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domingo, mayo 31, 2009

699. Completamente Pelotudo

Recién entonces ambos, es decir, Magda y el licenciado Giorgionne, preguntáronle por la causa de los rastros de sangre seca en la cara, en vez de percatarse de lo que les estaba diciendo. Cosa común que ocurre cuando uno quiere decir algo importante a esas personas que ve todos los días. Andás con los cordones desatados. Y después todavía insisten con porfía, como si ese pequeño detalle por ellos observado fuese lo más importante del mundo!

-¿Me escuchan...?

Claro que le habían escuchado decir que ese asunto de los olores que olía estaba relacionado con los recuerdos de su abuelo muerto. Naturalmente. Estaban dispuestos a escuchar cual fuera aquella relación. Faltaba más.

-No se trata de recuerdos...Es un mensaje cifrado. Me está llamando!

Giorgionne se interesó. Después de todo a las fantasías del muchacho no se les podía negar ingenio. Fallaban solamente en los hechos, como era de esperar, pero en cuanto a coherencia, parecían poseer más que muchas historias reales.

Veamos... El abuelo muerto, desde el más allá, trata de ayudarle y para eso le envía mensajes cifrados a través de un alfabeto de olores. No es él quien arma los mensajes sino el abuelo que no encuentra otra manera más práctica y segura de comunicación.

-Creo recordar que a veces te comunicaba cosas por telepatía.
-Sí. Pero en este mundo eso no funciona.
-Lo de los olores, sí?
-Sí. Acabo de descifrar un mensaje.
-¿Y qué decía?
-Mi nombre...
-Ah...

Es que Vittorio se había puesto completamente pelotudo. Volvía a mirarle como a un loquito que no sabe lo que dice. Por eso...

-Sabés que allá en mi tierra, en la otra, vos y mi vieja vivían juntos...?

Agarrado con la guardia baja el licenciado sintió que se le encendía la cara, pero al contrario de reaccionar se metió, por cobarde, hasta las bolas en el papel de psicólogo.

-¿Celos?

Era inútil. Si no encontraba una prueba contundente nadie le iba a creer. Ni , siquiera servía esto de contarle los detalles de sus propias vidas, porque eran vidas distintas. Posiblemente muy distintas...

-Flaca...
-¿Qué, flaco...?
-Nosotros hicimos un pacto... Bailar cada uno con la música del otro...
-Sí.
-Bueno, ahora quiero que me ayudes a pensar.
-¿A pensar...? ¿...qué?
-¿Cómo puedo enviarle una respuesta al abuelo...?


lunes, abril 16, 2007

272: ABELARDO

Es mi manera de ser, media rara, media desprolija… Porque a mi no me sale nada como a los demás. Como el pato, un paso y una…y después otra y otra más…Hasta resulta cómico! A veces. Si no fuera tan seguido. Veo cosas que los otros no ven. Tropiezo con lo que se meta adelante y desparramo todo cuando me quiero levantar, como si fuera gordo y pesado, no…soy pelotudo nomás! Tiene razón el Rulo. ¿Será que la gente está todo el tiempo mirando si no tiene alguna cosa en el camino? Mientras habla o hace algo que mucho le embala…¿Cómo será vivir así? Y claro, después tienen todo ordenadito en la casa, cada cosa en su lugar….y te lo dicen de prima, tal cosa se guarda en tal lugar. Está claro que mi voz no es la más adecuada para eso pero… no, no, actor no me hubiera gustado ser, como si se naciera, aunque qué mierda se yo de eso si nunca me había puesto a pensar, las historietas son como una obra de teatro con actores chiquitos pero que de repente saltan de dentro del cuadro y parece que se te vienen encima…¿Me vería así el abuelo con ese aparato de…?¿Como un personaje de historieta…? ¿Me habría gustado a mi escribir y dibujar la vida de un personaje? Y ponerle obstáculos por delante y presentarle oportunidades para irlo llevando hacia lo que tenés escrito en el libreto?
¿Qué te hacés el vivo si ya sabés que lo sabemos! Que yo lo sé adelante tuyo. Claro que me hubiera gustado! Si cuantas veces me quedaba pensando entre cuadro y cuadro, con la revista en la panza y mirando la nada: “Ah, yo quiero inventar un personaje!” Y no me ponía a pensar si el personaje… Qué opinaba el personaje? Como cualquier otro. Aunque tuviese una vida de papel y tinta, el tipo…claro que tienen alma! Será de repente un pedacito del alma del escritor y un poquito del dibujante, porque el alma… ¿Tendrá un tamaño?
¿Qué por qué me río? Ya sé que te haz adelantado al pensamiento sobre que estamos en la misma situación, el personaje que yo he querido hacer y yo en manos de esos dos locos de arriba. Que se han de estar divirtiendo a mi costa mientras me miran con ese aparatito que no se por qué me imagino como aquella lata de galletitas con un vidrio redondo que tenía el abuelo. Los pelotudos, que en realidad me podrían ayudar a salir de todos esos líos en los que me han enredado. Empezando por Abelardo que hacía planes con mi vida antes de yo naciera. Y Oesterhel que… claro no me conoce más que por los cuentos que le haría el abuelo que se murió cuando mi gracia infantil lo tenía embobado. Me lo imagino. Mi nieto es super inteligente! ¡Mi nieto… Se habrá ido formando la idea de un personaje que ya venía extraño. Un pardo nieto de un viejo medio loco y científico que a los cincuenta compraba revistas viejas para completar aquella colección que el nieto terminó haciendo mierda. Pobre abuelo….Bueno que ni tan pobre! Que vivió toda su vida del modo que más le gustaba: Haciendo experimentos o leyendo historietas. ¿De qué viviría? ¡Nunca lo vi trabajando!
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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lunes, diciembre 11, 2006

