martes, enero 16, 2007

184: Si yo te venero ¿tú qué me das?

Ernesto Federico se encargó de resumir todo lo que ellos habían podido averiguar sobre la guerra cósmica y dijo que había llegado el momento de hacer pública la información. Por supuesto que al gobierno no le iba a gustar y que iba a tratar de impedirlo no por el maldito terror al terror, sino, porque la existencia del tratado militar así se lo estaría exigiendo. Las potencias de la tierra hacía rato que manejaban lo que a ellos les parecía novedad. Y…¡habían tomado partido por Dios! La lucha antiterrorista era la moderna versión de la Guerra Santa, pero con un fuerte trasfondo de Geopolítica.
-¿Si yo te venero, tu qué me das?
El Dengue se paró, estaba podrido de políticos.
-¿Y qué vamos a hacer para salvar a Manuel?
Ernesto miró con cariño a Dengue pero le reconvino. El tema de Manuel era el que iba a empezar en ese preciso momento y empezaba ya diciendo que Manuel era una persona marcada, tal vez, por el destino para jugar un papel esencial en esta encrucijada donde nuevamente la humanidad se estaba viendo cara a cara con otros seres inteligentes y poderosos (poderosos sin duda).
-Manuel no es una persona común!
A la mayoría la frase le resbaló por el costado de la cara sin entrarle al oído, pero a Vittorio se le pararon los vellos de los brazos. ¿Qué pretendía su socio? …Consocio Eso. No se le daría por el misticismo ahora?
Pero Ernesto continuaba.
-Está claro que siempre ha estado en el ojo de la tormenta…no porque el quisiera sino porque la tormenta se le pone arriba.
-Uf.
-Manuel tiene algo que los dioses quieren quitarle o pedirle prestado o impedir que caiga en poder del enemigo…
Giorgionne saltó del taburete lleno de entusiasmo.
-¡Redondo! Haz dicho todo de una manera clarísima… Ahora…Me parece que no estamos contestando a la pregunta del Dengue.
-¡Eso! –afirmó Cholo.
Dengue se sentó. Cholo se quedó mirando a Ernesto y Ernesto a todos lados….
-¿No podremos fabricar una bola? –Preguntó casi inocentemente la Magda
Un coro de voces dijo no.
-Al final de las instrucciones sobre los guijarros encontré varias páginas que enseñaban cómo hacer una….
Zafarrancho general! Todos corrieron, todos hablaron ,todos chocaron a todos y todos volvieron a sus lugares, dispuestos a escuchar lo que decían aquellos papeles que cuando los habían escrito no los habían leído como bien había dicho Manuel.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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