acababa de desmayar, toma como ruta el callejón y rumbo al norte enfila decididos pasos que de pronto expresan sus antiguas convicciones de líder revolucionario de un entero continente.

Estaba decidido a retomar las acciones. Reunir a sus aliados. Elaborar nuevos planes. Cuantificar el posible armamento. Advertir a la población...

Aunque muy obsesionado por estos pensamientos en algún momento toma conciencia de haber sido saludado por una sonrisa conocida tres pasos atrás, media cuadra... y se da vuelta para ver la espalda de aquel hombre que va. Debía ser Miguel, el farmacéutico amigo de su abuelo. Tan inventor de imposibles y tan anarquista como Abelardo.

Le grita.

Como si fuese un prófugo peligroso, un último taxi en una madrugada helada, una oportunidad que conservara todavía un pelo para de ahí atraparla.

-Miguel!!!

El hombre oye y también se da vuelta. Espera.

Manuel corre. Le pide disculpas justificadas por las excepcionales cuestiones que en delante pasaría a referirle. La existencia de una guerra cósmica permanente que pronto se iba a desatar también sobre la superficie de la Tierra. El bien y el mal, personificados en personajes inversos. La gran patraña. El poder, que no es un problema solamente de los humanos. Ni de este planeta. Ni de época alguna, Los dioses mortales, espíritus perversos, enfermos de ambición y egolatría. El engaño. el gran engaño de todas las religiones...

Miguel le pide calma y que baje esa manera de levantar los gritos.

-No quieras decirme todo a la vez, muchacho.

Ambos ríen.

sábado, junio 13, 2009

703. El Camino del Desierto

Y se vio de pronto caminando esos caminos rurales, algún día, tal vez por puro placer de sentir el lejano chillido de los teros, o quién sabe, alguna de sus tantas ocurrencias del tiempo anterior, cuando aun era un muchachito ingenuo que creía en la solidez de los sólidos y en el inevitable paso del tiempo. Qué mierda! Ya el arriba no lo era más, ni el abajo, ni tan siquiera lo lejano lo era de ningún modo. Los espíritus, que ahora sabía reales y existentes, en cambio resultaban ser todos imperfectos, egoístas y propensos a equivocarse a cada rato. Los dioses demonios, y los demonios, monstruos insaciables de poder que no querían dejar libre un sólo rincón del Universo.
Por eso...
Acaso fuera no más conveniente quedarse, en este, su mundo, conservador pero pacífico, dónde todavía gobernaba el viejo de las pirámides doradas sin necesidad de amenazar a los aborígenes con imponentes naves luminosas, ya que le bastaba para obtener obediencia con las antiguas alianzas hechas con los poderosos locales. Quedarse para... Bueno... Por una parte, vivir la vida tal como antes la había imaginado.
Aunque...
Perdida la inocencia... Sabedor de que en otros mundos sus iguales pelean por lograr un mundo mejor... Habiendo conocido una sociedad que se auto gobierna dignamente.
Porque, por ignorante que se sabía, nada ni nadie le iba a convencer de que algo pudiera ser inevitable. Ja. ¡Si ya ni el tiempo resultaba incuestionable! Entonces... No. No podía resignarse a que en el múltiple Universo, simplemente convivieran en caótica mescolanza, las más opuestas concepciones junto a todos los matices intermedios. No. El Multiverso no podía ser otra cosa que un proyecto que busca, a través de infinitas hipótesis, el camino de la perfección. Le pareció.
Y habiéndole parecido, volvió la mirada a sus dos compañeros de ahora. Magdalena y Vittorio.
A ella siempre la había amado. Desde los tiempos de los juegos en la calle, cuando se encontraban mirandose a los ojos para nada ocultarse, alegres o tristes, a veces cargados de sentimientos imposibles de hablar. Descalzos en la tierra. Sin importarse del frío, como aquellos, todos los compañeros, que sólo usaban zapatos para ir a la escuela y empinarse tazones de cocoa caliente sobre los labios que sonreían. Y después el crecimiento. El descubrimiento mutuo de los cuerpos. El fuego que les consumió sin dejar de abarcarles cada vez más completamente...
Y él. Vittorio a secas en la otra Tierra. Simpático ejemplar humano que nunca se había dejado aplastar bajo el diploma de un título universitario. Un hombre que camina por el desierto en busca de la verdad verdadera

