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martes, marzo 03, 2009

662. LA CRUZ DEL SUR

Porque aunque fueran de mundos intercambiados y por eso recién conocidos, lo eran desde la infancia, como ya se ha dicho, y tan parecido cada uno a su doble que... daba gusto simplemente caminar otra vez aquella larga tarde que se iba reclinando por sobre la franja costera desde Lagomar hasta Montevideo. Pronto sería noche, y no sólo los sapos, sino también un trillón de grillos decorarían otra noche con sus villancicos otoñales.
Estaban en franca paz, por ser conscientes ambos del juego que habían aceptado jugar. El juego de la realidad. Ese que se juega siempre que se acepta todo.
Conocían el otro juego, también. El de mirar sin ver más que lo que se quiere ver, al modo conformista. O el de los que se apavoran ante las primeras sombras movedizas.
Entonces se iban mirando al caminar, un poco de soslayo, paso a paso, ahora otra vez de la mano. Contacto quíntuple. Piel y piel...

De pronto ni que se fueran a levantar volando!
De ímpetu entusiasmado,
bandadas de garzas levantan vuelo,
y el corazón también.

Demasiado jóvenes para detenerse a considerar una postergación. Allí mismo un monte invitaba en su espesura a tirarse juntos al suelo. A besarse girando sobre la hojarasca y a quitarse sin pudor la ropa. Hecho. Que ambos vibraban en esa onda medio salvaje y festiva a la que se sentían atraídos mutuamente. ¡Cómo si no se conocieran!
Seguir después, ya noche, con las pinochas enredadas en los pelos y las risas bajo un cielo que enroscaba hileras de estrellas alrededor de la cruz del sur...




domingo, junio 08, 2008

550. El Arco Iris

A la vuelta la noche se había puesto muy oscura. Parecía estar formándose una tormenta sobre el Río de la Plata, que negramente y en silencio comenzara a avanzar sobre las casas de la costa, desde Shangrilá al Pinar, aprovechando que todo el mundo dormía, menos los sapos que atacaban de rato en rato con sus gorgoteos broncos acompañados por los agudos staccatos de sus compañeras. Todo en calma. Esa calma gorda de un rato antes del vendaval. Ese silencio poblado de voces antiguas que tal vez nunca hayan dejado de decirnos las verdades verdaderas. Las que nunca comprendimos por no conocer el idioma ni tener el órgano sensible que captase ese tipo de sonido.

En la conciencia de Margarita otro instrumento vibraba sus cuerdas con el arco sobre el corazón. Las emociones que luchaban por predominar en el primer plano, sin lograrlo más que en turnos. El saberse madre y haber realizado sus sueños adolescentes, por una parte y el descubrir la endiablada complejidad de la existencia, por la otra. Como encontrarse de pronto pisando por fin el exacto punto donde arranca el arco iris, y que le digan por la otra oreja que eso es matemáticamente imposible por las leyes y la geometría del espacio. Que este muchacho es su hijo, de su sangre y sus entrañas y que al mismo tiempo, es un conjunto de campos energéticos engendrados entre los repliegues invisibles de un manojo de dimensiones enrolladas alrededor de una probabilidad infinitesimal. Una nada. Una imagen virtual de la proyección de una idea platónica. Una ilusión.

La voz de Manuel sonó apenas sobre el nivel del asfalto que caminaban.

-Nosotros queremos volver a nuestro mundo...

Susurro de suelas.

-...allá estamos en revolución... y en guerra...
-¿En guerra?
-Hemos adoptado el anarquismo...
-¿También ustedes? Mi padre era anarquista.
-Allá toda América Latina. No hay más gobiernos...
-¿Y cómo piensan volver...? ¿Cómo fue que vinieron?
-Nos arrojaron aquí... Tenemos que construir una... nave... Una nave especial que...

