lunes, octubre 16, 2006

97 - Entre Las Patas de la Silla

AL RATO…
-No te olvides que esta tarde tenés consulta con el doctor.
-Doctor no, licenciado.
-¿Por qué será que te cambió el día…
-Se habrá dado cuenta después de que en realidad sí estoy loco, ja!
-Tendrías que comprarte algo de ropa, Manuel. Andás siempre con esa remera roja que…
-¿Qué le pasa a mi remera roja
-Que te queda bárbara guachito, ja, ja!
-¡Hija de puta!
-No, en serio te queda bárbara. Pero vos andás siempre con la misma…
-No es siempre la misma, tengo dos iguales.
-Sos tan capaz!
La flaca estaba con ganas de joderlo. Lentamente iba armando el juego de los toques rápidos y la retirada. Pequeños toques para avivar la atención. Para decir “aquí estoy, boludo, mirame un poco”.”Para verme no necesitás de ningún aparato ni piedrita. Aquí estoy del otro lado. Mirá este es el pié que me duele… Y a vos que te ha pasado ahí. ¿Te ha picado un mosquito?
Manuel la abrazó contra el fogón. Ella enlazó las piernas por detrás de él. Se colgó de su pescuezo y dulcificó la mirada… Era un lago sereno que invitaba a recorrer sus costas. Un clima templado, primaveral con etapas de calentamiento progresivo hasta llegar a la canícula (¿?) sobre las aguas que lamían la arena en aquella noche de luna. Era el caribe y las palmeras agachadas hacia el rumoroso mar… Pero era también un día tropical y el apremio entre el follaje, apenas escondidos tras las hojas de los bananeros o tirados en el piso de la cocina con las cabezas penetrando el espacio entre las patas de la silla.
-¡Magda!
-¡Manuel!
Estaban en eso. Sus cuerpos habían sido hechos el uno para el otro. Exactos en el conjunto y en las partes. Se les sincronizaba la respiración y también los latidos. Bum-búm, bum-búm, mientras exhalaban los perfumes de la vida y se miraban a los ojos para meter el alma también en el asunto. Para coger con el alma…
-Hace rato que están en eso. Por lo menos desde que pasó la camioneta de Rippi haciendo estampidos con el escape, porque después de eso fue que el perrito bayo de Miranda se puso loco y no quería dejar pasar el viejito que todos los días pasa con el bolso de los mandados y dobla allá por el paraíso…
-¿Dónde dobla…?
-Es ese viejito, el abuelo del gurisote bizco que vendía empanadas…
-No me acuerdo de ningún viejito.
-Cómo no te vas a acordar, si vos mismo chupabas caña con él allá en el boliche de los Cardozo. ..Mirá. No se ve nadie… hace rato… ¿viste que cuando entran los dos…?
-¡Ahí salen!
-Negros tenían que ser!
-Y eso qué tiene que ver?
-Que es para lo único que sirven.
-¿Y vos cómo sabés?
-Me lo imagino.


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