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miércoles, agosto 13, 2008

582. Gente rara

Toshiro se puso a explicar la diferencia que existía entre necesario y suficiente y les hubiese llenado la cabeza a todos de difíciles conceptos si no fuera que en ese preciso momento se sintió un estruendo apagado provendiente del costado y el fondo del parque.
Salieron, asomando una cabeza primero y después dudando, porque, a no ser Magda y Manuel que a esa altura ya se estarían haciendo la película de lo que iba a ocurrir en los momentos sucesivos, los otros cuatro, los de los ojos rasgados, los abrieron muy grandes, porque no podían entender ni con que criterio juzgar aquello que veían salir de entre un montón de alambres y pedazos de papel rajado. Parecía un ser humano, grande y torpe, con la cabeza revoleando rastas, enfundado en una camisola caribeña y con un cacho de cubierta de auto atada en cada pata. Salía de entre las tiras de papel, como un enjendro grotezco, aunque risueño. Avanzaba a zancadas como si estuviese bailando, mientros los otros razonaban a toda priza sobre la posibilidad de que el dirigible de papel le hubiese caido encima al pobre hombre. Correr a ayudarle, o esperar, a que la situación se aclare un poco más, vaya uno a saber...
Manuel quiso presentarlo:

-El es...
-Probablemente tu padre, -interrumpió Mandinga ya llegando al grupo.

Por supuesto todos hicieron silencio menos las tripas de Manuel que se pusieron a hacer toda clase de trasbasamiento de líquidos orgánicos y a retorcerse. No podía tomarse en serio lo que estaba diciendo el tipo, ese bocazas, y además a él que le importaba si fuera que fuera que fuera que fuera su padre. Que fuera! A el que le iba a importar? Pòrque nunca le había importado aunque a veces se haya puesto a imaginarlo, por nada, por pensar en algo, y se lo imaginara más o menos así, aunque no tan bruto. Que fuera. En realidad ya se lo imaginaba desde que su madre paralela de aquel mundo le dijo que el negro tamborilero famoso, de la historia de su madre, la verdadera, era un negro de la nación Mandinga. Por lo demás, bien como dice la flaca:"pero si fuera así, ¿cómo es que cuando se encontraron otra vez de frente, allá en la caverna, ni se mostraron alarmados, ni hicieron nada que llamara la atención." Aunque yo le conteste casi siempre que no fuéramos a hacer de aquello un teleteatro lleno de coincidencias e hijos desconocidos, estaba dudando.

El hijo del diablo, ja ja, venía siendo yo, o de Mandinga por lo menos, medio diablo. Con razón me perseguían tanto! y me querían reformar moralmente a cada rato... Después matar...
¿Qué le digo...? ¿Le diré algo? No sé que se acostumbra a decir en estos casos, ja, que tu padre aparece de entre los escombros de su nave interdimensional de papel pintado, a decirte, hijo, yo soy tu padre, vengo a reconocerte y a darte mi apellido. Que, claro tendría que cambiarlo, si algún día quiero, por el de este pedazo de antropoide negro que es mi padre. Manuel Mandinga Goiticoechea, un servidor. Podré poner en mi tarjeta de presentación, porque voy a ser importante desendiente de la dinastía Mandinga. Que negros hijos de puta! Ja ja.

-¿Te golpeaste mucho...?

Mandinga no contestó, miro a Manuel, ahora de una manera que nunca . Después sí.

-Mijo, te debo una explicación de todo esto, pero te juro que no sabría hacerla corta. Qusiera saber quien es esta gente que está con ustedes, hola Marga, disculpa, creo que quedé medio grogui con el golpe.

En primer lugar, ahora que ya pasaba la alarma, era tiempo de volver al interior de la casa, hablar tranquilamente, para ver si efectivamente este paracaidista fracasado, pretendía ser puesto como el heroe del otro mundo que cayó en nuestro jardín. (Qué gente rara) En segundo, tenían que tenerle paciencia a estos criollos medio mentirosos por pasión poética y no por maldad. En tercer lugar, reconsiderar la idea de ser trasladados juntos hacia el exterior. Una revolución no es un divague.

