Eran hechos consumados que al caer sobre las conciencias resonaban sordamente. Como si una pirámide egipcia se precipitara sobre cada plaza de cada pueblo de cada país, al unísono, e irremediablemente. Como la bomba de Hiroshima. Para estar después allí instalada, cada día del futuro. Impasible. Sin explicaciones ni pretextos. Como si siempre lo hubiese estado. Y siempre lo fuera a estar.
Inmediatamente se reabrían las bolsas de las capitales. Los cines de los shoppings. Los puestos de venta de hamburguesas, los casinos, los sex-shop, las peluquerías para perros, los consultorios astrológicos, los programas de chismes de la TV...
Por la rampa principal bajó Mandinga a paso lento y desganado. Traía el rostro descompuesto y sus largos brazos simiescos pendulaban a los lados, sin propósito ni gracia, cada vez que uno de sus enormes pies daba con el empedrado.
-Ahora sí que el hijodeputa me va a buscar...
Preguntaron los otros por qué le guardaba Satanás tanto rencor y Mandinga suspiró.
-Será tal vez porque mi familia conoce a la suya desde los tiempos en que fueron humillados por el viejo Jehová y arrojados en un agujero negro que los tragó como una boca hambrienta... Siempre fueron orgullosos.
-Y los otros... Los Espíritus Oscuros, por ejemplo, ¿Los conocen de hace poco tiempo?
-Sí, relativamente. Los Espíritus no eran importantes. Cobraron poder cuando aprendieron a dominar la Energía Oscura, ya en esa época los Satanes habían logrado salir, se estaban recuperando, construían una serie de alianzas... hasta con mi familia... teníamos un enemigo en común.
-¿No sabían acaso, que eran mala gente?
-Sí, pero en la desgracia. Uno siempre simpatiza con los vencidos... A mi padre no le gustaba que fuera a jugar con Satanito, cuando los dos éramos niños...
Intervino Cholo para conducir la conversación hacia lo que importaba. Mandinga era el único que les podría advertir sobre los puntos débiles del nuevo enemigo. Sobre cómo defenderse y, en todo caso, cómo atacarle si eso llegaba a ser necesario.
-¿Con tu ayuda podríamos mantener nuestra independencia?
-Es probable. Ustedes tienen una mente muy fuerte, son muy porfiados, pero no sé los otros...
-¿Porfiados...?
-Sí, el peligro mayor es que les convenza. Tiene mucha habilidad... aunque últimamente... claro, cada vez es más poderoso...
-Pero no puede ser tan sencillo como no dejarse convencer... -objetó Manuel. -Con su poder podría matarnos a todos.
Mandinga sonrió casi con tristeza. Miró a su hijo y lentamente le fue dando una lección que creía importante.
-Empecemos por entender que hasta para un malvado es importante tener un público adicto, o al menos, un público... Y no es sólo una cuestión de vanidad. En el universo que conocemos no existe poder mayor que el poder de la conciencia. La suma de todas las conciencias es la suma de todo el poder. La materia, la energía, las fuerzas que organizan el Universo, no son otra cosa que subproductos de la conciencia. Las conciencias no se pueden matar. Nadie sabe cómo podría ser hecha tal cosa. Sólo se puede confundir o trasladar a los seres molestos, mantenerlos a distancia. Matar es una forma de alejarlos, pero, tiene el inconveniente de que al pasar las conciencias a otro plano dimensional, escapan al control de quién los mandó. Vean el caso de Germán Oesterheld, que es como el de tantos otros. Él, después de asesinado, vuelve a luchar por sus mismos viejos ideales sobre la Tierra... Por eso entre los dioses todo termina en reparto de territorios y reparto de clientes. El poder de un dios se alimenta del poder que roba a cada uno de sus seguidores. El negocio es convencer. Jehová lo hacía con su mejor invento La Culpa. Y el temor, claro. Los Satanases se especializaron en la seducción y el engaño, pero... a la larga todos se parecen.
Cholo se quedó murmurando.
-Así que entonces...nosotros...
-Tienen que seguir haciendo lo que han hecho con la política. Cada uno con su conciencia. Nadie debe ser más que nadie. Nadie debe ser atemorizado, ridiculizado por ser como es, amenazado o pereguido. Nadie es dueño de la verdad... y esto, que parece ser una verdad revelada, bien mirado, no es más que el punto de equilibrio entre todas las verdades individuales.
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miércoles, octubre 01, 2008
604. Cuestión de estilos
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miércoles, abril 02, 2008
505, Peter Pan
-Para empezar te quiero contar que un día... alguien me llevó hasta un pueblo llamado Guichón y me mostró la casa donde vos habías vivido tu infancia...
La mandíbula de Abelardo terminó de caer.
-Conocí a una persona que se llama Bosco y que me dijo haber sido tu amigo. Tu gran amigo y compañero en eso de imaginar posibilidades fabulosas.
-Sí, Bosco...
-Él decía no saber cómo era que yo había sido llevado no sólo a tanta distancia sino a tantos años para atrás, porque era el año 1967...
-¿Pero, qué decís Manolito?!
-...En ese momento Bosco parecía tener mi edad. Mi misma edad de ese momento. 20 años.
-Tenés 22.
-Fue hace dos años...
-Pero si eso fuera así... ¿Por qué nunca me lo dijiste en estos últimos dos años?
-Yo acabo de llegar. El que vos veías era otro Manuel. El manuel de este mundo. El que ahora ha de andar metido en grandes lios sin entender que se encuentra respirando el aire de otra realidad.
-Parece una historia de "El Hombre Ilustrado", ¿cuando la inventaste...? Bueno, está bien, no te enojes. Es que todo me parece tan increíble...
-...
-Seguí, seguí Manolito.
-Bueno, al parecer quienes me raptaron y llevaron hasta allá fueron... Germán Oesterheld y... un amigo.