domingo, mayo 24, 2009

696. El País Donde El Tiempo Gotea Como Si Fuese Miel

A todo eso Manuel iba llegando con su bicicleta lo de Rulo. No es que hubiese demorado tanto por ser muy lejos, ni que se hiciera difícil pedalear sobre frecuentes calles llenas de arena, es que... simplemente no llevaba apuro y, al no llevarlo, se detenía a cada tanto a constatar similitudes y diferencias entre sus recuerdos y las cosas tal cual las contemplaba. Había encontrado pocas diferencias y, en general, bastante explicables por el paso del tiempo, aunque fuera poco. Hasta se había bajado a buscar en la esquina pasando lo de Luque, el lugar aquél en que, quizá un mes antes de lo que ahora sería el presente, se había tropezado con una rama caída que le apuntara con un extremo afilado a la altura del tobillo. Estaba aun allí. Cambiando la mancha roja de sangre fresca de entonces por otra marrón que empero se negaba a desaparecer.
Así que cuando llegaba, venía mascullando su confirmada sospecha de estar pisando el mismo planeta que le había visto nacer. De ser el mismo que siempre había sido aquí. De estar rodeado de aquellos que siempre le habían rodeado... salvo que... La historia no se iba a repetir. Ya no se estaba repitiendo. Simplemente, la historia, para los demás, seguía por el mismo rumbo que trajera antes de que aparecieran aquellas extrañas burbujas de nada en el baño de su casa y se iniciaran los viajes de los que, contrariamente a lo que había todo el tiempo creído, nunca había regresado hasta ahora. Para él la historia era tan otra como pudiera serlo. Estaba de vuelta en aquel lejano paisito de grisuras añoradas, donde el tiempo pasa con a viscosidad de la miel, el ayer es igual al mañana y todas las revoluciones terminan en lo mismo. Él en cambio era otro.Ya no el muchacho ingenuo que pudiera pasarse igual una semana panza arriba sobre la arena de la playa. Feliz con sexo, amor, y poco trabajo...aunque lo fuera... salvo que ahora sabía que lo que se ve no es todo lo que existe.

domingo, abril 26, 2009

683. LA FLACA

Era la misma! No pudiera ser nunca, en ningún mundo que existiera otra como la inimitable flaca Magda !! Flaca de fierro que le había acompañado por todas las entretelas de los dos últimos años de guerras y alegrías, de desconcierto y hasta pavor, mezclado todo con la salsa gostosa de la aventura. Ella siempre materia dispuesta, compinche y y a la postre refugio. Inteligente además.
Entonces...¿Era que acaso y en serio se podría repensar por un momento la teoría de que éste de aquí fuera el mismo mundo donde él había nacido, es decir... Que Tierra 7 vendría en realidad a ser la verdadera Tierra 1, aquella donde dio comienzo todo? Que la otra Tierra, la llamada anteriormente Tierra 1, viniera a ser Tierra 2, aunque en ella se hubiesen desarrollado los episodios más importantes y que... Bueno que Manuel 7 viniera a ser el mismo que Manuel 1 aunque con dos años menos de experiencia. Acaso sí. Porque... todo parecía coincidir. En especial la humanidad de Magda que inevitablemente emanaba su siempre perfume personal. Aquel que sirve de fondo a cualquier escena proclive a caer en la bobería de lo novelesco. Un sólido fondo sobre el que cualquier garabato pintado sin mayores preconceptos, aparece de pronto con el impacto visual de un ideograma. Razón de ser y ser en existencia.

¿Qué sería de la existencia si no tuviésemos testigos?
Alguien que nos piense mientras nosotros actuamos, y suponga cosas sobre el significado de nuestras acciones que nosotros nunca hubiésemos sospechado.
Y que a veces nos diga algo sobre el tema, no todo, por supuesto, ni tal vez demasiado bien dicho. Que nos diga algo y nosotros entendamos otra cosa, parecida pero no igual, o hasta a veces todo lo contrario. Y nos empeñemos en sacarle de su error generando una nube de nuevas confusiones entre lo que se ha querido decir y lo que realmente se ha dicho.