sábado, mayo 24, 2008

541. Momento Crítico

A partir de ese momento, es decir desde los sucesos ocurridos esa oscura noche del 8 de abril de 2008 sobre las arenas de la costa de Lagomar, toda la información sobre nuestra historia se vuelve confusa. No es que falten las referencia, que han sido muchas, sino que han sobrado, mientras siguen apareciendo los supuestos testigos que en principio estuvieron todos parados sobre las húmedas arenas, solitarios y mal entretenidos hasta que apareció sobre ellos, mejor dicho él, la destartalada bola de Mandinga con todos sus pasajeros. Dicen que al descender explicaron que no se arriesgaban a entrar a la base principal porque temían que continuara bajo el poder del príncipe de las tinieblas, más conocido por Satanás, que iban a hacer una exploración cautelosa y que en caso de encontrar todo en orden, iban a tomar medidas especiales de seguridad para el futuro.
También dicen, y aquí comienzan las discrepancias, que las líneas parecieron en el aire inmediatamente de haberse reunido y volado Mandinga de vuelta en la bola, según algunos. O que pasaron largo rato de conversaciones, intercambiando anécdotas sobre los extraños mundos que habían visitado involuntariamente, según otros. Coinciden todos en cuanto a que las líneas se dibujaron en el más completo silencio. Las cuatro verticales primero, desde abajo hacia arriba, delimitando de una manera abstracta el cubo que después se terminó de cerrar con las ocho líneas horizontales, una de la cuales pasaba exactamente entre Manuel que era el más cercano de todos, y los pies del supuesto único aunque multitudinario testigo. Coinciden en que todo el trozo de realidad se elevó por los aires, pero discrepan en cuanto a la progresiva aceleración que aquello habría adquirido en su giro vertiginoso que por último habría vencido la cohesión. Porque otros afirman que simplemente el cubo perfecto se elevó en la atmósfera hasta perderse de vista. Lo cierto...
Bueno, lo único cierto es que Manuel y sus amigos volvieron a perderse de vista justo cuando sobre la tierra se vivian tiempos dramáticos. El nuevo papa, que aquí no se llamaba Maledictus sino Nicolau, acababa de dar a conocer una nueva encíclica, llamada Per Sécula Seculorum, que proclamaba la inmovilidad, por divino deseo, de todas las estructuras sociales derivadas del antiguo orden establecido desde arriba. Los hombres podrían, sin pecar, en lo sucesivo reclamar por sus derechos, pero sólo en forma individual y con los respetos debidos al superior. Las reformas sociales que se hubieren arrancado por medios ilegítimos, verbi gratia, la huelga o la ocupación, a los patrones, dueños, administradores o diputados, devendrían a su anterior condición, anulándose por completo los actos administrativos ordenados sobre la base de dichas reformas. A César lo que es del César y al Papa, lo que es del Papa.

Las tropas de la Otán habían sido puestas en alerta roja, conjuntamente con la cuarta flota y algunos otros, para el caso de que los gobiernos anarquistas de Suramérica se negaran a reconocer la suficiente razón de las palabras infalibles del Papa. Por ahora en alerta sin movimientos, para dar tiempo a que los ángeles, en cónclave permanente sobre la ciudad de Nueva York. se pusieran de acuerdo sobre la mejor estrategia a seguir ahora que sobre los extensos horizontes sudamericanos volaban innúmeras escuadrillas de espantables naves negras. Las naves del verdadero Diablo.

Momento de mucha tensión que a los viejos les hizo recordar el día de la crisis de los cohetes de Cuba y a los jóvenes aprender la sensación de que de pronto la tierra podría desaparecer de debajo de sus pies.
Satanás presionaba a las comunas anarquistas para que lo reconocieran como el aliado predilecto y le aceptaran un observador caprino en cada una. Un coordinador, vamos, que no otra cosa iba a hacer dentro de la comuna aparte de transmitir alguna orden que viniera directamente del consejo militar que ejecutaba las del temible Satán. Toda una nueva concepción de la organización social que iba a lograr la síntesis perfecta de la libertad propia de la anarquía, con el orden y la organización propias del satanismo.

Negarse al pedido del diablo era hacerse de un nuevo enemigo. Aceptarlo era perder la guerra

viernes, febrero 15, 2008

474 CON DIOS O CON EL DIABLO

Sin embargo Mandinga tampoco las tenía todas consigo. Sus ojos, grandes y movedizos recorrían amplias orbitas sin detenerse ni en el piso, las paredes o el techo. Parecía querer descubrir en los cambios de tonalidades de la luz, las intenciones ocultas de quienes la estaban manipulando. De pronto frunció el ceño.

-Me voy muchachos. Trataré de averiguar cuales son los planes de mi primo.