En ese momento en la garganta de Manuel estalló un grito de ¡CUIDADO! mientras empujaba a las mujeres sobre el pasto de la banquina. Habían aparecido de improviso dos faros que bajaban atravesando las nubes. Era una avión que venía a tomar pista al aeropuerto de Carrasco y cuyo ruido al parecer había quedado atascado del otro lado de la tormenta, hasta ahora, que pasó sobre las cabezas tronando el escarmiento de la cómica confusión.

Sentados en el pasto rieron. La tormenta dejaba caer las primeras gotas que golpeaban sobre los cráneos, como a veces comienza a sonar sobre las chapas de un techo. Con gracioso ritmo y sin apuro, dejando para después la prisa y la carrera. Para un minuto después, cuando los truenos sacudieron el mundo y largas raíces luminosas craquelaron un cielo que así iluminado se descubría como un manojo de retorcijones.

Por supuesto llegaron a la casita hechos una sopa


549. El nombre de tu padre

Juntaron las tres sillas que eran suficientes y arrimaron las velas sobre el escritorio, para poder volver a ver las anotaciones de Abelardo, en apoyo lógico de todo lo que iban a contar. Era importante relacionar los sistemas de codificación con la secuencia de letras de la palabra Manuel, que por suerte había sido la primera, también esa vez, en ser interpretada. Ya habían visto ellos que la palabra había sido entresacada de una secuencia mayor de caracteres, por la obvia razón de que era la serie de símbolos que cada tanto se repetía. Seis signos distintos que se sucedían en el mismo orden y que habían sido reconocidos como patrón. Todo comenzaba allí. Después habría venido la pregunta natural sobre qué cosa representarían esaos signos, que podrían ser letras formando una palabra, una palabra que diera sentido al texto. Algo importante. Una cosa de la que allí se estuviera hablando o...una persona...
A Margarita ya no le quedaban dudas de que lo contado era algo vivido. Trataba de imaginar ese mundo donde otra ella había tenido ese hijo con un hombre probablemente moreno. Esa otra Margarita que tal vez aquella noche de tantas dudas no se hubiese tomado el ómnibus y vuelto sola desde la fiesta de las llamadas, y haya seguido la joda con sus amigos de la comparsa de negros tamborileros.. .Veinti pocos años atrás...

-¿Y tu padre quién es...?.
-Un negro mandinga.
-Te pregunto por su nombre...
-No estoy seguro... Eso no lo se.

Margarita comenzó a reír de un modo un poco compulsivo, de a tirones que la sacudían hasta llevarla a arquearse en la cintura, para entonces sí reírse con toda la potencia de su voz.

-¿Así que al final lo hice no más? -dijo entre las risas- ¡Aunque fuese en el otro mundo pero lo hice!

Magda cuchicheó al oído de Manuel que dijera más claramente quién sospechaba que sería su padre. Manuel alegó del mismo modo no estar seguro de nada y Magda se calló.

Margarita percibió el tironeo.

-¿El nombre de tu padre es un secreto...?
-No, no es que sea un secreto. Es que no puedo saberlo... ella misma, la de allá, no lo recuerda...
-Un encuentro casual ?
-Probablemente.

Claro. Eso era muy coherente con sus ideas de libertad sexual nunca practicadas de forma continua. Lo multiracial, lo anónimo, lo prohibido... Dejarse llevar por el deseo en bruto sin preguntarse cómo ni por qué. El éxtasis de la danza, la orgía de las emociones. La materia que llama a la materia y festeja su razón de ser en plena felicidad.

-No era de acá...?
-Parece que no.

Ahora dejó de reír. Estaban hablando del padre del muchacho... Tal vez ...

-Perdoná la risa.
-No te preocupes, tuve varios padres. Abelardo en primer lugar.

sábado, marzo 15, 2008

493 Coincidencias

Tanta era la risa y tan descontrolada que, por un momento Manuel llegó a pensar que todo lo anterior no había sido más que una actuación muy bien llevada, un juego para probarle o simplemente una broma. Ernesto ahora se sentaba sobre el cantero de césped geométricamente trazado, se tomaba aun la cabeza con las manos, se secaba las lágrimas de las mejillas... levantó la mirada.
No. Ahí estaba otra vez la mirada escrutadora.

