martes, abril 10, 2007

266: SEGUNDO TIEMPO

-Lo que yo no entiendo, Germán, es cómo te las arreglás para que el muchacho se mantenga en la línea que vos te imaginaste. Porque…
-Ah! Vos te reías…
Los veteranos tomaban mate de un tarrito de lata enlosada porque eso tocaba esta vez. La próxima sería con un mate en serio como estaba pactado entre ellos en un especie de reglamento de la visita que venía funcionando bastante bien para evitar las discusiones anodinas sobre cuestiones de palabras y de gustos.
-Es que me daba bronca…como ahora que me da bronca que le sigas rompiendo las bolas a mi nieto!
-No te dejo mira-ar!
Lo decía burlonamente al llegar a la pantalla tridimensional que tenía entre de rollos desenrollados de alambre que caían desde la biblioteca, pero en realidad temía un verdadero enojo de su mejor amigo en el reino del segundo tiempo.
-Pss, como si se pudiera ver algo por esos cachivaches…-contestó Abelardo mientras dejaba el matecito sobre la mesa y se acercaba a aquello.
-Es raro!
-¿Qué es raro?
-Recién se estaban viendo…
-Ah, otra falla!
-Nooo….¡se han ido!
-Los perdiste de vista..ja ja!
Germán tuvo que explicarle a Abelardo cual era su sospecha. Sospechaba que los muchachos se habían ido para adentro al verse atacados por los ángeles. Abelardo no lo creyó posible, de ninguna manera él hubiera soportado que se le enceñaran al muchacho, más cosas que no pertenecen a su mundo. Y como Germán jurara que él no lo había hecho no quedaba otro culpable que Mandinga, tu enviado personal. ¿Mio? No, tuyo. Si vos fuiste que le hablaste. Solo para que lo cuidara… Y bueno, me venís con “tu emisario”! Y no decis que les enseño a irse para adentro, eso no es defen… Qué lo parió! ¡Se defendieron con eso! Ahora no le puedo decir nada a Mandinga. Ni a mi! Ja…vos sos bueno. No tanto pero no menos que vos que le regalaste al muchacho un transmisor trasdimensional inventado por Mandinga. Eso era para hablar con mi nieto. Y de paso abrirle la cabeza a conocimientos que no estaba capacitado para soportar. Que no los iba a soportar, no me vengas con sicopateos, la prueba es que a pesar de todo lo que vos rompiste, el muchacho anda vivito y coleando y se ha transformado en el lider del grupo. Ah, estás orgulloso! ¿Y no era que yo le estaba aruinando la vida? ¡Querés obligarlo a ser un héroe!


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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