¿Qué sería de la existencia si no tuviésemos compañeros?
Aquellos que caminan a nuestro lado sin pensar por un momento que alguno esté siguiendo a ninguno. Simplementa porque así se ha pactado en las sagradas páginas del silencio. (¡Qué horrible!)

Pero especialmente y ante todo. Qué sería de nosotros sin amor? Si no pudiésemos amar a alguien y si fuera posible sentir que esa persona nos ama...
-Sí esta no puede ser más que la misma flaca! Estoy en mi patria.

sábado, marzo 21, 2009

669. Como si el mundo se hubiera...

Y aunque a muchos parezca excesiva fantasía el alma de Vittorio le comenzó a sobrevolar y adelantarse tres pasos rumbo a la parada del 121. Medianoche cercana desde los balcones de Pocitos y un asfalto que ha sufrido tanto tránsito anónimo. Pero no por eso. Ni por inconsciente indiferencia ante el sufrimiento ajeno. Que de eso con seguridad se trataba, sino... Porque sentía que por fin la vida volvía a latir por sus arterias. Para qué vivir si la materia de la vida se limitara a una constante y gris repetición, si los hombres fueran nada más que letras amontonadas en páginas de diarios que ya nadie lee, si nada impulsa a nuestros pulmones a tragarse el aire de la noche de un sólo envión, a oler las flores de lejanos balcones o tal vez jardines bajo cuyas sombras alguien ama a alguien en imposibles y peligrosas formas, o huye saltando cercas, muros o tapiales, perdiendo zapatos y ganando ladridos de perros, para salvarse; aunque se supiera de antemano que inmediatas y azarosas circunstancias volverían a arrojarle desnudo frente al misterio.
Sus latidos tropezaban entre ellos cuando bajó en la terminal de Ómnibus y se adentró, sonámbulo para los demás, en aquel cristalino ámbito donde el murmullo de los pensamientos ajenos reverberaba sobre una multitud de gentes grises. Cuando sin ver nada llegó a la ventanilla y se enteró de que en cinco minutos salía un coche. Cuando se acomodó en el asiento junto a un cura con ganas de conversar...

Como si el mundo se hubiera de vuelto de pronto mucho más luminoso.

Porque la claridad que le rodeaba e iluminaba los rostros de los pasajeros, se había vuelto, ahora de una nitidez asombrosa. Y su estancia allí sentado sin importarle que el ómnibus se estuviese poniendo en movimiento, ahora, junto con el siguiente latido que se prolonga sanguíneo por una pléyade de arterias, para alimentar a las millonarias y pequeñas células todas ellas expectantes del desarrollo de la historia en común.
El perfil anguloso de la mujer que asoma su nariz allá adelante, tal vez por tercera vez, con cara de estar preocupada por lo que pudiera ocurrir tras la ventana, pero torciendo vertiginosamente los ojos por el pasillo hacia atrás, en busca tal vez, o para confirmar algo que había creído ver. No era un ser gris. Sólo en apariencia.
Ni tampoco el cura regordete.
Ni siquiera el joven guarda, que parece resistirse a estar vestido con aquella camisa blanca impecable y aquellos... en vez de los vaqueros y los champeones del barrio.

Ni él, por supuesto.

Sabía que un profesor le hubiese dicho que estaba viviendo un "inside" sobre la manera que deseaba profundamente, vivir la vida. Que otros pensarían en que súbitamente su energía vital se estaba incrementando por vaya uno a saber qué exóticas influencias. Y otro simplemente hablarían de las crestas y los bajos de las ondas, pero... Esto estaba resultando muy real. Estaba viviendo, ahora!

No quería perderse el más infinitesimal instante.
Eran todos instantes de su vida que venían llegando a un cuadro por vez y sobresalto. Darse cuenta que el labio le había temblado apenas porque la muchacha al mirarle había desparramado un reguero de lucesitas rodantes por sobre su cara y que... No, no había pensado en acercarse con cualquier pretexto, aunque pudiera, porque ahora tenía que concentrarse en ese misterioso asunto del muchacho enfermo y de todo lo otro tan diferente a lo que se escucha en las conferencias.

