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domingo, septiembre 06, 2009

732. Al carajo

Ante la impávida mirada de sus amigos, Manuel quiso explicarse diciendo que a su parecer ninguna verdad es única con respecto a cualquier cosa. Que siempre hay muchas verdades distintas que son verdaderas al mismo tiempo.

-Como las cartas de un mazo de barajas. Cada una es distinta, pero cada una es una verdadera baraja de ese mazo. Aunque hayan cosas increíbles como que al principio me sostuviera ese piolín, mientras la realidad se iba volviendo a lo que casi siempre es, porque cuando eso volvió, yo fui recuperando el peso y entonces el pìolín reventó...
-Y después...? -preguntó Dengue.

Manuel se detuvo.

-¿Pero entendiste lo que dije antes?
-Sí, que todas las cartas son iguales.

La impaciencia de Manuel se calmó con la sonrisa de Magda.

-Decía que hay muchas maneras de entender la realidad, según cómo la mires... Es como cuando uno escucha una orquesta con muchos músicos y muchos instrumentos. Podés atender a los que tocan la melodía esa que después chiflás en el baño. Pero podés también atender, y después recordar lo que toca algún otro instrumento, y también tararearlo. O tambien podrías escuchar el zumbido de las respiraciones de los músicos o el retumbe de sus corazones y hasta gravarlo, para después volverlo a escuchar junto a otro, que no sabe nada, y que va a opinar que eso nada tiene que ver con el concierto...
-Vos decís que los corazones siguen el ritmo de la música...?
-No sé si seguirán el ritmo pero son parte del concierto y si ellos no latieran se terminaría la música. Ja ja.
-Está bien eso... Así que vos decis que...
-Que aunque eso no se parezca a lo otro, es parte de la misma realidad.- Acotó Magda.
-Porque la realidad tiene muchas capas, como la cebolla...- apenas completó Manuel antes de que sus ojos se fugaran por los vidrios de la ventanita del frente tras una fugaz imágen de alguien que pasaba.. Shaka Zulu a largos pasos por el medio de la calle.
Sintió un impulso de gritarle pero se contuvo.

(gritarle qué?)
(¿ridículamente, papá?)
(tal vez ni siquiera lo sepa)
(aunque tendría que sospecharlo)
(Margarita pudo haberlo ocultado)
(además...)
(decirle qué?)
("señor Shaka Zulu, le pongo en conocimiento de que soy su hijo!)
(¿y si ya lo sabe y no le interesa?)
(y si...)

-Manuel...

(por otra parte casi ni me parezco a él)
(mezcla como soy de tantas cosas)
(vasco con negro mandinga y hasta un poco de charrúa)
(igual que la verdad)
(porque si nos juntamos, entre todos somos yo)
(ustedes, nosotros y el don yo)
(nosotros alrededor)
(yo en el medio)
(pero parece que nos están llamando...)
(juntémonos...)

-¿Qué...?
-Que te habías ido al carajo.

Magda intencionadamente miró a la ventana y volvió la vista a él.

viernes, septiembre 04, 2009

731. Parece joda

- Pero bueno, la cosa no terminó ahí. Resulta que la bola aquella se zafó del piso de esta casa -no me pregunten cómo- y empezó a viajar, tal vez a volar, o como fuera, a trasladarse pero de una manera muy extraña,porque cuando quise acordar se desarmó, se reventó, como si se reventara una pompa de jabón. Y yo, que estaba adentro, todavía en calzoncillos, quedé justo parado en ese escenario que les dije de las historieta, y en el mismo momento en que aquella balacera continuaba, En bolas y a merced de las balas...¿Se dan cuenta? Bueno, por eso quise rajar por la puerta de vaivén por donde había entrado con bola y todo. Y lo hice, pero al salir...Ufa, no tengo más remedio que decirles que allí sólo había una línea negra dibujada en el fin del mundo. Era el fin del cuadro de la historieta, y me había quedado parado descalzo sobre la línea que casi no cedía nada y me lastimaba la planta de los pies, como si fuera un alambre negro. Claro que pensé que aquello no podría estar ocurriendo más que dentro de una mente enferma. ¡Pero era tan real! Hasta la brisa fresca que soplaba mis costillas recuerdo. El equilibrio dificultoso que estaba haciendo sobre la línea y la nada que me rodeaba a no ser del lado de atrás, de donde todavía se sentían llegar los sonidos de las balas y algunos gritos en idiomas raros. No podía quedarme mucho tiempo allí, así que por último me arrojé al vacío.

