sábado, abril 14, 2007

269: LAS LEYES DEL JUEGO

Pero la Magda se cansó de escuchar y quiso decirle a Don Pepe que por ahora no estaba cumpliendo lo que les había prometido. A saber, ya que no sabía de que le estaba hablando, de meter en cana al hombrecito gris y de que no jodiera más nadie alrededor de la casita de Manuel!
-Vamos por partes, mi niña –contestó enseguida Mujica antes de tomar profundo aliento que oxigenara su cerebro y contuviera el carácter.-Nadie puede hacer lo que no puede.
-¿Como que no puede? ¿Y quién está en el gobierno?
Mujica largó una carcajada….
-¡Y yo que se! Un montón de pelotudos seguramente!
Para agregar enseguida.
No te confundas niña que estar en el gobierno no es lo mismo que tener el poder.
-¿Y quién tiene el poder…?
-Bueno…te iba a decir El Pueblo, pero…nosotros estamos aquí porque la mayoría quiso que estuviéramos ejerciendo la administración dentro de las ya establecidas leyes del juego y… te diré que ahí está el verdadero poder. En las leyes del juego.
Magdalena entrecerró los ojos con una sonrisa que parece haber entrevisto el Pepe a la distancia cuando dejó correr la pausa seguro de darle tiempo suficiente al afloramiento de los sentimientos simpáticos.

-Bueno, pero a pesar de todo no voy a poder decirle más nada sobre nosotros…
-Les pido que no tarden. No nos queda mucho tiempo.

Terminada la llamada, que ya todos habían entendido, los ojos poco a poco fueron hacia Manuel.
¡La puta!- se dijo- pensando que ya le querían cargar el fardo de las decisiones que nadie se atrevía a tomar y que él últimamente sí, un poco por que no le dejaban salida y otro… porque era tan agradable sentirse valorado de esa forma!

Dio un paso al frente y dijo: Vamos a seguir en la misma atrayendo a la gente y haciendo salir a los ángeles.

Después un silencio pesado que retumbó en las paredes de piedra arenisca soltando una llovizna leve. Supieron todos al unísono que estaban cruzado el umbral y entrando a relacionarse de otra manera entre ellos no todos iguales. Por puro convencimiento en la capacidad extraordinaria de este muchacho que hace enseguida pensar en un ser sutilmente extraordinario. Un aura que lleva encima a donde quiera que vaya y aunque tropiece y caiga, porque su especialidad no es esta o aquella que se han mencionado sino que radica en… En algo que no tiene que ver con ninguna de las clásicas virtudes. Porque es inteligente pero torpe. Distraído pero perspicaz y varias contradicciones más… Y sin embargo




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