Pero la experiencia había sido con ecos de aquella vez que...

El labio suyo, sin atajos, pareció querer remedar el gesto de aquella primera aproximación a la piel y los labios de una muchacha. Sin nombre, por pudor. Debajo de aquella copa del paraíso que llovía flores blancas y violetas mientras de lejos llegaba aquella especie de música...

Y otra vez se producía la erección!



jueves, enero 29, 2009

653. Retorno

Al salir de su consultorio para dirigirse otra vez a la parada y tomar el Copsa, Vittorio se encontró frente a Yanina, la administrativa del libro donde se anotan los pacientes que van llegando y esas cosas, y al Dr. Soriano que entraba desde la vereda después de haberse fumado un cigarrillo paraguayo y tosido dos veces, tal vez apenas por el remordimiento de dejar tanta evidencia médica por el camino además de un consejo presidencial.

-¿Ya te vas...? Qué suerte la tuya, nosotros estamos cada vez más sobrecargados de trabajo.
-No tengo más pacientes en la lista... y además ya es la hora.
-¿Si, no? Por eso te digo, nosotros estamos hasta las bolas con toda la gente que no logra el carnet de Salud Pública. Ja, el último paciente me ha contado que no se lo dieron porque tiene televisión a color en su casa!
-Pero supongo que este gobierno pensará eliminar esa porquería...
-No lo creo. Los hospitales no dan a basto.
-¿La salud no era un derecho?
-Sí, pero cuesta plata... o humillación.

Humillación. Humillación... Al bajar el escalón roto que no se había arreglado nunca, llevaba puesta en la memoria esa palabra que cobraba ahora evidente significado de moneda de curso legal para condonar deudas. Se podían pagar las cuentas con dinero o con humillación, por cierto. Para que el sistema que entroniza la posesión de riqueza no se viera debilitado por la asistencia gratuita dada con mucha humanidad a través de los más elevados principios del socialismo. Siempre se debe pagar. Aunque más no sea aceptando la propia indignidad de no poseer dinero en cantidad suficiente y la alta dignidad de aquel que sí lo tiene, y puede contratar servicios adicionales, como el de no tener que esperar horas en una sala por ajustarse a caprichosos horarios fuera de toda lógica.

La parada estaba llena de gente ansiosa por embutirse en el primer ómnibus que apareciera y Vittorio, uno más entre todos, pero el único que no torcía la cara para ver si el vehículo venía, se detuvo al borde del grupo y, como otras veces, con la mente en blanco, quedó colgado del horizonte opuesto, el del lado de Montevideo, su ciudad,la de su casa, hogar, o sitio donde acostumbraba dormir en aquella cama que compartía con su esposa, la escribana. ¿Sexo? Aquella poderosa fuerza que el viejo Freud describiera como el combustible de todos los desarrollos, conflictos y motivaciones... Sí, alguna vez. Cuando el azar se dignaba a acordar pausas en la larga lista de crispadas frustraciones económicas con cargo a la gran cuenta de los reproches. Sexo. Aquel perfume que las mujeres sólo usan para esperar a sus amantes. ¿Amor?

Al sentarse contra la único ventanilla libre se estaba sintiendo viejo. ¿Sería posible todavía, a los cuarenta y cinco años, sentir el cosquilleo del entusiasmo vital?

martes, enero 06, 2009

643. Rock and Roll

Magda entró a la casa con el ánimo cambiado. Desde un rato antes su mente venía jugando con las imágenes en una especie de antes y después. El antes eran los recuerdos de cuando Manuel aun no había enloquecido y escuchaba a Cholo con reverencia... por unos minutos; que era todo lo más que podía retener un conjunto de ideas organizadas en un discurso. El ahora, lo que acababa de presenciar. Este flaco desfachatado que había mantenido a raya a varios espadachines de la argumentación, esgrimiendo las espadas que estos mismos habían dejado caer. Era como para reconsiderar la nefasta fama de la locura, se decía, canturreando una alegre canción, por los antiguos rincones donde hacían eco las primeras sensaciones del amor. Y justamente, en eso estaba cuando el inefable le lanzó en giro, tomándola apenas de una mano, como en un rocanrol que pedía espacio al entrar en la cocina, y la volvió a retraer, cuando el largo de los brazos se estiraba haciendo de resorte para terminar a lo Travolta, en el beso del afiche.