Dengue exploto de entusiasmo diciendo que aunque fuese todo una mentira prefería seguirla escuchando porque...

-Eso es lindo, flaco. No como las cosas que veía cuando me daba con la pasta base. Esto es lindo, flaco! Seguí , seguí, dale!

-No- continuó Manuel- es que lo que sigue es demasiado disparate. ¿Sólo a mi me ocurren cosas así... Ja ja. ¡Que a alguien lo impriman como si fuera una historieta con patas!

-¿Que lo impriman...?- preguntó Magda.
-Sí, es que al caer me vi envuelto con una banda de papel continuo que caía conmigo e iba derecho hacia una enorme imprenta de la que estaban saliendo miles de revistas de historietas. La máquina me chupó , me acható entre los rodillos y me llenó de dibujitos pero... aunque no lo crean no me mató. Me cargaron medio muerto en un camión y terminé colgado.. No. No del pescuezo, de las orillas, con broches de ropa, en la vereda de un quiosco de revistas en Buenos Aires.

De pronto se había quedado callado y serio.

-No flaca no va a poder ser. No puedo escribir estas cosas.
-Pero si te sale bárbaro. Conque escribas eso mismo que nos estás contando basta.
-No es eso. Me entusiasmé al principio, porque vi que me salía. Pero...
-Pero qué...?
-¡Es que esto parece joda!
-¿Y qué...? Que cada cual la entienda como quiera.
-¡Pero es verdad! ¡No estoy inventando nada y empezaba a tener ganas de escribirlo para ver si a alguien le había pasado algo parecido o... tenía información...

Magda hizo una pausa mirándole.

-¿Querés que te diga una cosa...? Yo no se por qué razón, pero mientras te escuchaba no sólo me divertía, sino que además sentí que todo lo que estabas contando era verdad.
-¿Verdad que una persona pueda ser planchada e impresa como un papel?
-Para el doctor Bermúdez sería un disparate, pero a vos te ocurrió, no?
-Claro que me ocurrió. Todo es verdad, pero... Como escribir eso para que parezca verdad. Es otra clase de verdad que yo no sabría explicar. Ni siquiera yo que lo he vivido...



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jueves, julio 23, 2009

716. Las ideas ocultas

Un par de horas más tarde llegaba Manuel a su casa arrastrando los pies por el balastro y silbando una reiterada tonadilla con forma de blue sonámbulo. Sin darse cuenta había ido poniendo letra a lo que silbaba.

El mundo, / se quiere aferrar./ A un sueño,/ que no es la verdad./Un día,/ se va a despertar./Ya tarde,/para reaccionar....

Magdalena no estaba en casa. Seguramente andaría tras  ese trabajo tal vez ya perdido, o en la casa de sus padres, bastante olvidados desde que comenzaran los muchos problemas que él les había acarreado a todos. Pobre gente que demasiada paciencia le habían tenido hasta ahora... y le tendrían que seguir teniendo, porque... Bueno, aquello no tenía remedio!

