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lunes, junio 08, 2009

701. Rompan Filas


Que no era una composición musical ni una manera de afinar ningún instrumento, era... La resonancia, se acuerdan de aquello que nos explicaban sobre el batallón de soldados que rompen filas para cruzar un puente, porque... Ahora tal vez ya no, porque los puentes se hacen de otra manera y los batallones no marcan más el paso, pero... Antes...

-¿Antes qué...?
-Los puentes se caían.
-¿Se caían?
-Dicen que sí, cuando pasaba un batallón marcando el paso si el ritmo coincidía con ... Porque es como una cuerda que empieza a vibrar más y más, hasta que se rompe.
-¿La cuerda se rompe...?
-No, el puente. Porque, justamente no es una cuerda, aunque se parezca.-
-Bueno. Pero eso qué tiene que ver con lo que estábamos hablando.
-La resonancia. Cada vez que una vibración llega hasta una cosa que puede vibrar en esa misma frecuencia, o que ya está vibrando, la energía de la vibración aumenta, es cada vez mayor. El pensamiento también tiene su energía aunque sea muy pequeña...
-¿Una cuerda que se hace vibrar con el pensamiento?
-Dice mi abuelo que las cuerdas siempre están vibrando aunque sea con muy poca energía. Si ponemos nuestra mente en resonancia podemos aumentar y manejar su vibración.

Distraídamente las manos de Manuel habían tomado unos lápices de colores y un bloc de hojas que por casualidad había olvidado Margarita sobre la mesa de la cocina. Tarareando ahora su plagio de la canción del Cuarteto de Nos, Yo no Quiero ser Normal, los lápices bailaban sobre la primera hoja, temblorosos pero divertidos:


viernes, mayo 08, 2009

690. Radio a Válvulas

A las cuatro de la tarde Manuel  sacó la bicicleta del galponcito del fondo y empezó a pedalear el repecho arenoso que le acercaba a lo de su supuesto primo, y verdadero contratista de pequeños trabajos y remiendos. Iba con ánimo entreverado. Por momentos se divertía de estar vivo y movedizo dentro de un mundo tan luminoso, pero enseguida la sonrisa se le cuajaba al considerar que de quedarse en este mundo, debería mantener en secreto casi todas sus experiencias.

Aunque no sus ideas.

Ya desde antes de ser raptado él había participado de discusiones políticas en el comité de base, siempre del lado de lo que Cholo llamaba el anarquismo sistemático. La sombra en esto tenía razón. En este o en cualquier mundo uno puede defender sus ideas, aun las que pudieran parecer por demás absurdas aquí. En este mundo donde los dirigentes de izquierda sólo tratan de que nadie haga olas mientras acomodan los nuevos enanitos en el jardín.

En vez de pasar primero por lo de Rulo mejor pasaría por lo de Cholo.

Claro que la casa tenía que ser la misma. Los dos ranchos en ángulo con aquel parral que todavía daba uvas. La pieza principal con la guitarra atravesada al poster del Che junto a la biblioteca sobre el pìso de tierra. Ese silencio. El mismo que cuando chicos servía de fondo a lo que imaginaban leyendo revistas de historietas sentados en el piso con las espaldas contra los adoves. A Cholo le gustó que el Sargento Kirk abandonara el ejercito para pasarse a la indiada aquella vez vez que él trajo las "Frontera" desde la casa de su abuelo. Claro Cholo no tenía televisor en esa época, es decir sus padres. Pero enseguida aprendió a arreglarlos.
Igual no los miraba. Los arreglaba mirando para otro lado. Ja. A él lo que le gustaba arreglar eran aquellas radios viejas a válvulas que cuando se rompían había que sustituirlos por transistores. Las válvulas. Pero dejando la misma estructura de afuera aunque quedase bastante vacía.
 Y toda clase de aparatitos que anduviesen con imanes que según decía eran el combustible del futuro, ya que no gastan nunca su energía.
 Que no logró hacer funcionar nunca. Al menos bien. No más allá de dos o tres vueltitas de una rueda que ha recibido bastante impulso.Una lástima. Porque hubiera estado más que bien que ya en aquella época ellos hubieran podido armar algún aparato volador como una bola y ponerse a viajar sin que vinieran a raptarlo a uno. Pero con la resonancias de las ondas nunca se metió...