-¿Oesterheld? ¿Germán Oesterheld! El guionista de historietas...! ¿Sabías que yo intercambiaba correspondencia con él hasta poco antes de que lo desaparecieran?
-El mismo. El mismo que tenía la idea de fabricar una nave que dasafiara las leyes de la física... Seguro que de eso hablaban en las cartas...
-¿Cómo lo adivinaste? ¡Es cierto! Yo le comunique varias ideas audaces y el me devolvía dibujos y esquemas de funcionamiento... Un día... en una carta, se puso a divagar conque sus personajes seguramente serían seres reales de otra dimensión y que le llegaban por algun misterioso medio que no se podía imaginar pero que demostraba la posibilidad de contacto entre los mundos paralelos...
-Ves. Ves que es como te decía? Todo eso existe.
Ahora el silencio fue largo y compartido. El tórax de Abelardo se llenó involuntariamente de aire y todo él se aquietó sobre el respaldo de mimbre. No exhalaba ni dejaba de mirar a su posible nieto de la otra dimensión. Este muchachito travieso que ciertamente parecía ahora (ahora que le observaba detenidamente) un tanto más serio y preocupado de lo que nunca le hubiera visto. Una historia truculenta, la que se acababa de abrir frente a su vida después de preserbarla durante décadas de todos los posibles desvíos que su afiebrada mente le había tentado a seguir. Allí estaban todas juntas la teorías y las alucinaciones. Frente a él, encarnadas el su propio nieto, que ahora, como un Peter Pan moderno aparecía extendiendo la mano para llevarle de viaje al mundo de las posibilidades infinitas...
Apenas musitó:
-...esto es una locura...
La mandíbula de Abelardo terminó de caer.
-Conocí a una persona que se llama Bosco y que me dijo haber sido tu amigo. Tu gran amigo y compañero en eso de imaginar posibilidades fabulosas.
-Sí, Bosco...
-Él decía no saber cómo era que yo había sido llevado no sólo a tanta distancia sino a tantos años para atrás, porque era el año 1967...
-¿Pero, qué decís Manolito?!
-...En ese momento Bosco parecía tener mi edad. Mi misma edad de ese momento. 20 años.
-Tenés 22.
-Fue hace dos años...
-Pero si eso fuera así... ¿Por qué nunca me lo dijiste en estos últimos dos años?
-Yo acabo de llegar. El que vos veías era otro Manuel. El manuel de este mundo. El que ahora ha de andar metido en grandes lios sin entender que se encuentra respirando el aire de otra realidad.
-Parece una historia de "El Hombre Ilustrado", ¿cuando la inventaste...? Bueno, está bien, no te enojes. Es que todo me parece tan increíble...
-...
-Seguí, seguí Manolito.
-Bueno, al parecer quienes me raptaron y llevaron hasta allá fueron... Germán Oesterheld y... un amigo.
-¿Oesterheld? ¿Germán Oesterheld! El guionista de historietas...! ¿Sabías que yo intercambiaba correspondencia con él hasta poco antes de que lo desaparecieran?
-El mismo. El mismo que tenía la idea de fabricar una nave que dasafiara las leyes de la física... Seguro que de eso hablaban en las cartas...
-¿Cómo lo adivinaste? ¡Es cierto! Yo le comunique varias ideas audaces y el me devolvía dibujos y esquemas de funcionamiento... Un día... en una carta, se puso a divagar conque sus personajes seguramente serían seres reales de otra dimensión y que le llegaban por algun misterioso medio que no se podía imaginar pero que demostraba la posibilidad de contacto entre los mundos paralelos...
-Ves. Ves que es como te decía? Todo eso existe.
Ahora el silencio fue largo y compartido. El tórax de Abelardo se llenó involuntariamente de aire y todo él se aquietó sobre el respaldo de mimbre. No exhalaba ni dejaba de mirar a su posible nieto de la otra dimensión. Este muchachito travieso que ciertamente parecía ahora (ahora que le observaba detenidamente) un tanto más serio y preocupado de lo que nunca le hubiera visto. Una historia truculenta, la que se acababa de abrir frente a su vida después de preserbarla durante décadas de todos los posibles desvíos que su afiebrada mente le había tentado a seguir. Allí estaban todas juntas la teorías y las alucinaciones. Frente a él, encarnadas el su propio nieto, que ahora, como un Peter Pan moderno aparecía extendiendo la mano para llevarle de viaje al mundo de las posibilidades infinitas...
Apenas musitó:
-...esto es una locura...
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viernes, mayo 11, 2007
294: CONOCER EL SEXO
De vuelta todos en la caverna se encontraron conque Mandinga había vuelto del Perú con las orejas llenas de música negra y haciendo pábulo de que el yengué era un invento de su abuelo… o bisabuelo del que había fabricado sólo dos con pequeñas diferencias y regalado a un par de griots, uno de lo que ahora es Senegal y otro del actual Malí.
-¿Y ustedes, qué han hecho? –preguntó recién después de largas onomatopeyas del sonido del instrumento hechas con su proteiforme boca y golpeteos en las piernas.
-Nada… - apenas le contestó el Cholo con la boca llena de pan que estaba comiendo allí contra la pared de arenisca y una rodilla doblada. Para qué decirle que tenían la mitad del poder por lo menos dentro de un limitado territorio que nadie pretendía escindir del Uruguay por mucho tiempo. Iba a ser por poco tiempo. Para organizarse, lo que es decir darle tiempo a la gente para que se organice de alguna manera para que se pueda vivir sin tener que siempre estar organizando. Una sola norma, la libertad, que se dice libremente y sin mucho esfuerzo cuando uno no piensa que si fuera tan simple ya se hubiera logrado..-
-Ah. Manuel, estuve un rato charlando con Germán…
-¿Y con mi abuelo?
-No Abelardo anda medio de luna de miel.
-¿Se consiguió una vieja?