-¿Ninguna cosa de las que dije...?

Ernesto sacudió un rotundo no, con la cabeza.

-Me parece que estás recordando un sueño que has tenido... Conozco a alguien que te podría ayudar... poner un poco de orden dentro de...
-Ah, conque estoy loco, eh?. Te puedo mostrar muchas cosas...
-La caverna...?
-Sí, la caverna... pero antes, ¿Acaso no estaba esa foto sobre la chimenea de tu
casa...?
-Siempre estuvo la fotografía de mi padre... que era humano.
-Mmmm... pero tu madre sabía que existía esa caverna, dijiste que...
-Mi pobre madre estaba loca.
-Y yo soy su enviado... tan loco como ella?
-Reconozco que me ha sorprendido la coincidencia pero...
-Es que tenés la memoria estropeada. De lo único que te acordás es de que tu madre hablaba de la caverna. .. ¿Cuando taparon el fondo del pozo para que juntara agua?
-Hace casi un año vinieron a limpiarlo y arreglarle algunas grietas. Nunca tuvo ninguna tapa en el fondo. Vivo en esta casa desde que era chico.
Eso ya lo se. Y conozco tantas cosas tuyas que no se como me las enteré sin conocerte.
-Una cosa, por ejemplo...?
-Que después de muerta tu madre volvieron por varios años al Brasil donde... ocurrió algo muy grave...
-Si esas noticias se saben de boca en boca...
-En un cañaveral tu padre se voló la cabeza, muy cerca de dónde estabas vos con un hermano.
Ernesto saltó.
-No yo solo. Yo sólo lo vi!
-A Dengue le contaste eso.
-¿Dengue...?

miércoles, marzo 05, 2008

486 Dengue despierta

Bueno... después sobrevinieron los vómitos del Dengue, los gritos de la Yiya, y el mejoramiento de la salud del enfermo, hasta el punto de levantar la cabeza y también el pulgar en el aire hacia donde estaba Manuel. Sonreía un poco vergonzoso, sin terminar de limpiarse, pero consciente de que no era la primera vez que hacía una macana de esas. Qué va! No se pretendía engañar a sí mismo, como cuando se decía que no iba a tomar más vino. Pero tampoco menos. Para mantener algún trabajito que cuadrara por más tiempo que hasta el día de la primera paga. El era así... Que se le iba a hacer. Desde el día que había cagado a patadas al hijodeputa de su tío, por última hasta en los huevos... Claro que soy un negro pelotudo! Me liberé y al mismo tiempo me metí en la cárcel de la botella! Porque en la otra no me lograron meter gracias a los vecinos, los... testimonios... Ellos habían visto muchas veces lo que me hacía cuando me agarraba... además de pegarme...

-Estás mejor Dengue?

Era Manuel quién le hablaba desde allá adelante parado el flaco... Qué guacho más macanudo! Este sí que es de la planta. No le entiendo, parece que me pregunta algo. Ah, que si me siento bien. Me siento bien, claro que me siento bastante bien, aunque un poco sin ganas de moverme, ni de hablar... ese gusto amargo que me duele en la cabeza... Les tengo que decir que me dejen, que ya me voy a parar... con la ayuda de la Yiya... Que loca de mierda! Otra vez termino en sus brazos, como si a mí me gustara ella, que apenas, sólo porque me hace un poco acordar a mí mismo y me da ese amor con pena, pero... en lo sexual...

-Dengue... a ver. Tratá de pararte...

