martes, diciembre 05, 2006

145: Mister Che Germán

--Bueno, pero yo tengo que mostrarte el mensaje que traigo –dijo Kirk, mientras se quitaba la gorra y se la volvía a encasquetar bastante más tirada sobre las cejas.
Arriba de su cabeza se formaron, entonces, cinco globitos apretados uno contra otro y sin llamada hacia ningún lado. El primero decía:”Perdoname Manuel he abusado de tu paciencia. Te prometo no trasladarte más a ningún lado sin tu consentimiento.” El segundo:”Esto me ha costado una dura pelea con tu abuelo, pero ya hemos hecho las paces” . El tercero:"Temí que si te lo decía antes te ibas a asustar mucho, era natural”. El cuarto: Necesitaba un testigo y eras el único adecuado que tenía a mano” Y el quinto: “Lastima que no logro manejar las bolas con la precisión que quisiera” Kirk se quedó mirando el pucho que fumaba a la espera de algún comentario o respuesta. A Manuel más que respuestas le brotaban preguntas que se le aparecían en la conciencia tratando de salir habladas. ¿Qué le quería decir Germán llevándolo a donde estaban los milicos? ¿Qué tenía que ver Bosco en esto y los guijarros del abuelo Abelardo? ¿Los torturadores con la pirámide de luz? Y muchas cosas más que no entendía y que si no se las explicaba Germán, ¿quién se las podría explicar…?
Pero claro, le iba a mandar decir eso nada menos que a Germán Oesterheld y con el Sargento Kirk como mensajero…! Optó por reducir los textos.
--Decile que está bien, pero que por favor me explique qué tienen que ver los milicos de acá con toda esa historia de Dios y el Diablo.
Kirk recupero el movimiento y poniendo cara de macanudo le hizo seña de que esperara. Trepó a la tira, que seguía estacionada enfrente, y llegado allí se agachó de modo que sólo se le veía la espalda que se movía mientras parecía estar buscando algo en el espacio oculto a todo testigo. De pronto de allí mismo brotaron extraños chiflidos y descargas al tiempo que se ponía otra vez de pié pero con unos auriculares como de tanquista, puestos en la cabeza. En la mano derecha sostenía un micrófono de opaco metal gris –parecido a un huevo de plomo—por donde repitió la inquietud de Manuel luego de una serie de letras absurdas dichas como saludo…
--QRX,QRO,QSL…
Parecía contrariado. Le salían expresiones en ingles que iba entreverando con otras en español o en lunfardo.
--No le podés contestar this che Germán!
Se acomodó los auriculares y el cuadrito se corrió para dar lugar a otro en el que Kirk se tapaba la boca y la pera con la otra mano. El rostro se le había poblado de gotitas y los costados de la cabeza emitían pequeñas rayas que denotaban su mal humor. Nuevamente se corrió el cuadro y en el próximo Kirk ya tenía apoyada una mano sobre la línea del marco, como si fuera una ventana abierta por la que se disponía a salir para volver a la rueda…
Los socios de Manuel corrieron sus sillones para que pasara libremente, no fuera cosa de que se enganchara en algo.
--Tu abuelo no deja que te conteste.
--¿Qué…?
--Dice que lo disculpes pero que, por la vieja amistad que lo une a tu abuelo y que viene de recuperar a duras penas, no te puede contestar.
--¿Y vos no me podrías contestar?
--I’m sorry…Es decir no me jodas!
--¿Por qué no me jodas?
--Entendeme! Mister Germán es para mí como un padre…
--¿Y yo qué…?
--Vos recién está llegando.


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