Se tiró sobre la cama a mirar el techo, como si el techo fuese el universo y el conjunto de todas sus verdades ocultas hasta el infinito. Porque cualquier lugar o cosa de pronto se le ocurría como siendo todas las otras, y conteniendo las esencias de cualquier otra, o del conjunto. No podía pretender que en sí mismo estuviesen esas verdades. Al menos en su conciencia ni rastros habían, a no ser que su pensamiento también jugara a las mismas trampas que todo lo otro y ocultara... ah! ...¿Cómo podría ser eso? Que su pensamiento ocultara el verdadero pensamiento que debería estar pensando sobre las verdades ocultas de todas las cosas... En los huecos que quedaban o que pudieran quedar entre concepto y concepto, en los intersticios que separan las imágenes... en las inmensas zonas silenciosas de su propia conciencia, porque... ¿Acaso era él capaz de tener conciencia de aquello que nunca había experimentado ni nunca había logrado ni lograría imaginar...? ¿Y acaso no era muy posible, de casi certera posibilidad, que esas cosas fueran la inmensa mayoría de las que en realidad le estaban rodeando, alimentando tal vez, y hasta empujándole hacia las más abismales fronteras de la comprensión...?
Más allá de todo lo extraño que había podido vivir en sus viajes por los otros mundos... Mucho más allá o más aca... Quedaba la zona de la posible existencia o inexistencia de esa cosa que otros más inteligentes que él llamaban "El Verdadero". No era casi necesario que existiera, porque... ¿No sería acaso demasiado pobre y limitante su pequeña idea de que las cosas puedan existir o no existir? Bien posible parecía que hubiesen mentes que se manejaran con cotidiana liviandad con una colección de conceptos distintos  además de eso del existir... Conceptos tales que bien pudieran resultar absolutamente incompresnsibles y aun inimaginables para una mente como la suya. Y sin embargo... Sin embargo ser esas mismas mentes superlativas las que se declararan de pronto incapaces de resolver el enorme enigma de La Verdad.
En este punto sedió su angustia. Un álito fresco en su conciencia le hacía comprender que no debía encarar aquello como una obligación. Ni como una adivinanza, ni como una tarea ineludible. Tal vez simplemente no estaba capacitado para encararla. Casi como si se hiciese a si mismo una risueña explicación, imaginó a alguien que sólo viese la realidad en blanco y negro y de pronto quisiera imaginart qué era aquello que los demás llamaban colores. Y que estos, a su vez, otro día, enfrentados a otros seres, quisieran imaginar las exoticas realidades que estos persivieran y comprendieran.. Un mundo de diez dimensiones. Los tiempos multiples, la esencia de los espíritus....



sábado, junio 13, 2009

703. El Camino del Desierto

Y se vio de pronto caminando esos caminos rurales, algún día, tal vez por puro placer de sentir el lejano chillido de los teros, o quién sabe, alguna de sus tantas ocurrencias del tiempo anterior, cuando aun era un muchachito ingenuo que creía en la solidez de los sólidos y en el inevitable paso del tiempo. Qué mierda! Ya el arriba no lo era más, ni el abajo, ni tan siquiera lo lejano lo era de ningún modo. Los espíritus, que ahora sabía reales y existentes, en cambio resultaban ser todos imperfectos, egoístas y propensos a equivocarse a cada rato. Los dioses demonios, y los demonios, monstruos insaciables de poder que no querían dejar libre un sólo rincón del Universo.
Por eso...
Acaso fuera no más conveniente quedarse, en este, su mundo, conservador pero pacífico, dónde todavía gobernaba el viejo de las pirámides doradas sin necesidad de amenazar a los aborígenes con imponentes naves luminosas, ya que le bastaba para obtener obediencia con las antiguas alianzas hechas con los poderosos locales. Quedarse para... Bueno... Por una parte, vivir la vida tal como antes la había imaginado.
Aunque...
Perdida la inocencia... Sabedor de que en otros mundos sus iguales pelean por lograr un mundo mejor... Habiendo conocido una sociedad que se auto gobierna dignamente.
Porque, por ignorante que se sabía, nada ni nadie le iba a convencer de que algo pudiera ser inevitable. Ja. ¡Si ya ni el tiempo resultaba incuestionable! Entonces... No. No podía resignarse a que en el múltiple Universo, simplemente convivieran en caótica mescolanza, las más opuestas concepciones junto a todos los matices intermedios. No. El Multiverso no podía ser otra cosa que un proyecto que busca, a través de infinitas hipótesis, el camino de la perfección. Le pareció.
Y habiéndole parecido, volvió la mirada a sus dos compañeros de ahora. Magdalena y Vittorio.
A ella siempre la había amado. Desde los tiempos de los juegos en la calle, cuando se encontraban mirandose a los ojos para nada ocultarse, alegres o tristes, a veces cargados de sentimientos imposibles de hablar. Descalzos en la tierra. Sin importarse del frío, como aquellos, todos los compañeros, que sólo usaban zapatos para ir a la escuela y empinarse tazones de cocoa caliente sobre los labios que sonreían. Y después el crecimiento. El descubrimiento mutuo de los cuerpos. El fuego que les consumió sin dejar de abarcarles cada vez más completamente...
Y él. Vittorio a secas en la otra Tierra. Simpático ejemplar humano que nunca se había dejado aplastar bajo el diploma de un título universitario. Un hombre que camina por el desierto en busca de la verdad verdadera

