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lunes, abril 06, 2009

677. El lobizón del monte

Cuesta abajo entonces siguieron rumbo a un destino incierto, solo conocido por Manuel que al frente seguía como el monje de la armada Brancaleone, poseído por la ciega fe de los ingenuos, que no de los pobres de espíritu. Cuesta abajo en la oscuridad de la angustiosa duda. Razones y sinrazones luchando. Todos impactados por la bella bóveda estrellada que tan olvidada tenían.Acompañados por lejanos ladridos de perros que seguramente aún lamentaban el mal negocio de cambiar libertad por panza llena, hasta el mismo frente de la casa de Manuel, donde éste, sin mediar palabra, desvió el recorrido para adentrarse al magro montecito que todavía cubría un trío de solares sin vender.
La tropa se detuvo donde comenzaban los pinos y la oscuridad se hacía espesa. Esperaron oyendo el susurro de las pisadas en la arena y el rose de las ropas sobre las cortesas arrugadas de los árboles. Más allá y de pronto más acá... y algunas palabras pronunciadas para nadie...

El tiempo pasaba como el cricrí de lentos grillos y los ruidos de Manuel se volvían a repetir ora a la izquierda ora a la derecha. Más lejos o más cerca, siempre acompañados de palabras inentendibles desde afuera del monte...

-¡Aquí! ¡Aquí fue que estuvo apoyada! Vean, traigan luz! Estos pastos están achaparrados todos contra la tierra y la arena... pareja y lisa...! ¡Estuvo aquí!

Ernesto Federico extrajo de entre su ropas una linternita china de las de leds, y avanzó con los otros a paso retenido, como si fueran a enfrentar un lobizón, de esos que esperan en las sombras para saciar su sed de sangre y es ultimado por el facón de su mejor amigo. ¡Amalaya! Que las hay, las hay...

-Aquí, ven...?

El terreno que mostró el óvalo de luz era absolutamente común y comparable con cualquier otro lugar del monte.

-¿Qué?
-¿Qué...?
-¿Qué?
-Qué cosa, Manuel?
-...
-¿Qué cosa...?

Acaso nadie podía apreciar la límpida curvatura de la panza de la bola reproducida parcialmente por la arena de esa hondonada...?

-¿Que era lo que nos querías mostrar?

Claro. La arena no estaba tan pareja. Ya se sabe que el viento arrastra grano por grano y no lo hace de forma uniforme sino logrando un diseño como de dunas en miniatura que avanzan y que a su vez son rotas por las huellas de las pinochas que caen y las de los muchos animalitos que todavía pueblan los montes a la noche. Pero en general... Tenía impresa a aquella hondonada la forma de la panza de una bola de cinco metros de diámetro, aproximadamente.

-Aquí no hay nada...

-¿Es que no pueden ver que esta forma curva no es algo natural?. Aquí estuvo apoyada la bola de Mandinga, su nave.

El Doctor Bermúdez fue el primero en salirse del monte. Le siguieron enseguida Ernesto Federico, Rulo y Julieta...
Margarita y Giorgionne quedaron con él en silencio. Magda ya le había pasado un brazo por la cintura.












miércoles, marzo 25, 2009

671. La última hippìe

Dijo llamarse Margarita y bromeó con aquella del percal reencontrada por Gardel fuera del rioba. Artesana y cultivadora de todo lo que no fuera convencional. Vegana, ya no. Ni siquiera vegetariana porque. Ni mucho menos del New Age, como se te ocurre? Acababa de decir que anti-convencional. Hija de un sabio y de una señora de profesión labores, ambos muertos en su ausencia,cuando a la temprana edad de catorce años huyera de su hogar sin ningún otro motivo que el deseo de conocer la verdadera libertad, aquella que se construye a mucha distancia de la gente responsable.

-Podríamos decir que vengo siendo la última hippie.

Vittorio siempre había sospechado que algunas de las adolescentes de antes deberían sobrevivir en alguna parte, fuera de las universidades privadas y los cursos de pos grado, pero no así. No tan así, tan... Lo estaba viendo mientras ella hablaba sin complejos mostrando su abundante dentadura y esos hoyuelos en las mejillas laterales. Parados ambos, mientras el coche perdía velocidad, para bajarse ambos, casualmente en la misma parada de Lagomar!

Se bajaron y todavía hablando se encaminó a cruzar Gianastasio  hacia el norte, por el mismo lugar que él, aunque después, según dijo, debiera doblar a la izquierda y apurarse a llegar a la casa de su hijo antes de que apagaran las luces. No le gustaba golpear.

Vittorio aseguró que a él tampoco, y sonrió estúpidamente a la espera de que ella se tomara el trabajo de descifrar el chiste, o inventar él otra cosa para ver la posibilidad de no separarse todavía. Parecía que no le disgustaba...

-Yo también vengo a la disparada a atender un muchacho enfermo...
-Ah, sos médico?

Alarma por curso de colisión entre el significado de la palabra "médico", dicha así con desparpajo y el significado de la misma palabra para una generalidad.