-Sí, tu abuela!. Se volvieron a juntar.
-Claro! Ella también está muerta…Mirá vos, yo casi no me acuerdo de…Margarita…apenas de haberla visto asomada en una ventana.
Margarita terció.
-Ustedes están hablando de mi madre. Y dígame don Diablo ¿Usted la vio?
Mandinga sonrió y hablo con toda la boca.
-No… yo no la conozco.
-¿Y papá como está?
-Como siempre, medio rezongón, pero como buen curioso… Qué le voy a decir mejor que contarles como lo tenté con mi extraña apariencia y tamaño apareciendo por el medio de su pueblo perdido entre las pampas. Un loco no podía ser porque no conocía locos tan grandes, un ladrón menos, que no se hacen propaganda ni tampoco un extraterrestre porque no andaba en ninguna nave. Conclusión que debía ser un especie de héroe muy sabio que venía a revelarle algún secreto a poco que domine el miedo que le da ese aspecto espantoso lleno de crines de caballos y mandíbulas de vaca. Los amigos le gritaban desde una cuadra que volviera, sin gritar ni decir que no irían a ningún lado con un personaje así, que volviera o al menos les tirara la pelota que se estaba llevando por la mitad del partido.
-Entonces ahora entiendo quién fue que lo volvió loco.
-Muchacha. Primero, que Abelardo no es ningún loco. Y ojalá tuviera yo el poder de volver loco a alguien!
-Pero si agarra a un gurí chico y le llena la cabeza de cosas raras…!
-Eso decían que te había pasado a vos.
-A mi nadie me llenó la cabeza. Lo que pasó es que mi padre sólo vivía para sus experimentos y yo quedaba sola en casa con mis discos de blues o de rocanrol y ganas de ser hippy.
-Para los vecinos eso era que estabas loca.
-Y un poco tenían razón. Pero mi padre sí que estaba cada vez más loco, pobre. Me decía discursos interminables para demostrarme que todo era mentira siendo eso verdad. Que la única verdad era la esencia de no se qué cosa que parecía recibir cuando se ponía a hacer yoga en el galponcito del fondo. Un día me fui para volver después que descansara y conociera el sexo… pero me fui quedando. Habían tantos muchachos en aquella época! Ja ja. Era otro tiempo nuestra generación no conoció mucho de política pero si de la hermandad entre pocos bajo la dictadura. Los artesanos…
Margarita pudo perderse en sus recuerdos por varios minutos que callaron los otros pendientes de la continuación del relato que nunca llegó, porque Margarita recordó de pronto que había dejado una pizza en el horno de la cocina.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
narrativa
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-¿Y ustedes, qué han hecho? –preguntó recién después de largas onomatopeyas del sonido del instrumento hechas con su proteiforme boca y golpeteos en las piernas.
-Nada… - apenas le contestó el Cholo con la boca llena de pan que estaba comiendo allí contra la pared de arenisca y una rodilla doblada. Para qué decirle que tenían la mitad del poder por lo menos dentro de un limitado territorio que nadie pretendía escindir del Uruguay por mucho tiempo. Iba a ser por poco tiempo. Para organizarse, lo que es decir darle tiempo a la gente para que se organice de alguna manera para que se pueda vivir sin tener que siempre estar organizando. Una sola norma, la libertad, que se dice libremente y sin mucho esfuerzo cuando uno no piensa que si fuera tan simple ya se hubiera logrado..-
-Ah. Manuel, estuve un rato charlando con Germán…
-¿Y con mi abuelo?
-No Abelardo anda medio de luna de miel.
-¿Se consiguió una vieja?
-Sí, tu abuela!. Se volvieron a juntar.
-Claro! Ella también está muerta…Mirá vos, yo casi no me acuerdo de…Margarita…apenas de haberla visto asomada en una ventana.
Margarita terció.
-Ustedes están hablando de mi madre. Y dígame don Diablo ¿Usted la vio?
Mandinga sonrió y hablo con toda la boca.
-No… yo no la conozco.
-¿Y papá como está?
-Como siempre, medio rezongón, pero como buen curioso… Qué le voy a decir mejor que contarles como lo tenté con mi extraña apariencia y tamaño apareciendo por el medio de su pueblo perdido entre las pampas. Un loco no podía ser porque no conocía locos tan grandes, un ladrón menos, que no se hacen propaganda ni tampoco un extraterrestre porque no andaba en ninguna nave. Conclusión que debía ser un especie de héroe muy sabio que venía a revelarle algún secreto a poco que domine el miedo que le da ese aspecto espantoso lleno de crines de caballos y mandíbulas de vaca. Los amigos le gritaban desde una cuadra que volviera, sin gritar ni decir que no irían a ningún lado con un personaje así, que volviera o al menos les tirara la pelota que se estaba llevando por la mitad del partido.
-Entonces ahora entiendo quién fue que lo volvió loco.
-Muchacha. Primero, que Abelardo no es ningún loco. Y ojalá tuviera yo el poder de volver loco a alguien!
-Pero si agarra a un gurí chico y le llena la cabeza de cosas raras…!
-Eso decían que te había pasado a vos.
-A mi nadie me llenó la cabeza. Lo que pasó es que mi padre sólo vivía para sus experimentos y yo quedaba sola en casa con mis discos de blues o de rocanrol y ganas de ser hippy.
-Para los vecinos eso era que estabas loca.
-Y un poco tenían razón. Pero mi padre sí que estaba cada vez más loco, pobre. Me decía discursos interminables para demostrarme que todo era mentira siendo eso verdad. Que la única verdad era la esencia de no se qué cosa que parecía recibir cuando se ponía a hacer yoga en el galponcito del fondo. Un día me fui para volver después que descansara y conociera el sexo… pero me fui quedando. Habían tantos muchachos en aquella época! Ja ja. Era otro tiempo nuestra generación no conoció mucho de política pero si de la hermandad entre pocos bajo la dictadura. Los artesanos…
Margarita pudo perderse en sus recuerdos por varios minutos que callaron los otros pendientes de la continuación del relato que nunca llegó, porque Margarita recordó de pronto que había dejado una pizza en el horno de la cocina.