Allá estaba. Frente a su casa mirando para este lado. Sonriente con sus negros antebrazos cruzados sobre el pecho.




viernes, agosto 29, 2008

591. El Domo

Sólo salió Manuel de sus cavilaciones cuando sintió la caricia que Magda le había venido a hacer.

-¿Qué te pasa flaquito...? ¿Algo te preocupa?

Ya no le preocupaba nada, ni nada le ocupaba la mente a no ser el contacto de la mano de Magda sobre su pecho. Estaba ella allí, junto a él, como siempre, calor y vida y ese brillo en la mirada que...

Más atrás se veían las múltiples órbitas de los alambres, circulares o elípticas, con las gruesas cuerdas de las resonancias, puestas y aceptablemente tensas cada una en su lugar. Los nipones miraban todos en dirección a ellos, con los baldes de engrudo, los fajos de diarios... como pidiendo permiso para comenzar a reparar, construir casi, toda la forma del enorme huevo.

-Te dejamos la décima cuerda para vos.

Allá fueron. Magdalena a dar instrucciones sobre la forma de en que la carcasa se debía afirmar sobre los alambres externos y Manuel, a subirse sobre los hombros de Mandinga, llevando el extremo de la cuerda hacia el ángulo superior, donde otras dos ya estaban colocadas.
Y otra vez aquello que parecía milagro se produjo. La décima cuerda, la de la trayectoria imposible, entrecruzada a la de sus compañera, saltó literalmente de entre sus manos y se enganchó a las otras dos, para ponerse a vibrar rumorosamente sin que ningún rozamiento se lo impidiera.

Todos gritaron de alegría, salvo Akiíto que hacía rato rastreaba con su equipo portátil las banda policial y otras que usaban las organizaciones de cazadores de recompensas.

-Nos queda poco tiempo. Vienen rastreando cerca en busca de los autos.

A partir de esa advertencia la actividad se multiplicó. Magda al frente, los trozos de papel pasaban literalmente debajo de los pinceles y volaban llevados para múltiples manos hasta el lugar que le correspondía ser sostenido por un momento, y después abandonado a la tensión que entre todos iban ejerciendo al secarse. Cáscara de huevo traslúcido que crecía hacia el domo desde todos lados a la vez, y que parecía cerrarse sobre las cabezas con esa perfección de lo perfectamente vital. Esa ilusión que alienta todas las grandes obras. Las que pasan a la historia como grandes maravillas, y aquellas otras, innumerables, que todos los días mantiene viva la esperanza de millones de seres inocentes, ellos la tenían y la sentían, ahora, vibrando en los pechos, muy probablemente en la justa frecuencia de resonancia.

El domo se cerró completamente sobre las miradas.

Akiíto dijo que estaban a docientos metros.

Magdalena comenzó a indicar los mejores lugares para sentarse.

Mandinga y Manuel ocuparon lugares de pilotos.

Cerraron la puerta corrediza y... supieron que estaban elevándose del suelo.

Al instante pasaban sobre las hordas de los rescatistas, quienes deste un amplio abanico de caminos vecinales y campos traviesos, montados en variados vehículos todoterreno, revoleando armas de todos los calibres y redes y garrotes y lanzas y boleadoras..., confluían en asesino entusiasmo, sobre la casa solariega que acababan de abandonar.

Mandinga lo anunció.

-Próxima parada, Tierra Uno.

domingo, agosto 24, 2008

587. Pequeñas diferencias

Manuel le hizo comprender la situación en pocas palabras.

-Ellos son demasiado inteligentes para convencerse con algunas pruebitas. Están aburridos de magos y de efectos visuales.