sábado, enero 17, 2009

649. Derecha e Izquierda

Vittorio se vio de pronto enredado por pensamientos que intentaban inventar un experimento, al menos virtual, que en el plano de la lógica, separara las dos hipótesis manteniéndolas unidas sólo por un hecho, o suceso, que determinara hacia qué lado se inclina la verdad. Un eslabón perdido. El corazón palpitante de la lógica que marcara la verdad con un pulso reforzado. Si es que existiera.

-Empecemos descartando las cosas más simples: Definitivamente no poseés ningún elemento material que por alguna característica pudiera probar que su origen no es de este mundo?

-No los guijarros no han aparecido.
-¿Y vos no sos un objeto, verdad..? Aunque de alguna manera lo seas, salvo que los hombres de allá tengan alguna diferencia, o marca...?
-No lo sé... no creo.

Ahí fue que Manuel, para remarcar la idea de la duda levantó su mano izquierda y se puso a rascar el centro de su cuero. Que Vittorio lo advirtiera y su mente se pusiera a recorrer relaciones posibles entre la izquierda y...

-Sos zurdo para todo?
-No... para nada.
-Ah, no...? Como vi que te rascabas con la izquierda...
-Puede ser... ¿cuándo...? Ahora, recién? ¡No! Me acuerdo que levanté el brazo derecho así!
-El izquierdo.
-No, éste, el derecho.
-Ese es tu brazo izquierdo...
-¿Me vas a decir a mí?

Vittorio saltó del asiento y buscó entre los papeles el teléfono celular. Llamó a alguien a costa de toquetear muchas teclitas y cuando recibió la vos de Magdalena preguntó si Manuel era por ejemplo, zurdo o derecho.
Le dijeron que derecho. El dejó el teléfono en la mano caída y con voz de quien avisa amistosamente le dijo:

-Dice que Manuel es derecho.
-Claro que soy derecho. Dale con lo mismo!

Dejó el teléfono sobre la mesa, se acercó.

-Es que no has entendido... Hemos encontrado una pista, un hecho extraño. A vos te está pareciendo que tu derecha es tu izquierda. Es decir, que lo que para vos es izquierda, para nosotros es derecha...

Manuel comprendió mediante unas cuantas imágenes recordadas rápidamente.

-Bueno... ahí tenés la prueba que necesitabas.
-No todavía no es suficiente... En primer lugar me tengo que convencer de que no me estás mintiendo. En segundo habría que descartar que algún problema neuronal te esté dando vuelta la izquierda.

Para la primera duda Manuel aceptó hacer todas las cosas difíciles que Vittorio sugería, una vez con la mano derecha y otra con la izquierda, por ejemplo levantar,apuntar y disparar con un fusil imaginario.