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MANDINGA
miércoles, mayo 09, 2007
292: LOS CAMBIOS DE TELONES
Abelardo sacó la cara del mirador multidimensional de oscilación de spín gravitínico sólo cuando el calor de la latita de tomar mate le empezó a quemar la piel del antebrazo. Era martes, tocaba mate de lata enlozada en lo de Germán su amigo que ahora le volvía a hacer la broma mientras él miraba cómo su nieto superaba una vez más la prueba de la vanidad.
-Tomate uno y dejame bichar un poco a mí.
Mañana miércoles tocaba mate grande de calabaza y bombilla de paleta grande en lo de Abelardo que ahora sí era también la casa, otra vez de Margarita, la primera, la que por mucho tiempo, después de muerta había rehuido los embates del viejo amor, su Abelardo.
El jueves volverían al mate de lata en lo de Germán…
-¿Se puede saber cuál es la causa que te hace sonreír así, medio sobrador?
-Recuerdo haber escuchado a alguien protestando porque yo le iba a destrozar la vida a su nieto.
-Pero es sólo mérito de él, que ha sabido sortear todos los peligros y las tentaciones!
-No, viejito testarudo. Es lo que te digo yo, que la libertad no te la cambia nadie, ni te la quita. A lo que le hicimos cambios fue al decorado del espectáculo y Manuel se ha movido con total libertad sin casi notar los cambios de telones.
-Puede ser…
-Y vos lo sabés, porque si no por qué me ayudaste a perfeccionar el mirador?
-Por idiota, ja, ja!
-Y ahora no te desprendés del aparato festejando las hazañas de Manuel. Entendelo de una vez, yo siempre supe que era un muchacho muy inteligente y bueno, capaz de tener muchos éxitos y vivir muy bien, pero al mismo tiempo –y sobre eso te cansaste de argumentar a favor- daba el tipo justo del nuevo líder que necesitaba América Latina. ¿Acaso siendo líder no iba a encontrar la manera de seguir en libertad?
-…Y…
-Mirá Abelardo…las cosas marchan bien. Sobre las primeras ideas tuyas, te acordás? Sobre los guiones escritos en un mayor número de dimensiones, te acordás…? Que yo recogí con entusiasmo…
-Con demasiado, según mi modo de ver.
-No rompas! Mirá que al final yo me voy a quedar con todos los méritos. Vos siempre estás en contra! Hasta lo asustaste para que no volviera a usar las piedras…
-No! Para preservarlas! Ah, todavía no te dije que me di cuenta, de que las van a necesitar ahora, cuando se empiecen a quedar sin los servicios públicos.
-¿Un solo juego?
-No…Las piedras se pueden partir y hacer de uno, varios juegos pero, además…
-…les podríamos dar una mano consiguiendo otros mil…?
-El que sabe de eso es Mandinga. Él me enseñó a fabricarlos…
-….con cuasi-cristales de alternancia bariónica, me contaste.
Que para mí gusto eran iguales a la que llamábamos piedra mora, aunque más pesadas.
-¿Y de dónde los sacaron?
-De la Cuchilla de Haedo. Mandinga me llevó a ver un lugar donde habían quedado enterrados, cinco pedazos grandes de un extraño aerolito…digo…por esa característica de estar formado en un 80% por esas piedras cuasi cristalinas…Ja! Si lo vieras a Mandinga, en ese tiempo, todavía queriendo ser medio diocesito, meta misterio…¡Me dijo cada zamba! …pero las piedras funcionaban.
-…sí, y después te las embargó…
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-Tomate uno y dejame bichar un poco a mí.
Mañana miércoles tocaba mate grande de calabaza y bombilla de paleta grande en lo de Abelardo que ahora sí era también la casa, otra vez de Margarita, la primera, la que por mucho tiempo, después de muerta había rehuido los embates del viejo amor, su Abelardo.
El jueves volverían al mate de lata en lo de Germán…
-¿Se puede saber cuál es la causa que te hace sonreír así, medio sobrador?
-Recuerdo haber escuchado a alguien protestando porque yo le iba a destrozar la vida a su nieto.
-Pero es sólo mérito de él, que ha sabido sortear todos los peligros y las tentaciones!
-No, viejito testarudo. Es lo que te digo yo, que la libertad no te la cambia nadie, ni te la quita. A lo que le hicimos cambios fue al decorado del espectáculo y Manuel se ha movido con total libertad sin casi notar los cambios de telones.
-Puede ser…
-Y vos lo sabés, porque si no por qué me ayudaste a perfeccionar el mirador?
-Por idiota, ja, ja!
-Y ahora no te desprendés del aparato festejando las hazañas de Manuel. Entendelo de una vez, yo siempre supe que era un muchacho muy inteligente y bueno, capaz de tener muchos éxitos y vivir muy bien, pero al mismo tiempo –y sobre eso te cansaste de argumentar a favor- daba el tipo justo del nuevo líder que necesitaba América Latina. ¿Acaso siendo líder no iba a encontrar la manera de seguir en libertad?
-…Y…
-Mirá Abelardo…las cosas marchan bien. Sobre las primeras ideas tuyas, te acordás? Sobre los guiones escritos en un mayor número de dimensiones, te acordás…? Que yo recogí con entusiasmo…
-Con demasiado, según mi modo de ver.
-No rompas! Mirá que al final yo me voy a quedar con todos los méritos. Vos siempre estás en contra! Hasta lo asustaste para que no volviera a usar las piedras…
-No! Para preservarlas! Ah, todavía no te dije que me di cuenta, de que las van a necesitar ahora, cuando se empiecen a quedar sin los servicios públicos.