En cambio tendrían otra vez que ponerse a trabajar para que la bola volviese a levantar vuelo. Si tal cosa fuera posible. No, reconstruirla, era sí, posible, pero tal vez no quisiera volar, por esas cosas de las diferencias pequeñas que aparecían entre un mundo y el siguiente paralelo. Ya le había pasado en Tierra 2, donde había hecho un papelón frente al abuelo y sus mejores amigos.

-Ya me enteré.

-Claro que fueron varias las diferencias entre el modelo original, el de Germán, y eso que yo hice allí, sólo y sin acordarme mucho.

-Me dijeron que estaba dentro del aquel galponcito que se incendió.
-No, ese era el de la Última Tierra, esto en Tierra Uno, en la que mi abuelo estaba vivo y me consiguió los materiales para hacer una bola.
-Ah, sí, ya me acuerdo.
-También era mucho más chica. Dentro del galpón no había más lugar...

Entonces Mandinga convencióse de que la pequeñez habría sido la causa del fracaso, no por encontrarlo razonable, más bien todo lo contrario, sino porque alguna explicación tenía que tener que un aparato tan bien diseñado pudiera así de repente antojarse de no volar.

-Las cuerdas no daban la nota...
-...
-...quedaban flojas... y todos los alambres se caían...
-...
-...no pude nunca poner la décima cuerda en su lugar, es decir... la coloque medio a la fuerza, pero ella no colaboraba y más bien parecía no querer hacer ese jueguito que hacía allá en Tierra Uno, cuando ella sóla se terminaba acoplando en el lugar adecuado.... y quedaba vibrando sin rozar a las otras.

Mandinga escuchaba boquiabierto.

-¿Pero que cagada hiciste, muchacho?
-No sé, todo era bastante parecido, aunque más chico...
-¡Que raro...!

A los nipones toda aquella dialéctica familiar los tenía sorprendidos. No podían creer que fuera el producto de algo ensayado, y por otra parte... Parecían tan reales todos los gestos y los ademanes simultáneos a las palabras que, aparte de parecer verosímiles, producían el placer de leer en aquellas caras las emociones y sentimientos que se iban sucediendo en cada uno de los personajes, ignorantes del límite de agresividad y amor que podían expresar sin hacer daño al otro.
Los iban a ayudar. Fuera por lo que fuera, o fueran. Locos geniales capaces de inventar una patraña increíble y hacértela creer. O gente que no más ha tenido experiencias fuera de lo que se considera normal y que... Daban ese aire de cosa cotidiana a lo que otros llenan de una parafernalia de efectos y luces sicodélicas. Vaya con los otros orientales!


miércoles, agosto 20, 2008

585. Viaje por el MULTIUNIVERSO

Al cabo de unos segundos, cuando todavía los ojos miraban el lugar de la desaparición, desde la puerta del fondo, una grosera carcajada resonó, llamando la atención sobre la enorme mano que se se asomaba y saludaba desde la abertura. Otra de sus bromas. Porque enseguida tuvo que reconocerlo, al ponerse a explicar que no era el medio que les acababa de mostrar el que usara para viajar entre los mundos del multiuniverso. Sino que lo hacía siempre en bola. En esa, que por un descuido, acababa de destrozar sobre la copa de un pobre duraznero; diseñada por Germán Oesterheld y el abuelo de Manuel, y fabricada por Los Maquis de Lagomar, grupo del que formaban parte los ahí presentes.

-Magdalena Rojo y Manuel Mandinga, mi hijo.

Los muchachos argentinos poco se interesaron por las relaciones de parentesco y mucho, en cambio, por la imposibilidad material de que aquel ruinoso conjunto de alambres y tiras de papel pudiera alguna vez, antes del accidente, haber formado parte de una nave, ni tan siquiera intergaláctica. ¡ Nada menos que inter-universal !

Preguntaron cual sería la tercera broma y entonces rieron todos juntos.

-La broma más cómica es que les he dicho la verdad, -concluyó Mandinga, antes de ponerse a dar explicaciones.
Dijo que al espacio y al tiempo no había que tomárselos tan en serio, no siendo más que algunas de las tantas dimensiones que determinan el conjunto de la realidad.

