martes, octubre 31, 2006

111 - LA TANDA

-No, el siempre ha sido muy jodón.
-¡Mirá, mirá! Viene otro mensaje. Dale entrada para que empiece.
Magda tomó la birome y el cuaderno. Manuel dio la entrada y las letras se empezaron a precipitar sobre la flaca, cuya birome al rojo hacía estragos en las hojas para acompañar la velocidad del flujo.
-¡Uh, que pavada! ¿Sabés qué es…?
-No que voy a saber.
-Dice así:
“ESPACIO SEDIDO PARA PUBLICIDAD- El señor Abelardo Goiticoechea no se hace responsable por las opiniones vertidas en este espacio.- Por cualquier reclamo dirigirse a Corporación Mandinga y Asociados. Post Box Vic YPF Pluna 234/987/&33/&zzz”
Los guijarros se habían quedando haciendo ceros por un momento y después cayeron.
-¡Se cortó! Eso parecía como un título…
-Capaz que después sigue… Mirá, ahí están otra vez bailando! Dejame que te ayudo.
-Bueno, andá cantándolas que yo las escribo.
Trabajando de a dos la cosa era más fácil. Podían ir escribiendo las letras al mismo tiempo que aparecían, sin correr el peligro de saltarse alguna o escribirlas equivocadas. Al cabo de un momento en las hojas del cuaderno se podía leer lo siguiente:
“Noticia cósmica de último momento.- Según versiones recogidas por nuestros espías en el comando central del viejo tirano, este estaría viviendo sus últimos años y próxima su muerte, en los corrillos de palacio se especula ya con la sucesión, que esta vez se pelea desde hace un siglo mediante trampas y traiciones entre los principales arcángeles, que han incluido hasta dejar que cayeran en nuestro poder cohortes enteras de ángeles, con tal de debilitar las posiciones de algún contrincante.”
“Las luchas internas continúan y se incrementan sobre el telón de fondo de la Lucha Liberadora en la que estamos empeñados y de cuyos progresos seguiremos informando en sucesivos informes.”
“A partir de este momento termina el espacio cedido para publicidad y toda la responsabilidad vuelve a ser del señor Abelardo Goiticoechea. FIN DEL ESPACIO DE PUBLICIDAD”
Se cortó la línea. Ellos recordaron el hambre que tenían, fueron desenvolviendo las provisiones y poniéndolas sobre la mesa. Al queso lo empezaron a pellizcar, la caja de vino fue abierta, la mayonesa puesta a un lado y los escarbadientes… Los dos a un tiempo quisieron agarrar la latita de paté y se agarraron las manos con la latita adentro de la mano más de adentro. La de Magda que sentía la forma y frialdad de la lata entre sus dedos y los dedos cálidos de Manuel por fuera, con sensualidad agradecida de que sus dedos no aflojaran sobre los suyos y legitimaran las cosquillas disuasivas para hacerlo soltar aquello que no quiere ser soltado, pero que lo es entre los estertores de la cosquilla porque otros son los lugares que se toman y se tocan o se entregan a medida que los miembros se van soltando liberados por las notas que las cuerdas de los nervios empiezan a vibrar.
Los guijarros se pararon sobre el tablero y empezaron otra vez a bailar. Manuel los guardó en la bolsita y la bolsita en el cajón de la mesa…



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