Mostrando entradas con la etiqueta pareja. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pareja. Mostrar todas las entradas

martes, noviembre 18, 2008

628. DUDAS

Se le presentaba la duda a Manuel sobre si él y Magdalena estarían viviendo juntos. No se le ocurría la manera de preguntarle sin que sonara demasiado raro. Natural que siendo él de otro mundo y ella de acá, no lo supiera y, aunque pudiera parecer gracioso de golpe se estaba poniendo tímido, cohibido por esta hermana gemela de la flaca que en definitiva no le estaba creyendo un carajo de todo lo que había explicado sobre los viajes por los mundos paralelos y la necesaria certeza que él tenía, de que otro Manuel, el que sí sabía si vivían en pareja con ella, debería andar perdido por ahí tratando de volver otra vez a su nido. No era que no le atrajera la idea, sino que se sentía bastante extrapolado cada vez que pensaba que ella era otra, íntimamente relacionada con la otra, como una hermana, o la amiga más amiga aun sin conocerse. Y él... una especie de intruso que venía a traicionarse a sí mismo, como ya le había pasado en otra oportunidad pero a causa de una situación mucho más confusa. No quería, ni se detenía a pensar la razón de las dudas en un sentido ético. Si pudiera ser considerado culpable o no. Le ocurría en cambio que se sentía incómodo en el papel de engañador. Si al menos ella le creyese por un momento que él no era el Manuel que ella conocía... y si aun así quisiera seguir la vida que pudiera haber estado llevando con el otro... Ah, porque lo que es besar...besaba tan bien como la verdadera flaca!

-¿Volvemos para casa...?
-Sí. pero antes debemos comprar comida. el doctor me ha dado una dieta que tenés que seguir. Estás muy débil...
-No tengo un peso en los bolsillos.
-Ya lo sé. Pero Rulo tiene plata para vos que cobró del último trabajo que hicieron.

Era el dinero del otro. No podía de ninguna manera comerse la plata del otro y encima... capaz... y apropiarse de su casa y de su ropa. ¡Que situación de mierda!

-Vení, Rulo a esta hora ha de estar de vuelta... si no se fue al hospital a verte. Me olvidé de mandarle un mensaje... Ja, mejor dicho me quedé sin tarjeta.
-Y vos... ¿Has estado sin trabajar por cuidarme...?
-Mirá allá está la moto, qué suerte!

Iban llegando a la casita cuando salió Julieta a recibirles. Sin querer Manuel corrió hacia ella como si fuera al encuentro de la verdadera Julieta, con su manera tan particular de caminar que le hacía siempre resaltar lo bien proporcionadas que tenía la caderas y los senos y la elasticidad de todo su cuerpo.

-Manuel, qué suerte que ya estés bien. Rulo fue hasta ahí, ya viene...
-Y Lucila...? ...Ah... digo...
-¿Qué?

Juleta se había puesto espantosamente pálida. y Manuel al notarlo y buscar en aquella figura el embarazo que debería tener a esa altura de ese año, sintió que el suelo se le hundía en la impresión de tal vez haber dicho algo terriblemente hiriente. Julieta no estaba embarazada, no tenía rasgos de haber recientemente sido madre, parecía al borde de un desmayo.

-Perdón. Todavía estoy confuso.
-No es nada... Vengan, vamos a tomar unos mates adentro...

Rulo tiró los paquetes sobre la mesa tropezando por abrazarse con Manuel al tiempo que gritaba bromas sobre la fingida enfermedad de su primo. Hijo de puta y esas cosas. La cantidad de trabajo nuevo que estaba apareciendo. Hasta uno de un milico con guita, que parecía querer que le reparen todas las cañerías de una casa que acababa de comprar y se la pinten.

-¿Qué te parece, eh?
-¿Ferrari se llama...?
-Sï. ¿Pero cómo lo sabés...?

Magdalena intervino.

-Yo se lo conté...