-Es posible viajar por el espacio conocido o por el desconocido si logramos manejar las resonancias aditivas y sustractivas, adecuadamente. Ejem. Ejem.

No se lo tomaron en serio. Alegaron que con aquel montón de basura no era posible formar más que una especie de globo de papel, grande por cierto, pero incapaz de soportar el menor rigor de la intemperie, por no hablar de vacío interplanetario.. Querían una verdadera explicación, que justificara la paciencia que le estaban teniendo.

-¿O acaso esto no es más que una historia fantástica?

-Ja, ja. ¡Fantástica es la realidad!
-¿Acaso no es verdadera?
-Claro que es verdadera. Es lo que hay, valor. Pero es bastante más fantástica que lo que ustedes suponen.
-¿Se puede respirar en el vacío?
-No. Ja já.
-¿Se viaja a otros mundos sin salir de la atmósfera?

Ahora Mandinga se puso serio y con las manotas agarradas a la espalda comenzó a ir y venir por el centro de la habitación mientras hilvanaba las siguientes palabras entre lagunas y sonidos guturales.

"UNA BOLA... NO ES PROPIAMENTE UNA NAVE...EEE....ES...VIENE A SER EN SI MISMA UN UNIVERSO PARALELO...QUE SE RELACIONA CON ESTE,... POR EJEMPLO... A VOLUNTAD Y CON LA INTENSIDAD QUE SE QUIERA... EEE.... DE MODO...EEE... QUE SI SE QUIERE SE RELACIONA, ES DECIR QUE RESUENA... DE LA MANERA ADECUADA... CON UN LUGAR CUALQUIERA DEL UNIVERSO QUE.... ESTÁ VISITANDO... TODO ES CUESTIÓN DE... SINTONÍA"

(Hemos remarcado el texto porque pasa inmediatamente a formar parte del Archivo de Historia del Futuro, que acabamos de fundar. Nota de la Redacción de Las Bolas de Manuel.)

Jarumi y Toshiro de pronto se descubrieron en una mutua mirada de dudosa admiración. Por otra parte la expresión de Jarumi cedía manifiestamente el protagonismo a su hermano.

-¿Las partículas no existen, siendo apenas una fórmula ondulatoria restringida, a una zona espacial, pero potencialmente irrestricta?

Mandinga se sorprendió mucho.

-¡Yo no lo hubiese dicho mejor!

Toshiro y Jarumi eran aficionados a la física cuántica y, aunque poca cosa entendieran, sentían que de la cuántica brotaba una especie de magia poética que les transportaba al mundo de nunca jamás.

-¿Querés decir que la distancia también tiene su fórmula ondulatoria? ¿Que el espacio es también onda?
-Ondas. Millones de ondas que se interrelacionan mediante consonancias o disonancias. "El lenguaje Verdadero", como decían los profesores.
-¿Y la consonancia se puede dar a distancia?
-La distancia no existe en sí misma. Es el resultado del conjunto de algunas consonancias y ... eso...
-¿Y por qué lo persibimos de otra manera tan distinta?
-Tal vez por razones de economía o de estética...



viernes, junio 13, 2008

552. LA ROPA

En cambio cuando despertaron pasado el mediodía, los pajaritos cantaban en las ramas, el cielo parecía absolutamente luminoso y un tenue aroma de comida de olla se extendía por el barrio. Como el día eterno que pervive en la memoria como siendo siempre el mismo en un mundo que pueda entrar en una postal tridimensional, colorida y aromatizada.

Los párpados se abrieron remolones. Era la misma casa, la misma ventana, aunque distinto el ropero. Los vidrios más limpios, los muebles más nuevos. La tibieza de la flaca era la misma... pero había que ponerse en movimiento.

Comenzando por... Algo apropiado y rápido para lograr una forma de retorno. Un canal, una brecha que separara las dimensiones como las hojas del libro permitiendo encontrar la página adecuada a la continuación de la historia. Ja. Otra vez con esa idea loca que se empeñaba en retornar. ¡Las páginas del libro! Como si pudiera una vida escribirse. Una vida sencilla siquiera, la del tipo que va todos los días al laburo, de lunes a viernes, dejando el fin de semana para la familia, los tallarines y el vaso de vino. Pasan tantas cosas...