-No, no, médico no. Amigo,... vengo más bien por amistad y...
-Bueno, sigo mi camino... No quiero despertarlo a Manuel.
-¿Manuel...? Bueno es un nombre común...
-Manuel es común, pero Manuel Aquelarre hay uno solo y es mi hijo.
-¿Aquelarre Goiticoechea?

Tres meses que no lo veía y ahora que por fin había podido venir a Montevideo a buscar piedras negras para sus obras, no iba a pasar de largo sin ver al muchacho más perfecto nunca visto. Su hijo Manuel. No por su mérito, sin embargo. Sino tal vez todo lo contrario, por su falta de responsabilidad como madre.

-La libertad siempre está plagada de errores.
-Lo tuviste muy joven?
-No tanto. No sé cómo hice para no embarazarme antes de los diciocho!
-Bueno, entonces vení conmigo. Yo sé donde está Manuel ahora





viernes, agosto 01, 2008

573. Habilidades

Pero desde ese relumbre disperso, enseguida se destacó un ojo luminoso de creciente potencia. Un tren. El primero desde el comienzo de la asonada. Todo volvía a la calma y ellos, conscientes de ser prófugos, debían buscar caminos propios, lejos de toda sospecha.
Salieron de la vía y comenzaron a caminar aquellas calles de suburbio, rectas y planas, silenciosas y expectantes de las luces del día. No llevaban un rumbo cierto, tomando a cada rato una dirección distinta, cuadrangulares calles y chatos destinos, por donde no se veía sobresalir ni siquiera la aguja de una iglesia, mirá lo que te digo. Unidimensional. O mejor bi... aunque la oscuridad no sea cosa con dimensiones.

También pasaron por barriales que apenas brillaban con las luces de adelante, y se embarraron hundiendo las patas por donde no se veían más que las puteadas de los que iban adelante, y el retorno poco a poco del buen humor.

-¿Pero, nosotros... para dónde vamos...?- Dijo Jarumi plantándose adelante de sus semejantes.
-Es que ni siquiera nosotros lo sabemos- contestó Magda- nosotros menos que nadie, que no somos de acá.

Los de rostro oriental rieron juntos, suponiendo que aquello habría sido una broma irónica sobre su condición de orientales. Rieron que eran más argentinos que la pizza con muzzarela, y al reírse afinaron más sus ojos gatunos que en lo oscuro brillaron enormes como aquellos dibujos de la televisión.
Podrían ser ese tipo de héroes. No muy grandes pero de espigadas formas longilíneas y esa capacidad expresiva, que puede ir desde la palidez del cadáver hasta el fulgor de una llamarada pasional.
Explicaron cómo era la historia de su estadía en la plantación. Una vez que Jarumi hubo sido remitida, en calidad de terrorista potencial, ellos, los dos muchachos y la chica, se habían hecho detener bajo los mismos cargos y por lo tanto, mandados -previo pago de una gruesa suma al comisario/juez- al mismo lugar a purgar sus idénticas condenas. Apostaban a que estando los cuatro juntos no iba a haber dificultad que no vencieran para lograr por fin la libertad de todos. De todos ellos, se entiende. Puesto que la idea de liberar a los demás, sólo se les había comenzado a formar, una vez que entendieron de qué se trataba, ese asunto de las plantaciones y de la justicia privatizada. Nunca se habían puesto a pensar. Y ahora... Ahora comenzaba a ser tarde. Debían encarar otro problema: Volver a sus casas era peligroso. Estaban siendo buscados...
Por otra parte entre Manuel y Magda, pergeniaron una síntesis de su último día libre, sin mencionar por cierto cómo era que habían viajado a Buenos Aires. Su falta de costumbre para andar entre multitudes que se mueven en el mismo sentido, contrario a lo que uno quiere. La estúpida acusación bajo la cual habían sido detenidos y el sopor en que se habían sumergido una vez que estuvieron en los barracones.

-Jarumi sabe una técnica para hacerse inmune al opio -explicó Toshiro. -A nosotros todavía no nos dio resultado, pero ella nos sacaba al aire libre por un hueco de desagüe donde nos metía de narices en un respiradero. Ja, a veces daba resultado porque la asfixia nos sacaba de quicio y vencíamos el sueño.

Manuel pensó que sería muy cauto formular la pregunta del siguiente modo:

-¿Siempre... desde que eras chica, siempre fuiste distinta, verdad...?
Ella tartamudeo:
-E, es, una técnica derivada del yoga... Uno la aprende paso a paso.
-Y vos... la practicás desde hace tiempo...?
-¡Claro! Desde hace... tiempo.
-¿En tu casa,... hay opio?
Jarumi dejó ver su cara que se iluminaba apenas con el rosado reflejo del alba.
-Bueno, cada uno tiene sus propias virtudes... Habilidades...




