lunes, diciembre 11, 2006

151: EL TERCER OJO

Sentados en el claro del monte Manuel contó lo que había visto un rato antes. Esos finísimos hilos tornasolados que iban entre las cosas o brillaban simplemente en el aire cambiando de tonalidad todo el tiempo y que cuando la miró a ella, ella era todo un incendio que daba miedo ver porque viéndolo daba para dudar que fuera nomás así, o que aquello no fuera más que otro producto de su mente enloquecida… Y si fuera que así estaban las cosas, irradiando luz y prendiéndose fuego entonces… ¿No sería, acaso que el fuego salía de sus propios ojos e incendiaba todo lo que miraba?
-¡Me viste el aura!
-¿Eso que dice Ernesto…?
-¡Me viste el aura! ¿No leíste El Tercer Ojo?
-No, qué voy a leer.
Magda se señaló un punto en la frente y dijo que ahí en ese lugar estaría el Tercer Ojo. Que en la mayoría de las personas se encuentra aletargado pero que de vez en cuando nace alguien que puede ver a través de él y que lo que ve es así como lo que Manuel le ha contado. Otros aspectos de la realidad que normalmente nos pasan desapercibidos y que le permiten a la persona que tiene esa facultad, saber qué tipo de persona tiene adelante e incluso su estado de ánimo y de salud. Un poco en broma tomó entre sus manos la cabeza de Manuel y comenzó a sobarle con la yema de los dedos el punto que ella decía y de paso acariciarle un poco para que se tranquilizara. Pero ocurrió que a los pocos sobos de la yema sobre la frente, Manuel se tiró para atrás cerrando los ojos y gritando ¡Otra vez1 ¡Me viene otra vez!
-¿Qué te hice?-imploró Magdalena.
Manuel se había arrollado en el suelo con la cabeza entre los brazos y sólo después de unos instantes comenzó a enderezarse, a entreabrir de nuevo los ojos con cautela, temeroso de volver a ver lo mismo, pálido y sudoroso. Magda comprendió que la estaba mirando, pero desde una distancia indefinible tras el temor…Se fue acercando lentamente, un poco más y un poco…hasta llegar a los labios y besarlos.
-¡Ya pasó!
Salieron del monte caminando de la mano. A paso largo, decididos a llegar de una vez a la casa para abrazarse desnudos y reunidos navegar el más pasional y a la vez tranquilo de los mares océanos.
Claro que una cuadra antes de llegar se encontraron con el Rulo que venía caminando en el sentido contrario y levantando los brazos al cielo.
-¡Manuel! ¿Dónde te habías metido?
Lo andaba buscando para hacer el segundo arreglo en la casa de Ferrari que habían quedado de terminar para el fin de semana y ya estaban a martes.
Pero Manuel dijo no sentirse bien hasta mañana por lo menos, así que pintarían el jueves con segunda mano el viernes y los retoques el sábado. Por lo pronto pensaba bañarse y dormir algunas horas además de alimentarse para lo cual debían comprar comida y hacerla.
-Así que hoy no me jodas, ni mañana… Bueno, de repente mañana…Yo te aviso
Rulo siguió el camino a su casa portando los saludos para Julieta y su panza y encima la calentura no expresada con el guacho este siempre igual de pelotudo que cree que la vida puede ser pura joda y nunca se acuerda del trabajo.



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