Con la ayuda de Magda sería más fácil reconstruir los detalles de una bola.

Se tiró de la cama y al tocar con los talones en el frío del piso recordó que estaba desnudo y que la ropa, toda la ropa seguía estando empapada. La puta. Margarita le podría prestar algo a Magda pero a él...

En eso se sintieron acercando una serie de telúricas explosiones que no podían ser otras que las de la Harley de Ernesto Federico. Taloneó hasta la ventana y vio que así era, que Federico se acababa de bajar del aparato y allí, en el pasto del frente conversaba ahora con Margarita. Era el mismo aunque, un poco más juvenil, y hablaba con mucha naturalidad con su madre, gesticulando y riendo mientras golpeteaba el casco que se acababa de sacar, contra la rodilla descolorida del jean
.
Mojados y todo se puso el vaquero y los champeones. Cruzó hacia el baño, viendo el interior de la pieza de Margarita, que no existía en la casa de allá, con las paredes cubiertas de cuadros, y un gusto femenino que se advertía a pesar del gran desorden. Tal vez el perfume. Se puso la remera roja, se lavó la cara, y los dientes como pudo con los dedos y mucha agua. Salió enseguida y se encontró con Margarita que venía entrando.

-Estaba pensando en eso, en la ropa, tenemos que conseguirte ropa seca. Vino un amigo de papá con su moto. Me va a llevar hasta la casa... La ropa de papá nunca la traje....

En eso se sintieron los pasos del que cruzaba la puerta.

-Permiso...

Entraba porque quería conocer los extraños jovencitos que se decían capaces de entender y hasta manejar la incompresible computadora de Abelardo, con sus resonancias dimensionales y su tendencia a hacer saltar los fusibles.
Seguía siendo negro y grande. Extendíó la mano y apretó los huesos de Manuel.

-¿Así que saben manejar la máquina de Abelardo?

Era una menera de presentarse diciendo que en cambio él no lo sabía.

-He estudiado bastante pero... Las ideas de mi amigo no figuran en los libros...

Mientras tanto Margarita salía de su pieza con una brazada de prendas que previo golpeteo de puerta pretendía entregar a Magda para su elección.

-¿Donde aprendieron ustedes...?

Magda se restregaba los ojos apenas cubierta por la sábana.

-Gracias.

-Teníamos algo parecido y...nos escribíamos con él.
-¿Cartas...?
-No, ...mensajes...

Magda apareció en la puerta del dormitorio con los pelos revueltos, un ancho pantalón verde y unos zapatos de tiras.

-Hola.

-No sabía que Abelardo tuviese otros amigos que Miguel, el farmaceutico y...
-Yo en realidad más que amigo vengo a ser su nieto.

Margarita ofreció una taza de café, o mate. No tenía mucha idea de la hora que pudiera ser. Ernesto la estaba mirando. Se puso colorada.

-¿Nieto?

Recordó que había comprado una bolsa de galletas malteadas. Comenzó a ofrecerlas con insistencia.

-Bueno, nieto adoptivo. -Acomodó Manuel justo cuando le venía el primer estornudo.

-¡La ropa seca! Venga Ernesto, vamos a buscar la ropa. Después conversamos.




miércoles, junio 04, 2008

546. No cinco sino seis

Por el camino Manuel fue mirando las casas que parecían ser las mismas, con pequeñas diferencias, un árbol que había sido cortado, algún garaje que no conocía y varios autos muy nuevos durmiendo la medianoche bajo un cielo ya sin luna. El firmamento era por supuesto el mismo. La misma cola del escorpión coronaba las copas de los pinos preguntando con su gancho interrogativo, por el misterioso sentido de que lo que parecía ser igual, no lo fuera. Que las mismas estrellas allá en su incomprensible lejanía del espacio y el tiempo, de alguna manera estuvieran siendo otras, aunque casi identicas, en un abanico interminable de posibilidades engañosas...