Apenas lo dijo, ya su imagen se fue yendo hacia adentro y desapareció en la nada. Eran las cinco de la tarde y por extraño que pareciera el aire de la caverna se estaba calentando. Pronto, aquella vibración multicolor se transformó en millones de puntos luminosos que parecían dispuestos a desintegrar todas las cosas, el aire, pero también los cuerpos de las personas, volviéndolos traslúcidos y de contornos difusos. Todo emitía luz y calor…

De pronto sonó otra vez aquella grotesca carcajada. En medio de evanescentes lenguas de fuego, allí enfrente a ellos había aparecido el majestuoso chivo de las largas crenchas. Hacia atrás se le veía acompañado por miríadas de demonios, mitad humanos y mitad caprinos, que berreaban y se apretujaban como el ganado cuando es forzado a pasar por un brete estrecho. Eran verdes algunos y rojos encarnados otros, con gruesos manchones azabache que les pintaban diversas zonas del cuerpo al azar. Pero demasiados. Millones tal vez, que en majadas posiblemente infinitas se extendían por aquel sector del incendio que a lo lejos terminaba en la negra cordillera del fin del mundo. ¡Pura ilusión!

Manuel esperó de frente a que el bicho se acercara. No estaba dispuesto a dejarse engañar por la tramoya. Sabía que, con malas artes o sin ellas, todos los espíritus son iguales, y que puestos a lidiar encuentran en sí mismos la fortaleza originaria que nace de su simple existencia.

La voz aguardentosa reprochó:

-Lo dejaste huir…

-Nosotros no somos tus carceleros.

-Teníamos un pacto…

-No es cierto.

Otra vez sonó la carcajada que retumbó entre las verdaderas paredes de arenisca justo en el momento en que las llamas se generalizaban sin quemar más que la apariencia ni consumir siquiera el oxígeno. Satán evitaba enojarse. Su boca doblada sonreía por lados alternos mientras aquellos ojos de pupilas ovales, pestañaban sin dejar de observar todo el tiempo al contrincante.

-Eres inteligente… y atrevido. Te diré… Existen para ti dos posibilidades. Estar conmigo o con el viejo Dios.

-Con Dios o con el Diablo… No creemos en eso.

-¿Acaso conoces otra posibilidad? Conmigo tienes todo para ganar…

Había acompañado las últimas palabras con un ligero gesto de pezuñas que en el aire pintaron un paraíso caribeño de palmeras y mulatas en la playa.

-¿Acaso prefieres otra cosa…? Sólo tienes que pensarlo o dejar que yo adivine… Vamos, aflójate! Acaso no estoy peleando por la causa de los humanos…-con el rabillo del ojo vio allí el grupo de los asustados jóvenes Tucus-…la causa del planeta Tierra…

Manuel por cierto se aflojó, pero no en el sentido que pretendía Satán. Era evidente que nada nuevo se había inventado en el arte de seducir. Aquello que tenía enfrente, sin negarle poderío ni peligro, no era más que un clásico embaucador de incautos.

-Dicen que las mismas pavadas le dijiste a Cristo hace dos mil años… ¿Por qué no nos dejas en paz…?

miércoles, mayo 02, 2007

286: EL ATREVIDO

Manuel pidió a la flaca que digitara el número del Pepe. Tomó el aparatito y con expresión adusta se puso a esperar el contacto.
-¿Quién, la muchachita?
-No. Te habla Manuel.
-Por fin. Tienen una respuesta entonces?
-Sí. Mirá sería algo así: Pactos por ahora sólo de no agresión. Si cumplen eso, después podemos seguir hablando.
-Bueno, pero… Ustedes paran ese show de los ovnis, eh?
-No es tan fácil. Lo que podemos es mantenerlos controlados para que no pararles el país.
-¿Pero quienes son los de los ovnis? ¿No son ustedes mismos? Yo he visto fotos y me parece…
-Te preocupan nuestaras bolas, pero no te preocupa que a cada rato bajen escuadrones de ángeles!
-Manuel…bien sabés que hay poderes que nos superan.
-¿Ahora trabajás para ellos?
-Sos un atrevido, no sabés ni lo que decís!
-Está bien, perdoname, pero no vamos a darnos por vencidos. Queremos que nos saques a todos los milicos y los ángeles de la franja de la costa. Que eso es una imposición agresiva? No lo creas. Ustedes nos están agrediendo. Para que haya un pacto de no…
-…no son una República aparte!
-Yo no sé lo que somos pero…
-…unidos o los comen los de afuera.
-No me hagas versos.
-¿Pretenden quebrarle el espinazo al primer gobierno de izquierda de la historia?
-Uhhh!...mirá te paso aquí con el comandante Cholo que entiende más de esas cosas.
-¡Esperá Manuel, muchachito…! Vos sabés que no somos enemigos… Tus amigos me rescataron… Pero ustedes tienen una alianza con el diablo y nosotros heredamos otra con dios. Estamos condenados a entendernos en secreto entre nosotros!
-Puede ser…pero vamos despacio. Primero lo primero.
-¿Pero qué querés…? ¿Qué de un golpe de estado? Eso que vos pedís no se puede hacer. Va contra la constitución y todas las leyes. Y en cuanto a los ángeles…
-Si ya se, ustedes no les pueden dar órdenes…
-¿Y entonces…?
-Eso no ha de ser fácil de conseguir pero ustedes han conseguido cosas más difíciles. En realidad es la única ventaja que nos podría dar ganas de hacer un pacto.
-Ah…
-Ustedes saben hablar…
-Y ustedes tienen las bolas, no?
-Ahora sí.
-…
-Si pasa mucho tiempo capaz que ya ni necesitemos aliados.
-Bueno, tampoco será para tanto. No fanfarronees… Dejame pensar un poco, no creo, pero… Me pongo a pensar y averiguar si nos queda alguna chance…no creo…

