martes, octubre 10, 2006

91 ¿Cómo le fue por el otro mundo?

-¿A qué estabas jugando?
¿Cómo decirle, cómo contestarle sin mentirle?
-Sabés que estaba pensando en la comida. Estoy muerto de hambre, ¿Vamos a comprar alguna cosa?
-Bueno. Pero contame qué son esos trompitos…¿De dónde los sacaste?
-Los encontré…
-Mostrame. ¿Cómo hacés para que bailen todos a la vez?
-Como cualquier trompo, Magda. Con los dedos, como si fuera una perinola… ¡Quiero comer carne! Hace días que le damos a las pizzas y a los fideos.
Salieron apurados como si todos los comercios fueran de pronto a cerrar. Manuel adelante, caminaba a las zancadas llevando a la flaca casi de tiro y sin resuello como para seguir preguntando. Ella lo siguió, pero picada de curiosidad ante su evidente evasiva. Le conocía demasiado como para no desconfiar de tanto apuro… Le conocía tanto que ahora estaba segura de que andaba con otra mujer. No se veían desde el baile, ayer… Pero de que no se acostaban juntos ya iban como dos días!
En eso que caminaban apurados por la calle, vieron dos hombres que enfilaban directamente hacia ellos. Resultaron ser el licenciado Giorgionne y Ernesto Federico de Oliveira e Souza! Manuel correspondió a los saludos efusivos del Licenciado y saludo al Mem, que como pudo, a media voz…
-Perdóneme Manuel por el exabrupto de ayer. No quise ofenderle ni atemorizarle.
Giorgionne quedó sorprendido ante las palabras de Ernesto Federico, se le borró la sonrisa de la cara - único lugar donde la tenía – y miró a Manuel como si Manuel pudiera aclararle algo. Pero Manuel, si bien sabía a qué se refería el hombre, ignoraba todo posible significado de la palabra exabrupto, con lo que se quedó pensativo un segundo. Pensativo por pensar que estando la flaca presente no le iba poder preguntar a Giorgionne cómo le había ido por el otro mundo.
-Bueno, nosotros seguimos…íbamos muy apurados!
-Un segundo Manuel. ¡Tenemos que reunirnos!
-Usted me dijo que en quince días. Todavía…
-No, mañana en la policlínica, a la misma hora.
Impelidos por el motor fuera de borda del apuro de Manuel, se separaron rápidamente del lugar dejando atrás a los dos hombres, allá en la esquina, tal vez desconcertados o tal vez mal pensando uno del otro como el causante de tan precipitada salida de los muchachos
Unas cuadras adelante Manuel aflojó la marcha.
-¿Qué quiere decir exabrupto?
-Si no sabés vos… A vos te lo dijo.
-¡Ese tipo está loco!
-¿Y quién es?
-Un loco que vive en el bosque y es amigo de los Tucu tucus…
-¿Y por qué te pidió disculpas…?
-¡Qué sé yo!
La flaca estaba mal. Era comprensible. Manuel se sentía un boludo haciendo todo ese teatro de despistes con ella. Con la flaquita divina que él quería. ¿Cómo sincerarse? No sabía cómo pero tendría que hacerlo!
-¿Sabés de dónde salieron los trompitos?
-No. No me contaste nada.
-Eran de mi abuelo y me los dejó para que… me comunicara con él.
-¿Después de muerto?
-Sí.


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