Margarita, su madre, hablaba ahora sin parar. Por momentos se entusiasmaba contando acerca de los mil y un aparatos que había visto construir a su padre. Inventos muchas veces exitosos, aunque por desgracia nada rentables, como, la escala musical de diez y nueve notas, con la que interpretaba conmovedoras melodías en aquella especie de mandolina también de su autoría. La máquina de leer, a la que nunca
le había podido quitar esa entonación monótona y lamentosa que terminaba generando más sueño que interés por lo leído. Pero principalmente, su investigación inconclusa: La Computadora de Campos Resonantes. Aquel invento que le había consumido los últimos diez años de su vida, el resto de sus ahorros y tal, vez de su razón.


Cuando llegaban frente a la casa el haz de luz paseó nerviosamente por las paredes y bajó a encontrar el candado que unía las dos hojas de la puerta. Margarita giró la llave, el arco de metal saltó liberando las planchuelas y la hoja izquierda se adelantó casi sin un quejido. Estaban entrando en el claustro íntimo del inventor. El haz de la linterna se mostraba incapaz de iluminar ninguna comprensión en medio
de un montón de cables que se descolgaban desde el techo, como lianas en la jungla, sobre enormes cañones construidos a partir de gruesos tubos de plástico que se veían cubiertos de devanados multicolores dispuestos en capas sucesivas como las que cubren las cebollas. Y... de pronto, la luz pasó sobre la mencionada caja transparente. Fue algo muy fugaz pero no tanto como para que la vista de Manuel no lo registrara, quedando clavada allí, a pesar de la oscuridad.


Margarita encontró velas y las encendió. El galpón se mostró entonces en su verdadero tamaño y el aparato tambien. No se trataba de un bulto tan grande, sino que al tener esos cañones que le llegaban desde todas las direcciones, apuntando de común acuerdo al centro... Ese lugar que parecía emanar algo de sagrado, como un altar, como un sagrario, como un lugar donde las cosas importantes ocurren escapando a todo nuestros pensamientos cotidianos... Eso era lo que terminaba llenando casi todo el lugar pero... Esto era lo que importaba. Dentro de la caja habían
varios guijarros negros, muy parecidos a los que Manuel todavía conservaba en su mundo nativo. Pasó entre dos cañones con cuidado de no engancharse con los cables sueltos y se acercó a la caja. Los guijarros dormían.


Margarita logró encender un "primus" que encontró sobre una mesita lateral junto a unos jarritos enlosados, saquitos de té y un azucarero. Manuel miró a Magda, Magda se acercó a la mujer...


-Nosotros sabemos manejar esos guijarros...


La sorpresa de Margarita pareció casi un enojo que le hizo volver la mirada a la tacita sobre la que vertía el agua hirviente y ver cómo la tinta dorada se comenzaba a esparcir por todo el líquido. Paciencia. Tal vez no hubiese sido buena idea lo de mostrarle esas cosas a un par de muchachitos ignorantes...


-Quiero decir esos cinco que están dentro de la caja. El resto no...


Ella se rió. Se imaginaba que los cinco guijarros que podrían conocer serían las cinco piedras con las que se juega todavía al puente. No aquellos objetos a los que Su padre había dado pulimento uno por uno hasta lograr que pesaran exactamente lo mismo y tuvieran en su asimétrica forma una correspondencia punto por punto entre uno y todos los otros. Quién hubiera podido suponer, sin mediar las obsesivas
explicaciones del inventor, que aquellos objetos podían ser apoyados sobre plano en seis distintas posiciones de equilibrio, que dispuestas según seis distintas orientaciones en el espacio, terminaban codificando 36 elementos lógicos cada uno de los seis.


-Son seis los guijarros.


Magda se cohibió un poco.


-Bueno nosotros usábamos cinco...

-¿para qué...?

