jueves, agosto 31, 2006

59 - LLuvia de billetes.

Cuentan en lo del Rulo que se dieron cuenta de que Manuel volvía en sí, por el tremendo resoplido para adentro de aire que hizo temblar los vidrios de la ventana. Estaba sentado en la cama con la bolsita de gamuza retenida contra el estómago. Preguntó porqué estaba en la cama. Que porque tenía sueño, le dijeron en broma, pero preocupados el Rulo y la Julieta y se acercaron. Dijo él que se acordaba de haber estado hablando allá junto a la ventana de la sala y que después no recordaba nada más de este mundo.. Porque terminó así, con esa expresión que no se le había oído antes decir, lo que llamó la atención, reavivando nuevamente las dudas sobre su cordura. Fue en ese momento que el Rulo se dio cuenta de la bolsita y le pregunto, pero Manuel tenía ahora otra pregunta que hacer…
-¿Y la flaca?
-La bolsita, Manuel. ¿De dónde sacaste esa bolsita…?
-Se fue mientras yo…?
-Ya viene. Fue a buscar un vehículo para…
-¿Y la bolsita?
-¿Un vehículo para qué?
En eso apareció la flaca que había cambiado de idea. Se había dicho que si Manuel tenía cita para mañana con el médico o como se llamara, ella tal vez caminaba al pedo mientras él se despertaba y… todo bien! Si acaso no sería mejor que mañana le acompañara para contarle al tipo lo que Manuel no podía contar. Esos ratos que se ponía como una estatua muda, que era lo que a ella más le preocupaba, no fuera eso a ir en aumento y… ¡pobre flaquito!
-¿Así que me quedo callado?
-Callado y quieto como una momia!
(Sería otra vez por los fonones o esas cosas que se dan vuelta de a dos para el mismo lado?)
-Yo mañana le cuento al… licenciado. Pero igual si querés acompañame.
Golpearon a la puerta. Julieta fue a ver por la ventanita del frente. Volvió hablando en cuchicheo magnificado:
-¿A qué no saben quién es?
-¿La señora de las blancas tetas?-preguntaron los tres al unísono.
-No, el marido!
Manuel saltó desde la cama, como un primer paso para la huída, pero se detuvo. Con los championes plantados sobre el suelo y el cuerpo pronto para la carrera, de pronto cambió la desgraciada cara de cagazo por otra de risueña determinación que le acompaño en los sucesivos pasos apanterados y desafiantes que le condujeron al encuentro del tan temido sujeto.
Cuando a los diez minutos volvió, parecía todo él más grande y crecido.
-¡Aceptó el presupuesto y empezamos el martes!-gritó una vez cerrada la puerta y mientras se tiraba un montoncito de billetes por encima de la cabeza como si se duchara.
-¿Aceptó ese robo? ¡Yo pensé que iba a pedir rebaja!
Manuel propuso comprar vino para festejar. El Rulo, hacer unas pizzas. Julieta se ofreció para hacer las compras y la masa. La flaca la salsa. Denme plata y compro hasta muzzarella. No gastemos todo, la mitad es para materiales! No jodas, si sabés que en la barraca nos fían…
Compraron vino y materiales como para cuatro pizzas. El vino muy abundante, cosa de negros, dicen, después de comer. Pusieron al mango el equipo de música marca Ching Chong, fabricado en Sing-apur y contrabandeado desde Manaus a Ciudad del Este por una banda de militares retirados del cono sur.
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