151: EL TERCER OJO

Sentados en el claro del monte Manuel contó lo que había visto un rato antes. Esos finísimos hilos tornasolados que iban entre las cosas o brillaban simplemente en el aire cambiando de tonalidad todo el tiempo y que cuando la miró a ella, ella era todo un incendio que daba miedo ver porque viéndolo daba para dudar que fuera nomás así, o que aquello no fuera más que otro producto de su mente enloquecida… Y si fuera que así estaban las cosas, irradiando luz y prendiéndose fuego entonces… ¿No sería, acaso que el fuego salía de sus propios ojos e incendiaba todo lo que miraba?
-¡Me viste el aura!
-¿Eso que dice Ernesto…?
-¡Me viste el aura! ¿No leíste El Tercer Ojo?
-No, qué voy a leer.
Magda se señaló un punto en la frente y dijo que ahí en ese lugar estaría el Tercer Ojo. Que en la mayoría de las personas se encuentra aletargado pero que de vez en cuando nace alguien que puede ver a través de él y que lo que ve es así como lo que Manuel le ha contado. Otros aspectos de la realidad que normalmente nos pasan desapercibidos y que le permiten a la persona que tiene esa facultad, saber qué tipo de persona tiene adelante e incluso su estado de ánimo y de salud. Un poco en broma tomó entre sus manos la cabeza de Manuel y comenzó a sobarle con la yema de los dedos el punto que ella decía y de paso acariciarle un poco para que se tranquilizara. Pero ocurrió que a los pocos sobos de la yema sobre la frente, Manuel se tiró para atrás cerrando los ojos y gritando ¡Otra vez1 ¡Me viene otra vez!
-¿Qué te hice?-imploró Magdalena.
Manuel se había arrollado en el suelo con la cabeza entre los brazos y sólo después de unos instantes comenzó a enderezarse, a entreabrir de nuevo los ojos con cautela, temeroso de volver a ver lo mismo, pálido y sudoroso. Magda comprendió que la estaba mirando, pero desde una distancia indefinible tras el temor…Se fue acercando lentamente, un poco más y un poco…hasta llegar a los labios y besarlos.
-¡Ya pasó!
Salieron del monte caminando de la mano. A paso largo, decididos a llegar de una vez a la casa para abrazarse desnudos y reunidos navegar el más pasional y a la vez tranquilo de los mares océanos.
Claro que una cuadra antes de llegar se encontraron con el Rulo que venía caminando en el sentido contrario y levantando los brazos al cielo.
-¡Manuel! ¿Dónde te habías metido?
Lo andaba buscando para hacer el segundo arreglo en la casa de Ferrari que habían quedado de terminar para el fin de semana y ya estaban a martes.
Pero Manuel dijo no sentirse bien hasta mañana por lo menos, así que pintarían el jueves con segunda mano el viernes y los retoques el sábado. Por lo pronto pensaba bañarse y dormir algunas horas además de alimentarse para lo cual debían comprar comida y hacerla.
-Así que hoy no me jodas, ni mañana… Bueno, de repente mañana…Yo te aviso
Rulo siguió el camino a su casa portando los saludos para Julieta y su panza y encima la calentura no expresada con el guacho este siempre igual de pelotudo que cree que la vida puede ser pura joda y nunca se acuerda del trabajo.