-¿Un solo juego?
-No…Las piedras se pueden partir y hacer de uno, varios juegos pero, además…
-…les podríamos dar una mano consiguiendo otros mil…?
-El que sabe de eso es Mandinga. Él me enseñó a fabricarlos…
-….con cuasi-cristales de alternancia bariónica, me contaste.
Que para mí gusto eran iguales a la que llamábamos piedra mora, aunque más pesadas.
-¿Y de dónde los sacaron?
-De la Cuchilla de Haedo. Mandinga me llevó a ver un lugar donde habían quedado enterrados, cinco pedazos grandes de un extraño aerolito…digo…por esa característica de estar formado en un 80% por esas piedras cuasi cristalinas…Ja! Si lo vieras a Mandinga, en ese tiempo, todavía queriendo ser medio diocesito, meta misterio…¡Me dijo cada zamba! …pero las piedras funcionaban.
-…sí, y después te las embargó…
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martes, diciembre 05, 2006
145: Mister Che Germán
--Bueno, pero yo tengo que mostrarte el mensaje que traigo –dijo Kirk, mientras se quitaba la gorra y se la volvía a encasquetar bastante más tirada sobre las cejas.
Arriba de su cabeza se formaron, entonces, cinco globitos apretados uno contra otro y sin llamada hacia ningún lado. El primero decía:”Perdoname Manuel he abusado de tu paciencia. Te prometo no trasladarte más a ningún lado sin tu consentimiento.” El segundo:”Esto me ha costado una dura pelea con tu abuelo, pero ya hemos hecho las paces” . El tercero:"Temí que si te lo decía antes te ibas a asustar mucho, era natural”. El cuarto: Necesitaba un testigo y eras el único adecuado que tenía a mano” Y el quinto: “Lastima que no logro manejar las bolas con la precisión que quisiera” Kirk se quedó mirando el pucho que fumaba a la espera de algún comentario o respuesta. A Manuel más que respuestas le brotaban preguntas que se le aparecían en la conciencia tratando de salir habladas. ¿Qué le quería decir Germán llevándolo a donde estaban los milicos? ¿Qué tenía que ver Bosco en esto y los guijarros del abuelo Abelardo? ¿Los torturadores con la pirámide de luz? Y muchas cosas más que no entendía y que si no se las explicaba Germán, ¿quién se las podría explicar…?
Pero claro, le iba a mandar decir eso nada menos que a Germán Oesterheld y con el Sargento Kirk como mensajero…! Optó por reducir los textos.
--Decile que está bien, pero que por favor me explique qué tienen que ver los milicos de acá con toda esa historia de Dios y el Diablo.
Kirk recupero el movimiento y poniendo cara de macanudo le hizo seña de que esperara. Trepó a la tira, que seguía estacionada enfrente, y llegado allí se agachó de modo que sólo se le veía la espalda que se movía mientras parecía estar buscando algo en el espacio oculto a todo testigo. De pronto de allí mismo brotaron extraños chiflidos y descargas al tiempo que se ponía otra vez de pié pero con unos auriculares como de tanquista, puestos en la cabeza. En la mano derecha sostenía un micrófono de opaco metal gris –parecido a un huevo de plomo—por donde repitió la inquietud de Manuel luego de una serie de letras absurdas dichas como saludo…
--QRX,QRO,QSL…
Parecía contrariado. Le salían expresiones en ingles que iba entreverando con otras en español o en lunfardo.
--No le podés contestar this che Germán!
Se acomodó los auriculares y el cuadrito se corrió para dar lugar a otro en el que Kirk se tapaba la boca y la pera con la otra mano. El rostro se le había poblado de gotitas y los costados de la cabeza emitían pequeñas rayas que denotaban su mal humor. Nuevamente se corrió el cuadro y en el próximo Kirk ya tenía apoyada una mano sobre la línea del marco, como si fuera una ventana abierta por la que se disponía a salir para volver a la rueda…
Los socios de Manuel corrieron sus sillones para que pasara libremente, no fuera cosa de que se enganchara en algo.
--Tu abuelo no deja que te conteste.
--¿Qué…?
--Dice que lo disculpes pero que, por la vieja amistad que lo une a tu abuelo y que viene de recuperar a duras penas, no te puede contestar.
--¿Y vos no me podrías contestar?
--I’m sorry…Es decir no me jodas!
--¿Por qué no me jodas?
--Entendeme! Mister Germán es para mí como un padre…
--¿Y yo qué…?
--Vos recién está llegando.
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Arriba de su cabeza se formaron, entonces, cinco globitos apretados uno contra otro y sin llamada hacia ningún lado. El primero decía:”Perdoname Manuel he abusado de tu paciencia. Te prometo no trasladarte más a ningún lado sin tu consentimiento.” El segundo:”Esto me ha costado una dura pelea con tu abuelo, pero ya hemos hecho las paces” . El tercero:"Temí que si te lo decía antes te ibas a asustar mucho, era natural”. El cuarto: Necesitaba un testigo y eras el único adecuado que tenía a mano” Y el quinto: “Lastima que no logro manejar las bolas con la precisión que quisiera” Kirk se quedó mirando el pucho que fumaba a la espera de algún comentario o respuesta. A Manuel más que respuestas le brotaban preguntas que se le aparecían en la conciencia tratando de salir habladas. ¿Qué le quería decir Germán llevándolo a donde estaban los milicos? ¿Qué tenía que ver Bosco en esto y los guijarros del abuelo Abelardo? ¿Los torturadores con la pirámide de luz? Y muchas cosas más que no entendía y que si no se las explicaba Germán, ¿quién se las podría explicar…?
Pero claro, le iba a mandar decir eso nada menos que a Germán Oesterheld y con el Sargento Kirk como mensajero…! Optó por reducir los textos.
