viernes, octubre 06, 2006

87 - Derecha, izquierda. Derecha, derecha, izquierda.

Agotado por el sueño se fue a la cama pero, hipnotizado por el baile de las piedras no se podía dormir. Frente a su mente las piedras seguían bailando y haciéndose reverencias para cada cambio de paso. En eso se dio cuenta que había una variante que era la fundamental. El sentido del giro. Porque las piedras lo que hacían era cambiar ese sentido cada tanto tiempo de una forma regular, no porque todas cambiaran al mismo tiempo, algunas no hacían el cambio, pero todas las que cambiaban lo hacían al mismo tiempo…
Se levantó de un salto y atropelladamente volvió a la cocina a reiniciar el juego. Una vez colocadas las piedras se pusieron a bailar girando todas en el mismo sentido, cinco vueltas, se detenían, hacían esos a hamacones y volvían a girar cinco vueltas en el sentido contrario. Ese era el esquema que se repetía insistentemente, como una invitación… ¡Como un llamado!
Pero, si era un llamado…¿Cómo se haría para contestar?. Se le ocurrió que la contestación debía ser distinta que el llamado. Que tenía que hacer que las piedras hicieran otra cosa… Por ejemplo que en vez de girar todas en el mismo sentido, lo hicieran… una para un lado y la siguiente al revés!
Agarró la primera piedra, la del extremo más lejano que venía girando hacia la izquierda y la torneó con los dedos para que girara hacia la derecha. La piedra obedeció pero las otras cuatro cayeron de lado sobre sus panzas. Tomó la segunda y la hizo girar a la izquierda. La tercera a la derecha. La cuarta a la izquierda y la última a la derecha, con lo que lograba a medias su propósito, porque la quinta y la primera, que estaban juntas, giraban entonces las dos hacia… Ah, no, ahora la primera cambiaba sola de giro después de los forzados dos subibajas. Quedaban entonces en el mismo sentido la primera y la segunda…No ya se estaban cambiando, como si fueran concientes de la intención de Manuel e intentaran bailar todas distinto y con ello lo que hacían era rotar el error por todo el pentágono!
De pronto cayeron todas de lado. El mensaje se había trasmitido.¿Sí, quien habla?
Fueron unos segundo apenas de quietud. Enseguida las piedras volvieron a la vida pero ahora con una formación distinta. La primera para la derecha. La segunda para la izquierda. La tercera para la derecha igual que la cuarta. La quinta, en cambio para la izquierda… ¡Un embole!
No podía memorizar esas cosas sin ningún sentido para él. ¿Y si lo escribiera? Tomó el viejo cuaderno de sus cuentas de jardines hechos. Se detuvo con la birome en la mano y supo enseguida qué hacer. Apuntaría el sentido del giro con una flechita. Con cinco flechitas puestas en el mismo orden que el pentágono quedaría apuntada toda la secuencia y después… Bueno, después se vería. Tenía demasiado sueño como para poder seguir, ya deberían ser como las once.


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