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jueves, noviembre 16, 2006

126 - ¿Acaso no saben todo?

Lo importante era entender si los piratas podían ser amigos o simples espías que querían enterarse de sus actividades para ubicarlos y destruirlos.


-Definitivamente me parece que estos tipos no saben que nos reunimos en esta cueva ni supieron nunca que nos habíamos llamado Maquis. Lo que estamos haciendo es el abc de cualquier grupo que se siente enfrentado a un enemigo poderoso. –Nosotros ni siquiera sabemos claramente cual es nuestro enemigo- Los que mandaron el mensaje han de estar en similar situación que nosotros y también se habrán dado cuenta de la similitud con la lucha de los Maquis. Eso dijo Giorgionne.


-Entonces contestemos el mensaje.
-Un momento! No nos apuremos. Ustedes saben que yo represento, o mejor dicho, soy el depositario de gran parte de la memoria humana. Pertenezco también a esa sociedad secreta que ya lleva más de dos milenios de existencia –según mis datos- gracias a un ingenioso sistema de señas y contraseñas que nos ha permitido distinguir sin correr riesgos, al verdadero miembro del falso…
-Pero Ernesto, cuando tu sociedad secreta se formó, seguramente que los miembros se conocerían personalmente y entre ellos pudieron acordar todas las seguridades y contraseñas. Pero en este caso…
-Sí…tendremos que correr el riesgo…


Manuel les miró alternadamente. De pronto se daba cuenta de que no eran tan inteligentes como él había creído. Eran…duchos. Duchos en pensar en base a lo que habían estudiado. Pero no inventaban nada nuevo… Como se había imaginado que hacían los hombres inteligentes…
-Podemos hacer otra cosa…
Los otros le miraron con expresión incrédula.
-…Averiguar quienes son.
-¿Cómo?
-Para empezar, con los amigos de Ernesto Federico. ¿Acaso no saben todo lo que ha pasado? Bueno que nos digan quién escribió ese mensaje y lo metió en la computadora.


Giorgionne miró a Ernesto. No dijo ni explicó al joven Manuel que, según su punto de vista, los Memos nunca podrían saber cosas que en su momento nadie se hubiera enterado. Que por muy memoriosos que fueran no podían haber memorizado aquello que nunca supieron… Pero igual miró con atención a Ernesto Federico, porque la propuesta atrevida de Manuel venía a dar en el clavo de una posible fuente de información. Alguno de los Memos, que era posible imaginarlos distribuidos por todo el planeta, podría haberse enterado de gente que se hubiera refugiado en cuevas para enfrentar algún peligro real o imaginario. Bastaría con ese dato…
Ernesto Federico se había puesto rígido y ahora recostaba su espalda sobre el respaldo del sillón.


-No puedo. Sólo puedo mandar o recibir mensajes que sean de interés para la humanidad.
-¿Y esto, no lo es?
-Todavía la sociedad no lo ha resuelto.
-¿Todavía? ¿Querés decir que ya están enterados de nuestra existencia?


La cara de Ernesto se puso morada hasta los pelos. Entreabrió varias veces los labios como para contestar, pero nada dijo. En cambio quitó, abanicando los dedos, una pelusa que había caído sobre la manga de su saco.
Giorgionne se afirmó.


-Entonces fuiste vos quién filtró la infamación! Hubiéramos empezado por ahí!
-Yo no puedo confirmar ni negar que haya mandado esa información. Todo lo que hago con respecto a la Sociedad de la Memoria Humana es un secreto.
Manuel no aguantó.


-¡Andá a cagar, pelotudo! ¿Al final, estás con nosotros, o no?
-He jurado mantener ese secreto…


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