jueves, enero 11, 2007

179: EL RAPTO

¿Qué buscaban los Grises en la casa de Manuel? La compañera Berruti no quería decir lo que pensaba, por respeto.¿ Como decirle al muchacho algo que desnudara en público su intrascendencia? Que, en su opinión se trataba de un simple error de los que no están libres ni los más astutos agentes de la inteligencia extranjera. Que estos sujetos habían sido mandados a investigar algo cuyas pistas engañosas les habían confundido, llevándolos al carajo. Que no valía la pena seguir dándole vueltas al asunto y sí establecer alguna protección sobre la casa y sus moradores, al menos hasta que se pudiera capturar a los espías.
¿Qué buscaban los Grises en la casa de Manuel? El compañero Mujica no las tenía todas consigo. Ya había querido sacarse de encima al muchachito este que rodando como un dado cargado se le aparecía siempre mostrando el mismo número. ¡Parecía estar embrujado! Para peor, los informes que le llegaban por varias vías paralelas sindicaban a Manuel a la vez como un muchacho común y como alguien que tiene amistad con gente que le dobla-por lo menos- en edad y en nivel intelectual. Por momentos se le había sospechado conexión con los piqueteros de Gualeguaychú. En otro, le había pasado un informe sobre torturadores en una granja de Rincón del Cerro que parecía en vías de confirmarse. Después, o casualidad, fue de los pocos que presenciaron una maniobra del x666 sobre cielos uruguayos, destapando la olla podrida del pacto secreto… Y ahora los agentes extranjeros vienen justamente a revisar su casa…¿Qué buscaban…?
El compañero Cholo estaba tan desconcertado como cualquiera, pero tenía dos cosas muy en claro: Primero que Manuel no había dicho ninguna mentira y segundo, que las cosas extrañas aparecían siempre a su alrededor.
El Dengue prefería no opinar. Ahora estaba sobrio y en este estado tenía dificultad para coordinar las palabras.
Ernesto miró a Magda. Magda miró a Manuel. Manuel sabía qué buscaban.
-El otro día no me contestó si sabía que lo que produjo el incendio no era una avión. Tampoco ha querido decir que casi se cae en una burbuja allá en Fray Bentos.
-De lo que uno no sabe, mejor no hablar…
-Pero eso lo sabe!
-¡Muchachito! Tenés que darte cuenta de que lo que yo diga trae consecuencias. Uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras…
-¡Claro! Y que el loquito ese quede como un mentiroso!
Mujica le miró con la cara medio de costado y un ojo más abierto que el otro. Nadie llegó a saber si de sus labios iba a salir alguna clase de contestación porque de pronto se hizo la noche en pleno día y un viento arremolinado les envolvió en un confuso episodio que por mucho tiempo ha seguido sin aclarar. Cuando el día se reinició del lugar faltaban el Pepe Mujica y Manuel.
Esa tarde La República tituló:
MUJICA RAPTADO – El pacto existe!

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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