--Decile que está bien, pero que por favor me explique qué tienen que ver los milicos de acá con toda esa historia de Dios y el Diablo.
Kirk recupero el movimiento y poniendo cara de macanudo le hizo seña de que esperara. Trepó a la tira, que seguía estacionada enfrente, y llegado allí se agachó de modo que sólo se le veía la espalda que se movía mientras parecía estar buscando algo en el espacio oculto a todo testigo. De pronto de allí mismo brotaron extraños chiflidos y descargas al tiempo que se ponía otra vez de pié pero con unos auriculares como de tanquista, puestos en la cabeza. En la mano derecha sostenía un micrófono de opaco metal gris –parecido a un huevo de plomo—por donde repitió la inquietud de Manuel luego de una serie de letras absurdas dichas como saludo…
--QRX,QRO,QSL…
Parecía contrariado. Le salían expresiones en ingles que iba entreverando con otras en español o en lunfardo.
--No le podés contestar this che Germán!
Se acomodó los auriculares y el cuadrito se corrió para dar lugar a otro en el que Kirk se tapaba la boca y la pera con la otra mano. El rostro se le había poblado de gotitas y los costados de la cabeza emitían pequeñas rayas que denotaban su mal humor. Nuevamente se corrió el cuadro y en el próximo Kirk ya tenía apoyada una mano sobre la línea del marco, como si fuera una ventana abierta por la que se disponía a salir para volver a la rueda…
Los socios de Manuel corrieron sus sillones para que pasara libremente, no fuera cosa de que se enganchara en algo.
--Tu abuelo no deja que te conteste.
--¿Qué…?
--Dice que lo disculpes pero que, por la vieja amistad que lo une a tu abuelo y que viene de recuperar a duras penas, no te puede contestar.
--¿Y vos no me podrías contestar?
--I’m sorry…Es decir no me jodas!
--¿Por qué no me jodas?
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--¿Y yo qué…?
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martes, noviembre 21, 2006
131 - El servicio de té.
Entre el decrépito pórtico del caserón y el interior del vacío aljibe donde empezaba el túnel de 45, Magdalena gastó todos sus adjetivos y exclamaciones de modo que cuando entró por fin a la Galería Máxima y levantó al giro la mirada hacia la bóveda, sólo logró abrir la boca sin emitir ningún sonido.
Los otros dos socios estaban de pié mostrando sonrisas de muchos dientes. Sobre la mesa baja, platos con masas, una tetera de las panzonas todavía sobre la bandeja de plata y cinco tacitas vacías.
-¿O prefieren café?
Magda, en vez de contestar miró a Manuel, pero Manuel miraba a Giorgionne que en ese momento no hacía otra cosa que observar a Ernesto Federico con expresión divertida.
-No, así está bien, pelao.
Se sentaron entonces alrededor de la mesita y Manuel entendió que debía presentar a Magdalena…
-Ella es Magdalena, mi compañera.
Pasada la presentación el tema fue preguntarle a Magda cuales habían sido las cosas no naturales que ella había presenciado. No eran muchas. Pudo narrarlas en pocas palabras entre sorbo y sorbo del té, con migas de macitas en los labios y el brillo de sus grandes ojos negros, porque no eran más que tres aparte del hecho mismo de los guijarros, o piedritas o…¿Cómo era que les decía tu abuelo?
-Objetos. Y Giorgionne las bautizó hachas celtas!
-Ja! A mí me parecieron trompitos.
Los guijarros comenzaron a ser sacados de la bolsita y puestos en la parte libre de la mesa, de donde cada cual los tomaba y hacía rodar entre los dedos, frente a los ojos.
Ernesto preguntó, sin obtener respuesta por el material de que estaban hechas. Porque estaban hechas, no eran simples piedras recogidas. Y Giorgionne expuso el porque de su denominación. Las hachas celtas eran una especie de hachas encontradas en los museos de utensilios celtas y que de pronto habían demostrado poseer aquella condición casi mágica de bailar en un sentido y en el contrario alternadamente. Hizo bailar una sobre la mesa imprimiéndole impulso con los dedos explicando a Ernesto que eso no era todo. Que Manuel las hacía bailar de otra forma, mucho más misteriosa y reñida con nuestros pobres conocimientos sobre la naturaleza física de los materiales y aun de las leyes mismas del universo. Manuel tuvo que explicar lo poco que se acordaba sobre el origen de las primeras cinco, eléctricas y pesadas, hechas a partir de trozos de mineral buscados entre las piedras de la Cuchilla de Haedo, de a pares. Porque aunque no supiera explicar más, recordaba que a su abuelo Abelardo a la edad de diez años, un extraño personaje, mezcla de linyera y Samurai, le había enseñado a recoger ese material y hacer de cada piedra, dos. Una para cada juego. Que no más de dos juegos existían, que el supiera, en el mundo. O mejor dicho uno, ya que el otro se lo había llevado Abelardo con él el día de su muerte.
Ernesto comprobó las pequeñas descargas eléctricas sobre la piel de sus manos y comenzó a especular sobre posibles corrientes eléctricas en el interior de la piedras que generaran magnetismo, porque eran magnéticas sin duda, y que de vez en cuando perdieran algunas de sus cargas, con lo que a la larga se tendría que agotar la energía y transformar aquellos objetos en simples y vulgares piedras.
-Claro que esos procesos suelen llevar millones de años.
-Yo creo que son inteligentes, -afirmó Manuel.
Se sorprendió de lo dicho por él mismo y quedó pensando en cómo una piedra pudiera ser inteligente.
Ernesto le miraba, ensimismado en las fronteras de lo comprensible
Giorgionne pensó en que si Manuel lo decía, sería por algo, que aparte de ser bastante ignorante no por eso se podía decir que fuera estúpido.
Magdalena sólo sonrió.
