jueves, agosto 17, 2006

43 - Pardito de Malas Juntas

Una mano de Magda comenzó a reptar entre la remera roja de Manuel y la piel de su espalda. Dibujaba cariñosas sinuosidades y hacía amodorrantes caricias. Describía aquella flaca anatomía en sucesiones de tactos y casi pellizcos, recorriendo el costillar, los omóplatos y la completa colección de vértebras alineadas. Todo en aumento.
En cambio la conversación con el Rulo ya no daba…
-Nos vamos, primo. Nos vemos Julieta…
Caminaron entonces por entre los pinos, cortando cuadras que se sabían de antes, abrazándose en largos y sabrosos besos. Cagándose de risa. Era todo muy fuerte. Y era ir a la cama con todos los preámbulos ensayados por el camino, ante la vista de todo el mundo, total ya de antes le tenían por “ese pardito de malas juntas” y seguro que a la Magda también…Pero cuando llegaban a la casita las cámaras se alejan lenta y pudorosas, quedando por fin a la altura de los primeros pinos y registrando desde allí esta larga escena comenzada con el canto de los pajarillos, adornada por la cinta de seda rematada con las campanitas en el ángulo derecho y sugerida por la música que de a poco iba surgiendo desde detrás de los pinos y adquiriendo no sólo volumen sino también expresión de todo lo que supuestamente estaba ocurriendo adentro de la casa.
Bien que lo que estaba sucediendo adentro fuera un poco menos rococó y bastante más bizarro, que viene a querer decir en este caso, carnal y sudado, esas diferencias, al no registrarse en la cinta no constituían problema, ni siquiera cuando se sintió aquel grito extremo de placer que por esas cosas no pudo ser borrado antes de la emisión y que seguramente el público iba a confundir con un casual sonido producido dentro de la salvaje naturaleza visible. Todo cucú pipí, aunque lo que estuviera sucediendo adentro fuera, lo verdaderamente importante: El cumplimiento del mandato divino: “Juntarás cuerpo con cuerpo y con ello gozarás.” Pero nadie sabía de cierto si lo que uno se podía imaginar era lo que sucedía o si en cambio toda el almíbar acaramelado de la escena era un reflejo certero de la naturaleza humana llevada por la más extrema de las pasiones…
Lo de los pajaritos cantores bien pudo haber estado gravado desde antes pero, ese grito…Ese grito, finalmente reconocido como tal por los alarmados vecinos, era la evidente denuncia de que en aquella humilde casita de Lagomar-Norte estaba sucediendo algo tal vez espeluznante, porque según los vecinos fue aquel un grito, humano sin duda, pero deformado por el terror de una estrangulada garganta que sólo podía emitir ese registro confuso de sonidos semejantes a los del placer y la diversión extremas.
UN MOMENTO!! Hemos visto algo nuevo. La muchacha trigueña descripta a fojas cero, ha pasado corriendo completamente desnuda desde la puerta de la habitación en que los sospechosos se encontraban atrincherados, hasta otra al fondo y la derecha, supuestamente cocina y vuelta a aparecer enseguida con similar vestimenta y una jarra probablemente de agua y dos vasos!
Como decíamos…ahora se confirma que los vecinos habían ya sentido de esos gritos espasmódicos y enervantes en varias ocasiones anteriores pero, nunca como esta vez habían expresado , los gritos un nivel tal de…no digamos simplemente placer sino…ese gran placer que espera siempre en los huesos de nuestro esqueleto y en las partes más profundas de los músculos de nuestra carne, el momento esplendoroso de su descubrimiento y liberación!
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