-Zurdo cerrado -afirmó por fin. -Ahora te tendría que mandar a hacer un electro.

Por supuesto que Manuel se impacientó.

-Qué me creas loco, vaya y pase, pero ahora pensás que soy tarado?
-Tenés razón. Dejemos lo del electro

sábado, octubre 25, 2008

615. El Harén

Tampoco querían sacar el tema de la ayuda que pudiera ofrecerles para resistir las andanadas de Satán. No ahora, hasta que no terminaran de digerir la extrañas cosas que acababa de decir y que les dejaba provisoriamente la impresión de estar tratando con un sujeto bastante cínico, un sofista o quizá un prestidigitador de palabras que pudieran ser entendidas de cualquier manera, como los quiromantes o los adivinadores, que logran por fin enterarse de nuestros secretos cuando nosotros mismos se los terminamos confesando, convencidos de que ya los conoce.
Él parecía estarse muy cómodo ahora que Margarita empezaba a preguntarle cosas de la historia sagrada para que él pudiera ir apartando las mentiras de las verdades que eran pocas. Reconocía haber hecho algunos milagros casi sin proponérselo, hablar a los paralíticos y caminar a los mudos, según viejas técnicas que le había enseñado el mago Simón por encargo del pícaro de Satanás que por aquella época ya había escapado del pozo y andaba buscando aliados. Tan ingenuo era en esa época que le costó bastante darse cuenta de la triquiñuela y decidirse a aplicar las técnicas sobre el propio maestro. Quiso transformarlo en un camello pero apenas logro una joroba.
Todos rieron sin saber si se trataba de un chiste mientras Jesús se ruborizaba completamente.

-Creo que nunca aprenderé a hacer un buen milagro...

Margarita preguntó si existían, los buenos milagros y en ese caso quién conocía él que los supiera hacer.
Se meció las barbas con sus largos dedos y con cejijunta mirada de loco afirmó que Satanás, por cierto.

-En una ocasión creó frente a mí toda una corte con sus lujosos palacios y plazas y mercados y un harén con mujeres perfumadas que se podían tocar. Dijo que todo sería mío y mucho más si así meramente lo deseaba, con solo asentir con un movimiento de cabeza de los que entre nosotros significa irrevocable voluntad de renuncia a ella.

-¿Quedabas para siempre sin ninguna voluntad?
-En realidad podría en el futuro hacer uso del pequeño resto que me quedaría. La voluntad de querer más placeres al precio que fuera. Era muy duro negarse. Yo era muy joven y andaba solo, atravesando el desierto, sin más compañía que un burro testarudo que me habían prestado.
-¿Qué hizo cuando te negaste...?
-¿Quién te dijo que me negué?
-Ah... Aceptaste!
-En realidad... tampoco... Le contesté que de qué me servirían placeres ilusorios que nunca podría disfrutar a pleno, acuciado como estaría por continuos nuevos deseos que debería pagar cada vez con recargados intereses. Argumentó que los placeres serían siempre reales y no condicionados más que a un sólo y único precio, que le diera el asentimiento. Todavía no cedí. Pedí comprobar por vía de los hechos la calidad del servicio. Sólo después de experimentar podría tomar una determinación tan importante. Soy virgen -le dije- no se si estas cosas me pueden satisfacer...
-¿Se la creyó...?
-Sí, tres meses de tiempo ilusorio estuve nadando entre los rosados pétalos del harén, servido sin complejos por cientos de esclavas imaginarias que vertían agua fresca desde las ánforas, bajo las palmeras del gigantesco oasis que sólo existía para mi placer y el de aquellas muchachas que, ¡la puta!, parecían más reales que yo...
-¿Y después...?
-Le pedí una prorroga. No me sentía muy seguro...
-¿Cuantas veces?
-No sé. A la larga se pierde el sentido del tiempo