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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miércoles, octubre 25, 2006

106 - LAS BOLAS DEL DIABLO

Se acercó aun más al comienzo de la escalinata. Bajó la vista conteniendo un atisbo de vértigo y se decidió a bajar con cuidado aquellos infinitos escalones pero, un nuevo elemento, un silbido penetrante que parecía provenir de arriba y venir bajando le hizo levantar la mirada de nuevo. Fue entonces que vio por primera vez las negras bolas del diablo. Eran imponentes, negras y medio bruñidas. Se estaban tirando en picada sobre la extensión de aquel parque temático bíblico y la multitud de turistas japoneses que intentaban huir para salvar sus cámaras de la mierda que venía salpicando a cada nueva explosión de las múltiples bombas que como huevos amargos dejaban caer las bolas por todos lados... De pronto vio algo distinto. Una de aquellas bolas negras vino en picada sobre su pirámide, sin tirar ninguna bomba, pero haciendo una brusca levantada antes de estrellarse, que fue el momento en que pudo verle en la panza aquellas tibias cruzadas y pintadas de blanco pirata…Se levantó vertiginosa y detrás dejo al descubierto que la seguía, haciendo similar trayectoria, otra bola mucho más chica, descolorida y remendada, que venía sofrenando su caída tanto que al momento quedó a suspendida a un metro del suelo, abriendo una puerta corrediza y dejando ver en su interior al abuelo Abelardo que le hacía señas de que se acercara.
Manuel no se hizo rogar. En tres saltos de canguro llegó y se zambulló adentro de ese capullo salvador donde se reencontró con los brazos del abuelo; sólidos y concretos como habían sido siempre.
-Manolito!
-Abuelo!
La puerta corrediza se cerró enseguida y la inercia estaba diciendo que la bola aceleraba haciendo incómodo mantenerse de pié porque… era el modelo económico! Ni asientos ni nada.
-¿Quién maneja esto?- preguntó Manuel cuando se logró levantar del revolcón que le produjo una brusca curva cerrada.
-No te preocupes. Los movimientos están programados usando saltos continuos entre el primer y segundo tiempo según lo que sea más conveniente en cada caso.
-Pero vos me habías dicho que no tenías nada que ver con mis traslados…
-Es que recién me vengo a enterar de que el boludo de Germán había perfeccionado este modelo de T.O. y que con él te había llevado a algunos lugares.
-Otras veces han sido bolas enormes a todo lujo…
-Sí, me confesó que con ayuditas de algunos amigos te había logrado colar en naves de línea.
-¡Mirá si me dejaban en otro lugar o me metían preso!
-Ah, Germán es así! ¿Vos te creés que lo pensó? El es un entusiasta compulsivo, pero un gran tipo. El único buen amigo que mantengo después de muerto.
-Entonces… estás muerto nomás?
-Sí… Para tu tiempo y tu mundo estoy muerto, qué duda cave. Pero no te preocupes, esto del segundo tiempo está buenísimo!
-¿Y qué hacés ahí?
-Ahí no. ¡Aquí! Vos estás ahora en el segundo tiempo aunque no captes las diferencias. Construir este T.O. en tu mundo es casi imposible… ¡Si lo habré intentado!
-¿Y por qué…?
-Porque allá las leyes físicas son distintas. La gravedad, por ejemplo es más débil a causa de haber sólo cuatro dimensiones desarrolladas. Un imán de aquí atrae casi tanto por gravedad como por magnetismo.
-¿Pero la gravedad no es lo que hace que las cosas caigan?
-Claro Manuel. Pero el T.O. produce su propio campo a partir de los campos energéticos que nos rodean. Es un transformador de campos volante.
-¿Un T.C.V. entonces?
-No. Un T.O. Que uiere decir: Transportador Ovoide.



