martes, enero 23, 2007

191: MANDINGA EN ESCENA

Mandinga era un ladino pero entre broma y broma dio varios datos que resultaron fundamentales para poner a punto el aparato volador. El tipo la sabía lunga y aunque sus enormes manos no mostraran huellas de haber sido usadas para algo productivo, no se podía negar que comprendía a primera vista la utilidad de cada parte y los problemas que se podrían presentar allí.
Deambulaba alrededor de la futura bola, a grandes zancadas –como se acostumbra a decir- explicando esas y otras cosas que no es del caso mencionar, conciente de que estaba apabullando a las multitudes con su conversación y su don escénico. No de balde tiene el diablo fama de seductor y de truculento! Estaba en su papel. El de Mandinga. Enroscando una cola imaginada por algún dibujante de Disney, con el placer de sentirse admirado, no por ser el modelo de lo que se debe ser sino justamente, y ahí está el mérito y la originalidad de su seducción, por ser contrario a toda moral. Seducime por favor y compartí al menos la culpa que caerá sobre mi cuando haga eso que deseo que me obligues a hacer!
Ni el aspecto simiesco le sentaba mal. Le daba un toque sauvage que adobado con un buen perfume y un vaso de whisky podría llegar a hacer las delicias en la imaginación de las esposas de muchos gerentes de banco. Tal vez de todas. Las esposas. Aunque sus maridos no fueran gerentes de banco y ellas no se imaginaran ninguna maravilla. Faltaba más!
El Show era para que el mejor histrión se muriera de envidia. Usaba todo, el tipo. La voz sonora, honda, que resonaba en las vértebras cervicales y era a la vez metálica y de madera. El cuerpo en todas sus partes usadas con la gradación que solo puede llegar a dominar un estudioso profesional o un genio. El manejo de los espacios escénicos…etc. Pero lo esencial de sus bufonadas estaba en la complicidad que establecía con su público, en cuanto a que el verdadero deseo es el prohibido y que es ese, justo que acabas de saltearte en el recuento.
Por último le tuvieron que traer de vuelta al tema de las bolas. Que aconsejara cosas para el recubrimiento de cartapesta y especialmente que les enseñara a manejarla.
-Se maneja con el pensamiento, -dijo.
El Cholo le ladeo la cabeza.
-Pienso subí, y sube?
-Vos no pensás todo con letras. Hay una manera de pensar que es como un dibujo de las ideas, un gesto que hace tu mente sin que se formen palabras.
-Tengo que hacer en mi mente, ese gesto que quiere decir “subí”?
-Ese gesto es anterior a que conocieras la palabra “subí”. Sabías hacerlo antes de aprender a hablar.
-¿Y si lo hago y la bola agarra para otro lado, o no me da bola?
-Con un poco de práctica eso deja de ocurrir. En cuanto al recubrimiento, lo mejor es que le guste al usuario siempre que eso no signifique mucho peso.
-¿Y cuanto sería mucho peso?
-Para una bola de este tamaño, manejada por un piloto inexperto, cincuenta quilos sería mucho, no se olviden que el piloto también pesa…Y se rió al dejar de hablar para que pensaran en conseguir por lo menos un piloto experto para asegurar el éxito de la empresa. Qué mejor que él, luchador de tantas batallas aéreas, “el demonio negro” que llevaba el record de derribos de angelillos y angelotes que quedaron pataleando en el aire enterrados de cabeza bajo la superficie de tantos planetas inhabitados. Él estaba libre…y sin vehículo para volver al segundo tiempo que era dónde vivía cuando no le tocaba guardia en algún lugar… Además si no lo llevaban …¿cómo pensaban estos pelotudos encontrar el calabozo donde habían encerrado a Manuel?

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

Technorati Profile

Publicar un comentario