martes, agosto 15, 2006

41 - Arrojando llamaradas de luz

Manuel miraba el ángulo que formaban la pared con el techo de chapas sostenidas en maderas de la casa del tío de Aníbal, boludo que se había ido en esa historia que comenzara con esas cosas que él decía sentir por una tal Yolanda, y que después se había complicado con los muchos peros, cuando había querido que la flaca entendiera lo que él le quería hacer entender y que era fundamental para cualquier ser humano. Sentir que estás ahí vibrando desde tu centro y que tu vibración se encuentra rodeada por otras vibraciones que andan afuera y que las vibraciones se relacionan unas con otras, las de adentro con las de afuera. Y entonces el había dicho casi como para Yolanda, dijo, en algún momento, “Guacha, vas a sentir sin falta las vibraciones, que trae cualquiera que se te aproxime!” También lo había dicho antes de irse por las ramas de los detalles, cuando habían estado vibrando los dos, desde el centro, intensamente y emitiendo luz. Más luz que la que después se le había visto en la cara.Y era esa cara luminosa la que seguía recordando Manuel junto a otra cara de muchacha, la supuesta cara de Yolanda recibiendo aquellas llamaradas de luz que emitía Aníbal cuando gesticulaba hablando de aquella forma intermitente que ella no podía entender, emperrada como estaba, según Aníbal, en negar todo y levantar las cejas así y pretender que todo se arregla con palabras y con hechos comprobables, y no con lo que uno siente y percibe con el fondo de las almas.¡Yolanda!
Tal vez Aníbal se había olvidado de cual era aquella historia que había comenzado a contar, del desencuentro…y ahora sólo seguía un discurso entrecortado, de bajo tono y volumen, como para otro auditorio, probablemente interior... Entonces Manuel comprendió que él también se había estado yendo de tema y que mucho después era, cuando había vuelto, es decir ahora, cuando ya Aníbal era apenas un murmullo y no se le entendía continuar lo de Yolanda que era lo que a él le llenaba de curiosidad, porque ahora sí quería saber si Yolanda al fin había comprendido que uno vibra desde su centro porque era lo que Manuel hacía rato sentía con el corazón latiendo y esa luz…¿Habría sentido al fin Yolanda eso o…no? Como la flaca Magda que vibra, sí que vibra, aunque él no hubiera puesto atención en eso antes…
En eso le llegó un flash desde Lagomar Norte, lleno de luz filtrada entre los pinos, la flaca que le estaba mirando y después miraba en silencio al Rulo todavía frente a los fideos fríos, con cara de decir "pobre", porque no sabían qué hacer con él, momia sentada en postura catatónica que mira para adelante.
Fue y volvió. Alguna forma encontraría después de contestar el flash que ahora le dejaba la cara de la flaca y el recuerdo de antes. Sí que vibraba la hijadeputa y le hacía vibrar a él, que ahora se daba cuenta de que todo era más de lo mismo y de lo mejor. Que ella le conocía hasta en…Pero ahora iba a ser mejor y sería bueno poder volver, porque Manuel se sentía más grande e inteligente, era ya un tipo que puede pensar de corrido y ver las cosas que se esconden detrás de las cosas, que son las cosas mismas y ver los destellos con que se anuncian las que están supuestamente fuera de dónde la vista llega, porque todo se ha vuelto un diálogo de convivencia entre todas las cosas que comparten este mundo, que sigue latiendo al compás de las luciérnagas que son los pulsos conque se van intercambiando los mensajes entre todos. Y era el lugar, todo aquello y no el lugar mismo, casual, dónde se pudiera encontrar ahora. Porque el lugar eran las vibraciones y él estaba en ellas…
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