Rulo la miró confundido.

lunes, noviembre 10, 2008

624.Terciopelo Azul

Vinieron entonces las presumibles disculpas de una parte por interrumpir su retirada y por la otra sobre el escaso tiempo, además de que esas no fueran cosas para hablarse a la carrera sobre el pedregullo de la calle mientras el ómnibus se escapa, y el atardecer que ya se viene, con el tránsito rumoroso y lento de regreso a Montevideo por Avenida Italia y el relumbre púrpura del ocaso. Que joder. Hay horarios que se han establecido y que no se cumplen haciendo que uno se rasque los huevos cuatro horas aguantando el siseo del televisor que las enfermeras ni ven ni apagan, mientras los que tienen hora marcada no acuden y los que no, le paran a uno justo en el minuto necesario de presteza para llegar a tiempo a la parada. Que joder. Aunque con todo no diera para desestimar el pedido de ayuda de una parejita que al parecer está pasando por una situación confusa de la que habría que desbrozar verdades de mentiras al principio, y después ver lo que queda. El jueves, por ejemplo, de dos a tres, aunque la muchacha se vea tan ansiada y desamparada por la suerte del noviecito este que no parece demasiado afligido, aunque sí, pensando en segundo plano algo que estaría bueno averiguar. Sería todo por ahora y no tendría ningún sentido que siguieran caminando al costado, la muchacha, Magdalena dice, insistiendo en obtener respuestas y explicaciones sobre los supuestos falsos recuerdos que él ha elaborado durante su período de inconsciencia, a lo que el muchacho acompaña con raro gesto de la boca casi como una seña del siete bravo. Ha de estar desestimando. ¿Qué? ¿Qué puede estar desestimando entre tantas cosas que salen de la boca de ella, impelida por el deseo evidente de no dejarle ir, la puta. ... ¡Allá arranca el puto ómnibus!

No el asiento de portland de la parada no es un lugar como para evacuar una consulta profesional, al menos en sicología. Pero ahora el sujeto pretende haberse atendido con él, hace dos años, cuando los de su entorno creyeron que se estaba volviendo loco, y hasta él, porque a cada rato volaba con sus existencia a lugares remotos y hasta tiempos. Y que él, es decir yo, el licenciado Vittorio Giorgionne, que le había sido recomendado por el mismísimo Pepe Mujica, cuando le interceptó en el comité del MPP para contarle que había estado siendo perseguido por una banda de milicos torturadores incluso hasta un rato antes en aquel club de bochas de la calle Mariano Soler. Dice que evidentemente también el Pepe había llegado a opinar que estaba con faltante de jugadores en el equipo, pero que, cuando por fin le había hecho bailar las hachas celtas sobre el escritorio. ¿Acaso no lo recordaba? Él, es decir yo, aparte de abrir desmesurados ojos de asombro, había quedado convencido de que él, se refiere a sí mismo,no estaba propiamente loco sino en contacto con una realidad distinta de la cotidiana. Pero se interrumpe ahora tomándose la cabeza y preguntando, como por si acaso su sospecha fuera falsa, qué día de qué año era este en el que bajo el techito de la parada, y el rumor del tránsito, estábamos pretendiendo definir cuál de todas las posibles realidades era la verdadera. 5 del 7 del 6 le contesto como quien llena un formulario. Pobre. Pobre porque pálido se ha puesto, y tartamudo, cambiando la voz y el ritmo de la conversación. Conque en realidad la otra entrevista conmigo licenciado Vittorio Giorgionne, parece tener el nombre muy presente, se realizó hace más de dos años en la policlínica y más o menos en esta fecha. Previa llamada telefónica mía al teléfono celular de "la flaca" que él, Manuel, en aquel entonces Aquelarre le había pasado al Pepe y este a su secretario, para que contactara un sicólogo. Por supuesto que alego que no llevo ni un año trabajando en Lagomar. Replica que era lo que me estaba diciendo, que aquellos días de hace dos años venían en realidad, a ser estos mismos días, y que la entrevista que tuvo entonces, y que él me podría referir con lujo de detalles, no va a tener existencia en este mundo en que ahora respirábamos, por la sencilla razón de que estábamos hablando de mundos paralelos. Me acordé de aquella película del hombre mirando al sudeste y... debo ser sincero conmigo mismo... sentí que toda aquel conjunto de delirios mal concatenados se cubría de pronto con un manto oscuro de misterio... Apenas tuve tiempo para pararme y hacerle seña al ómnibus que venía. Al sentarme en mi mente estaba instalada la imagen de aquella hacha celta que tengo sobre el escritorio del estudio.

