viernes, marzo 02, 2007

229: CUANDO YO ERA TUYO

Se les hizo la noche sin haber concretado ningún plan. Temprano Manuel subió a lo que iba a ser otra vez su aposento, el dormitorio-estudio de Ernesto Federico. Le dolía mucho la cabeza, tanto que ni quiso tener sexo y tan sólo después de darse unas vueltas en el colchón quedó dormido, roncando y resoplando murmullos, dando brazadas que Magda no siempre lograba esquivar, despertando y volviendo a quedarse dormido.
Muy tarde Magda sintió que le hablaba, que la despertaba con voces repetidas, insistentes.
-Vamos Flaca, vámosnos de aquí!
Serían las dos, por el silencio que reinaba sobre el canto de los grillos que entraba por la ventana. Manuel ya estaba vestido y la luna plateaba un cielo quieto sin estrellas justo detrás de su cabeza. Salieron con el apuro que tenía Manuel, dejando el camino regado de puteadas y de escupidas. No quería volver a entrar a aquel lugar! Maldito lugar que le había traído todas las maldiciones sobre su cabeza. Que le estaba cambiando la cabeza! A él, justo a él que nunca había querido otra cosa que vivir con su flaca tranquilamente, pobre y feliz.
-A dónde vamos?
-No importa, No se… a la playa… Sí, vamos a bañarnos, como antes!
-Como antes…?
-Como cuando yo era tuyo y vos eras mía…!
-Sí, vamos.
Corrieron esas cuadras hasta llegar a la arena libre. Hundieron los pies descalzos otra vez bajo la luna. Se quitaron toda la ropa y corrieron derecho a las olas gritando cosas disparatadas, exclamaciones y risas. Se tiraron al agua negra y se hundieron entre las espumas fosforescentes. Sacaron las cabezas y ulularon de alegría al sentirse aceptados por el mar, acariciados, lamidos…como lame la perra madre a sus cachorros mientras maman guiados sólo por el olfato. Y se cansaron.
Salieron bajo la luna, brillosos y renovados a tirarse sobre la arena , silenciando las exclamaciones y escuchando el solo pausado chasquido del agua que amasa la costa. Estaba todo bien.
Sentados frente a frente con las piernas entrelazadas volvieron a sentir la cercanía de los cuerpos, la asperaza suave de las pieles, la blancura de los labios, el resbaloso interior de ambas bocas, los pezones… y sobre todo la presencia de los seres que tenían dentro…
Más tarde caminaron a lo largo de la arena mojada que brillaba con la luna las lamidas del agua sobre los pies y las huellas. Sintieron, mientras eso hacían que no se podían quedar todo el tiempo allí, sin ropas y sin tener a dónde ir…Recogieron lo que habían tirado y se refugiaron en unos matorrales de arbustos que por dentro parecían carpas. Se quedaron pensando.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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