-Para enviarnos mensajes...



sábado, mayo 03, 2008

525. Gran Explosión Gran

Así fue que marcharon codo con codo dentro de un vehículo disfrazado de croqueta ,mientras Dow manejaba su Mustang All Star y sonreía con 33 grados de deriva, similar a la de Boogie el Aceitoso. Iban tirados sobre el suelo, casi entre la colección de borceguíes y culatas de fusiles. No eran policías comunes, por cierto y Manuel comprendió que con la mirada Abelardo le estaba diciendo que nada dijera ni aunque se pudiera sacar la cinta de esparadrapo super adesivo sin hacer uso de las manos porque estas...estaban también pegadas.
Atravesaban ya el puente de carrasco por el lado del Paso cuando enseguida sintieron que abandonaban el asfalto y se adentraban a un lugar bastante amplio, tal vez rodeado de hileras de arboles altos. ¡El parque! Y en el parque a poco de seguir avanzando entraban en una especie de rampa que descendía a una zona de silencio, que se hizo total cuando se apagó el motor del vehículo.

-¡Bajen!

No llegaron a pisar el suelo porque abajo había una especie de rampa movil que se desplazó manejada por un miliquito flaco parecido a Kafka, por todo la cuadrada extención de ese establecimiento subterráneo. Base militar o lo que fuera, iluminada con tristes luces que distribuían su producto de una manera ecxesivamente homogénea. Nada daba sombra, ni nada estaba más claro que nada, en ese submundo pintado de blanco... salvo lo que veían detenido al fondo de la espanción allá adelante... Aquella mancha horizontal y negra tan parecida a una cucaracha gigante.

Los ojos de Abelardo mostraron miedo por primera vez. Parecieron ignorar la existencia de la X666 La Bestia y en cambio percibir todo el expresionismo maléfico que emanaba de ella. Manuel nada le podía explicar, ni siquiera advertirle sobre la identidad del sujeto de cara gris que les había detenido o preguntarle si había alguna vez tenido noticia de la existencia de este lugar subterráneo.

-Entrá vos.

Incomunicados quedaron, en dos celdas de acero inoxidable desde el piso hasta el techo. dos hora, tres, y un tiempo indefinido, que solo se percibía por el aumento progresivo del apetito Al cabo comenzó el interrogatorio que consistía en el aumento progresivo de una onda pulsante de sonido puro. Una frecuencia que resonaba en algunos escondidos puntos del cuerpo produciendo una extraña cosquilla que poco a poco se transformaba en dolor. No eso fue sólo el ablande. Lo peor vino cuando la vibración dejó de pulsar sobre la misma frecuencia y empezó a dar saltos de frecuencia, pero unos saltos increíbles que no había manera de soportar! Y después aun peor cuando fueron dos las notas al mismo tiempo haciendo cada uno de los extremos de la inarmonía. Parecía que el esqueleto se desarmaba en pedazos y la mente, bueno, la mente se sentía al borde de la desintegración más angustiante.


Después de una aminoración brusca del volumen apareció la voz de Douglas Dow sugiriendo estar dispuestos a firmar la declaración de culpabilidad y colaborar con la filmación del documental que se iba a hacer sobre la captura de la célula terrorista que tenía planeado volar el hospital Pereira Rosell con todos sus niños adentro.
Vinieron los guardias a sacarles las vendas de la boca, de un tirón, les hicieron decir que si, frente a un micrófono inalámbrico y los fletaron para un micro de turismo que salía lleno de carteles alusivos a la Gran Explosión Rosell. Adentro del micro estaban otros desgraciados, tan asustados como ellos, que portaban cada uno un cajoncito de tubos de cartón oscuro muy parecidos a cartuchos de dinamita. Tampoco sabían de qué se trataba todo ese carnaval pero igual temían que algo iba a salir mal sobre sus cabezas.
Especialmente cuando advertían que a ambos lados del micro les acompañaban tres camiones del ejército con tropas armadas hasta los dientes.
Por suerte cuando llegaba la caravana a la altura de Avenida Italia y Cooper chocaron. Fue un choque tremendo y en principio impremeditado, porque fuera muy difícil premeditar una cosa tan estúpida. Chocaron todos con una barricada de tanques de nafta vacíos que el propio ejército había colocado para desviar el tránsito hacia Camino Carrasco, sin esperar a que pasara el convoy de prioridad estratégica. Convoy que se vió llenado de frustración en un coro de ridículos lamentos, que a la postre comenzaron a transformarse de disculpas en acusaciones y por encima insultos. Cosa que aprovecharon los pasajeros involuntarios para correr por Cooper y doblando por Havre seguir hasta perderse de vista por la bajada de Máximo Tajes.