sábado, junio 07, 2008

548. Hijo de su hija

Quedaba claro que la mujer no era tonta ni estúpida. Había procesado por si misma un montón de matices contradictorios, y algunas incoherencias gruesas, y llegaba ya a la conclusión irrefutable de que ellos no podían ser tan comunes y al mismo tiempo tan sabios en tecnologías de avanzada. Aunque a las cosas les llamaran por sus nombres vulgares, se les veía dominar conceptos tan sofisticados como la no localidad de algunos fenómenos, que una vez Abelardo explicara mientras agregaba queso rayado a su plato de tallarines. La pregunta conllevaba claramente el rechazo a cualquier contestación de pretendida inocencia.

Sin embargo, Margarita no esperaba enterarse de estar ante malos sujetos que escondieran sus propósitos por saberlos deleznables. Todo lo contrario, se sentía cada vez más exitada por dar los primeros pasos al comienzo del resto de su vida. Correr el riesgo que conlleva la libertad, de encontrarse con cosas que despierten angustias y temores largamente dormidos. Ni por un momento recordó las prevenciones que sugiriera su padre por el tema de los posibles espionajes que algún poder omnímodo pudiera ardenar a sus ajentes.

-Somos de Lagomar pero venimos de otro mundo... es decir...

No parecían almas en pena ni astronautas caídos fuera de zona, parecían simplemente lo que habían contado ser...

-...de este mismo mundo pero en dimensiones paralelas...

Claro que ella tenía vistas algunas escenas de películas fantásticas en el televisor del almacén, que hablaban de cosas como la contracción del tiempo, pero... ¡Ciencia ficción! Claro eso era. Estos muchachos podrían ser fanas de la ciencia ficción y haber aprendido de ahí, pero...

-...un mundo igual a éste, donde están otra vez cada una de las personas, pero que las vidas... no son del todo iguales.

Un universo plural quería decir, como esos de Copenhage y... Bueno que visto así no parecía tan truculento.

-...allá hay otra Margarita Goiticoechea...

Fantástico. Ahora se iba a enterar por boca de este muchachito pitoniso de la existencia de otra existencia suya!
(No hubiese podido negar que la curiosidad trepó rápidamente hasta el tope).

-...y otro Abelardo Goiticoechea, mi abuelo.
-¿Tuu...?
-Abuelo. Yo soy hijo de su hija...
-...de su hija...
-...Sí, de la Margarita Goiticoechea de allá...

Margarita perdió la sonrisa. Una fuerte punzada de dolor hería su sensibilidad más profunda. No se creía merecedora de una tan triste burla y menos por parte de aquellos por los que había anidado sentimientos maternales.

-No me resulta gracioso.
-Te está diciendo la verdad! -terció Magda- ¿No vez acaso que tiene tu misma nariz. Tu mismo perfil y que mira igual que vos revoleando los ojos ?
-Hay mucha gente parecida...

La voz se quebró cuando la boca de Manuel llegaba a besar cariñosamente la mejilla, mientras Margarita susurraba apenas su duda de cómo podría ser todo aquello realidad. Un hijo. Ya grande, con compañera... Hijo de ella aunque no de este cuerpo... Tal vez... también ese tipo de cosas existan.

-Si nos sentamos te puedo contar...

viernes, mayo 30, 2008

544. Convidados con sopa

En cambio los pobres maquis otra vez andaban desparramados por esos andurriales del universo pluridimensional. Por las páginas incontables de los incontables tomos de aquella biblioteca del viejo Borjes donde todo está escrito, desde la guía telefónica del año 43, hasta el libro de doña Petrona C. de Gandulfo, pasando por todos los gregrés y los Gregorios que quieras. Insondable misterio. Que viene a querer significar, si significar quiere algo, que incontables también serían las distintas historia de una misma historia. La de Manuel por ejemplo, si aceptáramos bajo ese apelativo a todos aquellos que nacidos donde sea, tuvieren como madre a una tal Margarita, hija del viejo Abelardo Goiticoechea, y como padre a un negro mandinga del que poco más que eso se sabe.
Tarea imposible sería contar todas esas historia, al menos intentarlo de forma simultánea, en cambio, si no es abusar de tu paciencia, pido permiso para continuar con la que ya traíamos avanzada.

