viernes, diciembre 01, 2006

141 : Dioses y Diablos en la Tierra

Ernesto y los Tucus volvieron con la noticia de que la caverna estaba impecable. No se notaban daños de ningún tipo y lo más importante: En cinco minutos de escucha silenciosa, ni Trum ni Porum habían escuchado ningún microsonido que denunciase algún tipo de inestabilidad. Podían volver. Era necesario hacer varias búsquedas en la computadora para entender algo de lo visto en el incendio. Además de tener que seguir con el tema de la contestación del mensaje.
Allá fueron, cada uno con su vaso y sus pensamientos, escaleras abajo y oscuridad adentro entre medio del eco de las sirenas que aun revoloteaban en la oquedad del aljibe y que sólo cesaron de reverberar en los oídos una vez que entraron en el estrecho declive de los 45.
Al llegar a la Galería Máxima, los Tucus, ni bien terminaron el jugo de la jarra se despidieron. Era ya muy tarde para sus costumbres. Ernesto en cambio iniciaba su trabajo de rastreo en la compu, silencioso y concentrado por un rato hasta que habló haciendo que los otros vinieran a su entorno. Había encontrado lo que buscaba, que no era otra cosa que lo que Manuel ya había adelantado en la casa. La cucaracha negra era un X666, LA BESTIA. Desagradable objeto volante con un montón de características revolucionarias.
Todos estuvieron de acuerdo en que lo que mostraba el monitor era lo mismo que habían visto sobre las llamas.
-Pero lo que estaba caído en el suelo no era un avión.
-¿Cómo saberlo?
-Yo vi los cadáveres!
-¿Cadáveres de qué?—preguntó Ernesto.
-De seres parecidos a nosotros…pero de otra especie.
-¿Ángeles o demonios?
-Yo qué se…son tan parecidos…
Las cosas se complicaban. Ahora los dioses y los diablos andaban por la tierra de los hombres. Todos habían visto aquel manojo de alambres, porque no más que eso podían ser los hilos incandescentes que se veían brillar entre medio de las llamas… Un capullo de seda, restos de una bola, pero un avión, jamás! Había hombres luchando de parte de alguno de los bandos en pugna. Aliados…Traidores!
Porque ponerse de parte de Dios o del Diablo era traicionar a todas las especies que habitaban la tierra. Manuel lo comprendió y lo dijo. El nunca se iba a poner al servicio de ningún ser, por poderoso que fuera, porque él no aceptaba que nadie estuviera al servicio de nadie.
-¡Te vas a cagar!
Sólo deseaba tener a su lado a aquellos que quería, o al menos respetaba…Era su derecho y por eso pasó ahora el brazo sobre los hombres de Magda.
-Tenemos que escribir la contestación al mensaje de los otros Maquis—opinó Giorgionne.
Ernesto tuvo la idea de hacerlo también en versos que formaran el mismo acróstico.
-¿En verso?—preguntó extrañado Manuel.
-Claro, en coplas de payador, como el de ellos.
-¿Y si no nos entienden?
-¿Por qué no nos van a entender…?
-Yo, a veces no entiendo los versos…
En realidad nunca se había puesto a pensar en por qué había cosas que se escribían en verso… Pero fuera por lo que fuera, comprendió que en este caso iba a tener que dejar que Ernesto y Giorgionne hicieran lo que deseaban. ¡Tanto era su entusiasmo en escribir los versos que hasta se habían olvidado de discutir el contenido del mensaje!
Eso les recordó.



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