viernes, marzo 07, 2008
488 CON PERMISO...
-¿Tu madre...?
Manuel lo volvió a mirar ya un poco fastidiado Se acababa de encontrar con otro zombi, afectado por su reciente viaje en punto desde adentro a afuera de la cueva, nada más.
-¿Qué te pasó, Ernesto?
-Pero... ¿de dónde me conocés...?
Otra vez la misma cara, desencajada, extraña... Eso era, lo que le dicen enajenado, un loco bah. Que ni le estaba reconociendo... ¿Estarían los otros igual?
-Voy a bajar a la cueva.
Como los movimientos de Manuel fueron inmediatos captando toda la atención de las cámaras, no ha quedado testimonio sobre qué cosa hizo Ernesto al percatarse que este sujeto se estaba adentrando en su propiedad aduciendo incomprensibles razones. Pero es de suponer que apenas comenzada la persecución, cuando el joven jardinero se dispuso a abril la tapa del viejo aljibe y elevar una pierna y después la otra, sobre el brocal... se habrá quedado perplejo.
Enseguida se precipitaron los hechos. Manuel después de sentarse con los piés dentro del agujero, estiró una pierna en busca de la escalera y no encontrándola se columpió sostenido por la manos en el borde, se resbaló, cayó sobre la luna congelada del fondo del pozo y entre ahogos acuáticos se puso a gritar. Toda una escena que no pudo ser correctamente filmada porque los chapuzones de agua desparramados por las manos de Manuel enturviaron la visión.
jueves, noviembre 01, 2007
423 NADIE SEA MAS IGUAL QUE OTRO
Nilo encaró a Manuel de primera aun sin haberle visto nunca la cara. Le dijo que necesitaban asesoramiento para armar algún sistema de defensa para el caso de que los miembros de una comunidad -algunos de ellos- quieran o empiecen a desvirtuar la idea original de igualdad y propiedad limitada a la cantidad de cosas que se pueden usar personalmente, desde una bicicleta a una casa. Nunca una cadena de hoteles.
-Por supuesto -reafirmó Manuel. Nosotros no tenemos ningún secreto que revelar. Hasta ahora hemos corrido con suerte, pero si la gente cambia de idea…
Nilo le interrumpió:
-No podemos perder lo que ya se ha avanzado por el capricho de unos pocos!
-¿Y si no fueran pocos?
-…
-Mirá, está bien. Yo te entiendo, pero todo se ha hecho por la gente y si la gente quiere otra cosa…
Nilo se quedó pensando que aquello estaba bien dicho pero que de todas maneras había que agarrar un garrote y entrar a dar.
Porque claro! Conocía mucha gente que nunca había trabajado de nada y ahora con las comunas estaban obligados y otros que le estaban perdiendo el gusto a la vida desde que cualquier vecino de barrio tiene las mismas cosas que ellos. Eran unos cuantos que por ahora no hacían propuestas de retorno al antiguo sistema, porque estaban en la etapa de la murmuración y el desgano, pero que en cualquier momento…
Todos se interesaron en el tema porque varias veces habían comentado lo extraño que resultaba que nadie –aparentemente- estuviera embarrando la cancha por mezquindades. Vittorio comentó que justamente el punto que tocaba Nilo era uno de los más problemáticos. La sustitución de la antigua escala de valores y sistema de premios y castigos, por sus equivalentes de una sociedad sin clases que pretenda perpetuarse en el tiempo sin necesidad de ningún aparato represivo. Dijo:
-¿Cuáles serán los premios que la nueva organización social dará a sus miembros más provechosos para el enriquecimiento colectivo?
Para Magda esos premios ya se estarían dando sin necesidad de haberlos establecido en ningún tipo de legislación.
-Ha funcionado bien porque las comunas, en general son de tamaño reducido y todo el mundo dentro de ella sabe que hace cada cual en beneficio del conjunto. Existen premios morales, el reconocimiento dentro del núcleo de los conocidos…
Nilo torció la boca sin dejar de sonreír. Evidentemente ya había estado pensando en eso y tenía objeciones.
