sábado, abril 28, 2007

282: ESCENA BAJO LA PARRA

Mientras Cholo se pertrechaba de algunas ropas limpias, ponía la guitarra en su funda y otras minucias, salió Manuel al pequeño patio de ladrillos, debajo de la parra, donde todavía estaban algunas de aquellas sillas plegables de planchuelas abisagradas y tablas con restos de la misma pintura verde que una vez les había aplicado Honorio, el negro viejo. Recordó la escena con Celmira parada más al fondo secándose las manos en el delantal y sacudiendo la cabeza en esa sonrisa que era de ella. Lo quería al negro. Ella lo quiere, había pensado en aquel momento. Por que se le estaba mostrando con mucha claridad cuando la veía a la negra con aquella sonrisa, casi a las espaldas de su marido y compañero al que por cariño jodía, con esos chistes continuos y esos comentarios para los costados pretendiendo decir que ya estaba viejo. Las alpargatas en chancleta que sabía llevar con su sobria elegancia de cincuenta años viviendo y aquella extraña manera de revolear la bombilla del mate como si lo tuviera que batir para que su marido rezongue un rato y después poder pellizcarle la mejilla para que empiece a reír.
-¿De qué te reís?
-No, es que me estaba acordando de tus viejos…
-¿Vos también…?
Tal vez había sido porque estaban nomás los negros debajo de la parra y ellos eran niños que pasaban corriendo con sus arcos o sus pelotas. Tal vez. Porque dónde están si no? Los viejos, que en sus lugares queridos, siempre con las vueltas de sus vidas y sus rezongos, tomando mate. Ahora estarán, seguro, en esos cielos igual que Abelardo…Pero aquellos viejos que tomaban mate debajo de la parra han de seguir en eso y ellos jugando y jodiendo alrededor sin irse para el fondo como les decían aquellas dos voces tan distintas y simpáticas.
Ahora Cholo le miró con una expresión de temor, de pronto, que hizo ceder nerviosamente, con algunas morisquetas del costado de la boca antes de lograr apenas sonreír.
-Me estás hablando todo con el pensamiento!
-Es que vos lo estabas escuchando.
-No, sos vos Manuel, que hacés pasar cosas a tu alrededor! Además…qué bárbara esa manera que tenés de pensar!
-Lo que estaba pensando?
-Claro, tu pensamiento me iba haciendo ver cada cosa… hasta me hiciste ver que en la discusión de mis viejos estaba el cariño.
-¿Yoo…?
Cholo le observó muy serio por un momento.
-¿Pero es que vos no te das cuenta?
-¿Qué tiene de raro mi pensamiento?
-Que son en colores!
-…
-En colores, Manuel! Vi toda esa escena en colores como si la estuviese mirando ahí.
-Pero es que cuando uno piensa algo que sabe que es en colores…
-No…Todos pensamos sin ver los colores de lo que pensamos, salvo que hagamos una fuerza bárbara para poderlos imaginar.
Manuel por fin se aflojó en una risa.
-Sí, me parecía.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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