viernes, julio 06, 2007

344 Cuatro quilómetros de cable

A pesar de todo el método resultaba lento. Llegaron a localizar una tirada de más de dos mil cifras que apenas contenía una página del texto y nada de quién era el autor. El verdadero autor. Que tal vez entre líneas estuviera dejando pistas de su identidad, por descuido o simplemente por jugar al gato y el ratón con la perspicacia de algunos lectores como ellos que pretendieran descubrir el secreto.

Manuel se impacientó.

-Yo no sirvo para esto. Me lleva mucho tiempo identificar los números. Tendría que aparecérseme el número frente a la vista con solo mirar los guijarros bailando!

Nadie le dio bola, pero Ernesto largó su pensamiento tras la idea apenas insinuada. Un mecanismo automático de registro de todos y cada uno de los sentidos de giro de cada guijarro al correr del tiempo…Con una interfase a la computadora que podrían traer y…El cable venía a ser el problema…hasta la carretera quedaban unos dos quilómetros…una escalera para subir a los postes de la electricidad, un par de guantes aislantes…y pinzas de soldadora eléctrica, por decir algo que muerda fuerte y no se ande moviendo con el viento…Cuatro quilómetros de cable!

-Además, tendríamos que estar fabricando las bolas nuevas. No podemos dejar a esa gente en banda!

Eso martirizó al Cholo, quién, como técnico en bolas aéreas del grupo debería haber requerido ya opiniones sobre los detalles a mejorar en el diseño. Para él, por ejemplo, la décima cuerda, la tramposa, debería ser un poquito más corta para no tener que esforzarse en hacerla vibrar junto con las otras. Sola sonaba desafinada. Había que revisar los plá… NOS ¡! Que se quedaron en la caverna ! También consultar por las mejoras que a él se le habían ocurrido, que terminarían por transformar a las bolas en una verdadera prolongación de todos los sentidos conocidos y desconocidos del humano que la pilotee, le parecía. Por la sola razón de la semejanza entre lo que se piensa y lo que se percibe. Más cantidad de cuerdas en tamaños progresivamente menores, tendrían que encargarse de vibrar en resonancia con otras series de datos del mundo que nos rodea. El largo y la colocación ideal tendría que ser encontrado por experiencias que llevarían bastante tiempo…

-Los planos quedaron en El Bosque…

Cinco minutos después al cerrito que cubría la cueva le salía una burbuja de papel bastante sucio, dispuesta a ganar altura en el cielo de esos campos. Los únicos testigos fueron los Teru Terus que ni atinaron al ataque con sus rojos pinchos de los alerones porque, no tuvieron tiempo. Apenas llegaron a abrir todas las bocas para articular el primer teru cuando ya la bola se iba confundiendo con las deshilachadas nubes de allá arriba.

Abajo en cambio, por las lomas verde amarillentas de pasto seco, venía avanzando una vieja camioneta Bedford cargada con botellas de plástico. Los teros ahora sí atacaron de un modo desordenado pero al unísono, hasta meterse uno con plumas y todo dentro de la cabina dónde el flaco Pinget, por manotear el bicho como si fuera una mosca, soltó la dirección justo cuando la rueda antero-lateral-izquierda bordeaba una fea zanja en la que cayó, desgarrándose los bujes y quedando de costado. Se bajó puteando en todos los idiomas mientras reventada, primero con la mano, el sombrero aludo que había traído puesto, y después lo pateaba para arriba como si fuera un sombrero. Después siguió la marcha a pié, riéndose solo de lo anterior mientras se agachaba sin parar de caminar y arrancaba una espiguita de pasto tierno para morder

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)