La mesita fue despejada dejando por el momento el servicio de té sobre la bandeja y el suelo para que Manuel iniciara la función del gran pentágono. Procuraron papel y lápiz. Magda se ubicó a la derecha del gran sacerdote y… luego de un momento de respetuoso silencio y ya separadas las cinco piedras eléctricas, Manuel se dispuso a hacerlas bailar.
Venía mensaje. Se prepararon y magda comenzó a escribir lo que le iba cantando Manuel.
-HOLA MANUEL TENGO UN RATO PARA HABLAR CON VOS AVISAME CUANDO ESTES PRONTO
Manuel operó con las piedras para ir armando la contestación que también iba cantando letra por letra para que Magda la anotara.
-ABUELO ME HA QUEDADO LA DUDA DE CÓMO TE ENTERASTE QUE YO IBA A SER LLEVADO A GUICHON AQUEL DIA
La respuesta llegó al toque.
-TIRANDO EL I CHING
-Y OESTERHELD QUE TIENE QUE VER EN ESTO YO CREO QUE FUE EL QUIEN ME LLEVO
-ESO YA TE LO EXPLIQUE PERO DECIME HAY OTRAS PERSONAS CON VOS
-MAGDA COMO SIEMPRE
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Los otros dos socios estaban de pié mostrando sonrisas de muchos dientes. Sobre la mesa baja, platos con masas, una tetera de las panzonas todavía sobre la bandeja de plata y cinco tacitas vacías.
-¿O prefieren café?
Magda, en vez de contestar miró a Manuel, pero Manuel miraba a Giorgionne que en ese momento no hacía otra cosa que observar a Ernesto Federico con expresión divertida.
-No, así está bien, pelao.
Se sentaron entonces alrededor de la mesita y Manuel entendió que debía presentar a Magdalena…
-Ella es Magdalena, mi compañera.
Pasada la presentación el tema fue preguntarle a Magda cuales habían sido las cosas no naturales que ella había presenciado. No eran muchas. Pudo narrarlas en pocas palabras entre sorbo y sorbo del té, con migas de macitas en los labios y el brillo de sus grandes ojos negros, porque no eran más que tres aparte del hecho mismo de los guijarros, o piedritas o…¿Cómo era que les decía tu abuelo?
-Objetos. Y Giorgionne las bautizó hachas celtas!
-Ja! A mí me parecieron trompitos.
Los guijarros comenzaron a ser sacados de la bolsita y puestos en la parte libre de la mesa, de donde cada cual los tomaba y hacía rodar entre los dedos, frente a los ojos.
Ernesto preguntó, sin obtener respuesta por el material de que estaban hechas. Porque estaban hechas, no eran simples piedras recogidas. Y Giorgionne expuso el porque de su denominación. Las hachas celtas eran una especie de hachas encontradas en los museos de utensilios celtas y que de pronto habían demostrado poseer aquella condición casi mágica de bailar en un sentido y en el contrario alternadamente. Hizo bailar una sobre la mesa imprimiéndole impulso con los dedos explicando a Ernesto que eso no era todo. Que Manuel las hacía bailar de otra forma, mucho más misteriosa y reñida con nuestros pobres conocimientos sobre la naturaleza física de los materiales y aun de las leyes mismas del universo. Manuel tuvo que explicar lo poco que se acordaba sobre el origen de las primeras cinco, eléctricas y pesadas, hechas a partir de trozos de mineral buscados entre las piedras de la Cuchilla de Haedo, de a pares. Porque aunque no supiera explicar más, recordaba que a su abuelo Abelardo a la edad de diez años, un extraño personaje, mezcla de linyera y Samurai, le había enseñado a recoger ese material y hacer de cada piedra, dos. Una para cada juego. Que no más de dos juegos existían, que el supiera, en el mundo. O mejor dicho uno, ya que el otro se lo había llevado Abelardo con él el día de su muerte.
Ernesto comprobó las pequeñas descargas eléctricas sobre la piel de sus manos y comenzó a especular sobre posibles corrientes eléctricas en el interior de la piedras que generaran magnetismo, porque eran magnéticas sin duda, y que de vez en cuando perdieran algunas de sus cargas, con lo que a la larga se tendría que agotar la energía y transformar aquellos objetos en simples y vulgares piedras.
-Claro que esos procesos suelen llevar millones de años.
-Yo creo que son inteligentes, -afirmó Manuel.
Se sorprendió de lo dicho por él mismo y quedó pensando en cómo una piedra pudiera ser inteligente.
Ernesto le miraba, ensimismado en las fronteras de lo comprensible
Giorgionne pensó en que si Manuel lo decía, sería por algo, que aparte de ser bastante ignorante no por eso se podía decir que fuera estúpido.
Magdalena sólo sonrió.
La mesita fue despejada dejando por el momento el servicio de té sobre la bandeja y el suelo para que Manuel iniciara la función del gran pentágono. Procuraron papel y lápiz. Magda se ubicó a la derecha del gran sacerdote y… luego de un momento de respetuoso silencio y ya separadas las cinco piedras eléctricas, Manuel se dispuso a hacerlas bailar.
Venía mensaje. Se prepararon y magda comenzó a escribir lo que le iba cantando Manuel.
-HOLA MANUEL TENGO UN RATO PARA HABLAR CON VOS AVISAME CUANDO ESTES PRONTO
Manuel operó con las piedras para ir armando la contestación que también iba cantando letra por letra para que Magda la anotara.
-ABUELO ME HA QUEDADO LA DUDA DE CÓMO TE ENTERASTE QUE YO IBA A SER LLEVADO A GUICHON AQUEL DIA
La respuesta llegó al toque.
-TIRANDO EL I CHING
-Y OESTERHELD QUE TIENE QUE VER EN ESTO YO CREO QUE FUE EL QUIEN ME LLEVO
-ESO YA TE LO EXPLIQUE PERO DECIME HAY OTRAS PERSONAS CON VOS
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viernes, octubre 20, 2006
101 - Preguntarle a Oesterheld
-Con decirles que anoche mismo fui raptado… No ví la venir la bola porque estaba dormido, pero no era de pasajeros. Era… de las más simples y la manejaba Oesterheld, el de Hora Cero.
