jueves, marzo 01, 2007

228: UN DIOS DEVALUADO

La esgrima duró todo el resto del día subiendo y bajando de ritmo, de picardía y de ferocidad. Usaron las más variadas figuras del lenguaje, las tácticas del embaucamiento, las bromas sarcásticas, las indirectas malintencionadas y hasta el insulto desnudo. Ninguno de los dos aflojaba, todo lo contrario, parecían encarnizarse más, como perros prendidos de un mismo cuero, cada vez que uno parecía llevarse un trozo mayor. Nadie intervenía de los otros, más que con la mirada y algún que otro gesto. Estaban paralizados por el asombro.
Pasado el mediodía hicieron una pausa para comer algo y siguieron hasta la cinco, cuando apareció de nuevo Margarita con el mate pronto y los bizcochos y se sentó entre todos parloteando sobre las noticias que antes había estado viendo en la TV. Eso cambió el clima. Mandinga se llevó un bizcochito de anís a la boca y sonrió relajado.
-Sos un rival duro de pelar…¡Te felicito!
Todavía Manuel le largó una mirada de las que había estrenado en la lucha, tomó el mate que le alcanzaban y…
-No rompas las bolas!
-Te ofrezco ayuda gratuita…No lo podés creér?
-Es que nunca contestaste la primera pregunta. ¿A cambio de qué?
-De nada, te lo estoy diciendo…
Hubo algo distinto esta vez. Un retiemble en aquella voz que pareció ahora resonar menos en lo alto de la bóveda.
-…bueno, sí…de alguna manera yo estaría buscando algo que le volviera a dar sentido a mi existencia…
-…
-…los dioses somos jodidos. No sabemos vivir sin homenajes… Yo quisiera por lo menos merecerlos…
Todos acompañaron con respeto el silencio que sobrevino. Mandinga los había emocionado y sorprendido. Nunca habían pensado que a los dioses les pudiera importar lo que los humanos pensaran de ellos. Pero ese dios que estaba allí adelante, despatarrado y disfrazado de una manera bastante ridícula, al borde de las lágrimas, desarmado y solo, sólo quería merecer la aprobación de ellos!
Cholo miró a Manuel, Manuel miró a Magda y Magda sonrió para Ernesto que estaba mirando a Dengue. Sólo Margarita seguía atentamente la devaluada y temblorosa figura de Mandinga a la que le alcanzó un mate lleno de compasión.
-¿Gusta?
A Mandinga le sobraba mano para agarrar aquello pero lo hizo con prolijidad y se agachó hacia la bombilla mirando con toda atención la miserable yerba rodeada de aquel cordón de espuma que no era el rebote de potente oleaje sobre las rocas de la ribera del mar océano, sino sólo eso…espumita, agua y yerba.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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