Se dijo antes, no por capricho irresponsable, sino por ser fiel a las versiones más recibidas, que los muchachos, luego de ser elevados con todo el cubo de realidad que les rodeaba -y contenía- probablemente habrían sido esparcidos al boleo hacia todos los puntos cardinales y ordinales posibles. Mas tal vez haya sido apenas una figura poética, o manera de decir, si acaso, que nadie supo hacía donde eran dirigidos, remitidos o tal vez sorteados. Como quien dice aun cosas más groseras, usando el lenguaje coloquial, en vez de expresar esa indefinición producida por la mera ignorancia. Cierto fue que en algo la imagen acertaba. A no ser Manuel, que apareció junto con Magdalena, en un mundo donde ellos no habían nacido, los otros, todos, cada uno por separado, cayeron de diferente modo en mundos distintos, presumiblemente distantes.

Manuel , de la mano con la flaca, aparecieron dentro del monte de pinos que en todos los mundos, hasta ahora ha habido frente a su casa. Parecía todo normal, el perro del Toba ladraba a una luna espectacular que navegaba entre deshilachadas nubes blancas. Los grillos cricriaban entre los pastos de la vereda. Una música lejana de cumbia sobrevolaba los pinos y a lo lejos, filtrado por millares de troncos, llegaba apenas el rumor sordo del tránsito de Gianastasio. Porque eso que zumbaba no era por cierto ningún oleaje rompiendo sobre quilómetros de costa, sino motores de explosión empeñados en arrastrar carromatos metálicos de todos los tamaños. Lo de siempre. Un mundo como cualquier otro, hasta quizá... No. No había que adelantarse a los hechos.

En la casita había luz... Cruzaron sin soltarse las manos y caminaron por el costado hasta ver por la iluminada ventana de la cocina hacia adentro... Sentada frente a la mesa y un plato de sopa con humo, había una mujer que... Era Margarita, sí. Mucho más avejentada, ojerosa, con sus bucles ajados y... pegados en las mejillas por... ¡lágrimas! Aquella mujer estaba llorando frente a su plato de sopa...
Quisieron llegar de todos modos, golpearon para ello las manos al frente, esperaron. Salió Margarita caminando como una anciana que arrastra las chancletas. Preguntó sin casi levantar la mirada, qué querían. Aguantó pacientemente los titubeos de Manuel y Magdalena, que uno a otro trataba de ayudar a salir de tan extraña situación de no ser reconocidos por un pariente tan cercano. Porque, de última, la mujer, ni siquiera encontró parecido en Manuel con nadie, cuando le preguntaron directamente sobre el punto. ¿Vecinos?, preguntó. Y después, ¿Parientes dicen...? ¿Parientes de quién? No tengo parientes, no tengo... Las lágrimas volvieron a aparecer desde los párpados hacia abajo sin que ella pareciera preocuparse.

-Pasen -dijo por fin dejando libre el camino- vengan, acompáñenme mientras tomo mi sopa. Explíquenme adentro a quien andan buscando...
-A nadie -apresuró Magda, empezando a sospechar la situación- es que solo... no tenemos donde pasar la noche.

Margarita detuvo su paso abruptamente, se dio vuelta hacia ellos y rápidamente bajó desde el gesto soberbio que había aparecido en sus facciones a una blanda y contemplativa mirada. Nada dijo por algunos segundos. Retomó la marcha y fue a sentarse en su silla.

-Pasen. Puedo convidarles con sopa..

En la olla quedaba justo para dos porciones. En la panera de plástico verde cotorra, tres glisines y una tostada. Arrimaron dos sillas. Margarita hablaba.

-Si hubiera tenido hijos serían más o menos de la edad de ustedes... Lo hubiera hecho. Ese fue mi gran error.

Magda se atrevió a consolar.

-Todavía es joven...

Margarita sonrio con apenas un dejo de tristeza, les miró otra vez.