domingo, junio 08, 2008

549. El nombre de tu padre

Juntaron las tres sillas que eran suficientes y arrimaron las velas sobre el escritorio, para poder volver a ver las anotaciones de Abelardo, en apoyo lógico de todo lo que iban a contar. Era importante relacionar los sistemas de codificación con la secuencia de letras de la palabra Manuel, que por suerte había sido la primera, también esa vez, en ser interpretada. Ya habían visto ellos que la palabra había sido entresacada de una secuencia mayor de caracteres, por la obvia razón de que era la serie de símbolos que cada tanto se repetía. Seis signos distintos que se sucedían en el mismo orden y que habían sido reconocidos como patrón. Todo comenzaba allí. Después habría venido la pregunta natural sobre qué cosa representarían esaos signos, que podrían ser letras formando una palabra, una palabra que diera sentido al texto. Algo importante. Una cosa de la que allí se estuviera hablando o...una persona...
A Margarita ya no le quedaban dudas de que lo contado era algo vivido. Trataba de imaginar ese mundo donde otra ella había tenido ese hijo con un hombre probablemente moreno. Esa otra Margarita que tal vez aquella noche de tantas dudas no se hubiese tomado el ómnibus y vuelto sola desde la fiesta de las llamadas, y haya seguido la joda con sus amigos de la comparsa de negros tamborileros.. .Veinti pocos años atrás...

-¿Y tu padre quién es...?.
-Un negro mandinga.
-Te pregunto por su nombre...
-No estoy seguro... Eso no lo se.

Margarita comenzó a reír de un modo un poco compulsivo, de a tirones que la sacudían hasta llevarla a arquearse en la cintura, para entonces sí reírse con toda la potencia de su voz.

-¿Así que al final lo hice no más? -dijo entre las risas- ¡Aunque fuese en el otro mundo pero lo hice!

Magda cuchicheó al oído de Manuel que dijera más claramente quién sospechaba que sería su padre. Manuel alegó del mismo modo no estar seguro de nada y Magda se calló.

Margarita percibió el tironeo.

-¿El nombre de tu padre es un secreto...?
-No, no es que sea un secreto. Es que no puedo saberlo... ella misma, la de allá, no lo recuerda...
-Un encuentro casual ?
-Probablemente.

Claro. Eso era muy coherente con sus ideas de libertad sexual nunca practicadas de forma continua. Lo multiracial, lo anónimo, lo prohibido... Dejarse llevar por el deseo en bruto sin preguntarse cómo ni por qué. El éxtasis de la danza, la orgía de las emociones. La materia que llama a la materia y festeja su razón de ser en plena felicidad.

-No era de acá...?
-Parece que no.

Ahora dejó de reír. Estaban hablando del padre del muchacho... Tal vez ...

-Perdoná la risa.
-No te preocupes, tuve varios padres. Abelardo en primer lugar.

lunes, abril 28, 2008

523. Viaje en moto

Con las luces del amanecer arrancó el motor de la Harley, ya con su piloto a horcajadas y la pareja de muchachos en el carrito. Eran las luces aquellas que alumbraban primero las lánguidas nubes, vueltas rosadas al sólo efecto de dar motivo a lo que dijera Homero sobre la aurora. La vieja Eo. El resto iba siendo de un tono desde añil hasta turquesa y más allá, el todavía oscuro trasfondo de lo que había sido la noche. Toda una noche al pedo, trabajando para que el boludo se mandara la cagada de no saber ni lo que había estado diciendo antes !
Tomaron por Aerosur. Es decir Ernesto junto con la moto, porque dentro del sidecar aun la pareja no terminaba de entrecruzar las piernas de una manera muy satisfactoria. Verse de nuevo, así de cerca, cosa que no habían hecho en el último par de días, desde que Manuel tuvo que ir a Montevideo a pedirle unos pesos prestados a un amigo que... ...se interrumpió el relato por la llegada de un fogonazo de culpa en el corazón de Magdalena ! Era el momento preciso para confesarlo, explicar el extraño primer capítulo de la historia de ese extraterrestre que pretendía ser Manuel, quien en horas de la madrugada y sin que ella lo advirtiera por estar durmiendo, se le había introducido en la cama, aprovechando el extraordinario parecido con el dueño de casa y que... Por otra parte el corazón de Manuel pasaba por semejante martirio recordando que él había sabido de antemano que era altamente posible que pasara lo que había pasado con Fátima en Montevideo, y sin embargo... Pero es que ella recién se había enterado de que no era Manuel cuando este apareció negando haber venido en la madrugada....Desde el primer cruce de miradas, apenas se había levantado a salvo de los torturadores del otro lado del tejido de mierda aquél y el puto club de bochas... aunque después de todo que puede importar todo eso si ahora puedo ser feliz mirando esa cara que me llena de placer.
La madrugada se iba mostrando embriagadora y a la vez romántica, ahora se comprendía la particular belleza que a veces adquieren las cosas completamente cursis como ese cielo, que estaba mostrando, en la zona donde el turquesa le iba ganando al azul oscuro, unas pegatinas de brillos extendidos, que daban un marco muy recontrarococó a los bordes del cuadrito. ¿O estampita?

Mientras restallaban las explosiones del motor y por el escape niquelado huían presurosas varias chispas por minuto, ellos, dentro de la carlinga saboreaban morosamente sus respectivos labios y lenguas.

Por último la claridad general se había extendido cuando una cuadra antes de Becú, la Harley abandonó la ruta adentrándose en el balastro claro con dirección al norte. Estaban llegando de vuelta a casa. No importaba que ya fuese de día.