lunes, octubre 30, 2006

110 - Escenas de la Vida Real

Cuando se inició un verdadero diálogo Abelardo notó cierta lentitud en las respuestas y creyó que a los muchachos les estaba faltando un poco de práctica en el trabajo de interpretar el baile de los guijarros. Al menos eso les dijo en un último mensaje antes de mandarles un largo texto para que practicaran. No les dio más explicaciones.
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Texto que mandó Abelardo:
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La familia real estába compuesta por tres miembros: Padre, Espíritu Santo e Hijo.
El Padre era un viejo decrépito, rezongón y orgulloso,que triunfó en la guerra pero nunca en el amor. Terminada la guerra recorrió los territorios conquistados en busca de una compañera, pero nunca la encontró. Un poco por su maniática costumbre de buscarle defectos a las pocas candidatas que aparecían. Pero también, y mucho más porque las diosas y semidiosas huían de su presencia como si fuera la peste. Así fue que se terminó casando con una paloma.
Era una paloma grande, casi del tamaño de un pavo y tenía un nombre curioso, Espíritu Santo. La Espíritu Santo –porque era bien femenina a pesar de su nombre- se sentía por encima de todos cuando sobrevolaba sobre las cabezas y curioseaba en los lugares más inapropiados. El bautismo de su hijo Cristo, la decapitación de Zalomé o la destrucción -de un solo soplido- de la casa mal hecha de uno de los tres chanchitos. Siempre aparecía en la foto, en lo alto, ya fuera del lado derecho o del izquierdo, aunque con más frecuencia en el medio y lanzba rayitos de beatitud sobre la escena. Con las alas abiertas, mirando para abajo, seguro que registrando los hechos para después contarlos.
El Hijo les salió un tiro al aire. Bien que en realidad no nació de un huevo de la paloma –sufría de una obstrucción congénita del oviducto- fue ella la que trasladó e inseminó a una sierva, Ave María –muy conocida por su invención del baño- el único espermatozoide que los médicos divinos pudieron extraer con sopapas de las atrofiadas gónadas del anciano guerrero.
Tal vez por no tener muy clara la imagen materna- pues siempre sus madres le decían que no rompiera los huevos y se le alejaban volando, fue que se dio a prácticas no muy santas fuera de la vista de sus progenitores. Un mal día, por ejemplo, el arcángel San Miguel encontró al joven Cristo en pleno coito con una gallina!
-¿Qué hacés, degenerado?- le dijo-.¡ Podría ser tu madre!
-Cual madre. ¿Ave María o la paloma?
-Cualquiera de las dos. Ya te ha dicho tu padre que esas cosas sólo las puede hacer él.
-Pero Miguel, si esta gallinita él ni la conoce. Yo la he criado en mi aposento.
-Igual. ¡Todas las aves son animalitos de Dios!
-¿Y entonces…yo qué hago?
El viejo Miguel no tuvo respuesta. Fue entonces que Cristo abandonó sus dos casas. La del Señor porque era tratado allí como un entenado y la de Ave María porque lo trataba como a un dios.
Deambuló por la tierra. Se hizo amigo de los hombres- entre los que conoció el hambre, el frío y el cansancio. En un principio sólo pescadores que lo llevaban en chalanas a pescar y a la vuelta a asar los pescados y a tomar el vino. Después se fue haciendo amigos en los pueblos, conoció las fiestas y de vista las mujeres… Su mejor amigo era en esa época un tal Lázaro, generoso propietario de una generosa finca y de un par de hermanas de generosas formas.
En la casa d Lázaro corría el vino por los gargueros y era frecuente que terminara todo el mundo mamado y alegre durmiendo bajo los árboles del huerto. Un día tanto habían tomado que se acabó el vino y Cristo quiso hacer una de más. Como de broma, llenó un tonel con agua sucia y dijo a sus amigos que era vino. Sus amigos, tan borrachos estaban que no notaron diferencia , pero Lázaro tomó demasiado y al rato cayó al suelo completamente muerto. Las hermanas corrieron, entre llantos, a enterrar su hermano bajo una pesada piedra para volver enseguida frente a Cristo a rasgarse las vestiduras y tirarlas e implorarle al joven que lacerara sus carnes y las penetrara como castigo por haberlo deseado, siendo como era el mejor amigo de su difunto hermano, pecado imperdonable pero exquisito.
Cristo se sintió muy alagado por aquellas palabras y sintió por cierto un gracioso cosquilleo en el estómago, pero pudo más el sentimiento de la amistad y corrió a rescatar a Lázaro de la tumba, para traerlo de nuevo al seno de su familia y al entorno de los amigos y continuar la fiesta. Comieron durante tres días perdices y al cuarto…lo bajaron de nuevo a la tumba, ya que nadie sufría más aquella pestilencia.
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Al terminar de leer lo que había quedado escrito en el cuaderno, Magda levantó la mirada hacia Manuel.
-¿Se habrá vuelto loco?



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