-¿Ustedes son pareja?

Poco a poco la conversación se fue encausando y la necesidad de compañía y comprensión de la mujer saciando su sed. Nunca se había casado ni tenido alguna pareja estable. Había dedicado su juventud al cuidado de su padre viudo, un gran científico que acababa de fallecer en el más completo anonimato. Sueños, sí, Esos sueños locos que todo adolescente tiene, pero que, llevar a la practica muchas veces supone abandonar a los seres queridos para poder vivir la libertad sin cortapisas. Para ella todo había sido un par de aventuras furtivas, en tres o cuatro escapadas que hizo a Montevideo para los carnavales, y otras tantas en noches de luna sobre la playa. Sí, conocía el placer. Pero un placer salvaje, de fiera enjaulada, que un día escapa y salta fuera de la jaula. Pagado con semanas de culpa frente a su padre al que cebaba mate mientras construía sus grandes inventos.

-¡Qué idiota! ¡Toda mi vida he sido una idiota!

-Todavía está a tiempo...

-A tiempo sí mija, pero para algunas cosas... Para tener hijos ya no.

sábado, abril 28, 2007

282: ESCENA BAJO LA PARRA

Mientras Cholo se pertrechaba de algunas ropas limpias, ponía la guitarra en su funda y otras minucias, salió Manuel al pequeño patio de ladrillos, debajo de la parra, donde todavía estaban algunas de aquellas sillas plegables de planchuelas abisagradas y tablas con restos de la misma pintura verde que una vez les había aplicado Honorio, el negro viejo. Recordó la escena con Celmira parada más al fondo secándose las manos en el delantal y sacudiendo la cabeza en esa sonrisa que era de ella. Lo quería al negro. Ella lo quiere, había pensado en aquel momento. Por que se le estaba mostrando con mucha claridad cuando la veía a la negra con aquella sonrisa, casi a las espaldas de su marido y compañero al que por cariño jodía, con esos chistes continuos y esos comentarios para los costados pretendiendo decir que ya estaba viejo. Las alpargatas en chancleta que sabía llevar con su sobria elegancia de cincuenta años viviendo y aquella extraña manera de revolear la bombilla del mate como si lo tuviera que batir para que su marido rezongue un rato y después poder pellizcarle la mejilla para que empiece a reír.
-¿De qué te reís?
-No, es que me estaba acordando de tus viejos…
-¿Vos también…?
Tal vez había sido porque estaban nomás los negros debajo de la parra y ellos eran niños que pasaban corriendo con sus arcos o sus pelotas. Tal vez. Porque dónde están si no? Los viejos, que en sus lugares queridos, siempre con las vueltas de sus vidas y sus rezongos, tomando mate. Ahora estarán, seguro, en esos cielos igual que Abelardo…Pero aquellos viejos que tomaban mate debajo de la parra han de seguir en eso y ellos jugando y jodiendo alrededor sin irse para el fondo como les decían aquellas dos voces tan distintas y simpáticas.
Ahora Cholo le miró con una expresión de temor, de pronto, que hizo ceder nerviosamente, con algunas morisquetas del costado de la boca antes de lograr apenas sonreír.
-Me estás hablando todo con el pensamiento!
-Es que vos lo estabas escuchando.
-No, sos vos Manuel, que hacés pasar cosas a tu alrededor! Además…qué bárbara esa manera que tenés de pensar!
-Lo que estaba pensando?
-Claro, tu pensamiento me iba haciendo ver cada cosa… hasta me hiciste ver que en la discusión de mis viejos estaba el cariño.
-¿Yoo…?
Cholo le observó muy serio por un momento.
-¿Pero es que vos no te das cuenta?
-¿Qué tiene de raro mi pensamiento?
-Que son en colores!
-…
-En colores, Manuel! Vi toda esa escena en colores como si la estuviese mirando ahí.
-Pero es que cuando uno piensa algo que sabe que es en colores…
-No…Todos pensamos sin ver los colores de lo que pensamos, salvo que hagamos una fuerza bárbara para poderlos imaginar.
Manuel por fin se aflojó en una risa.
-Sí, me parecía.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

Technorati Profile