Ja ja

Ahora la tomaba de ambas manos y sorpresiva mente la hacía volar de una manera que no sabía posible y volver a picar con los pies en las baldosas e ir hacia atrás un par de pasitos y volver... ¡¡Pero si nunca le había visto bailando un rock and roll !!

-¿De dónde sacaste esto?
-¿Y vos? ¿Vos, de dónde lo sacaste...?
-Yo te dejé hacer... te seguí.
-¡Eso! A eso te quería invitar... Hagamos como en el baile. Yo sé que creés que estoy loco y voy a bailar con tu creencia. Voy a ir al psicólogo para que me cure. En cambio yo creo haber vivido en otros mundos. Te podría contar cosas interesantes, no te asustes... Bailá conmigo.

Los ojos de Magdalena se aguzaron y brillaron como los de una zorra. Había captado la idea.

-¿Y cómo te animás a proponerme una cosa así ? Qué me meta en tu locura...?... ¡Sí! Dale, contame ahora, contame todo... (beso). Volveme loca. (beso)(beso)(beso)

Pero Manuel supo que algo no estaba bien...

-¡Dengue! ¡Se ha escapado! Se nos ha ido. Allá va en la bicicleta de Manuel. Se va a dar un porrazo!


viernes, diciembre 19, 2008

636. La Talla Africana

En la cocina Giorgionne con Magdalena, tras la llamada hecha a la farmacia de Miguel, esperaban la llegada del mandadero con los dos remedios encargados. Picada ya la verdura y puesta a rehogar en la olla, hablaban de los posibles escenarios futuros con relación a un proceso que siempre es extremadamente duro y complejo. La voluntad debilitada, la profunda depresión, la vergüenza, la tendencia a ocultar la verdad y escabullir el bulto para volver a consumir la misma sustancia que está socavando todo el organismo y que a la víctima se le antoja como la única manera de obtener entereza y valor para poder vencerla.
Enseguida Manuel trajo a Dengue de vuelta sin haber querido mencionarle la necesidad de darse un baño. Parecía que sus ojos inquietos estuvieran contemplando otra realidad en la que sucesos alarmantes irrumpieran a cada momento en el completo silencio de su cráneo. Ya no quería hablar pero expresaba eso con los tics que recorrían su miembros y su cara tanto como el tamaño a veces de sus pupilas.
Estaba siendo contemplado. Nadie podía alejarse de la recurrente curiosidad de adivinar a través de los signos visibles, los invisibles sufrimientos que seguramente recorrían y horadaban la sensibilidad de este joven envejecido humano. Trataban de seguir la conversación, pero la presencia de aquella especie de talla africana en sufrido ébano, se imponía casi como una provocativa acusación que no necesitaba de ninguna prueba. Era una realidad tangible.
Manuel, y seguramente también Magdalena, conocían bastante de todo lo que se pudiera tomar como las causas que a la larga habían llegado a provocar este efecto. Pero también sabía. aunque no fuera su fuerte el desarrollo de largos razonamientos encadenados que, las causas tienen a su vez sus causas y que, como aquella historia del ala de la mariposa, de haber actuado alguien a tiempo... una pequeña acción tal vez, de parte de alguien que por un momento abandonase el cuidado de sus negocios... o de muchos que hubiesen decidido adoptar como principal norte de sus vidas el logro de una sociedad más armoniosa... De haber en el mundo suficientes personas sensibles al sufrimiento humano más que a la acumulación de riquezas...
Pensando en esas cosas Manuel hervía de indignación. No era éste por cierto, su mundo y por ello, como si fuera un extranjero se cuestionaba el derecho de juzgar a los nativos. En su mundo, contemporáneamente, la gente había llegado a comprender la innegable superioridad del amor sobre la riqueza, de la vida armoniosa sobre la estúpida lucha competitiva, ese ídolo asesino que nunca se sacia de sacrificios humanos.