martes, octubre 17, 2006

98 - LA GUERRA CONTINUA

Llegada la hora de la reunión Magda le acompañó hasta la policlínica con la intención de seguir en seguida hacia un trabajo que tenía pendiente. Se despidieron en la entrada con un gran beso que chasqueó cómicamente cuando los labios se separaron de improviso al salir el licenciado Giorgionne a reclamarle que hacía rato que lo estaban esperando.
La reunión era en la misma salita de la primera consulta y allí estaba, sobre una silla, Ernesto Federico de Oliveira, de piernas cruzadas, zapatos , medias y pantalones color arena y un saco sport naturalmente desprendido. No había más nadie y la silla que sobraba la habían ocupado para sostener un celular que de vez en cuando guiñaba un ojillo fosforescente.
Giorgionne, que estaba entre los dos y enfrentado a la silla vacía, tomó la palabra para explicar en motivo de la reunión, que por cierto nada tenía que ver con terapéuticas o diagnósticos.
-Los tres sabemos que a nuestro alrededor se están moviendo fuerzas extrañas que están alterando nuestras vidas sin que sepamos qué quieren de nosotros ni cual pueda ser el límite de sus acciones.
A Ernesto Federico no le gustó mucho la introducción.
-Bueno, algo sabemos; bastante. Ya te he dicho que en el fondo es un problema de religiones o sea del poder. Lo que ignoramos son los detalle, la letra menuda.
-Como sea, no sabemos si dentro de dos minutos algunos de nosotros no será raptado y desaparecido frente a la mirada impotente de los otros. Bastaría con eso. Es la única seguridad que deberíamos tener para vivir como seres humanos…
Continuó Giorgionne narrando algo de lo que le había ocurrido en el otro mundo, un encuentro con una persona muy sabia y estudiosa de la historia de las ideas, religiosas y científicas y de su inevitable confluencia hacia algunos puntos de encrucijada…
Manuel comenzaba a arrepentirse de haber concurrido a esa reunión. Ernesto Federico continuaba impacientándose.
-Al grano, licenciado!
-Es que quería llegar al punto central de lo que este hombre me dijo. Algo que yo, aparte de no ser religioso, nunca había pensado ni siquiera como juego intelectual.
-¿Y qué te dijo, por Dios!
-Es que me daba un poco de calor, perdonen. Me dijo que en los últimos tiempos se estaba produciendo un extraordinario desequilibrio en los cielos.
Manuel le miró entre divertido y curioso. Ernesto Federico hizo silencio pero además calló. Giorgionne seguía hablando.
A todos nos han enseñado la leyenda de Dios y el Diablo. En los cielos y en los infiernos, separados como resultado de una guerra que ganó Dios en el principio de los tiempos. Pero nunca no hemos puesto a pensar que si es que hubo la tal guerra y que los contrincantes siguen con vida bien podría producirse otra en cualquier momento y que tal vez antes de aquella guerra bíblica también hubiera ocurrido otra u otras de las que no han quedado referencias escritas entre los hombres. La cuestión es el tiempo, el pasado, el futuro y los otros tiempos… Porque este hombre me ha hecho pensaren el porqué nos aparecen cosas raras en los cielos. ¡No será escaramuzas de una guerra que ya ha comenzado y que se libra en nuestro espacio y nuestro tiempo, aunque sea en parte? Como suelen hacer las potencias militares que por lo general preservan sus territorios de las consecuencias de sus propios actos… Bueno, haciéndola corta… Que estaríamos en guerra otra vez. Por lo menos la segunda guerra cósmica en la que el Diablo no lleva las de ganar y con él una serie de dioses menores que sufrirían terribles consecuencias por haberse aliado al viejo Dios de la oscuridad.
Manuel se puso inquieto.
-Mi abuelo tiene no se qué transa con el Diablo.
-Ya me lo imaginaba. ¡Viejo de mierda!- comentó el Mem.