-Corremos el peligro de que se cree una casta de “meritócratas” que basándose en el capital de trabajos hechos, pretenda de alguna forma hacerlos valer para que su opinión se vuelva más pesada que la de sus vecinos. Sería una aristocracia de los méritos que podría funcionar bien pero que a la larga tiraría por la borda la idea de la igualdad y terminaría regenerando las eternas oligarquías y su gusto por la acumulación del poder.
El tema se ponía interesante. Margarita propuso que se fueran sentando en la rueda mientras ella traía el mate que había dejado pronto en la cocina.
Cuando estuvieron sentados retomó la palabra Vittorio.
-Se trata del viejo círculo vicioso del “no te metás que todo está cocinado por los de siempre”, que termina inevitablemente cumpliéndose en los hechos. Son siglos de reiterada experiencia negativa desde que se reinventó la democracia. La democracia representativa que nunca funcionó…
sábado, octubre 21, 2006
102 - Sin Jefes ni Gobierno
Manuel, que nunca los había visto en persona, se quedó sin respiración, miró a Giorgionne que pálido aunque parlanchín, miraba a Ernesto Federico en ese momento.
-¿Cómo es que te comunicás con ellos? ¿Saben hablar?
-No, no pueden hablar como nosotros… Yo tuve que aprender a tucutucar.
-¿Qué joda es esa?
-Ninguna joda. Es esto: -hizo a continuación, con la boca cerrada, un sonido repetido y rápido con las fosas nasales, igual al que hacen los tucus.
-Ah claro, con eso se comunican! Pero suena siempre igual… ¿Qué pueden decir con ese ruido?
Ernesto Federico pareció un poco molesto por el comentario.
-No es siempre igual. Hacen muchas y sutiles diferencias que con la práctica se pueden aprender. Sobre una base estándar que podría ser de cinco tucus por vez, ellos van introduciendo diferencias de décimas o hasta centésimas de segundo, que junto con la entonación y los acentos… Porque cada tucu tiene su propio acento aunque parezcan todos iguales.
Al escuchar que la base de comunicación eran cinco tucus seguidos, Manuel salió de su nube.
-Cinco golpecitos cada vez?
-No siempre. Esa viene a ser la base, con la que codifican una idea o concepto.
-¿Una palabra?
-Sí, viene a ser una palabra. Yo he logrado reproducir todo su lenguaje en la computadora ya que tucutucar con nuestros órganos es muy difícil.
-Pero parecen seguir viviendo como cuando eran animales…
-¡Siguen siendo animales, Manuel! Igual que nosotros. Hasta han elaborado complicadas filosofías políticas… La suya es una verdadera sociedad anarquista.
-Como el Cholo… Así que no tienen propiedad privada?
-No, no la tienen pero eso no los hace anarquistas. El asunto es que no tienen jefes ni gobierno de ningún tipo.
Manuel se acordó de ese detalle que le estaba marcando Ernesto Federico y tal vez se puso colorado. Es decir que sin duda se puso, porque él debería ya saberlo. ¡Cuántas veces se lo había explicado el Cholo! … ¿por qué sería tan boludo?
Pero nadie vio los colores en la cara de Manuel. Ernesto Federico estaba demasiado entusiasmado con su tema predilecto, los Tucu tucus, como para detenerse en detalles, así que entonces continuaba con la explicación de que sus amigos conversaban todo el tiempo mientras hacían sus galerías, comían su comida o simplemente corrían carreras que era su único deporte conocido. Un individuo lanzaba una frase, una afirmación, para que otro la repitiera con pequeñas alteraciones que venían a ser su contribución al diálogo, después otro que escuchaba eso a su vez modificaba más la frase original y así la idea iba circulando, de uno en otro, siendo ampliada y mejorada cada vez.