miércoles, noviembre 26, 2008

Recuerdos del Futuro

Rulo extrajo billetes de su bolsillo y liquidó los mencionados haberes sin chistar otra cosa que el consejo de que se tomara unos días todavía de descanso, no fuera que el trabajo le pudiera reavivar ese problema que le había dejado K.O. durante los últimos quince días. Si le parecía, mientras él se pusiera en contacto con el tipo ese y arreglara los detalles. También que podría ser importante no olvidar la cita con ese psicólogo, por lo que fuera, considerando que lo que le había pasado no era cosa común.
Manuel le propuso tranquilidad al respecto, que se encargara no más del negocio, que no le mirara demasiado el escote a la esposa del tipo y que si se ponía a revisar las rutas de la humedad por las paredes, tuviera especial cuidado en no apoyarse en la alacena que colgaba de la pared de la cocina.

-En cuanto le hagas fuerza se te cae encima y vos con ella arriba de esa señora que anda con muchas ganas de sentir algo. El marido es un milico retirado, de la pesada, amigo del comisario y de los hombres grises del ministerio de defensa.

La cara de Rulo parecía no terminar de empalidecer.

-Otra cosa. Si vas al garaje al buscar la escalera tené cuidado con un rollo de alambre de acero que hay a un costado, que podrías engancharlo al sacarla, y rayar la pintura de la Cherokee azul metalizado. Si subís a revisar el tanque tené cuidado con los contactos del flotador, patean. Si te caes no te agarres de las tejas, se sueltan. Pero si igual te pasa todo eso no rajes, el tipo es medio idiota y si te sigue de atrás no va a ser para matarte sino para ofrecerte más trabajo. Su mujer le pide cosas y él busca alguien que quiera hacerlas.
-¿De qué estás hablando, primo...?
-Del futuro.
-¿Te has vuelto vidente?
-No... Pero sé lo que te digo. Ja. Tantas veces me has dado consejos... Bueno tu otro yo, el de mi mundo que no ha de ser muy distinto que vos... Y vos a mi otro yo, seguro, sin que nunca te los pidiera, porque... ¿nunca te dijeron que sos medio sabihondo? Te lo digo de onda, no para molestarte. Vos por lo general venís de vuelta de todo y de todo sabés cómo hay que encararlo. Ja, esta vez estás medio asustado, no? Tu primo se ha vuelto loquito y habla cosas que no podés entender. No te preocupes, yo me sé cuidar.

Las muchachas volvieron de la cocina mucho más distendidas. Habiendo revisado los distintos aspectos del problema concluían en que el tratamiento debía hacerse en base a paciencia, amor y sexo. Eterna receta trasmitida por las viejas matronas desde tiempos inmemoriales. Paciencia para esperar, amor para optimizar, y sexo, dosificado sabiamente, para mantener vivo el interés.

-¿Nos vamos, Manuel? Tenemos que comprar algunas cosas para cumplir con la dieta que te mandaron...

sábado, diciembre 15, 2007

446 NO HAY GUERRA BUENA


Nerviosamente miró a su abuelo, al Cholo, a Mandinga otra vez… Observó al Dengue, cómo se recostaba en uno de los saledizos de la nave y fingía estar mirando por uno de los ojos de buey las redondas nubes del verano, tal cual que si estuviese tirado a la sombra de un árbol frondoso y mascando un tallo de hierba mirase las vacas que pastaban sin otra cosa que hacer. Como Dengue se podía imaginar a millones de muchachos que sobre el planeta esperan turno para comenzar a vivir… Observó la catadura del chumbo, con su mandíbula apretada y los ojos vidriosos, en plena lucha, continuando su lucha de uno contra todos, despareja, injusta, desesperanzada pero sin claudicaciones… Se detuvo en la flaca, su entrañable flaca, siempre al pié del cañón, adaptándose a la extraña vida que le había tocado por culpa suya, sensible pero contenida, inteligente pero postergada. Ernesto… Ese extraño niño grande que no ha dudado en perder toda su fortuna para brindársela a la humanidad… Margarita, su madre hippy… Abelardo, su loco, loco abuelo, más genio que Einstein y más idealista que un adolescente solitario…


Llegaban al término de las escaramuzas. Para adelante estaba la guerra. La verdadera guerra, aquella de la que ningún combatiente sale del todo indemne… ¿Tenía acaso él, algún derecho a mandarlos a al combate?