Ernesto Federico lo quedó mirando con la frente comprimida por el esfuerzo de intentar entender de qué hablaba. Giorgionne que se había separado un par de pasos a mirar la boca de una galería, volvió de pronto.
-¿Oesterheld dijiste?
-Sí.
-¿Sabés que fue una de los treinta mil desaparecidos de la Argentina?
-Sí el mismo. No está más en este mundo pero vive en… el segundo tiempo.
Ernesto Federico quería saber más sobre la bola. Preguntabas si tenía comando, palancas o botones para manejarla. Manuel le explicó que era una bola hueca de algo como papel y que ni tenía asientos siquiera. Que uno ahí dentro se acomoda como puede…
-Una vez me tocó viajar frente a El Eternauta, pero no pude hablar nada con él. Parecía estar enfermo. Y ahora con Oesterheld, que viene a ser como su padre y que no manejaba nada pero me dijo que me llevaría a un lugar para que viera lo que sucedía o para que escuchara, que fue lo único que pude hacer. El lugar era una reunión de milicos que estaban planeando algo que casi estaba por entender cuando me cayó un chaparrón de babas y Germán, que se ve que estaba muy atento, me sacó de ahí y me trajo al pique para casa… ¡Me tuve que bañar enseguida!
-Entonces resulta que hay dos tipos de bolas.- Anotó Giorgionne.-Las de gran porte y confort y las artesanales, tipo “hágalo usted mismo”
-Para saber más de eso le podríamos preguntar a mi abuelo Abelardo y al mismo Germán Oesterheld… Ellos saben… Aunque…
-¿Aunque qué?
-Nooo… Parece que en algunas cosas no están muy de acuerdo. Mi abuelo no quería que Germán me anduviera llevando y trayendo y que me metiera por esos tubos y que me achicara…
-¿Qué te achicara?
-Claro, no se por qué me achicó tanto que cuando me bajó allá quedé adentro de un vaso de whisky parado arriba de un cubito de hielo que yo creí que era el polo sur…
Giorgionne se había quedado trancado en lo de momentos antes.
-Un momento, creo que estamos mezclando las realidades con las fantasías. Dijiste recién que viajaste con el Eternauta. ¿No es ese el nombre de un personaje de historietas?
-¿Y qué tiene?
-Que un personaje no es real. No pertenece a la realidad.
Ahora saltó Ernesto Federico.
-¡Claro que no es real! No es real de esta realidad. Las bolas no pertenecen a esta realidad, ni los ángeles ni los diablos.
-Pero es distinto. No me puedo imaginar un mundo poblado de dibujos vivientes!
-Los personajes tienen alma, que es un alma real a la que el dibujante les da rostro. Ese rostro que los identifica es como el nombre de un personaje escrito. El nombre no está vivo pero nos evoca al personaje y nos permite la comunicación.
Ernesto Federico lo quedó mirando con la frente comprimida por el esfuerzo de intentar entender de qué hablaba. Giorgionne que se había separado un par de pasos a mirar la boca de una galería, volvió de pronto.
-¿Oesterheld dijiste?
-Sí.
-¿Sabés que fue una de los treinta mil desaparecidos de la Argentina?
-Sí el mismo. No está más en este mundo pero vive en… el segundo tiempo.
Ernesto Federico quería saber más sobre la bola. Preguntabas si tenía comando, palancas o botones para manejarla. Manuel le explicó que era una bola hueca de algo como papel y que ni tenía asientos siquiera. Que uno ahí dentro se acomoda como puede…
-Una vez me tocó viajar frente a El Eternauta, pero no pude hablar nada con él. Parecía estar enfermo. Y ahora con Oesterheld, que viene a ser como su padre y que no manejaba nada pero me dijo que me llevaría a un lugar para que viera lo que sucedía o para que escuchara, que fue lo único que pude hacer. El lugar era una reunión de milicos que estaban planeando algo que casi estaba por entender cuando me cayó un chaparrón de babas y Germán, que se ve que estaba muy atento, me sacó de ahí y me trajo al pique para casa… ¡Me tuve que bañar enseguida!
-Entonces resulta que hay dos tipos de bolas.- Anotó Giorgionne.-Las de gran porte y confort y las artesanales, tipo “hágalo usted mismo”
-Para saber más de eso le podríamos preguntar a mi abuelo Abelardo y al mismo Germán Oesterheld… Ellos saben… Aunque…
-¿Aunque qué?
-Nooo… Parece que en algunas cosas no están muy de acuerdo. Mi abuelo no quería que Germán me anduviera llevando y trayendo y que me metiera por esos tubos y que me achicara…
-¿Qué te achicara?
-Claro, no se por qué me achicó tanto que cuando me bajó allá quedé adentro de un vaso de whisky parado arriba de un cubito de hielo que yo creí que era el polo sur…
Giorgionne se había quedado trancado en lo de momentos antes.
-Un momento, creo que estamos mezclando las realidades con las fantasías. Dijiste recién que viajaste con el Eternauta. ¿No es ese el nombre de un personaje de historietas?
-¿Y qué tiene?
-Que un personaje no es real. No pertenece a la realidad.
Ahora saltó Ernesto Federico.
-¡Claro que no es real! No es real de esta realidad. Las bolas no pertenecen a esta realidad, ni los ángeles ni los diablos.
-Pero es distinto. No me puedo imaginar un mundo poblado de dibujos vivientes!
-Los personajes tienen alma, que es un alma real a la que el dibujante les da rostro. Ese rostro que los identifica es como el nombre de un personaje escrito. El nombre no está vivo pero nos evoca al personaje y nos permite la comunicación.
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