lunes, marzo 26, 2007

252: Hëctor, el broncíneo.

Un soplo de brisa anunció la llegada de la bola número once. Nadie se había preocupado por la tardanza, Mandinga era mayor de edad y experimentado piloto, sin embargo él pareció desencantado ante la indiferencia cuando por fin se acercó a la rueda frente al televisor.
-La televisión peruana estuvo repitiendo las primeras notas.
Cholo le miró de arriba abajo.
-Y vos no ibas a vigilar por si venían los ángeles?
-Me llamaron de apuro desde Piura. Parece que allá alguien ha fabricado una bola, también. Le llaman curuta paway y por lo que me dijeron son parecidas a las nuestras.
-¿No las viste?
-No, ha de ser una. Ja! Algún otro admirador de Germán
Manuel se despabiló de golpe.
-¿Germán fomenta grupos de este tipo?
Mandinga giró el cuerpo para mirar a Manuel. Lo hizo de una manera que varios imaginaron la estela de una capa negra terminada en luces que derrapaban. Y hasta lo cuernos y los colmillos brillantes… Estaba en escena.
-No se…
-A mi los planos me los mandó Abelardo…
-Bueno…El inventor de la bola fue Oesterheld
-Si, ya lo sabía… ¿Trabajan juntos…?
-A veces. Pero Manuel, yo no soy una alcahueta que te vine a traer los chismes.
Se había ofuscado por haber cometido un desliz al insinuar que Germán le habría mandado los planos a varias personas. El era Mandinga, el heredero y un mandinga no podía dejarse llevar por la conversación y terminar diciendo cualquier cosa! Aunque… también con eso había captado la atención del predestinado de Abelardo y ahora podría retener la atención de todos. Dio un paso más al centro y esperó a que Manuel diera vuelta la pregunta para transformarla en una afirmación.
Pero Manuel volvió a conversar con la flaca en vos bastante baja porque estaban muy juntos y sin querer se excitaban con sólo el aliento sobre la piel.
Mandinga se recostó sobre un sillón y con las piernas abiertas y los brazos cruzados suspiró con impaciencia.
Manuel olió apenas el aire que salí de las narinas de Magdalena, que al soplar acariciaba los vellos más suaves con esa cosquilla.
Cholo dijo que salieran a hacer la misión número dos.
Manuel abrazó a Magdalena como si fuera Héctor con su broncínea armadura momentos antes de la batalla. Magda, sin tener la correíta de la gorra de pilota colgando con los lentes abisagrados y sin tener el traje con algunos arreos, tal vez de paracaídas, también colgando, igual se apartó con esa sonrisa en labios que iba quedar registrada en los afiches de la película con la escuadrilla de Spitfire en el fondo alumbrados de atrás por un sol en el horizonte.
Cada uno enfiló a su nave.
Giorgionne y Miguel iban a revisar los archivos Maquis y a contarse la historia de cada uno de los grupos.



(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)


Technorati Profile


Literature Blogs - Blog Top Sites
Publicar un comentario en la entrada