Se decidió a hablar.


-No hay guerra buena. Tampoco es bueno vivir de rodillas. Propongo que mandemos toda la información que tenemos a las comunas de América y dejemos que ellos resuelvan.


Cholo advirtió que toda América y gran parte del resto del mundo ya estaban informados por Las Bolas de Manuel, sus repetidoras y comentaristas.


Ernesto objetó que había mucho más información que la que nunca se hubiese publicado.


Abelardo, que no tenía sentido decidir sobre lo inevitable.


Margarita prefería que se hiciese el amor y no la guerra.


El Cholo filosofó sobre la vida. No lo era, según él, aquella que no se basara en la dignidad.


Chumbo no quería aflojar ahora que ya los tenían dominados.


Mandinga tampoco.


Magda y el Dengue dijeron que fuera para lo que fuera irían a dónde Manuel.


Manuel se sentó en el punto de comando de la nave. Respiró hondo y dejó que todas las vibraciones concéntricas bañaran su mente y su cuerpo, las concentró como en una bola de luz enceguesedora y la lanzó vertiginosa en todas las direcciones que les rodeaban.


Todos sintieron el nudo que se les desataba en las entrañas. El camino a la caverna estaba nuevamente despejado.

martes, agosto 28, 2007

374 CON ESPUMITA

Una hora más tarde Magdalena preparaba el mate en la cocina mientras todavía Manuel remoloneaba entre las sábanas. Sentía Magda cada célula de su cuerpo respirar holgadamente dentro de su membrana. Estiraba la mano para tomar el paquete de yerba del estante intermedio del armario que sin necesidad de mirar, sabía que estaba justo ahí donde la mano acababa de tomarlo. Porque de una en una la células se lo habían estado diciendo entre ellas y viendo todas, porque todas eran capaces de ver y de hasta simpatizar con el paquete que dentro y atrás del papel impreso, contenía esas miríadas de pequeños trocitos de yerba mate. ansiosos por dar sabor al agua que los muchachos iban a estar bebiendo en unos minutos. La madera del armario vio pasar la mano de la Magda derechamente al paquete y... Bueno, hasta las vetas de la madera ya los conocían, por sus ruidos y si se quiere hasta por el olor. No era cosa de extrañarse, considerando que las vetas de las maderas estaban constituidas por un montón de concreciones materiales que estaban a su vez en resonancia con el aire y con todas las cosas cercanas...con las lejanas también. ¿Quién puede enumerar todas las influencias recíprocas que se tejen en el espacio y en el tiempo?

Manuel por cierto no. Aunque lo viera a veces sin proponérselo, cuando distraído se sentía prolongado en una nota musical que rebota en todos los rincones más cercanos y más distantes a la vez, transportando de alguna manera su ser hasta los más remotos confines del universo. Lo sabía sin prestarle demasiada atención porque había sido un viejo juego de su infancia "prolongarse" como aquel personaje de historieta que era como de goma y se estiraba y se estiraba hasta tocar con el extremo delgadísimo de su dedo la más pequeña estrella del cielo que no siempre es la más alejada sino la más tímida. Tocarla con simpatía y al mismo tiempo nutrirse de esa energía que haciendo cosquillas retorna desde el prolongadísimo dedo hasta el corazón de este ser que le ha tocado en suerte personificar.

Y allí volvía la Magda. Flaca de fierro, mi amor, que viene a tomar mate conmigo porque quiere disfrutar de esta otra manera de estar junto a mí y darme gusto sin anunciarlo, sabiendo que mi gusto es el suyo multiplicado cada vez...

Está... Si ella simplemente está vibrando conmigo, sin palabras, como yo en la otra parte también lo estoy haciendo y es como si los dos moviéramos la boca y la lengua del alma para estar pronunciando la misma palabras sin sonido. Amor. Que es una manera de llamarle a esa sed saciada en el mismo momento de ser concebida y antes apenas de que se haga nueva sed a ser saciada. Siempre. Por una razón que a veces no importa, al menos por ahora y durante todo el tiempo que uno pueda dejarse llevar por esa música.