Se apoyó en la cabeza de Yiya y en un codo que apareció oportunamente antes de que las suelas de sus championes volvieron a pisar sobre la arena. Lo difícil era mantener el equilibrio de las dos piernas al mismo tiempo, pero... Ya estaba, apenas si se hamacaba un poco de atrás para adelante mientras le subía el mal olor. Necesitaba un baño. En la casilla dónde vivía solo tenía un latón y el agua... Podría ser que el viejo de la Yiya se hubiera ido para Salinas y entonces... favor por favor...

jueves, febrero 28, 2008

482 LA TROMPA DE LA FLACA

A lo que él respondió con similares maniobras de enrollamiento -con la sábana de abajo- taloneando después hasta la cocina, como ella, a encontrarla montada sobre el taburete, frente a la ventanita, mirando para afuera, como si hubiese algo nuevo de ese lado, que no hubiera visto antes. Estaba toda enfurruñada, en serio, cosa que a Manuel le sorprendió cuando no le doblegaba ni bailándole la danza de los velos que tanto siempre le divertía.

-Qué te está pasando flaquita... Estuvo muy feo el encierro en el punto?

Ella torció asquerosamente la boca para decirle que sintonizara otra estación.

-Sabés muy bien que me molestan tus dedos en las costillas... y más cuando me estoy despertando.
-¡Pero flaquita...! Si siempre nos cagamos de risa porque no podés contener ese gritito tan cómico y abrazarme como si te tuviera que salvar de algo.

Magda dió vuelta la cara después de no poder comprender a qué se refería él.

-Te pregunté si estuvo muy feo el asunto de meterse y no poder salir del punto...

Ahora hizo un revoleo de pelos y se tiró del taburete con la evidente intensión de buscar su ropa e irse a la casa de sus padres. Eran movimientos decisivos en ese sentido porque los hacía impelida por impulsos incontrolables y hasta rectilíneos, enfundando las piernas, cada una de un golpe, dentro de los tubos del vaquero, sin haberse puesto calzón. Ya traspasaba el umbral de la puerta, hacia afuera, cuando se despidió rumoreando:

-Cuando tenga ganas de escuchar tus payasadas vuelvo.

Manuel -todavía en bolas- no pudo hacer otra cosa que rascarse la cabeza. ¿Sería esto aquello que decían de que nunca se sabe cómo puede reaccionar una mujer? ¿O un mal humor extremo, que nunca le había visto a la flaca y que hasta le había quitado las ganas de hacer bromas? Bien... ya se vería. Ahora...
Se fue a la ventana del frente y observó, callado, a lo lejos, allá pasando frente a la hilera de pinos, los pasos largos que se llevaban a la Magda como impelida por un viento de popa, sin recordar que su verdadera casa era esta.
Pero volvió sobre sus pasos después de un momento, para ocuparse de poner en claro las ideas. No necesariamente la flaca, habría de haber pasado por las mismas dificultades que él. Tal vez esa falla provocada que había afectado el mecanismo de salida de su punto... Se hubiese manifestado en otra forma para cada uno de los que intentaban huir de Satanás. Hasta podría ser que algunos no hubieran podido salir de allí a tiempo... Que estuviera prisionero...

Se vistió sin darse cuenta y fue a agarrar su bicicleta roja que alguien en su aucencia había pintado de azul. Salió rumbo a lo de Luque llevado por la costumbre , mientras cavilaba en la forma de entrar a la caverna de alguna manera que no fuese advertida por el Diablo si es que todavía andaba por allí... Vió venir a las Bronté, del brazo caminando como marionetas a cuerda que portaban de lados simétricos canastas tapadas con servilletas blancas que hacían juego con los delantales holandeses y las mejillas rosadas que portaban...
A penas si lo saludaron, con una cosa parecida a una sonrisa y dos hamaconcitos de las cabezas, ambas hacia un lado al unísono.
Miró las canastas. Olió el aroma de empanadas de pescado recién hechas y las vió alejarse a lo largo de la calle como si nunca hubiesen compartido una discusión con el demonio