-Tiene espumita.

-Sí, tiene espumita.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

miércoles, octubre 11, 2006

92 - ...saber que te quiero...

Después, cuando salían de la carnicería, Magda le preguntó si se había metido en el Umbanda. Manuel supo que no tenía palabras para explicarle aquello. ¿Cómo decir con palabras lo que uno no ha entendido de esa forma? Todo lo que había podido avanzar en ese terreno tan oscuro era la simple aceptación de los hechos, pero explicarlo… Estaba lo que decía Ernesto Federico… Estaba lo que decía su abuelo…y estaban las cosas que él mismo había vivido y palpado pero… Ni siquiera se había puesto a pensar si esos distintos puntos de vista se contradecían entre sí, o no.
-Esto no es una religión.
-¿Y qué es…?
Entonces se dio cuenta de que tampoco sabía lo que era una religión. El se decía no religioso, tal vez por habérselo sentido decir a su abuelo. Su madre…bueno, su madre había pasado por todo, también por el Umbanda y hasta por los Testigos. Pero ella, posiblemente, tampoco supiera lo que es una religión. Pensó en que algunos tienen fe y creen en Peñarol o en Nacional. ¿Sería religión cualquier cosa en la que se crea? Y él…¿en qué creía? En su abuelo primero. Creía en la flaca… Creía que hay cosas buenas y otras que no…
-Son cosas que están ahí, que pasan…
-¿Hablar con los muertos?
-No sólo eso… Saber que te quiero.
Magdalena se sorprendió.
-¿Me querés…? ¡Yo también te quiero!
Decir y escuchar aquello fue abrir la puerta a una emoción que de pronto le desbordó hasta las lágrimas. La miró de nuevo, porque de nuevo la veía como si fuera otra persona, alguien desconocido que de pronto le dijera que lo quiere, y que él se diera cuenta, extrañamente, que en su corazón anidaba por ella, desde antes, un enorme amor. Aquella cara, como vista por primera vez y al mismo tiempo reconocida. Aquella pequeña nariz recta, aquellos labios… Pero especialmente lo que se sabía presente detrás de la mirada. Aquella presencia indecible. Magdalena. Que sentía allí vibrando de cálida presencia para él…!
Se miraron a los ojos, se sonrieron. Una sonrisa cándida que iluminó por un instante el universo todo. Cesaron los peligros agazapados en las sombras. No importaron más las carencias de la vida, la pobreza, el dinero ni el desdén ajeno. ¿Cómo se podría comparar tan pequeñas cosas con la fortuna inmensa de sentir lo que sentía y de saberse correspondido?
Se rieron y al mismo tiempo lloraron. Era tan lindo llorar el uno por el otro! Por haberse encontrado. Almas errantes, a la deriva de un universo incomprensible y loco que sin embargo deja que se formen a veces, remansos de encuentro para que los que se quieren se reconozcan y den rienda suelta a su amor.
Esa noche vino frío sobre Lagomar. Frío y lluvia con vientos arrachados que silbaban entre los filamentos de los pinos, como si hubiera una banda de duendes soplando flautas vegetales afinadas en si bemol. La lluvia golpeaba con fuerza las chapas del techo y chorreaba sobre los vidrios hasta la arena del patio, incapaz ya de absorberla la dejaba correr y formar sus arroyos y lagunas llenas de pinochas flotantes, mientras dentro de la casa el amor entibiaba lo de por sí ya tibio y hasta caliente en la calentura del amor y el sexo. El sexo y el amor que en dos cuerpos se reflejaba y en ese universo paralelo donde habitan las almas de los vivos cuando no se esconden, que es cuando desde allí animan las verdaderas caricias, las que no precisan tocar la piel, sino esa aura vibrátil que envuelve el cuerpo y que suele hacer pequeños remolinos tornasolados alrededor de cada pequeño valle o colina o que a veces simplemente por jugar vuela y baila alrededor.